Greek - a la griega
Principal ] Arriba ] Ficha técnica ] Nota del Autor ] [ Greek - a la griega ]


“GREEK” [1]

Lugar: Inglaterra

Época: Presente

Escenografía: una mesa de cocina y cuatro sillas comunes. Éstas tendrán muchas aplicaciones. Pueden transformarse en todo lo que se necesite de ellas, desde la plataforma para la ESFINGE hasta el café. También funcionan como el tren; el entorno que sugiere los orígenes humildes de EDDY y que luego habrán de transformarse en su lujoso y elaborado hogar del Segundo Acto. La mesa y las sillas simplemente delimitan espacios y funcionan como anclaje o base para que los actores se lancen. Cualquier otro artefacto será mimado o sugerido. Las paredes son tres paneles rectangulares verticales, muy de hospital y al mismo tiempo indicando el clasicismo griego. Las caras están pintadas de blanco y claramente delineadas. El movimiento deberá ser preciso y dinámico, exagerado y a veces portador del calibre de personajes de historieta. La familia actúa como coro para todos los demás personajes y espacios.

 
PRIMER ACTO

Escena 1

EDDY: Así es que fui desovado en Tufnell Park, que no está a más de una pedrada del Ángel / a un pedo de mono de Tottenham o a un escupitajo de Stamford Hill / es un basurero, la verdad… un pozo de semen, generoso en putas que apuntalan los bares de las esquinas, el tipo de bares donde se juntan los viejos pelotudos… los imbéciles aburridos que ahorran para pasar las Navidades con sus parientes… mi mamá hacía eso… ahorrar todo el año para sus piojosas fiestas de Navidad de viejos parientes borrachos vestidos con cardigans de Marks y Sparks que se lo pasan todo el año haciendo lo menos posible, con una mano en el cajón del jefe y con la otra rascándose las bolas… venían todos a casa a vomitar en las paredes del baño la cerveza berreta y los abortos indecibles de mamá tratando de hacer honor a la alta cocina, y después ajustarse la dentadura… hablar pestes de los negros, envidiándoles las vergas, asquearse de los judíos, envidiándoles la guita… odiaban todo aquello que camine y tenga menos de treinta, y se dormían de aburrimiento frente a la tele… así que se juntaban en los bares, sobre todo en un bar hediondo administrado por un irlandés rancio e inútil como la bosta de cerdo que no les vende otra cosa más que bebidas y papas fritas en diversos sabores químicos, a esos rústicos benefactores que juegan sin parar con unos dardos de mierda, toman bidones de una cerveza como pis de jejenes desabridos y parlotean como…

PAPÁ: ¿Viste a Arsenal la semana pasada?…

DOREEN: Yo creo que la selección inglesa está completamente acabada…

MAMÁ: ¿Qué me decís de cómo picó hasta adelante…?

PAPÁ: No, no, se cagaron encima…

DOREEN: ¡Dejáme de joder!

EDDY: El tufo del bar aumenta y los jubilados siguen sentados en el rincón con la mirada en blanco buscando los sueños que nunca lograron, y con una gota de moco colgando de las narices, tratando de hacer que un porrón dure cuatro horas… ahora se empieza a llenar y el irlandés brama “es hora de cerrar” y te arranca el vaso de la mano mientras te hace estallar los tímpanos gritando como un milico, su mujer empieza a revocarse la cara de reverendo ojete a base de pinceladas que la dejan como si la hubiera maquillado un epiléptico borracho en una montaña rusa…

MAMÁ (como el CORO): Hola, amor.

EDDY: Ella echa espuma… mirando fijamente con esa cara amarillenta de ojos parduzcos como dos pasas de uva en un plato de avena. Y si te da por asomarte demasiado sobre la barra, un monstruo hijo de puta, un conchudo ovejero alemán se te tira encima con los colmillos babeando de ganas de arrancarte el pescuezo… así que dejé de ir a los bares con sus coros nocturnos de decadentes…

LA FAMILIA (como el CORO): Buenas noches.

