Presentación
• Principal • Arriba • Fragmentos • Presentación • Revista Cuasar •


LOS NIÑOS TRANSPARENTES

Centro Cultural de la Cooperación.

Sala Raúl González Tuñón.

22 de Marzo de 2006, Buenos Aires.

Presentación a cargo del Profesor Leandro Pinkler.   

Leandro Pinkler es Licenciado en Letras (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires), Docente auxiliar de la cátedra de Lengua y Cultura Griegas en la Universidad de Buenos Aires, Secretario Académico de la Academia del Sur, y Profesor titular de la materia “Grandes Ideas” en la Carrera de Letras de la Universidad de Palermo.

Profesor de Griego clásico (UBA) y de Filosofía en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino.

Ha obtenido varias becas, participado en  conferencias y  congresos  y dictado innumerables cursos y seminarios, entre los que se destacan “Eros y Afrodita”, “El orfismo”, “La muerte de Sócrates”, “Jung y lo sagrado”, “Epicuro, una ética del placer”  y “Eros y ágape”.

Autor y editor de “La religión en la muerte de Dios”, Marra, 2005, Director del Centro de Estudios Ariadna (Malba Literatura).

“Jorge Huertas me ha dado la posibilidad de presentar su primera novela. Una presentación muy singular con boleros, con tangos. Habitualmente no son así.  

Ahora me toca la parte intelectual a mí y trataré en unas palabras, hacer una síntesis, una valoración de lo que para mí representa esta obra de Jorge Huertas.

Cuando él autor me ofreció esta función yo le advertí que no me llevo bien con la crítica literaria. No es el género que más me gusta. Me respondió que no era justamente una crítica literaria lo que él me pedía. Entonces acepte.

Entiendo que la novela de Jorge Huertas es una novela que supone una lectura atenta. Tiene un texto fuerte, rápido que va llevando la historia, pero tiene su complejidad.

Porque tiene dos ejes, dos dimensiones. Que son  dos dimensiones de lectura, pero también dos dimensiones de realidad que se van impregnando la una a la otra.

Una dimensión, que es lo que yo amo estudiar, que es el mito, el símbolo. Tiene toda la novela una dimensión simbólica, mitológica.

Y tiene también toda la novela una dimensión (un referente duro) social histórica argentina. Habla de nuestra historia, habla de nuestra identidad, habla de los 70, los 80, los 90 y  del día de hoy.

Habla en términos simbólicos, metafóricos, y creo que se concluye con una metáfora abierta de hechos históricos actuales que hoy vivimos y que se da en un horizonte que abre el significado.

En este sentido, la historia de Jorge Huertas se desarrolla en un barrio y una villa de la Provincia de Buenos Aires. Un lugar de laburantes que perdieron su trabajo, que pasaron a ser cartoneros; y algunos pasaron a ser mendigos y otros pasaron a ser delincuentes.

“Los niños transparentes” son los hijos de estos laburantes que perdieron su trabajo en las últimas décadas de nuestra verdadera realidad.

Hay toda una referencia fuerte y una apuesta a lo que son los niños, a lo que significan como dimensión de posibilidad. Ellos son la sal de la tierra. Y desde ahí transcurre la historia de un equipo de fútbol, “Sol de Mayo”, en el barrio Laprida.

Existe un mito fundante que es la muerte de Quique, el hijo de la paraguaya, que lo matan unos militares de civil y su sangre queda desparramada sobre la cancha de fútbol.

Los chicos quieren jugar al fútbol y la madre de Quique, la paraguaya, grita como una especie de Antigona y hace entrar lo sagrado en la cotidianidad de la cancha de fútbol. Ahí está la sangre de un muerto, ahí no se puede jugar al fútbol. Pero hay una solución: esa sangre se saca. Pero queda el mito fundante de la muerte de Quique, nombre que tiene su resonancia personal.

Hay muchas claves de lectura de los nombres y los referentes que pone Jorge Huertas en su novela.

Luego, irrumpe la dimensión simbólica fuerte del agua, del pensamiento mágico, de la iniciación. Se puede decir muchas cosas, el simbolismo del agua, del simbolismo de la luz. Recordemos simplemente el bautismo, para los griegos Bapmotismos, que tiene que ver con el agua, pero también lo llamaban fotismos, que tiene que ver con foto, con la luz.

Hay un simbolismo de la luz como una manera de referirse a la energía de la vida eterna. Eterna en el sentido en que a cada uno le parezca interpretar lo eterno. En el sentido de que es una energía no creada por el ser humano. En el Islam se llama Nhur, es lo que en el evangelio según San Juan se dice “es la luz verdadera que alumbra a todo ser humano que marcha al cosmos”.

Lo que se da es una iniciación que está marcada claramente en el texto con palabras típicas del mito: el cruce del umbral, la muerte simbólica.

Está el Gordo Chimirri que inicia a los otros chicos. Lo que ocurre es que hay un secreto. Una formulación que muestra que estos chicos iniciados tienen una realidad que los grandes no ven.

La realidad que ven los grandes es la realidad miserable, de la que ellos son actores. Que tiene que ver con los abusos sexuales dentro de la familia, con la violencia familiar, con la borrachera diaria. En fin, el estar dormido creyendo que es la realidad. Mientras que los chicos están en otra realidad.

Esa realidad la convocan en un “trip”, que es la ingesta del agua. No es un alucinógeno, es un agua que tiene luz. Esta agua que tiene luz es el simbolismo que Huertas trasmite.

Estoy citando (lee):

“Cuando suceden cosas extraordinarias la mente humana busca aferrarse a la lógica de los hechos. ¿Cómo es el laberinto que desemboca en el asombro?”.

