Lejos de aqui
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PERSONAJES  

  • Mercedes 

  • Estela

  • Manolo  

  • Mejicano

  • Lorenzo

ESCENA I

Un parador en la zona de Casa de Campo, sobre la ruta de salida de Madrid. El lugar es una casa de comida típica del Río de la Plata llamado "Pampas Argentinas". Es un restaurante compuesto por el local propiamente dicho; la vivienda de los dueños y del personal y una especie de playa donde en verano se suelen colocar mesas. El paradero está ubicado junto a la ruta de manera que el tránsito de automóviles, camiones, ómnibus, etc., es permanente.

Los espacios visibles al espectador son la trastienda  del restaurante y una galería que da a la ruta y que forma parte de la construcción del local. Además hay un espacio al aire libre -que va de la casa a la ruta- por donde se ve salir y entrar a los personajes, en caso de necesidad dramática.

La trastienda está amueblada con una mesa y sillas donde suelen comer los dueños y el personal del restaurante. También hay un gran aparador donde se guarda la vajilla y los otros elementos necesarios. En un costado se alcanza a ver la parte de atrás de una gran parrilla que da al local de comida y,  junto a ella, una  puerta que conduce a la galería.

En la trastienda hay además un pequeño escritorio preparado para el trabajo del adicionista. En el rincón opuesto,  una salida hacia la vivienda de los dueños. A foro hay una escalera de madera que conduce a un entrepiso donde se encuentran las habitaciones del personal. Son dos ambientes modestos: los dormitorio de LORENZO,  un porteño cincuentón aferrado al folclore de Buenos Aires; el otro pertenece a el MEJICANO, un clásico "sudaca", de rasgos aindiados y gruesos bigotes. Tiene unos 35 años. También a foro hay otra puerta; suele ser la utilizada por los moradores para entrar y salir de la casa.

En la galería hay una mesa pequeña, una silla y  un viejo sillón hamaca donde suele sentarse Estela a mirar el paso de los vehículos por el camino.

La presencia de la ruta inunda de ruido y luces el escenario.

La obra comienza al anochecer de un día de comienzos de mayo, de la época actual. Lorenzo, en su habitación, está vistiéndose. Sobre la cama hay una valija cargada de ropa. El Mejicano prepara el fuego de la parrilla. A un costado está sentada MERCEDES una joven española de unos dieciocho años, de físico muy saludable.  Tiene colocados unos auriculares y los ojos entrecerrados. Aprende inglés por algún método audiofónico. Transita las primeras clases. En la galería ESTELA, una argentina de 45 años, mujer hermosa aun y con cierto porte aristocrático, mira el paso de los coches mientras se mece pausadamente

MERCEDES:  Very well, mister González. I am a pupil... You are the teacher... Ve-ry we-el mis-ter González...             How is a pupil? I am a pupil. Piuuuupiiilll... (Hace retroceder el caset y repite la lección)

Desde el salón llega MANOLO, un gallego de Galicia de casi 60 años. También está vestido de gaucho. Camina descalzo. En una mano lleva un balde con un estropajo. En la otra un par de botas.

MANOLO: (Se asoma a la galería)  ¡Estela...! Son las ocho. (Deja el balde, se sienta, se seca los pies con un trapo y se calza. Se dirige al Mejicano) Oye, Mejicano... No prepares tanta molleja. Con eso está bien. Después hay que tirarlas.  (Grita, hacia arriba) Lorenzo... ¿a qué hora sale el avión? (Pausa) ¡Eh... Lorenzo...!

LORENZO:  (Se asoma) ¿Qué pasa?

MANOLO:  ¿A qué hora sale el avión?

LORENZO:  A las once.

MANOLO: No te queda mucho tiempo. Te pido un taxi. Apúrate. (Sigue terminando de calzarse) ¡Merche!  

Mercedes sigue con su clase de inglés. Los auriculares le impiden oír.

MANOLO: ¡¡Mercheee...!!

Mercedes se quita los auriculares.

MANOLO: ¡Que es la hora del trabajo, coño!