EDDY: …Y…

LA FAMILIA (como el CORO): ‘Ta luego, Tel…

EDDY: Ahora, tenemos bares muy finos, preciosos. Es mucho mejor - te sentás, media botella de château o Bollinger, un poco de paté y ensalada servidos por una minita que parece recién sacada de la heladera… ahí te podés llevar a la chica que prefieras, la mía es una compañera de lujo, siempre como si recién mentolada, filosa como el césped recién cortado, la bombacha más blanca que la Navidad, unos ojos azules como diamantes, unos labios que son un par de ígneos rubíes rojos, la luz pega en su boca y el reflejo te ciega, ella sonríe y el corazón te salta hasta el cuello y sentís que un demonio despierta entre tus piernas y te llega hasta el mentón… Una y otra vez… Uso anteojos de sol para protegerme de la blancura de sus dientes… ni rastros de tabaco… su aliento es la misma brisa del mar en el muelle de Brighton… ¿Cómo vas a llevarla a ese bar? ¿Cómo se te ocurre? ¡No! Eso es para los viejos fascistas que cantan canciones de guerra en la vereda y…

LA FAMILIA: Levántate, Mamá Brown… Levántate, Mamá Brown…

EDDY: Así que voy al bar delicado con mi avecilla que está tallada en mármol y ónix y envuelta en aromas que prometen sexo de un modo que no podrían imaginar… Nado en ella como si me sumergiera en el Jordán a recibir mi bautismo. Bueno, resulta que un día mi viejo me llama a la cocina.

PAPÁ: Hijo, vení acá.

EDDY: Dice:

PAPÁ: …quiero charlar con vos, podemos ir al bar, te invito un trago.

EDDY: “¡No! Al bar no”, aúllo consumido por un pánico genuino y sin ápice de impostura. “Mejor pongo agua para un té”… mamá salió… el crucigrama del diario a medio terminar… bueno, todo esto resulta un poquito repugnante pero hogareño, de un modo un poco enfermizo si no estás acostumbrado a algo más pasable, no se parece al interior de un templo Zen pero es acogedor. Migas en la alfombra, unas fotos demoníacas de mi hermana sobre la chimenea y un retrato de abuelita que parece un penoso Mussolini travestido, que es lo que todos parecían en aquellos remotos días de la prehistoria, los soretes del caniche otra vez detrás del armario… las cáscaras rancias de la panceta hieden en la sartén y la cocina apesta a grasa. Le preparo una taza a papá. Mamá está en el bingo y mi hermana cavila en su cuarto, rumiando la posibilidad de apretarse unos jugosos granos de la cara… sus bombachas usadas tiradas por el suelo… siempre las dejaba en el piso para que mamá las recogiera, yo jamás hubiera osado hacerlo, de no ser con esas pinzas que recogen sustancia radioactiva detrás de paredes blindadas. Así que nos sentamos, y me confiesa esta historia… saca un cigarrillo y se sienta con la bragueta medio abierta, y la ceniza del pucho a punto de caerle sobre la camisa. Trato de no mirarlo, ni a él ni a la bragueta. Trato de ocupar mi cabeza con el último disco de Stan Kenton. Miro por la ventana y veo pasar las nubes grises de Tottenham tras los vidrios… una diminuta hilacha de sol lucha por colarse, descubre sobre qué cosas tiene que echar luz y piensa “al carajo, no vale la pena”… se bate en retirada. Entonces papá dice…

PAPÁ: Mirá, hijo…

EDDY: Yo digo “sí papá” espiando su cara arrasada por el trabajo, sus desabridos pantalones de cuarta y su mortal camisa wash & wear que se embebe del olor corporal más rápido que la mierda atrae a las moscas… Espío toda esta fusión de basura y digo “¿Sí, papá? ¿De qué querés que hablemos?”, nunca le escuché decir mucho más que…

