“GREEK”
Lugar: Inglaterra
Época: Presente
Escenografía:
una mesa de cocina y cuatro sillas comunes. Éstas tendrán muchas aplicaciones.
Pueden transformarse en todo lo que se necesite de ellas, desde la plataforma
para la ESFINGE hasta el café. También funcionan como el tren; el entorno que
sugiere los orígenes humildes de EDDY y que luego habrán de transformarse en
su lujoso y elaborado hogar del Segundo Acto. La mesa y las sillas simplemente
delimitan espacios y funcionan como anclaje o base para que los actores se
lancen. Cualquier otro artefacto será mimado o sugerido. Las paredes son tres
paneles rectangulares verticales, muy de hospital y al mismo tiempo indicando el
clasicismo griego. Las caras están pintadas de blanco y claramente delineadas.
El movimiento deberá ser preciso y dinámico, exagerado y a veces portador del
calibre de personajes de historieta. La familia actúa como coro para todos los
demás personajes y espacios.
PRIMER ACTO
Escena 1
EDDY:
Así es que fui desovado en Tufnell Park, que no está
a más de una pedrada del Ángel / a un pedo de mono de Tottenham o a un
escupitajo de Stamford Hill / es un basurero, la verdad… un pozo de semen,
generoso en putas que apuntalan los bares de las esquinas, el tipo de bares
donde se juntan los viejos pelotudos… los imbéciles aburridos que ahorran
para pasar las Navidades con sus parientes… mi mamá hacía eso… ahorrar
todo el año para sus piojosas fiestas de Navidad de viejos parientes borrachos
vestidos con cardigans de Marks y Sparks que se lo pasan todo el año haciendo
lo menos posible, con una mano en el cajón del jefe y con la otra rascándose
las bolas… venían todos a casa a vomitar en las paredes del baño la cerveza
berreta y los abortos indecibles de mamá tratando de hacer honor a la alta
cocina, y después ajustarse la dentadura… hablar pestes de los negros, envidiándoles
las vergas, asquearse de los judíos, envidiándoles la guita… odiaban todo
aquello que camine y tenga menos de treinta, y se dormían de aburrimiento
frente a la tele… así que se juntaban en los bares, sobre todo en un bar
hediondo administrado por un irlandés rancio e inútil como la bosta de cerdo
que no les vende otra cosa más que bebidas y papas fritas en diversos sabores
químicos, a esos rústicos benefactores que juegan sin parar con unos dardos de
mierda, toman bidones de una cerveza como pis de jejenes desabridos y parlotean
como…
PAPÁ:
¿Viste a Arsenal la semana pasada?…
DOREEN:
Yo creo que la selección inglesa está completamente
acabada…
MAMÁ:
¿Qué me decís de cómo picó hasta adelante…?
PAPÁ:
No, no, se cagaron encima…
DOREEN:
¡Dejáme de joder!
EDDY:
El tufo del bar aumenta y los jubilados siguen
sentados en el rincón con la mirada en blanco buscando los sueños que nunca
lograron, y con una gota de moco colgando de las narices, tratando de hacer que
un porrón dure cuatro horas… ahora se empieza a llenar y el irlandés brama
“es hora de cerrar” y te arranca el vaso de la mano mientras te hace
estallar los tímpanos gritando como un milico, su mujer empieza a revocarse la
cara de reverendo ojete a base de pinceladas que la dejan como si la hubiera
maquillado un epiléptico borracho en una montaña rusa…
MAMÁ (como el CORO):
Hola, amor.
EDDY:
Ella echa espuma… mirando fijamente con esa cara
amarillenta de ojos parduzcos como dos pasas de uva en un plato de avena. Y si
te da por asomarte demasiado sobre la barra, un monstruo hijo de puta, un
conchudo ovejero alemán se te tira encima con los colmillos babeando de ganas
de arrancarte el pescuezo… así que dejé de ir a los bares con sus coros
nocturnos de decadentes…
LA FAMILIA (como el CORO):
Buenas noches.
