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Miembro del jurado
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Potente
espectáculo, con suspenso y buen
diálogo. «En realidad, es una situación teatral única llevada a su máxima
extensión dramática, pero sin estirar ni hipertrofiar la historia. Con rigor
implacable, Roberto Perinelli conduce una acción de inevitable desenlace trágico.
El climax de ritual macabro no se consuma en escena (y ese es otro hallazgo del
autor), pero su impacto se adivina y se siente (...) Surge nítidamente un
espectáculo teatral potente, en base a una escritura áspera y económica, son
suspenso de buena ley, y que no agota en su obvio virtuosismo formal o técnico,
dejando espacio para la emoción e incluso para la ternura»
Yirair
Mossian, Convicción, setiembre de 1979.
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Buena
pieza de Perinelli. «El misterio, la ambigüedad, la sugerencia, están en
la esencia de lo poético, y en lo poético la base de lo teatral (...) Por eso,
«Miembro del jurado», constituye, sobre todo en su primera mitad, uno de los
mejores textos nacionales estrenados este año en Buenos Aires (...) Hay en el
texto – y en la excelente dirección de Carlos Catalano – una integración
justa de los elementos internos, psicológicos, y en los externos, ambientales
(una murga que pasa, una puerta que se abre y se cierra, un teléfono que suena,
una lima, una llave), un uso preciso del idioma y una pautación diestra de los
elementos de humor, de los climax y de los remansos»
Gerardo
Fernández, La Opinión, octubre de 1979.
«Hay
personajes bíblicos: Simón y Ester. Mas el argumento no tiene nada de teológico.
Es ferozmente atrapante, no menos agresivo y desnuda pasiones con minuciosidad.
Ostenta la soledad del hombre, su incomprensión, los bajos instintos que lo
pueblan, sin excluir la venganza (...) Aparte de los nombres surgidos del Libro
de la Verdad, hay otros contracantos no menos acertados: el carnaval que desfila
por la calle mientras que, de ventana para adentro, el ámbito es diametralmente
opuesto, la llave que se va limando a guisa de puerta hacia la salida o el
infierno»
Emilio
Stevanovitch, El Litoral, setiembre de 1979.
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«Miembro
del jurado» podría ser nada más que un buen relato policial con elevadas
dosis de suspenso. Sin embargo, es mucho mas que eso, Roberto Perinelli logra
construir una obra paralela fecunda en elemebntos sutiles, como la comparsa,
como la puerta que por momentos no se puede abrir o la excelente irrupción del
tercer personaje, Ester, quien logra uno de los momentos más poéticos y de
mejor factura escénica»
Osvaldo
Quiroga, Confirmado, setiembre de 1979.
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