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Temperley |
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| TemperleyLuciano Suardi & Alejandro Tantanian1976 AmparoY le dije a José: si vamos a vivir, vivamos. No es posible que nos hundamos así, viejo. Debe de haber algo en todo esto. Nosotros debimos habernos equivocado en algo, no? Dios cierra los ojos, ¿viste José? A veces parece que duerme pero lo que pasa es que lleva los ojos cerrados. Y no porque no quiere ver sino porque decidió no verte más. ¿Cómo va a entenderse esto de estrellarse en plena ruta cuando te espera tu madre? Si recién habiamos terminado con el cuartito de arriba. Tanto trabajo que nos dio. Y ahí: terminado para los chicos y para Antonio y para Ana y ahora ninguno de ellos lo va a usar. Ahí está. El color quedó bien, ¿no José? Quedó bien. Puede ser que alguien vaya a encontrarse con su madre y se encuentre con la muerte? Pero Antonio no quería encontrarse con la muerte, yo eso lo sé. Si tenía a Ana y a los nenes. Almas de mi vida. Cosas bonitas de la abuela. ¿Qué están haciendo ahí? Ya les tengo dicho que no quiero que se metan ahí abajo. Se les puede caer el ficus en la cabeza. Pero serán malcriados, che. Salieron al padre, que era un demonio de crío. De crío. Era un demonio. José... José... ¿me oís? ¿Me podés explicar cómo la noche se traga los autos? Nosotros llegamos en los barcos. Por el mar. Desde allá. Y los hijos se van en autos, se pierden en autos, se los traga la noche. Y la noche oscura es ciega. Como Dios. No hay dolor, José. Ya no hay dolor. En la cocina tenés un poco de carne con ensalada. No tiene sal. No le puse sal. Es mejor que comas sin sal. Cuando termines, deja todo en la pileta que mañana tempranito yo lavo. Carmen dice que no hay que dejar los platos sucios, porque los demonios de la casa se alimentan de las sobras. En la oscuridad siempre duermen, pero no les tengo miedo ya. Me acostumbré al ruido que hacen. Hasta les puse nombre. Y no es malo darles de comer. Después de todo, ellos están despiertos y me responden. Dios se escondió en la noche y se tragó el auto. Se tragó el cuerpo de Antonio, la ropa de Ana, los juguetes de los nenes. ¿Adónde habrán ido los juguetes de los nenes, José? En el bolsillo de Antonio encontraron un boleto de colectivo, tres caramelos Sugus azules... en la billetera estaba la foto de los nenes en la hamaca de la Plaza de Temperley... la que les sacaste vos cuando fuimos a comer después del bautismo. Los caramelos Sugus... pensar que se los prohibía porque le sacaban caries y viene a llevarse los caramelos en el bolsillo del saco cuando lo encontró la oscuridad. No sé. Las cosas de los muertos no tienen valor. Son raras las cosas que dejan. Creo que nadie puede llegar a pensar que cuando se pone caramelos en el bolsillo del saco va a llegar a encontrarse con la muerte... ¿no? Porque si uno supiera que tiene que ser así, llevaría otras cosas, llevaría un ramo de flores, o un vestido largo. Cuando me siento en el sillón por las tardes dejo que caiga el sol sobre los muebles y espero que la noche entre a la casa. Y entonces, cuando entra, siempre le pregunto dónde quedaron los caramelos de Antonio. Y la noche se calla o no responde porque no sabe. Pero yo creo que calla. Yo creo que se calla. Yo creo que tiene vergüenza porque se los trago a todos, creo que se muere de vergüenza por lo que hizo, creo que el dolor de la noche es más fuerte que el mío. Porque ella no tiene hijos y entonces se roba los de uno para sentirse madre. Pero es tarde para respuestas. Prefiero el silencio de la noche y los ruidos de los demonios mientras se tragan la carne de los platos sucios. Los muertos dejan las cosas en la tierra cuando se van. Pero no es justo, José, no es justo que dejen madres. No es así. No debe ser así. No debió ser así. Pero le dije a José sí vamos a vivir, vivamos. A la distancia, Carmen. Carmen, ¿sos vos?... vení, ayudáme a doblar la sábana. Lo hacen. Velan un muerto. Se unen en medio del blanco. Amparo se pierde en la sombra. |
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