EDDY:
…Y…
LA FAMILIA (como el CORO):
‘Ta luego, Tel…
EDDY:
Ahora, tenemos bares muy finos, preciosos. Es mucho
mejor - te sentás, media botella de château o Bollinger, un poco de paté y
ensalada servidos por una minita que parece recién sacada de la heladera… ahí
te podés llevar a la chica que prefieras, la mía es una compañera de lujo,
siempre como si recién mentolada, filosa como el césped recién cortado, la
bombacha más blanca que la Navidad, unos ojos azules como diamantes, unos
labios que son un par de ígneos rubíes rojos, la luz pega en su boca y el
reflejo te ciega, ella sonríe y el corazón te salta hasta el cuello y sentís
que un demonio despierta entre tus piernas y te llega hasta el mentón… Una y
otra vez… Uso anteojos de sol para protegerme de la blancura de sus dientes…
ni rastros de tabaco… su aliento es la misma brisa del mar en el muelle de
Brighton… ¿Cómo vas a llevarla a ese bar? ¿Cómo se te ocurre? ¡No! Eso es
para los viejos fascistas que cantan canciones de guerra en la vereda y…
LA FAMILIA:
Levántate, Mamá Brown…
Levántate, Mamá Brown…
EDDY:
Así que voy al bar delicado con mi avecilla que está
tallada en mármol y ónix y envuelta en aromas que prometen sexo de un modo que
no podrían imaginar… Nado en ella como si me sumergiera en el Jordán a
recibir mi bautismo. Bueno, resulta que un día mi viejo me llama a la cocina.
PAPÁ:
Hijo, vení acá.
EDDY:
Dice:
PAPÁ:
…quiero charlar con vos, podemos ir al bar, te
invito un trago.
EDDY:
“¡No! Al bar no”, aúllo consumido por un pánico
genuino y sin ápice de impostura. “Mejor pongo agua para un té”… mamá
salió… el crucigrama del diario a medio terminar… bueno, todo esto resulta
un poquito repugnante pero hogareño, de un modo un poco enfermizo si no estás
acostumbrado a algo más pasable, no se parece al interior de un templo Zen pero
es acogedor. Migas en la alfombra, unas fotos demoníacas de mi hermana sobre la
chimenea y un retrato de abuelita que parece un penoso Mussolini travestido, que
es lo que todos parecían en aquellos remotos días de la prehistoria, los
soretes del caniche otra vez detrás del armario… las cáscaras rancias de la
panceta hieden en la sartén y la cocina apesta a grasa. Le preparo una taza a
papá. Mamá está en el bingo y mi hermana cavila en su cuarto, rumiando la
posibilidad de apretarse unos jugosos granos de la cara… sus bombachas usadas
tiradas por el suelo… siempre las dejaba en el piso para que mamá las
recogiera, yo jamás hubiera osado hacerlo, de no ser con esas pinzas que
recogen sustancia radioactiva detrás de paredes blindadas. Así que nos
sentamos, y me confiesa esta historia… saca un cigarrillo y se sienta con la
bragueta medio abierta, y la ceniza del pucho a punto de caerle sobre la camisa.