MERCEDES: Sí tío... Estaba con mis clases de inglés.

MANOLO: Anda... Llama a la compañía y pide un taxi. El número está sobre el pupitre.

Mercedes marca el número.

MANOLO: Dile que llamas del parador Pampas Argentinas. Que manden un coche enseguida.

MERCEDES: Hablo del parador Pampas Argentinas.... Un taxi... (A Manolo) ¿Adónde va?

MANOLO: A Barajas.

MERCEDES: A Barajas. (Escucha y cuelga) Dice que viene en quince minutos.

 MANOLO: ¿Oíste, Lorenzo? El taxi viene en quince minutos.

LORENZO:  Ya estoy. (Se pone un piloto cruzado tipo Bogart)

MANOLO:  Que estás con el tiempo justo. ¡Vamos, Estela! ¡A preparar el salón! Merche... Ayuda a tu tía.

Estela ha ingresado a la trastienda. Tiene un aire lejano. Toma una bolsa de pan y distribuye su contenido en las paneras.

ESTELA: (A Mercedes) Tenés que armar las paneras. Dos panes blancos, dos negros, un sobre de galletas y uno de grisines. ¿Entendiste?

MERCEDES:  (Con un dejo de ironía) Si, tía Estela. I am a good pupil.

ESTELA: ¡Vamos... no te hagas la graciosa! ¡A trabajar!

Estela sale hacia el salón llevando una paneras. Mercedes remeda el lenguaje de los argentinos, pero Estela no la oye.

MERCEDES:  Vamos, che...! A trabajar... Chee...!

Mercedes  se pone a cargar las paneras. La joven sigue con los auriculares puestos. Estela regresa saca una botella de Chinchón seco de un bargueño, una copita, se sirve y bebe un trago. Lo hace con cierto disimulo. Luego toma una pila de servilletas y sale hacia el salón. En su habitación, Lorenzo se dedica a cerrar la valija.

MERCEDES:  (Que da por terminada su tarea con las paneras) Is okey, uncle Manolo.

MANOLO: Oye, Merche... Qué rápido que aprendes. Llévalas al salón, anda. Una en cada mesa.

Mercedes sale hacia el salón llevando varias paneras.  Entretanto, Lorenzo baja por la escalera. Manolo lo mira con asombro.

MANOLO: ¿Por qué te has puesto la gabardina? Estamos en mayo.

LORENZO:  En la Argentina es otoño.

MANOLO:  Pero aquí es un día radiante.

LORENZO: En Buenos Aires está lluvioso. Lo leí en el diario.

MANOLO:  Bueno... Pero podrías ponerte la gabardina al llegar a Buenos Aires. 

LORENZO: Vos dejáme a mí. El que se vuelve a Buenos Aires soy yo. Es mi regreso

MANOLO:  Está bien, hombre... Digo, nomás. El taxi está en camino.

Se hace una pausa. Lorenzo y el Mejicano entrecruzan un gesto de simpatía.

MEJICANO:  Llegó el día, nomás.

LORENZO:  Llegó el día, Mejicano.

Estela y Mercedes reingresan.

ESTELA: Ay, Lorenzo... ¿Por qué te pusiste el piloto?

LORENZO:  ¡Es mi regreso! ¿A vos qué te importa si me puse el piloto o no me puse el piloto?

ESTELA: Está bien. Decía nomás.

MERCEDES:  The man is in de bathroom... The girl is in the kitchen... Kiiitchennn...

Estela abre el bargueño y se sirve otro trago de anís. Toma varias paneras y sale. Mercedes vuelve a su lugar, abstraída en su clase de inglés. Lorenzo se queda mirándola. Mercedes advierte la mirada de sorpresa de Lorenzo.

MERCEDES: Hola, tío.

Lorenzo se queda en silencio, impactado por la figura de la joven.

MERCEDES: Soy Mercedes... La sobrina de Manolo. Vengo a reemplazarte a ti. (Lorenzo sigue con la vista clavada en la joven)  La de Soria. ¿No te acuerdas? Hace dos años estuvisteis en mi casa.

