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HELMUT Finjo
estar dormido. Siento que mamá apaga el cigarrillo, nerviosa. Duda un instante,
atenta a ver si oye algo más. Deseo que su mano se apoye en mi cabeza, pero
algo que está pensando parece demorar el gesto. Saca su viejo Benson &
Llull de entre las frazadas y dispara contra la ventana. Un tiro certero, con un
humo blando. Caen las maderas que obstruían la entrada del sol. Cae también
una paloma, muerta por el impacto, sorprendida y muerta, como tantos. De un tirón,
mamá da vuelta el cubrecamas reversible en cuyo estampado se ven los tres
desgastados colores de nuestra bandera. Yo, que duermo siempre bajo el rojo,
quedo totalmente al descubierto y sé por la significativa pausa que se produce
que mamá tiene los ojos fijos sobre mis piernas velludas. LA
MADRE Terminó
la guerra, hijo querido. HELMUT No.
¿Cuándo? LA
MADRE Recién.
Hubo traición. Las guerras siempre son injustas. Lo mismo pasó en la del 28, y
en la del 15. Ahora puedo decirlo porque hemos vuelto a ser libres. (Llora
un poquito) HELMUT No
llores, mamá. Todo va a ser como antes. LA
MADRE Eso
es lo que no quiero. Pasamos varios años felices, muy cierto, pero ahora vas a
tener que volver a tu casa. HELMUT ¿Volver
a casa...? LA
MADRE Sí.
El tiempo no pasa en vano. Yo aún puedo rehacer mi vida. Es preciso que nos
independicemos. HELMUT Es
que... pasó tanto tiempo... ¿Por qué me hablará así mi madre? Hay una
impunidad animal, casi femenina en sus palabras, y yo empiezo a temblar como un
chico. LA
MADRE Ahora
somos libres, hijo, y puedo hablar con franqueza y con madurez. Siento deseos de
otro hombre. HELMUT ¿De
otro más? LA
MADRE Un
hombre joven, vital, con ideales revolucionarios, algo. Algo más. La vida no
puede ser sólo esto. HELMUT ¿Llamo
a papá? LA
MADRE No,
dejá a tu pobre padre en paz. Yo hablo de volver a vivir. Todavía soy joven.
El invierno antes de la guerra yo… ¡Dios mío, Helmut! Casi lo olvido… hoy
cumplo ciento cuatro años. HELMUT Feliz
cumpleaños, mamá. (Saca un regalo de
abajo de la almohada.) LA
MADRE No
hagas las cosas más difíciles. ¿Qué es? HELMUT Abrílo. LA
MADRE (Saca
un objeto indefinible)
¿Qué es? HELMUT Una
sinusoide con dos manijitas. Lo hice especialmente. La curva simboliza el
sentido cíclico de las especies, y las hipótesis de que hay vida después de
la muerte. LA
MADRE Sos
dulce, Helmut. Voy a extrañarte mucho. Ahora, arriba. Tu mujer te espera. HELMUT ¿Hilda? LA
MADRE Se
llamaba Gertrudis. Ella aún te espera. Lo sé porque también soy mujer. HELMUT Nunca
lo había pensado. LA
MADRE Ahora
nada te retiene. Podés volver a sus brazos. HELMUT ¿Sus
brazos? Mamá, nunca te lo dije, pero el padre de Hilda insistió en tatuarle un
globo aerostático en el biceps derecho. Se lo hizo a los dieciséis años. Y
ella no dijo ni que sí ni que no. Pero debe haber sufrido. El padre era
yugoeslavo, aunque murió, paradójicamente, en un accidente hogareño. Debe
estar muy vieja... Va a ser tan difícil... LA
MADRE Vamos,
Helmut. ¡Valor! HELMUT Sí.
Necesito adaptarme al cambio. LA
MADRE No
hay tiempo para adaptarse a los cambios. Ya ves, la guerra terminó sin darnos
tiempo a nada. Puedo darte más ejemplos. HELMUT ¡Más
ejemplos, oh, sí, muchos más ejemplos, mamá, por favor, dame más ejemplos! (Pausa) HELMUT Habrán
cambiado el nombre de todas las calles. ¿Cómo voy a encontrar a Hilda? LA
MADRE Se
llamaba Gertrudis. No es tan difícil, podrás preguntar a los vecinos. HELMUT Sé
de calles que cambiaron su nombre después de la guerra, hasta hacerse
irreconocibles. Millares de próceres ensombrecidos por otros de nombres prístinos,
luminosos, pero completamente ineficaces a la hora de distinguir una calle de
otra. LA
MADRE Hijo,
hijito, criatura. Todo cambia. También a mí dejarás de desearme algún día.
¿Por qué demorar más tiempo un suceso tan fatídico como natural? Te prometo
que voy a escribirte seguido. Estupideces, como a vos te gusta. HELMUT No
prometas cosas que no vas a poder cumplir. No sabemos ni mi nueva dirección.
Conozco de memoria sus maniobras, así como sus apetencias sexuales. (Salta fuera de la cama y se calza los pantalones). Está bien.
Necesito recoger mis cosas. Tengo juguetes en la pieza de papá. LA
MADRE ¿Vas
a abrirle la puerta? HELMUT Va
a ser necesario, si querés que me vaya. LA
MADRE (Mirando
al vacío, los ojos llenos de lágrimas)
¿Cómo estará tu padre? Ha de haber envejecido. HELMUT Voy
a abrir ahora, puesto que es necesario que recoja mis cosas, dado que me estás
pidiendo que vuelva con Hilda y mis hijos mellizos… LA
MADRE Te
lo ruego, no me hagas sufrir... HELMUT (Gritando
teatralmente a la puerta)
Papá, papito, corréte, voy a abrir y vas a poder salir ahora. Mamá quiere
volver a verte, y yo necesito unos Playmobil que dejé en el estante flojo de la
biblioteca. (LA MADRE no se inmuta) Bueno, voy a abrir. (LA MADRE no se inmuta)
Es indispensable que gire la llave, así como lo estoy haciendo, con esta mano
experta en hurgar entrepiernas, así, en el sentido antihorario, y que entre a
buscar mis cosas... (LA MADRE no se inmuta) ¿Abro, mamá? EL
PADRE (Abriendo
la puerta, sale tranquilamente. Es un hombre joven y de buen aspecto, aunque un
tanto taciturno)
No es necesario, hijo. Olvidaron cerrarla. HELMUT (Aterrado)
Papá, dejáme que te explique... Para conseguir el resto de la obra, comunicarse vía E-mail con el autor. |
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