Fragmento
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Fragmento de la obra Soledad para Cuatro de Ricardo Halac

Escena 1

La acción se desarrolla en un pequeño departamento situado en un edificio de tres plantas. 

 

Es de esas construcciones baratas, sin ascensor, que se levantaron en Buenos Aires durante la guerra, poco antes que la ciudad se transformara en la inmensa urbe que es hoy.

 

Ante nosotros tenemos un ambiente amplio. A la izquierda el descanso que representa el hall; con un espejo y un perchero. Lateralmente la puerta de calle que comunica con el corredor y la escalera. Atrás, la puerta que lleva a las restantes habitaciones: el dormitorio, el baño y la cocina.

 

A la derecha una ventana transversal con vista a la calle, cubierta por una cortina de tela ordinaria bordada. Debajo, un sofá grande, algo destartalado, que mira al centro. Puede volverse hacia la pared, de manera que sus ocupantes pasen inadvertidos. Un sofá similar hace juego con aquel. Están separados por una mesita baja.

 

Adelante, en el comedor, hay una mesa ovalada, plegadiza, con sillas alrededor. A la izquierda, contra la pared, un armario o bargueño. Un tocadiscos, un viejo aparato de esos que tocan un disco por vez, a la derecha del primer sofá, cerca de la ventana. Debajo, álbumes con discos. Otros muebles completan la decoración: la mesita del teléfono, un florero vacío, quizá cuadros.

 

La luz es escasa y permite la existencia de rincones sombreados. Proviene de una fea araña que cuelga sobre la mesa y de un velador de pie colocado, por ejemplo, cerca de la mesita baja. Aquí y allá vemos desorden. Detrás de todo, se adivina la pobreza. Intuimos, en fin, una casa cuyos ocupantes se resisten a asimilarse a los de su verdadera condición.

 

La tarde de un sábado, en un barrio porteño. Epoca actual.

 

Roberto, solo en escena, mira por la ventana. Se oye silbar a Luis en la cocina. Sobre la mesa, una botella.  

ROBERTO:

Podías haber arreglado la pieza antes.

LUIS:

(Desde adentro). Imposible; mi vieja acaba de irse. ¿Qué hora es?

ROBERTO:

Las seis menos veinte.

LUIS:

(Entra, está en mangas de camisa). ¿Tenemos tiempo, no?

 

(Sigue limpiando febrilmente. Recoge tazas de café, trapos y papeles desparramados por los sofás y el suelo.El dueño de casa es un muchacho apuesto, de gestos ágiles y pensamientos rápidos. Viste traje de confección, camisa a rayas y una corbata llamativa. De tanto en tanto se detiene frente al espejo para controlar el brillo de su cabello engominado. Roberto, su invitado, se mueve con más lentitud. Prefiere seguir con la vista la actividad de su amigo. Cuando puede se sienta en uno de los brazos del sofá y fuma con gestos cuidados, balanceando una pierna en el aire. Sus modales revelan un aparente aplomo. Su atuendo es sobrio, elegante. Su tipo hace pensar en un muchacho de barrio de posición holgada. La edad de los jóvenes oscila alrededor de los veinte años.)

 

 

Mirá: un repasador...una percha... ¡hay de todo tirado! Cuando mi vieja repasa letra esto queda hecho un desquicio.

 

(Sale al dormitorio con las cosas. Regresa con una escoba)

 

¿Qué te parece si barremos un poco?

ROBERTO:

No; vas a levantar polvo.

LUIS:

Sólo saco la basura que se ve y la escondo bajo los muebles. (BARRE). Abrí la ventana, hacé el favor.  (Silba). ¿Qué tal flaco, cómo está ese ánimo?

 

(Roberto no responde. Luis se ufana por dejar todo más o menos en orden. Se detiene y lo mira sonriendo)

 

¿Dejamos la botella aquí, en el comedor?

ROBERTO:

Aunque sólo sea para disimular.

 

 

LUIS:

¿Te parece?