Trato de no mirarlo, ni a él ni a la bragueta. Trato de ocupar mi cabeza con el
último disco de Stan Kenton. Miro por la ventana y veo pasar las nubes grises
de Tottenham tras los vidrios… una diminuta hilacha de sol lucha por colarse,
descubre sobre qué cosas tiene que echar luz y piensa “al carajo, no vale la
pena”… se bate en retirada. Entonces papá dice…
PAPÁ:
Mirá, hijo…
EDDY:
Yo digo “sí papá” espiando su cara arrasada por
el trabajo, sus desabridos pantalones de cuarta y su mortal camisa wash &
wear que se embebe del olor corporal más rápido que la mierda atrae a las
moscas… Espío toda esta fusión de basura y digo “¿Sí, papá? ¿De qué
querés que hablemos?”, nunca le escuché decir mucho más que…
PAPÁ:
Los negritos, de vuelta a la selva…
EDDY:
…Y…
PAPÁ:
“Con Hitler los trenes llegaban a horario”…
EDDY:
Hay un montón de admiradores de los nazis entre los
ingleses más miserables. Los malditos imbéciles se preguntan por qué al final
de una vida de ajustarse el cinturón o de ir a la huelga, el judío de la
esquina ha juntado unos ahorros, o por qué los chipriotas tienen un negocio de
exquisiteces, en lugar de nuestro patético almacén de bosta donde sólo venden
queso para ratoneras, unas latas miserables de sardinas, o de arvejas, atendido
por una pesada que te dice, “no, eso no lo traemos porque no tiene salida”
cada vez que se le pide algo ligeramente más exótico que Kelloggs. Pero
resulta que papá no arremetió con su balbuceo fascista, lo cual me alivió
bastante, ya que el frente nacional estaba lleno de papás como éste y de
conchudas como la del almacén… “sí, pa”, le dije “qué mosca te
pica”… se le arrugó la cara de un modo difícil de describir, como en esos
viejos avisos de limonada que muestran un limón exprimido y me sale con que…
Escena 2
PAPÁ:
Cuando eras un bebé de pecho / fuimos a un gitano,
un adivino / qué risa / en una feria de Pascuas / no te rías / un capricho,
nada más / a gastarnos unos pesos en un poco de emoción, no me hablen de
emociones / así que entramos / el gitano pregunta si tengo un hijo. Sí, le
digo, quiero decir, ¿quién no tiene un hijo? Mientras tanto su mirada fija en
la bola de cristal / los ojos se les salen de las órbitas / yo no me lo tomo en
serio, sigo con la broma / es Pascuas y todo eso / qué bien lo vamos a pasar y
toda esa cosa / la cara se le empieza a contraer, a retorcérsele, y dice / que
ve una muerte violenta para el padre de ese hijo / ¿qué? Pero si el papá soy
yo / déjese de joder / no se ponga dramático / estamos colorados como casas
que se queman / “y veo”, me dice, “algo peor que la muerte / y lo que veo
es que se garcha a su madre” / “Te voy a dar un revés” le grito / “me
estás tomando el pelo / te fumaste una hiedra africana” / “No”, chilla,
“lo veo, y lo que veo, lo veo / no me paguen siquiera, sólo esfúmense /
abandonen mi tienda / quédense con la guita” / salimos corriendo, tu mamá
estaba blanca como el Persil / yo más amarillo que un chino con ictericia / por
supuesto hicimos caso omiso / lo olvidamos, aunque no del todo / esperamos hasta
que crecieras y un día le dije: “Dinah / te acordás del negrito ése en la
feria que nos dijo toda esa porquería de Eddy”, una mañana que estábamos así
nomás tirados en la cama, digiriendo pedazos del pasado y aún lamiendo el
sabor de algunos recuerdos jugosos /
MAMÁ:
No mucho…
PAPÁ:
Masculla nuestra Dinah…
MAMÁ:
No mucho, fue cuando casi pierdo a Doreen en el sexto
mes de embarazo / qué época tan rara.
PAPÁ:
“Bueno”, le digo, “esa feria está otra vez en
la ciudad, la misma empresa quince años más tarde / vamos a darnos una vuelta
por lo de ese viejo, a decirle a ese gitano cornudo qué sarta de estupideces
nos dijo / cómo se las arregló para trastornar a mi parienta con su montón de
sucias mentiras / así que allá fuimos / de todas maneras sin la certeza de que
siguiera ahí porque en esa época ya debía andar por los sesenta años / nunca
se sabe, esperamos nuestro turno / tenía el mismo cartel: “Hágase leer el
futuro / en la bola mágica de Fantoni” / ¿Qué hacemos? ¿Entramos?…
MAMÁ:
¿A vos te parece?
