Críticas: LA MAGA
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Jorge Luis Borges

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Sigue en cartel en el Teatro Nacional Cervantes, Soledad para cuatro, una obra de Ricardo Halac que hace casi cuarenta años esperaba ser re estrenada. Nuestra opinión: Buena

La espera terminó

Soledad para cuatro se había estrenado en Buenos Aires hace treinta y ocho años en un teatro no oficial y duró poco en cartel debido a problemas con la censura. Desde entonces el tiempo hizo sus cambios en la percepción de la realidad cotidiana y hoy en día, no resulta tan innovadora ni revolucionaria. Pero la primer pieza que escribió Ricardo Halac en la década del sesenta, fue un reflejo de la desprotección afectiva que impregnaba a los jóvenes de aquella generación. Hoy en día, es una excelente pieza dramática y sin duda, es importante para la dramaturgia argentina. Que llegue al circuito oficial, es algo merecido, y si es en el prestigioso Teatro Cervantes, mejor.

Halac indagó a fondo la inmensa soledad y falta de atención que sufrían sus contemporáneos generacionales. Usó dos chicas y dos muchachos como excusa para hablar del entorno familiar, el desamparo y el desesperado reclamo silencioso de un poco de amor. Los dos protagonistas masculinos tiene mecanismos de defensa que los transforman en seres completamente diferentes entre sí: Luis es cínicamente indiferente y Roberto se compromete moralmente y se muestra íntegro aunque sufre las mismas necesidades afectivas.

La acción se desarrolla a partir de una cita a ciegas con dos chicas. Sobre la discusión de ver quién se queda con quién, aparecen los conflictos y se ve la intrincada psicología de los personajes. Un momento que tendría que haber sido placentero, termina desatando lo peor de cada uno y empeora notablemente cuando llegan las invitadas. Marcelo Cosentino y Gonzalo Jordán están acertados en sus interpretaciones y las actrices Magela Zanotta y Ana Yovino les siguen bien el hilo. Ana María Cores como la madre, una decadente actriz de radioteatro, pone brillo y frescura en escena, mientras Rolo Bloomfield, como el padre, completa el elenco con una correcta sobriedad.

Aunque la temática básica sigue teniendo vigencia, podría haber sido un problema para el director, Manuel Iedvabni, renovar un vocabulario y costumbres -que a casi cuarenta años de haber sido escritos- quedan hoy un poco caducos. Pero termina siendo un acierto dejarlo como está, y a pesar de recrear algunas situaciones añejas, la pieza se convierte en una suerte de estampa del pasado. Logra una mirada refrescante sobre una época que tuvo valores propios y escapa de un realismo que podría resultar equivocado. Al subrayar los aspectos más caricaturescos de algunos personajes y extraer una mirada grotesca del texto, consigue no caer en un eterno melodrama y entretener al público con recursos válidos. Soledad para cuatro es una obra teatral que merecía ser estrenada. Por suerte lo hicieron con calidad y cuidado estético y todavía el público está tiempo de ir a verla.

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E-mail: Rhalac@argentores.org.ar                                                                                                                                    Espacio cedido por ARGENTORES