 

(Sale con la escoba. En la mesita de teléfono, escondida, Roberto descubre una botella. La alza y comprueba que es de whisky. La vuelve a su sitio. Regresa Luis con dos vasos)

 

Así empezamos en lo del colorado la última vez.

 

(Descorcha y sirve dos dedos en cada vaso).

ROBERTO:

¿Quiénes eran?

LUIS:

El, yo, Rubén, y ese que en el café le decimos el "silencioso".

ROBERTO:

¿Por qué el silencioso?

LUIS:

¡Siempre se consigue las mejores hembras y sin abrir la boca!

 

(Luis ríe con ganas; Roberto, a pesar suyo)

 

Empezamos también con un trago para entonarnos, para "entrar en calor". ¡Cuando llegaron las pibas estábamos los cuatro en curda!

ROBERTO:

¿Quién había conseguido las pibas, Rubén?

LUIS:

El, trajo una. Dos traje yo... Y la cuarta iba a caer sola, invitada por el colorado. Pero ésta no apareció.

ROBERTO:

¿Cómo se arreglaron con una piba menos?

LUIS:

¡El colorado estaba tan borracho que veía doble! Se pasó la noche jorobando a la piba del "silencioso". ¡Como son amigos, tuvieron que repartírsela en todo! (Se ríe). ¿Viste? ¡Al final todo se arregla! (Pausa. Roberto  recibe un vaso de Luis. Levanta el vaso, Roberto lo imita). ¡Salud...! Y que todo salga bien.

 

(Le guiña un ojo. Roberto lo mira con sorna pero no agrega nada. Terminan de beber y colocan los vasos sobre la mesa)

 

Raro que nosotros dos no nos conocimos antes.

ROBERTO:

A vos te conozco de vista de hace tiempo.

LUIS:

(Pausa. Se queda pensativo). Lo que son las cosas... Fijáte que es una barra macanuda la nuestra. De lejos, parecen tipos peligrosos, ¿viste? Pero si sos amigo, son formidables... Ahí tenés al "silencioso" por ejemplo. Cuando está en vena te hace matar de risa. (Risita). ¡La de locuras que habremos hecho juntos! Una vez trajimos una a casa. Eramos cinco. Ella, de puro desconfiada, le cobraba a cada uno al pasar. El "silencioso" entró último. Al salir... ¡le había sacado la cartera! Se puso como loca. Hacía cualquier cosa porque le devolviéramos la plata. ¡Bailó un rock, desnuda, y le hicimos dar la vuelta por la pieza en cuatro patas!

 

(Mientras Roberto recorre la pieza con la mirada imaginándose la escena, Luis se ríe salvajemente)

ROBERTO:

(Sonríe, imperturbable). ¿Y al final?

LUIS:

Al final la llevamos con nosotros al café de la esquina. Nos gastamos todo en una pizza grande. (Se encoge de hombros). ¿Qué le vas a hacer? ¡Igual, era plata quemada! (Pausa. Mira alrededor suyo). El dormitorio está... la cocina también... Creo que ya está todo en orden. ¿Qué hora es?

ROBERTO:

Van a ser las seis menos diez.

LUIS:

Se nos hizo tarde. Ya deberíamos estar listos para ir abajo a esperarlas.

ROBERTO:

Todavía hay tiempo.

LUIS:

(Va hacia el tocadiscos). ¿Dejamos los discos aquí o ponemos algunos más a mano?

ROBERTO:

Poné un álbum sobre la mesa.

LUIS:

(Pone un álbum sobre la mesa). Humm, no hay muchas púas...

ROBERTO:

¿Che, seguro que tu vieja no viene?

LUIS:

Fue a la radio... no te preocupés. Tiene para rato.

 

(Aprovecha un descuido de Roberto y se lleva oculta la botella de whisky al interior. Este, que sospecha al verlo salir sigilosamente, va y constata su desaparición. Vuelve a entrar Luis)

 

¿Oia, y ese encendedor?

ROBERTO:

Me lo trajo mi tío de Estados Unidos... Es japonés.

 

(Lo revolea en el aire. Se miran fijo. Roberto lo guarda y da media vuelta sin decir nada. Pausa)

LUIS:

(Callado). Ayudáme a correr el sofá.