PAPÁ: Los negritos, de vuelta a la selva…

EDDY: …Y…

PAPÁ: “Con Hitler los trenes llegaban a horario”…

EDDY: Hay un montón de admiradores de los nazis entre los ingleses más miserables. Los malditos imbéciles se preguntan por qué al final de una vida de ajustarse el cinturón o de ir a la huelga, el judío de la esquina ha juntado unos ahorros, o por qué los chipriotas tienen un negocio de exquisiteces, en lugar de nuestro patético almacén de bosta donde sólo venden queso para ratoneras, unas latas miserables de sardinas, o de arvejas, atendido por una pesada que te dice, “no, eso no lo traemos porque no tiene salida” cada vez que se le pide algo ligeramente más exótico que Kelloggs. Pero resulta que papá no arremetió con su balbuceo fascista, lo cual me alivió bastante, ya que el frente nacional estaba lleno de papás como éste y de conchudas como la del almacén… “sí, pa”, le dije “qué mosca te pica”… se le arrugó la cara de un modo difícil de describir, como en esos viejos avisos de limonada que muestran un limón exprimido y me sale con que…

Escena 2

PAPÁ: Cuando eras un bebé de pecho / fuimos a un gitano, un adivino / qué risa / en una feria de Pascuas / no te rías / un capricho, nada más / a gastarnos unos pesos en un poco de emoción, no me hablen de emociones / así que entramos / el gitano pregunta si tengo un hijo. Sí, le digo, quiero decir, ¿quién no tiene un hijo? Mientras tanto su mirada fija en la bola de cristal / los ojos se les salen de las órbitas / yo no me lo tomo en serio, sigo con la broma / es Pascuas y todo eso / qué bien lo vamos a pasar y toda esa cosa / la cara se le empieza a contraer, a retorcérsele, y dice / que ve una muerte violenta para el padre de ese hijo / ¿qué? Pero si el papá soy yo / déjese de joder / no se ponga dramático / estamos colorados como casas que se queman / “y veo”, me dice, “algo peor que la muerte / y lo que veo es que se garcha a su madre” / “Te voy a dar un revés” le grito / “me estás tomando el pelo / te fumaste una hiedra africana” / “No”, chilla, “lo veo, y lo que veo, lo veo / no me paguen siquiera, sólo esfúmense / abandonen mi tienda / quédense con la guita” / salimos corriendo, tu mamá estaba blanca como el Persil / yo más amarillo que un chino con ictericia / por supuesto hicimos caso omiso / lo olvidamos, aunque no del todo / esperamos hasta que crecieras y un día le dije: “Dinah / te acordás del negrito ése en la feria que nos dijo toda esa porquería de Eddy”, una mañana que estábamos así nomás tirados en la cama, digiriendo pedazos del pasado y aún lamiendo el sabor de algunos recuerdos jugosos /

MAMÁ: No mucho…

PAPÁ: Masculla nuestra Dinah…

MAMÁ: No mucho, fue cuando casi pierdo a Doreen en el sexto mes de embarazo / qué época tan rara.

PAPÁ: “Bueno”, le digo, “esa feria está otra vez en la ciudad, la misma empresa quince años más tarde / vamos a darnos una vuelta por lo de ese viejo, a decirle a ese gitano cornudo qué sarta de estupideces nos dijo / cómo se las arregló para trastornar a mi parienta con su montón de sucias mentiras / así que allá fuimos / de todas maneras sin la certeza de que siguiera ahí porque en esa época ya debía andar por los sesenta años / nunca se sabe, esperamos nuestro turno / tenía el mismo cartel: “Hágase leer el futuro / en la bola mágica de Fantoni” / ¿Qué hacemos? ¿Entramos?…

MAMÁ: ¿A vos te parece?