LORENZO:  Ah, sí... En la casa del hermano de Manolo. Y vos sos la hija. ¿Qué te pasó?

MERCEDES:  Crecí. (Se ríe).

Lorenzo se desentiende de ella y se vuelve al Mejicano con los brazos extendidos.

LORENZO: Así es, Mejicano... Llegó el día. (Lo abraza efusivamente)

MEJICANO: Qué emoción volver a Buenos Aires , ¿eh?.

LORENZO: (Mira el reloj) Dentro de quince horas exactas estoy parado en Corrientes y Callao. Parece mentira. Diecisiete años esperando ese momento.

MEJICANO: (Divertido)  Llegas y te zambulles en el bar Ramos.

LORENZO: (Enojado)  ¡No...! ¿Estás loco?

MEJICANO:  ¿Cómo que no? Ay, Lorenzo... me vuelves loco. Si durante cinco años no me hablaste de otra cosa que de las noches del bar Ramos.

LORENZO:  (Exaltado) Las noches del bar Ramos. ¡Las noches! Yo llego a la mañana... ¿Al bar Ramos ... de día... con luz del sol.?  Jamás entré de día al bar Ramos. De día al bar Paulista que está en Corrientes y Paraná. El Ramos está a una cuadra, en Corrientes y Montevideo.

MEJICANO:  Bueno. Entonces... A ver: llegas a las ocho de la mañana. ¿Y?

LORENZO:  A las ocho de la mañana... ¡de allá...! Entre los trámites... la aduana... se hacen las nueve. Me tomo un taxi en Ezeiza y a las diez menos cuarto estoy en Corrientes y Callao. ¡El centro del mundo! Le compro el diario Clarín, al Colorado... el diariero que tiene el puesto justo frente al restaurante El Ciervo. (Se imagina el reencuentro) ¡El Colorado! ¡Lo que va a ser cuando me vea! Me pongo el diario bajo el brazo y... a caminar por Corrientes. Tres cuadras hasta el bar Paulista. En el Paulista te tomás tres o cuatro café... te leés el diario... se te hacen las doce... A las doce... el vermut en La Paz, que está haciendo cruz con el bar Ramos, en Corrientes y Montevideo.  A la una y media almuerzo en Los Inmortales, en Corrientes entre Uruguay y Talcahuano. Una pizza de anchoa con una porción de fainá... ¡la mejor pizza del mundo!... y de postre un flan con dulce de leche. En Corrientes y Rodríguez Peña me hago lustrar los zapatos por Piraña... ¡El mejor lustrador del mundo! Después me voy a caminar con los zapatos bien lustrados... Corrientes... Florida... El Bajo... Retiro... Agarro Libertador... Callao y vuelvo a Callao y Corrientes. Ya se hicieron las cuatro de la tarde... Le compro el diario  La Razón al petiso Domingo...

MERCEDES:  ¿Pero cómo...? ¿El periódico no se le compra al Colorado?

LORENZO:  ¡No! A la tarde,  al petiso Domingo... El Colorado vende los diarios...(Aclara) los diarios, no los periódicos... ¡los diarios!  de la mañana y el petiso Domingo los de la tarde.

MEJICANO:  (Divertido, a Mercedes) ¡Pero es que tú no entiendes! (A Lorenzo) Sigue, Lorenzo.

LORENZO:  Con el diario bajo el brazo vuelvo al bar Paulista, hasta las siete, siete y media... Después, tranquilo... camino hasta Corrientes y Maipú...  Y me tomo el vermut de la tarde en el bar Suárez. ¡El viejo bar Suárez! Con unas aceitunas negras... Las mejores aceitunas del mundo. Servidas por el Bocha Peretti... El mozo de la tarde. (Se toma su tiempo) Bue... Después me como una buena parrillada en la Churrasquita, en Corrientes entre Libertad y Talcahuano...

MEJICANO:  Pero si aquí comes parrillada argentina todos los días...