ROBERTO:

No, yo que vos lo dejo como está.  No conviene apurarse en preparar el ambiente. Después las pibas se dan cuenta... y no resulta.

 

(Serio, sin moverse, Luis lo escucha hablar. Roberto toma la botella y se sirve otra copa)

LUIS:

¡No tomés!

ROBERTO:

¿Por qué?

LUIS:

¡Sólo tenemos esa botella! ¡No hacemos una orgía!

ROBERTO:

Bah... (Bebe).

LUIS:

A este paso, cuando la bebida nos haga realmente falta, no vamos a tener ni una gota.

ROBERTO:

(Molesto, coloca el vaso ruidosamente sobre la mesa). Andá... Andá, llevate adentro la botella y los vasos.

 

(Luis lo mira sorprendido. Luego toma de mala gana la botella y los vasos y sale a la cocina. Roberto fuma un instante en silencio. En voz alta:

 

¡Luis! Todavía no nos pusimos de acuerdo.

LUIS:

(Entrando, fingiendo no saber de qué se trata). ¿Qué decís?

ROBERTO:

Que todavía no nos pusimos de acuerdo.

LUIS:

¿Sobre qué?

ROBERTO:

Sobre con qué piba se va a quedar cada uno.

LUIS:

(Después de una pausa). ¿Y qué importancia tiene?

ROBERTO:

Tiene importancia... Mejor decidimos de antemano. (Súbitamente). Hagamos una cosa; vos te quedás con la que habló por teléfono y yo con la amiguita que va a traer.

 

(Silencio)

LUIS:

No entiendo. ¿Por qué?

ROBERTO:

Vos sabés por qué...

LUIS:

No; no sé.

ROBERTO:

(Firme). Porque las que aceptan una cita por teléfono, así nomás, nunca valen nada. Ni la molestia de ir a verlas.

LUIS:

Lo que decís es una estupidez.

ROBERTO:

Bueno, está bien. Yo corro el riesgo con la amiga, ¿eh?

 

(Sonríe con sorna y sale a la cocina. Regresa con un vaso lleno en la mano)

LUIS:

¡Qué hacés! ¡Estás vaciando la botella!

ROBERTO:

...que quedamos en pagar a medias. Pero como vos no llevabas plata encima...

LUIS:

¿Me lo echás en cara?

ROBERTO:

No; pero me molesta que me tomen por estúpido. Pagar una botella de Cubana Brandy, vaya y pase. Pero de ahí a que yo cargue con la piba que a vos no te gusta...

 

(Los dos se excitan y suben paulatinamente de tono)

LUIS:

¡Eh, pará un poco!

ROBERTO:

Acá pasa una cosa muy sencilla. Vos conociste una piba que es fea, pasable o tonta. No me importa cómo ni dónde. A vos no te gustó. Pero no la dejaste correr. Como sos un gran tipo, te acordaste de mí.

LUIS:

¿Vos estás loco? Si no conozco a Norma... ¡No conozco a ninguna de las dos!

ROBERTO:

Seguro que agarraste a Norma y le dijiste: "Vos traéme una linda piba para mí, que yo te consigo un muchacho para vos". Es un truco viejo... Se hace desde que se inventó el teléfono.

LUIS:

Pero... ¿vamos a pelearnos cuando faltan diez minutos para que lleguen las pibas?

ROBERTO:

¡No me digas! ¿Apostamos a que la amiga que trae Norma es más linda que ella?

LUIS:

Después de todo, ¿vos qué hiciste? ¡Nada! Yo me conseguí su teléfono. Yo la convencí para que saliera. Para que viniera a mi casa acompañada. ¿Con qué derecho me venís ahora con pretensiones?

ROBERTO:

Yo no sé nada. Hubieras aclarado las cosas antes.

LUIS:

¡Te hago divertir, así que dame las gracias!

 

(Ante esta réplica, Roberto lo encara exasperado)

ROBERTO:

Un momento: vos me pediste que viniera acá.

LUIS:

Sí, ¿y?...