PAPÁ: ¿Por qué no?, es ahora o nunca / nos pusimos ligeramente pálidos pero entramos con paso seguro / el mismo quilombo de entonces sobre la mesa, la misma cortina de cuentas por la que ya habíamos pasado y el mismo pedazo de vidrio viejo, pero no, no era él, entonces le dije: “¿Dónde está el viejo de la otra vez al que parece que le has robado el nombre?”

EDDY (como el “GITANO”): Mi difunto padre…

PAPÁ: Dijo…

EDDY (como el “GITANO”): Mi padre profirió sus últimas palabras hace cinco años / y estiró la pata / pero me enseñó su arte / me imbuyó de su visión / gozo ahora de sus poderes / así que pueden estar tranquilos / que si él los ayudó entonces / dejen ahí una libra que yo haré lo que pueda…

PAPÁ: Y así, Eddy, tu mamá y yo nos sentamos como la vez anterior / los años se esfumaron / como si la tierra cayera en un profundo agujero, y el tiempo y el espacio se desvanecieran / nos pareció haber retrocedido fugazmente esos quince años / en esa carpita / oyendo la música de la calesita ahí afuera y ese olor extraño / los gritos que se iban debilitando, nada más que el vaho de hierba rancia bajo nuestros pies / y la carpa parecía diminuta / como una trampa, y súbitamente el calor, y nada afuera salvo el silencio, pero su rostro / su rostro empezó a contraerse como el de su padre / la boca se volvió blanca, tirante, como si un terremoto sacudiera su cabeza y sus labios estuvieran luchando por no dejarlo salir. Dinah sospechó, pero, naturalmente, esperamos / “No me diga” le dije “que ve a un hijo mío” / sus ojos se alzaron afirmativamente / sin una palabra, sólo esa mirada y la boca apretada / como reteniendo algo peor que el vómito / “y usted ve algo peor”, le digo, “como un accidente espantoso, tal vez” / Asintió, abrió los labios lo suficiente como para articular la palabra “muerte”, que no se animaba a pronunciar en voz alta. Luego clavó los ojos en Dinah / pero ya teníamos bastante y no queríamos oír la otra mitad sino salir volando de allí / me di vuelta y recuperé la libra de la mesa / no sé bien por qué / pero igual que la primera vez cuando me devolvió la plata / me parecía estar diciendo que si me llevaba la guita esto no podría suceder / sus ojos me miraron con piedad / como esos muñecos de mazapán que se compran en Woolie’s con forma de niños a los que se les está por caer una lágrima / ya sé que sólo es una feria de diversiones, Ed, / algo de lo que reírse, una travesurita / no se lo reprocho al tipo / ¿a vos qué te parece? / ¡a que no deseás a tu vieja madre! No querés matarme, ¿no es cierto, hijo?

DOREEN: A ver si la cortan ustedes dos.

EDDY: ¡Doreen! A papá le colgaba la cara como un testículo húmedo y cansado / la boca abierta y los ojos como bolsas de consorcio / ¡desear a mi vieja! Preferiría chupársela a Hitler antes que hacer lo que mi viejo tanto temía / no papá / pero todo este quilombo y este cuento de viejas chusmas te ha dejado hecho polvo / me iré de casa / me rajo, me las tomo / el subte te lleva lejos hoy en día, hasta países exóticos / mañana mismo me las pico / Yo necesitaba escaparme de este antro mugriento y esta excusa parecía tan buena como cualquier otra / adiós mami y papi. Me dijeron adiós con la mano hasta el final de la cuadra… a mamá se la veía triste / con su delantal manchado envolviéndola como la bandera de su femineidad / nunca la vi sin ese delantal / siempre de pie en la cocina como una esclava negra corriendo detrás de papá y de mí y de mi hermanita…

PAPÁ: Pasános las tostadas.

EDDY: ¿Dónde está el dulce?

DOREEN: ¡Cerdo!

MAMÁ: ¿Más té, cariño?

PAPÁ: Pasános las tostadas.

EDDY: ¿Dónde está el dulce?