LORENZO:  ¡Qué vas a comparar! ¡Te estás comiendo una parrillada en la calle Corrientes!  (Crea una nueva expectativa) Y después... Ahí, sí, ¡al Ramos! A tomar café y ginebra con los amigos. (Embelesado)  Ver pasar la gente... Charlar... Hasta que amanece. ¿Qué tal?

MEJICANO:  (Divertido) Y te vas a encontrar con el Flaco Méndez.

LORENZO:  El Flaco Méndez... ¡Sí señor!

MEJICANO:  (A Mercedes) Está siempre sentado en la mesa de la ventana. En la misma mesa. ¿No es así Lorenzo? A la hora que vayas al bar Ramos el Flaco Méndez está sentado en la mesa de la ventana.

LORENZO:  El Flaco Méndez... ¡Sí, señor! Bueno... en realidad, todo el día salvo entre las siete de la mañana y las dos de la tarde. Trabaja en el Correo. Pero a las dos y diez está en el bar... en una mesa junto a la ventana. ¡Siempre la misma mesa! Hasta las seis y cuarenta y cinco de la mañana. ¡Todos los días! Los feriados también.

MERCEDES:  Pero ¿y dónde duerme?

LORENZO:  En la mesa del bar. Pero derechito... (Cierra los ojos y saca pecho, componiendo al Flaco Méndez cuando duerme) Dos horitas.. Y otra vez a charlar... y a tomar ginebra... Fresquito como una lechuga.

El Mejicano se divierte con la anécdota que Lorenzo contó cientos de veces.

MEJICANO:  ¡Ay, Lorenzo! ¡Esas historias tuyas! (Pausa) No me canso de escucharlas. Me chifla esa costumbre que tienen los porteños con los bares...

MERCEDES:  Bueno... Es como ir de tascas.

LORENZO:  (Enojado) ¡De tascas...! ¿Qué estás diciendo? En un café de Buenos Aires te sentás como un señor... Como un caballero. Te pedís un café... que entre paréntesis te lo sirve un gallego... Y empiezan a llegar los amigos... Y se charla de política... de fútbol... de mujeres... ¡Se filosofa! En un bar de Buenos Aires uno aprende sobre la vida. En las tascas de acá están todos parados, apretados como ganado y hablan a los gritos. Se juntan para comer y para gritar. O para cantar como bestias.  ¡Para eso se juntan! En los bares de Buenos Aires se habla... ¡Se filosofa! A ver si un parroquiano del Ramos te va a comer un sandwiche... Si se mastica no se habla. En el Ramos, café y bebida. Nada más. Café y bebida.

Ingresa Estela desde el salón. Mercedes vuelve a colocarse los auriculares.

ESTELA:  Llegó el taxi.

LORENZO:  ¿Llegó? Bueno...

ESTELA: Pasado mañana mismo andá a la  Chacarita. Acordáte. ¿Te vas a acordar?

LORENZO:  (Con tono resignado) Me voy a acordar.

ESTELA: Averiguá bien, que el permiso del nicho debe estar por vencer. Si hay que hacer el traslado que estén juntos. Mamá me lo pidió antes de morirse. ¿Entendiste? Que estén juntos. Mamá y papá.

LORENZO:  Está bien... Está bien, Estela.

MERCEDES:  The boy is in de country... coun-try...

Estela entrega un sobre a Lorenzo.

ESTELA: Dáselo a la tía Delfina.

LORENZO:  ¿Qué es esto?

ESTELA:  Unas pesetas.

LORENZO:  ¿Plata le vas a mandar?

ESTELA: Unas pesetas...

LORENZO:  Es ofensivo...

ESTELA: ¿Cómo ofensivo?

LORENZO:  ¿Qué le estás diciendo? En España hay plata y los argentinos se mueren de hambre... ¿Eso le querés decir?

ESTELA; No le quiero decir nada. La tía Delfina tiene ochenta años... es jubilada... ¡Y sí...! ¡Se está muriendo de hambre! ¡Y yo puedo ayudarla!

LORENZO:  (Irónico) Sí... (Al Mejicano) Acá los jubilados veranean en Fuengirola... Van a París de compras todos los fines de semana...