Hemos abandonado el pensamiento mágico pero vivimos en la mayor irracionalidad. Pruebas se ven todos los días, y a todo se acostumbra el cuerpo. Es mejor decirlo de manera directa y que cada cual se las arregle. No hay forma de explicarlo todavía.

A los niños, por supuesto, no se les puede pedir nada. La infancia es el único tiempo en el que todos tenemos una patria”.

Es una idea interesantísima de la unión de la infancia con la patria. Si lo ponemos más en el sentido filosófico del siglo XX, Martín Heidegger, dice que en términos germánicos se dice “GAIMAT”, como la patria, el hogar, el lugar donde uno tiene los pies.

El habló justamente de la falta de hogar la  “GAIMAT LOSITGAY”, que es la perdida de este lugar donde uno pisa y donde se produce el significado.

Se trata de la Globalización, de lo que estamos viviendo. Es justamente la Hipertrofia de la falta de patria, de la falta de sentido, de la falta de horizonte.

Este juego de los niños, esta suerte de iniciación, cada vez se vuelve más peligroso. Muy peligroso. Se trata del encuentro de “Los niños transparentes”, en una especie de viaje chámánico, una especie de tonal y nahualt al estilo de Carlos Castaneda.

Hay un contrapunto que pasa de la dimensión mágica simbólica a la dimensión mas concreta, dura, real. Lo concreto de la realidad y del fútbol. En este juego de imágenes que se van potenciando, la pregunta es ¿por qué los niños?

Porque los niños nacen despiertos en un mundo de dormidos. Se educan y comienzan a repetir las boludeces que les enseñamos nosotros los adultos. Y así entendemos que crecieron.

Los niños son los depositarios de la posibilidad de un nuevo mensaje. Son los niños que se van a quedar dormidos, y es allí donde se cifra todo un juego. Hay erotismos, hay una dimensión de una muy cruda realidad. En esta cruda realidad todo se vuelve más terrible. Empieza a ocurrir muertes, comienzan a haber desapariciones.

Y el agua, que aparecía como una suerte de magia,  comienza a tener una vinculación con lo siniestro. Aparece el alga macho, que vive en el Rió de la Plata que tiene un secreto siniestro: el alga Purita.

El alga purita es alimentada por pendejas falopeadas que él deglute. Esta alga Purita quiere deglutir absolutamente todo.

Se pasa del simbolismo del agua como iniciación, al alga aquí con un carácter hipnótico. Carácter hipnótico del alga Purita que hace que hombres y mujeres piensen lo que piensa, quieran lo que se quiere, desean lo que se desea. Entonces el ser humano pierde su identidad. No sabe quien es, y encima no se da cuenta que esta siendo chupada por el alga Purita.

En esta dimensión, los niños siguen siendo los héroes. Los chicos siguen teniendo sus vuelos en donde se vuelven transparentes y ven las realidades.

En dos chicos en particular, Beto y Mario, se da lo que se llama tradicionalmente “el camino del héroe”, que tiene un momento de exilio (como el momento de Edipo, de Moisés, de Perseo, de Teseo). Un momento en donde el héroe no sabe quién es. Hay un momento de iniciación en donde se sufre, se cambia, se produce un nuevo nacimiento. Ahí se produce el cruce del umbral.

Beto y Mario llegaron al cruce del umbral pero se tienen que enfrentar a este monstruo que es el alga Purita que nadie ve porque nos hipnotiza a todos.

En este sentido, incluso en la historia argentina, se puede decir que hubo héroes, en el sentido que hubo gente que jugó su vida, que tuvo audacia, que cumplió con la iniciación.

Pero el ciclo del héroe se completa cuando después de realizar la iniciación, el héroe devuelve a lo social y a la comunidad aquello que consiguió. Si no es así el ciclo no se completa.

La novela es cruda, dura, pero no es desesperanzada. No tiene el ambiente de cansancio de una literatura posmoderna. De la literatura europea, que es una sociedad cansada. No tiene la mezquindad individualista de una literatura progresista.

Tiene dimensión mágica y tiene ante todo, y fundamentalmente, con esta forma de horizonte mágico, una profunda reflexión sobre la identidad argentina.

Mostrando un aspecto de lo social, que no es el único, pero es el más característico de nuestras ultimas décadas. Y en ese sentido lo que hay que recordar es que hay una serie de guerras, donde los enemigos están confundidos.

Yo recuerdo una frase del pensador político Carl Schmidt: “la política es el conocimiento del enemigo”.

No se trata de buscar enemigo por buscar enemigo.

Si no se conoce el enemigo es no se conoce la propia identidad. Si no se conoce la propia identidad pues tampoco se conoce al enemigo.

Es lo vivimos donde los taxistas putean contra los cartoneros. O sea, la falta de identidad de la Capital Federal, que tiene que ver con cosas que se iniciaron desde el siglo XIX, que tiene que ver con la civilización y la barbarie.

Tiene que ver con que muchos en Buenos Aires no saben que son argentinos, creen que son europeos.

Leen cosas europeas. No saben, no recuerdan, que Samuel Huntington habla del choque de las civilizaciones entre Occidente y el Islam, y ¿ustedes creen que pone a los latinoamericanos dentro de Occidente? No.

Lean el libro. Los occidentales son una civilización y los latinoamericanos son otra civilización.

Nosotros no somos europeos, no somos norteamericanos. Los norteamericanos saben que son norteamericanos.

Los palestinos saben que son palestinos.

Los israelíes saben que son israelíes.

Los argentinos a veces no sabemos que somos argentinos.

Los héroes de Huertas saben que son argentinos.

Le agradezco a Huertas que me haya dado esta novela para leer y presentar porque hacía mucho que no leía una novela que me gustara tanto.

Muchas gracias”.


E-mail: jhh2002@hotmail.com                                                                                   Espacio cedido por ARGENTORES