DOREEN: ¡Cerdo!

MAMÁ: ¿Más papitas, cariño?

DOREEN: Estoy a dieta.

MAMÁ: ¿Más torta, amorcito?

EDDY: No, mamá, ya me comí seis porciones.

MAMÁ: Dale, agarráte otra.

EDDY: No quiero más, vieja rancia.

PAPÁ: ¡Che!

EDDY: Escupí con afecto.

MAMÁ: Oh, no le gusta mi torta.

EDDY: Decía con una sonrisa idiota… “bueno, pasáme otro pedazo que me lo voy a tragar con un tazón de té para remojarlo un poco.”

PAPÁ: Pasános las tostadas.

EDDY: ¿Dónde está el dulce?

DOREEN: ¡Cerdo!

MAMÁ: ¿Más té, cariño?

EDDY: Mamá nos contempla con los ojos húmedos, nos mira masticar como cerdos grasientos en un chiquero / dejando la mesa llena de basura, total lava mamá, qué bien conocía la pileta / papá elige los peores perdedores en su raído sillón / mi hermanita se coloca el diafragma para su trajín nocturno maldiciendo en su pieza en su denodada lucha por metérselo…

DOREEN: ¡Puta!

EDDY: Y mami se sienta frente a la tele donde un cretino hecho mierda estupidiza aun más a los estúpidos que van a ganarse un poco de guita / mamá da grititos de alegría / sus piernas parecen un mosaico de tanto acaparar la estufa eléctrica, mientras yo estoy en mi pieza haciendo planes y soñando gobernar el mundo / tomando un curso de fisicoculturismo / preguntándome si a la reina se la dan más o menos frecuentemente / o planeando ligar algo a base de un ramo de flores o de mis gloriosos encantos físicos / y así solía estar yo, urdiendo cosas en mi cuartito, fumando / escuchando el último de Stan Kenton mientras me la sacudía con el aceite de freír de mami. Ahora ya nunca más volveré a refugiarme en mi pequeño dominio… donde oía el sonido de los enormes gargajos en la habitación de al lado a través de las paredes incrustadas de mocos. En una ráfaga estos pensamientos desfilaban como gusanos por mi cabeza mientras saludaba con la mano a esas figuritas que se achicaban rápidamente, mamá y papá unidos a la distancia como el moho en el queso… papá vendría a ser el moho / nunca fui realmente un fanático de él… y al llegar al final de la calle ya sólo podía ver el delantal, hasta que perdí la silueta de mamá / y el delantal fue lo que más duró en mi recuerdo. Cuando mi vieja se vaya a ver crecer el pasto desde abajo haré enmarcar ese delantal.

MAMÁ: Cuidáte.

PAPÁ: No te olvides de escribir.

DOREEN: Guardo tu foto.

MAMÁ: Portáte bien.

PAPÁ: A ver si nos mandás algo de guita.

DOREEN: Te voy a extrañar.

MAMÁ: Te quiero, Eddy.

PAPÁ: Tené cuidado en la ruta.

DOREEN: Au revoir.

MAMÁ: Adiós, hijo…  


PARA CONSEGUIR EL TEXTO COMPLETO DE LA OBRA, POR FAVOR CONTACTAR AL TRADUCTOR.


[1] NOTA DEL TRADUCTOR: La traducción del título plantea no pocos problemas. La alternativa más sencilla es optar por el término “GRIEGO”, ascético y contundente, y por el cual me inclino en lo personal. Sin embargo, y dado que en inglés los adjetivos gentilicios pueden también designar plurales, puede forzarse al título hacia el más sugestivo “GRIEGOS”. La palabra Greek, cuando aparece en el texto de Berkoff, refiere al “estilo griego”, por lo cual no es descabellado interpretar, como los traductores españoles, que el título en realidad es “A LA GRIEGA”.


E-mail: spre@argentores.org.ar                                                                                                                                      Espacio cedido por ARGENTORES