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"En 1959 regresé a la Argentina después de pasarme dos años en Europa. Volvía lleno de ideas y con el borrador de una obra. Había visto mucho teatro. En ese entonces, algunos autores entraban en su ocaso: George Bernard Shaw, Terrence Rattigan, Ugo Betti, Jean Anouilh. Llegaba a su apogeo el teatro épico de Brecht; se instalaba como una corriente firme el teatro del absurdo de Beckett y aparecía el teatro británico de los iracundos, al amparo de Tennessee Williams y Arthur Miller, cuyas obras se montaban en todos los teatros de Europa. Me
gustaba esta última corriente, afín al realismo que en nuestro país arranca
con
Florencio Sánchez y Laferrère, y llega a su apogeo con Armando Discépolo
y
Defilippis Novoa. Me conseguí un trabajo de redactor en el mítico diario El
Mundo y
me puse a escribir. Pronto terminaría mi primera obra. Tenía
entonces 24 años". Las obras comprendidas entre 1961 y 1968 corresponden al primer período de producción teatral de Ricardo Halac. Su
primera pieza "Soledad para Cuatro", estrenada en 1961 por el legendario
teatro independiente La Máscara, marca
el inicio de la prolífica generación del 60, como señalan los especialistas. Dijo
Osvaldo Pellettieri a propósito de Soledad
para Cuatro y de este período de Halac: "...aparece
una clase media sin salidas. Carece de proyectos para alimentar el cambio y
alienta ideas vulgares del éxito del hombre
que se hace solo. Sus falencias y desvíos lo hacen caer en la frustración,
en la mistificación de las relaciones familiares y sociales en un sentido
amplio.... Este teatro hace una apelación
al espectador de la clase media al que se dirige en forma absolutamente
colectiva. Pretende que el público se identifique, que recepcione la obra a
nivel sensible, pero sin sentimentalismos... Se enjuicia una manera de pensar
que según el autor condiciona de hace mucho tiempo a nuestra clase media
y que la hace vivir desvinculada de una realidad concreta del país y del
mundo". Posteriormente
aparecieron autores como Roberto Cossa, Germán Rozenmacher, Griselda Gambaro y
Eduardo Pavlovsky. Soledad
para cuatro
se hizo a lo largo y a lo ancho de América Latina. Su reposición en el
Cervantes en este año 2000, a 39 años de su estreno, ha despertado un nuevo interés por la pieza. Fin
de Diciembre
y Estela de Madrugada, ambas
estrenadas en 1965, afirmaron la presencia de Halac como un autor preocupado por
su entorno y sus conflictos.
Tentempié I
y Tentempié II son obras en un
acto, experiencias con personajes singulares en situaciones también fuera de lo
común, que abren nuevas alternativas estilísticas.
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E-mail: Rhalac@argentores.org.ar Espacio cedido por ARGENTORES |