PAPÁ:
¿Por qué no?, es ahora o nunca / nos pusimos
ligeramente pálidos pero entramos con paso seguro / el mismo quilombo de
entonces sobre la mesa, la misma cortina de cuentas por la que ya habíamos
pasado y el mismo pedazo de vidrio viejo, pero no, no era él, entonces le dije:
“¿Dónde está el viejo de la otra vez al que parece que le has robado el
nombre?”
EDDY (como el “GITANO”):
Mi difunto padre…
PAPÁ:
Dijo…
EDDY (como el “GITANO”):
Mi padre profirió sus últimas palabras hace cinco años
/ y estiró la pata / pero me enseñó su arte / me imbuyó de su visión / gozo
ahora de sus poderes / así que pueden estar tranquilos / que si él los ayudó
entonces / dejen ahí una libra que yo haré lo que pueda…
PAPÁ:
Y así, Eddy, tu mamá y yo nos sentamos como la vez
anterior / los años se esfumaron / como si la tierra cayera en un profundo
agujero, y el tiempo y el espacio se desvanecieran / nos pareció haber
retrocedido fugazmente esos quince años / en esa carpita / oyendo la música de
la calesita ahí afuera y ese olor extraño / los gritos que se iban
debilitando, nada más que el vaho de hierba rancia bajo nuestros pies / y la
carpa parecía diminuta / como una trampa, y súbitamente el calor, y nada
afuera salvo el silencio, pero su rostro / su rostro empezó a contraerse como
el de su padre / la boca se volvió blanca, tirante, como si un terremoto
sacudiera su cabeza y sus labios estuvieran luchando por no dejarlo salir. Dinah
sospechó, pero, naturalmente, esperamos / “No me diga” le dije “que ve a
un hijo mío” / sus ojos se alzaron afirmativamente / sin una palabra, sólo
esa mirada y la boca apretada / como reteniendo algo peor que el vómito / “y
usted ve algo peor”, le digo, “como un accidente espantoso, tal vez” /
Asintió, abrió los labios lo suficiente como para articular la palabra
“muerte”, que no se animaba a pronunciar en voz alta. Luego clavó los ojos
en Dinah / pero ya teníamos bastante y no queríamos oír la otra mitad sino
salir volando de allí / me di vuelta y recuperé la libra de la mesa / no sé
bien por qué / pero igual que la primera vez cuando me devolvió la plata / me
parecía estar diciendo que si me llevaba la guita esto no podría suceder / sus
ojos me miraron con piedad / como esos muñecos de mazapán que se compran en
Woolie’s con forma de niños a los que se les está por caer una lágrima / ya
sé que sólo es una feria de diversiones, Ed, / algo de lo que reírse, una
travesurita / no se lo reprocho al tipo / ¿a vos qué te parece? / ¡a que no
deseás a tu vieja madre! No querés matarme, ¿no es cierto, hijo?
DOREEN:
A ver si la cortan ustedes dos.
EDDY:
¡Doreen! A papá le colgaba la cara como un testículo
húmedo y cansado / la boca abierta y los ojos como bolsas de consorcio / ¡desear
a mi vieja! Preferiría chupársela a Hitler antes que hacer lo que mi viejo
tanto temía / no papá / pero todo este quilombo y este cuento de viejas
chusmas te ha dejado hecho polvo / me iré de casa / me rajo, me las tomo / el
subte te lleva lejos hoy en día, hasta países exóticos / mañana mismo me las
pico / Yo necesitaba escaparme de este antro mugriento y esta excusa parecía
tan buena como cualquier otra / adiós mami y papi. Me dijeron adiós con la
mano hasta el final de la cuadra… a mamá se la veía triste / con su delantal
manchado envolviéndola como la bandera de su femineidad / nunca la vi sin ese
delantal / siempre de pie en la cocina como una esclava negra corriendo detrás
de papá y de mí y de mi hermanita…
PAPÁ:
Pasános las tostadas.
EDDY:
¿Dónde está el dulce?
DOREEN:
¡Cerdo!
MAMÁ:
¿Más té, cariño?
PAPÁ:
Pasános las tostadas.