ROBERTO:

Porque tenías interés en traerme a mí.

LUIS:

¿Interés? ¡Pobre de vos...!

ROBERTO:

Primero me pediste que trajera el auto. Después me hiciste pagar la botella de Cubana Brandy...

LUIS:

Ah, ¿yo no pongo la casa?

ROBERTO:

... y ahora querés clavarme con la peor. Como pasó la otra noche.

LUIS:

Las otra noche yo no conocía a Estela. Y Olga andaba conmigo, así que no te la iba a pasar a vos...

ROBERTO:

Eso no interesa. Si no pensaras que Norma es un bagallo, saldrías solo con ella.

LUIS:

(Pausa. Socarronamente). No me gusta salir solo con una chica... ¿Qué tiene? Si se puede, prefiero salir con otra pareja. Organizar una fiestita para cuatro. (Roberto quiere protestar). ¡Y si no, preguntále a los muchachos del café! Uno se divierte más, y de paso le hace una gauchada a un amigo. Porque eso de traer gente a tu casa...

ROBERYTO:

Yo quiero poner una cosa en claro: la piba que va a traer Norma ¿es para mí o para vos?

LUIS:

¡Si no las conocemos!

RIBERTO:

Yo me voy. No vale la pena discutir más.

LUIS:

¡Eh, oí...! ¿Te comprometés conmigo y ahora me dejás colgado? ¿Qué clase de amigo sos?

ROBERTO:

¿Amigos? Es la tercera vez que salimos juntos.

LUIS:

(Furioso). ¡Tenía que suponer que me ibas a fallutear a última hora! Podría haber traído a cualquier muchacho del barrio en tu lugar. Te juro: me lo hubiera agradecido toda la vida.

ROBERTO:

¿Y por qué no lo hiciste?

 

(Roberto esta a punto de salir)

LUIS:

Pero che, no me podés hacer esto ahora.

ROBERTO:

Yo, bagallos, no preciso.

 

(Se miran. Luis con los dientes apretados. Nueva pausa)

LUIS:

Decíme qué querés y quedáte.

ROBERTO:

La amiga que va a traer Norma, ¿es para mí?

LUIS:

(Se queda pensando. Después, con una fría sonrisa). Bueno, está bien.  (Pausa). ¡Está bien!

 

(Roberto vacila. Entra de nuevo y cierra la puerta. Saca cigarrillos. Se ve que recela. Con sorna:

 

Mirá que en una de esas te clavás, ¿eh? (Una sonrisa gana poco a poco su cara). Decíme... ¿ahora vamos a pelearnos por un par de hembras? ¿Te fijaste adonde fuimos a parar? ¡Dos tipos como vos y yo, perdiendo los estribos por una aventurita de mala muerte! A ver, dame fuego. (Enciende). ¿Qué hora es?

ROBERTO:

Ya son las seis menos cinco.

LUIS:

La pucha; suerte que nadie es puntual en este país...

 

(La tensión decae)

ROBERTO:

¿Seguro que las chicas van a subir aquí?

 

 

LUIS:

Seguro... Quedáte tranquilo. Arregláte el nudo de la corbata que lo tenés caído. (Se acerca a él). A ver, dejáme a mí. (Con énfasis). Lo importante, flaco, es tenerlas en casa. Una vez aquí...(Le aprieta el nudo). ¿...me oís? Son nuestras. Eso es lo que buscamos. Después, que pase lo que pase... (Le da una palmada. Roberto está a punto de reaccionar, pero Luis no se lo permite). ¡Lo importante es tenerlas adentro!

ROBERTO:

Está bien. Ponéte el saco y bajemos.

 

 

 

(Luis suspira aliviado y se pone el saco. Pero no le dura mucho... de improviso se oye el ruido de una llave en la cerradura de la puerta de entrada y voces que provienen del corredor)

 

 

LUIS:

(Atónito, inmovilizado por la sorpresa). ¿Quién será...? (Se golpea la frente). ¡Uy, Dios, mi vieja! ¡Lo único que me faltaba!

Fin del fragmento de Soledad para cuatro

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