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| THE KING. VOZ: ¡I´m the king! ¡I´m the King! De espaldas, sobre una sillón labrado, la cabeza coronada de un rey: rubíes, esmeraldas y el brillo del oro. La voz tiene la textura profunda y clásica de los textos shakespereanos. VOZ: To be or not to be... (carcajadas) To used or not to used....¡That the question today! El sillón gira y el rey, con mirada seria y luego socarrona mira al público. Es un inmenso forro con una corona. El blanquecino latex se extiende de pies a cabeza. FORRO: I´m the king. Sí, señores. ¡Yo! (se golpea el pecho) ¡Yo soy el rey! Sorpresa, cuchicheos, descreimiento, e incluso de desprecio: "¿Y este que se cree? "Este...que va a ser el rey, si es...¡un forro! ¡No, señores! ¡Yo soy el rey ahora! Aunque a más de uno no le guste. ¡Yo soy el rey ahora! Veo hombres con cara resignada (imita). Muchachos reticentes y dubitativos, a los que nunca les caí bien. (Al público) ¿Qué tal la corona? Me queda mejor que algunos de la realeza mundial, sin hablar de la británica, que se la pasan haciendo escándalos amorosos, ventilando chismes sexuales de duques, princesas, lacayos y hasta, con perdón de la palabra, pajes. Meta hablar por teléfono: que me gusta así, que te haría asá. Allá el invierno debe ser muy crudo y no les gusta salir de las casas. Por eso se calientan por teléfono. Esos... son reyes de rebote, de casualidad, de sorteo. En vez de nacer dos cuadras para allá, nacen dos cuadras para acá y... ¡zas! Caen dentro de un palacio. Yo no soy un rey vago. Yo la corona, como los boxeadores, me la gane...en la lucha. Sí, señor. En la lucha silenciosa. Soportando el desprestigio, el insulto fácil, el desprecio y la calumnia. Soy yo, el forro (y no el perro como dicen), el mejor amigo del hombre. Y a pesar de eso, no me agrandé. Siempre estuve en el barrio, en lo sencillo. Di todo y jamás pedí nada. Ahora, en los ambientes académicos se me conocen por preservativo. Pero a mi no me cabe esa. ¡Emilio Preservativo, mucho gusto! ¡El ingeniero Preservativo, encantado! ¡Les habla el Dr. Dante Preservativo, buenas noches! No sé a quien le puede gustar llamarse "Preservativo". En el mundo, me conocen por Condom, con m. Pero no sé, yo soy medio nacionalista. Me gusta nuestro idioma, la sonoridad del castellano, el ritmo de nuestras palabras. Que sé yo, George Condom, Flynt Condom, Tancrezd Condom. O yendo más lejos Vassiliev Condom, Shavinashasi Condom, Nasaki Condom... A mi no me suena. No sé, alguien que me vea por la calle y me llame: ¡Gunnar Condom! Yo no me doy vuelta. No lo siento mi nombre. Además es parecido a cordón y la gente se confunde. El cordón se usa en los pies y yo soy útil en la cabeza. Bueno, ¡ahí! A mi me gusta que me llamen "Forro". No José Forro, Pablo Forro. No. ¡Forro! A secas. Le pide al público que lo haga, y se deleita escuchando. Va cambiando de humor. La sonrisa, primero tímida y luego de oreja a oreja, le ilumina su rostro real. Entusiasmado hace un coro entre el público con esa única palabra. Lo divide entre mujeres y hombres, hace contrapunto, hace canon y hasta agrega una conocida melodía. Por el rostro de FORRO caen lágrimas de emoción. FORRO: Yo siento que la gente me quiere, me aprecia. ¡Hola, Forro! ¡Chau, Forro! Algunos se enojan, pero cuando a mi me dicen "Forro", no sé, me da orgullo. Pausa. Cambia el semblante y se pone serio. FORRO: Pero no les voy a mentir. Traigo un poco..., bastante de rencor. Porque a mi, señor, me tiraron al bombo, me mandaron al descenso, me hicieron outsider, me pusieron fuera del sistema. Me sacaron de circulación y me hicieron vivir de changas. Hasta me hicieron un desocupado más. Así que yo mordí resentimiento y hasta me hice jodido. ¿Para qué voy a mentir? Por eso, hoy que tengo tanto centimil en diarios y revistas, como Bush o Brad Pitt; hoy, cuando los políticos me envidian la buena prensa que tengo, yo no me olvido de cuando viví los tiempos duros del ostracismo y el desprecio. Yo voy a ser agradecido a la gente sufrida de la tierra, que en las buenas y en las malas, siempre me quisieron y acompañaron: prostitutas de Camboya, hacheros del Chaco, quilomberos de los arrabales de Kenya, chuchis paraguayas y albañiles de todo el mundo. O cuando los muchachos de la popular (lagrimea) me inflaban y me hacían volar por las tribunas. Ellos sí que me querían... Ese pueblo siempre estuvo junto a mí. Y eso no se olvida. Así que al principio, cuando apareció HIV o sea el Sida, estaba con bronca. Me venían a buscar: "Danos una mano..." Y yo me hacía el brígido, el asqueroso: "Yo por los maricones no muevo un dedo". Y ellos me contestaban: "Pero Don Forro (pura amabilidad, los hipócritas), el Sida no enferma a los homosexuales, sino a también a los heterosexuales. - "Paren, viejo. Lo de maricones lo digo por ustedes". (Chupate esa mandarina). Yo les contestaba que sí, que no, que vamos a ver. Me empezaron a saludar los catedráticos. Entré en las Universidades, me respetaban los científicos. A mí, que apenas terminé el primario y siempre tuve una vida de laburante. Algunos se hacían los graciosos: "Vos sí que trabajás en un lindo lugar" "Según lo que te toque, les contestaba. Un lindo lugar, a veces sí, y a veces no. |
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