ESTELA: (Con el acento español que le aparece cuando se enoja) ¡No me fregues, Lorenzo! ¡Tú dale estas pelas a la tía Delfina!

LORENZO:  ¿Y por qué me hablás en español?

ESTELA:  ¿En qué idioma quieres que te hable?

LORENZO:  ¡¿Sos española ahora?!

ESTELA:  ¡Por Dios...! Todo lo que quiero es...

LORENZO:  Vos sos argentina... ¿Me oíste? ¡Argentina!

MERCEDES:  (Burlándose) ¡Che...! ¡No me rompas las pelotas!

Lorenzo se queda mirando a Estela, que no ha registrado la agresión de la joven. La mujer se afloja y se arroja a los brazos de su hermano.

LORENZO:  Bueno... Bueno... No es para tanto. Algún día voy a volver a visitarlos... O vos te venís a pasar unas semanas a Buenos Aires.

Lorenzo se separa de Estela y se abraza al Mejicano. Estela sale a la galería y se sienta en su sillón habitual.

LORENZO: Chau, Mejicano...

MEJICANO:  ¡Carajo...! Que te voy a extrañar... .

Manolo reingresa.

MANOLO:  ¡Lorenzo! ¡Vas a perder el avión! Y vamos... A trabajar. ¡A trabajar!

LORENZO:  (Besa a Mercedes) Chau, piba. Hacé bien mi trabajo.

Manolo sale hacia el salón. Lorenzo va detrás. Lorenzo reaparece en el espacio que da a la ruta. Estela lo llama.

ESTELA:  (Le habla por lo bajo aunque el sonido de la ruta es ensordecedor) Lorenzo... No digas allá que yo... que nosotros... Bueno... Que tenemos que hacer el trabajo de camareros...

LORENZO:  (La corrige) Mozos... Allá se dice mozos...

ESTELA:  (Impaciente) Yo les escribí diciendo  que yo era la administradora... Que hasta teníamos un maitre... (Lo mira) No le digas que yo tengo que servir.

Por toda respuesta Lorenzo le da un beso en la frente y se encamina hacia un costado donde se supone esta el taxi. Antes de desaparecer de la vista del espectador se vuelve, al escuchar que el Mejicano, que se ha asomado,  canta, bromeando, pero con afecto.

MEJICANO:  "Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido".

Lorenzo le hace un saludo final y sale. Estela, angustiada, bebe anís. El Mejicano lagrimea.

MEJICANO: (Disimula mal) Me entró humo, carajo...

MERCEDES:  (Por Lorenzo) Se va a la Argentina... ¡Hay que tener cojones! (Se coloca los auriculares) Mary is old... Oooolllddd. Peter is young... yyyoouunnnggg...

Estela se ha quedado parada junto a la ruta para ver partir a su hermano. Agita la mano hasta que el taxi se pierde de su vista y luego se echa a llorar. Manolo reingresa desde el salón.

MANOLO:  Se fue... (Se hace una pausa tensa) En fin... Lo cierto es que nunca se acostumbró a España. Veintidós  años... pero nunca se acostumbró. ¡Bueno, vamos! A trabajar.  Que han llegado clientes. ¡Estela... hay gente en la mesa dos!

Manolo toma una botella de vino. Llama la atención a Mercedes.

MANOLO: ¡Mercedes!

La muchacha no lo oye y sigue con sus clases. Manolo se impacienta.

¡Mercedes...!

Mercedes sigue en lo suyo.

¡Mercedes!

Ante el grito de Manolo, la joven se quita los auriculares.

¡A trabajar, coño!  Que esto no es juego!  Una botella de vino riojano para la mesa tres. Una parrillada completa... con doble porción de chinchulines...

Mercedes, desganadamente, va hacia el pupitre y anota el pedido. Manolo sale con la botella.

MERCEDES: ¿Doble porción de qué?

MEJICANO: Chinchulines.

MERCEDES: ¿Chinchulines? ¿Qué es eso?

MEJICANO:  El intestino de la vaca.

