La cena

Principal Arriba El metejón Los pies en remojo Dúo de flauta y batería El gallo azul Miembro del jurado Nada más triste... El cuento de la buena vida Nekrasov La conversadora El hombre de las valijas Landrú La cena

Texto

La cena

Un apocalipsis cómico. «Perinelli viene demostrando, desde hace años, su pericia en la creación de situaciones y de diálogos. Lo reitera en esta nueva pieza, basada sobre la siempre ambigua, misteriosa relación, entre quien cree mandar y quien, al menos en apariencia, se le somete (...) Campea el absurdo, según los modelos consagrados del género, aunque con un sello bien porteño, fruto de una aguda observación de pautas de conducta capaces de desatar una comicidad delirante. Pero la diversión culminará (otra constante del teatro de Perinelli) en un escalofrío, en una liturgia feroz donde se oirá, a modo de un réquiem al revés, la lectura de la espantosa agonía de Emma Bovary descripta magistralmente por Flaubert»

Ernesto Schoo, Revista Noticias, octubre de 1998.  

Claudia Lapacó y Roberto Martínez

Según la obra “La cena”, la cucaracha demuestra la inexistencia de Dios. «En la producción de Roberto Perinelli (el autor de Los pies en remojo y Miembro del jurado), La cena ocupa un lugar relevante. Es uno de sus textos más sutiles y complejos. Perinelli despliega en esta pieza una poética que, en un vaivén de simultaneidades y alternancias, pone en evidencia sus lazos de dependencia con la representación de «lo real» (el tema es las relaciones familiares) o se independiza de ella para proponer una realidad autónoma, casi absolutamente «otra», en la que parece palparse la manifestación de «lo teatral puro» y «lo imaginario puro».

Jorge Dubatti, El Cronista Comercial, diciembre de 1998

Un menú absurdo para la cena. «Con La cena, Roberto Perinelli (...) marca un hiperrealismo cercano al absurdo, para dibujar un tipo de relaciones que siempre se expone desde la ficción, con una estructura que escapa del esquema convencional, para dibujar el crecimiento a partir de cada una de las situaciones. El texto, por momentos narrativo, lleva implícita una carga de dramatismo, pero, a través de esta resolución estilística, se permite desplegar un humor ácido y por momentos crudo». Susana Freire, La Nación, octubre de 1998.


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