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AL
RABINO MENAJEM, DEL BARRIO DE FLORES
Las
señales que inventa la penumbra tienen
de familiar tus ojos claros apenas
dibujados por la lluvia por
la lluviosa lluvia dibujados. La
noticia estrujada en
tu silla amarillenta no
ha logrado apagar la
bella melodía que has cantado. Pero
además tus escrituras: los
rollos de la letra sagrada en tu mirada. Tu
maleta que desleída, guarda pájaros. Tu
sendero que avanza hacia el errante asilo del abecedario. Lejos
queda tan lejos adentro de tu abrazo. Cerca
queda tan cerca adentro de tu abrazo. Como
entonces, rabino, te pregunto si
puedo sentarme al lado tuyo a
escuchar cómo enciendes la Torá. Asientes,
entre arbolitos blancos y cantas a Adonai. Tengo
la vaga sensación futura de
verte bajar por la ladera del jardín del Edén. Vienes
vestido de blanco con riguroso traje de nada. Traes
aquel surtidor de plumas que te permite volar. Sacas
caramelos de los bolsillos y
mientras los repartes sonríes
como si supieras algo del corazón.
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E-mail: dianaraz@argentores.org.ar Espacio cedido por ARGENTORES |