MERCEDES:  (Simula una arcada) Puajj... Vosotros los sudacas coméis mierda.

MEJICANO:  En mi país no se come. Eso es costumbre del Río de la Plata.

MERCEDES:  Méjico está más al norte, ¿no?

MEJICANO:  Pegadito a los Estados Unidos.

Pausa.

MERCEDES: (Mercedes se queda pensativa.  ¡Qué coñazo ser sudaca! Estar ahí, a un paso de Norteamérica  y vivir como los indios.

MANOLO: (Ingresando) Mejicano... dos chorizos... una morcilla y una porción de ubre y otra de criadillas... Para la mesa cuatro, Merche.

MERCEDES:  (Divertida) ¿Pero qué está diciendo? ¿Qué es todo eso? (Pausa) Oye... ¿Qué son las ubres y las criadillas?

El Mejicano se hace el tonto.

¿Me oyes?

MEJICANO:  Son... son ... comida.

MERCEDES:  ¡Ya sé que son comida! ¿Pero qué comida?

MEJICANO:  Cosas de los animales...

MERCEDES:  Joder... Que me intrigas. ¿Qué cosas de los animales?

MEJICANO:  Vísceras...  Oye... ¡pregúntaselo a tu tío!.

MERCEDES: ¿Por qué tanto misterio? (La cara se le ilumina) Ahora entiendo... las ubres son las tetas de la vaca. ¡Eso es! Las tetas de la vaca. ¿Os coméis las tetas de la vaca? ¿Y qué son las criadillas? ¿También de la vaca?

MEJICANO:  No. Del toro...

MERCEDES:  ¡Del toro! ¿Y qué...? ¿La polla del toro? ¿Os coméis la polla del toro...?

MEJICANO:  No... Los... bueno...

MERCEDES:¡Los cojones...! (Lanza una carcajada) Oye... ¿Os coméis los cojones del toro? Vosotros los sudacas sí que sois valientes. Matar a un toro...¡cualquier español! Pero masticarle los cojones...! ¡Ahí sí que te quiero ver!

En ese momento ingresa Estela. Toma una ensaladera y sale. Al pasar le dicta a Mercedes.

ESTELA:  Ensalada criolla para la mesa cinco. (Sale)

MERCEDES:  ¿Qué es eso de criolla?

MEJICANO:  Tomate, cebolla y pimiento.

MERCEDES:  ¡Qué coñazo! (Mientras anota) ¿Cómo se dirá tomate, cebolla y pimiento en inglés?

MEJICANO:  "Tomatoe, onion and hot chile..."

MERCEDES: ¡Oye...! ¿Sabes inglés? (Asombrada) ¿Sabes hablar inglés?

MEJICANO:  Viví un año en Nueva York.

MERCEDES:  (Admirada) Un año en Norteamérica... ¿Y cómo llegaste aquí?

MEJICANO:  Bueno pues... Ganas de cambiar... Conocer los países europeos...

MERCEDES:  (Irónica) Y elegiste España... Mira, si yo supiera hablar inglés estaría en Londres.  O en Japón. O en Alemania. O en Norteamérica.... (Pausa larga) En cualquier lugar menos en este país de mierda.

Las luces van decreciendo. Cuando aún queda una penumbra se ve a Manolo ingresar al espacio, tomar una botella de vino y salir. Se cruza con Estela que ingresa trayendo platos vacíos.

ESTELA: (A un supuesto cliente)  ¡¡Ya va...!! No tengo cuatro manos... Y si no quiere esperar vaya a la tasca de enfrente.

Estela "tira" los platos sucios dentro de la pileta. Se escucha al sonido de  alguno que se rompe. El Mejicano transpira en medio del humo de la parrilla. La actividad es agotadora. Salvo para Mercedes que se ha vuelto a poner los auriculares.

MERCEDES: Spain is a big country... ¿Is Spain a big country? Yes, sir. Spain is a big country.

El escenario se oscurece para marcar el paso del tiempo

Fin del fragmento de LEJOS DE AQUÍ

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