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El efecto Brecht |
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“Utilizar a
Brecht sin criticarlo es traición” Heiner
Müller Spree / De La Plata / Spree Un
efecto se reconoce en el tiempo. Algo
produce un efecto. O
alguien. Brecht
llega a la Argentina en la década del 50. Brecht se baja de un barco. Aquí, a
pocos metros. Observa a izquierda y derecha, reconoce el terreno. En algún
lugar escucha a alguien hablar en su idioma. Camina. Entra en algún espacio
desconocido. Trae bajo la ropa algunos textos. Clandestinamente los reparte. Los
da a conocer. Algunos hombres y mujeres se suben a los escenarios y deciden
proclamar aquellas palabras, hacerlas suyas, encarnarlas. Brecht se oculta entre
cajas. Dirige en silencio aquella orquesta extranjera. Nada sabe de estas
tierras, poco del lenguaje que aquí se habla. Se divierte, sin embargo. Cree
haber dejado alguna huella. Desanda sus pasos. Llega al puerto, se sube a un idéntico
barco y piensa en el Spree. Piensa, mirando el mar, en el río que bordea su
sala allí en Berlín. Llega a destino. En sus textos hará una referencia única
a este país. Nadie sabrá de su secreta incursión en la ciudad de Buenos
Aires. Cuando sus colegas y amigos lean aquella referencia es sus textos, situarán
ese espacio en algún lugar desconocido del orbe. Decir Argentina es como decir
África. Sin embargo, Brecht sabrá para sí que estuvo en aquel confín del
mundo y que aquella visita, seguramente, habrá producido algún efecto. Después,
algunos años después, Brecht se muere. Y
aquí, aquellos hombres que bien lo conocieron, deciden seguir rindiendo
homenaje a aquella extraña visita. Son tiempos de dura política y aquellas
palabras que Brecht trajo bajo sus ropas parecían hablar de todo lo que aquí
sucedía. Brecht obliga a pensar. Brecht le pide al espectador que abandone esa
cómoda posición del que expecta para transformarse en actor. Brecht le pide al
actor que abandone su ego y coloque la palabra y la reflexión por delante de su
cuerpo. Brecht no se olvida de la comedia. Ni de las barracas. Ni de los cómicos
de feria. Ni de los horrores. Ni de las miserias. Brecht piensa que es posible
escribir después de Auschwitz, pero que para poder hacerlo debemos conocer
nuestro suelo, y nuestro suelo está plagado de cadáveres. Brecht bebe en el
lenguaje de la Biblia traducida por Lutero, en los pasos de comedia de Karl
Valentin, en la poesía de Rimbaud. Brecht intenta quitar los escombros del sótano
sin dañar el edificio nuevo que se está construyendo. Brecht, esencialmente,
vive su época. Y por ella se interesa. He
aquí el efecto. Sin
embargo, cada sujeto percibe de distinta manera un amanecer. He
aquí el efecto Brecht. No
hay una forma de hacer Brecht. Como
no hay una forma de levantarse de la cama. Somos
seres entregados a la pasión de un hombre. Y nada más subjetivo que una pasión. Heiner
Müller dice: “Utilizar a Brecht sin criticarlo es traición.” He
aquí la crítica. Aquí
las miradas. Los
diversos efectos de aquella visita. Esperemos
no traicionar a aquel hombre que, en la década del 50, bajó de un barco con
algunos textos bajo sus ropas. Alejandro Tantanián Este
espectáculo se estrenó en Babilonia como co-producción del Teatro San
Martín en noviembre de 1999, y seguirá en cartel a partir de julio de 2000,
los días lunes y martes a las 21:00. Suerte
de “cabaret Brecht” local, en escena están las miradas multívocas de
distintos directores, actores, músicos, cantantes y plásticos sobre el
universo siempre polémico y rico de Bertolt Brecht. |
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E-mail: spre@argentores.org.ar Espacio cedido por ARGENTORES |