"Hay
claves escondidas en el pasado. Debajo de la maraña de datos
inútiles aparecen como piedras preciosas... ¡Brillan como diciéndonos
algo! Por ejemplo: el edicto de expulsión de los judíos de España
venció el 31 de julio de 1492. Después, la reina Isabel la Católica
concedió dos días de gracia para los que todavía estaban en tránsito. Al
terminar éstos, todo judío que fuera encontrado en ese territorio después de
las 12 de la noche del día 2 debía convertirse o era asesinado ahí mismo. ¡Por
otro lado en Puerto de Palos, a las
seis de la mañana del día 3, las carabelas de Colón partían hacia lo
desconocido! ¿Esos episodios, íntimamente ligados en el tiempo, no guardan
ninguna relación? ¡Es difícil creerlo!
Hubo
un momento en que sentí pasión por escribir piezas históricas. Indagar en la
conducta humana era presentir las tendencias del presente... ¿El hombre cambia,
o es siempre el mismo? ¿Conocer el pasado, abre nuevos mundos? ¿Sirve para ser
más lúcidos? ¿Distanciar el presente, permite al espectador situarse más
relajado ante un conflicto? Preguntas que nunca tienen las mismas respuestas.
Tres
obras que escribí entonces me sumieron en diferentes épocas. Primero fue
Argentina, en las primeras décadas de este siglo; después la España de
poco antes de la conquista de América y por último México, el México de
Frida Kahlo, Diego Rivera y León Trotski. Al menos descubrí algo que es
cierto... El dramaturgo no es un historiador, ni un arqueólogo. Cuando escribe
algo que sucede en el pasado nunca debe perder de vista que lo hace desde el
lugar en que está plantado. Y por último, que tiene que alumbrar de alguna
manera el camino que lleva de ese ayer al hoy en el que vive..."
La
argentina Nora Glickman, cuentista, dramaturga, investigadora, docente y
traductora de Mil Años Un Día, que actualmente vive en Nueva York, escribió:
"En
un reportaje efectuado al autor en 1990, Halac hizo referencia a un recuerdo que
quedó fijado en su memoria. Tenía 10 años en 1945 cuando durante un viaje en
Buenos Aires con su padre, éste abrió el periódico delante suyo y tomó
noticia de los horrores del Holocausto. El padre le apretó el brazo y le dijo
que siempre debería recordar que el destino de los
judíos es <estar alerta para
dejar su país al percibir señales de un peligro inminente>. Halac
no podía comprender entonces por qué los judíos debían irse cuando no habían
hecho nada de malo. Creo que esta idea, que perturbó al autor profundamente
durante años, es el tema central de Mil
Años, Un Día".
(Colección
Dramaturgos Argentinos Contemporáneos, Editorial Corregidor, El Teatro de
Ricardo Halac, Tomo III, página 16).