EDDY:
¿Dónde está el dulce?
DOREEN:
¡Cerdo!
MAMÁ:
¿Más papitas, cariño?
DOREEN:
Estoy a dieta.
MAMÁ:
¿Más torta, amorcito?
EDDY:
No, mamá, ya me comí seis porciones.
MAMÁ:
Dale, agarráte otra.
EDDY:
No quiero más, vieja rancia.
PAPÁ:
¡Che!
EDDY:
Escupí con afecto.
MAMÁ:
Oh, no le gusta mi torta.
EDDY:
Decía con una sonrisa idiota… “bueno, pasáme
otro pedazo que me lo voy a tragar con un tazón de té para remojarlo un
poco.”
PAPÁ:
Pasános las tostadas.
EDDY:
¿Dónde está el dulce?
DOREEN:
¡Cerdo!
MAMÁ:
¿Más té, cariño?
EDDY:
Mamá nos contempla con los ojos húmedos, nos mira
masticar como cerdos grasientos en un chiquero / dejando la mesa llena de
basura, total lava mamá, qué bien conocía la pileta / papá elige los peores
perdedores en su raído sillón / mi hermanita se coloca el diafragma para su
trajín nocturno maldiciendo en su pieza en su denodada lucha por metérselo…
DOREEN:
¡Puta!
EDDY:
Y mami se sienta frente a la tele donde un cretino
hecho mierda estupidiza aun más a los estúpidos que van a ganarse un poco de
guita / mamá da grititos de alegría / sus piernas parecen un mosaico de tanto
acaparar la estufa eléctrica, mientras yo estoy en mi pieza haciendo planes y
soñando gobernar el mundo / tomando un curso de fisicoculturismo / preguntándome
si a la reina se la dan más o menos frecuentemente / o planeando ligar algo a
base de un ramo de flores o de mis gloriosos encantos físicos / y así solía
estar yo, urdiendo cosas en mi cuartito, fumando / escuchando el último de Stan
Kenton mientras me la sacudía con el aceite de freír de mami. Ahora ya nunca más
volveré a refugiarme en mi pequeño dominio… donde oía el sonido de los
enormes gargajos en la habitación de al lado a través de las paredes
incrustadas de mocos. En una ráfaga estos pensamientos desfilaban como gusanos
por mi cabeza mientras saludaba con la mano a esas figuritas que se achicaban rápidamente,
mamá y papá unidos a la distancia como el moho en el queso… papá vendría a
ser el moho / nunca fui realmente un fanático de él… y al llegar al final de
la calle ya sólo podía ver el delantal, hasta que perdí la silueta de mamá /
y el delantal fue lo que más duró en mi recuerdo. Cuando mi vieja se vaya a
ver crecer el pasto desde abajo haré enmarcar ese delantal.
MAMÁ:
Cuidáte.
PAPÁ:
No te olvides de escribir.
DOREEN:
Guardo tu foto.
MAMÁ:
Portáte bien.
PAPÁ:
A ver si nos mandás algo de guita.
DOREEN:
Te voy a extrañar.
MAMÁ:
Te quiero, Eddy.
PAPÁ:
Tené cuidado en la ruta.
DOREEN:
Au revoir.
MAMÁ:
Adiós, hijo…
PARA CONSEGUIR EL TEXTO COMPLETO DE LA OBRA, POR
FAVOR CONTACTAR AL TRADUCTOR.
NOTA DEL TRADUCTOR: La traducción del título plantea no pocos problemas. La alternativa más
sencilla es optar por el término “GRIEGO”, ascético y contundente, y
por el cual me inclino en lo personal. Sin embargo, y dado que en inglés
los adjetivos gentilicios pueden también designar plurales, puede forzarse
al título hacia el más sugestivo “GRIEGOS”. La palabra Greek,
cuando aparece en el texto de Berkoff, refiere al “estilo griego”, por
lo cual no es descabellado interpretar, como los traductores españoles, que
el título en realidad es “A LA GRIEGA”.
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