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La obra |
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CUADRO 1
LA ÚNICA MUJER:
¿De dónde sacaste eso? KAFKA:
Lo que dije, creo que son mías. LA ÚNICA MUJER:
Son palabras llenas de esperanza, de íntimo regocijo, y en respuesta a la
pregunta : "¿De dónde sacaste eso?", bien podrías haber dicho:
"Es mi alma, amigos la que así ríe y canta". DOSTOIEVSKI:
Nunca te habíamos escuchado hablar así. KAFKA:
Lo que dije: son mías. DOSTOIEVSKI:
Pero cómo, es decir, ¿cómo se puede memorizar algo que no está escrito? KAFKA:
No lo sé. Me vinieron a la cabeza, así. Pausa. Algo se ha quebrado
entre ellos, pero nadie sabe muy bien qué. Se escucha una campana. Los
actores leen unas instrucciones del libreto. LA ÚNICA MUJER:
"Se escucha una campana. Puede sonar como la campana de una vieja iglesia.
El tañido dura un poco más de lo necesario, como para instalar el clima en el
que los actores darán lugar a la representación. El actor que representa a
Dostoievski toma la palabra." DOSTOIEVSKI:
"Uno. Presentación de la instancia del recuerdo. Puede haber un humo
delgado, o música triste de violines, o cualquier otro recurso que sirva automáticamente
para emocionar. Luego de la primera campanada, que indica la primera hora del
relato, la única mujer lee las acotaciones." LA ÚNICA MUJER:
"Las campanadas indicarán, en lo sucesivo, la progresión del relato. La
historia completa habría de durar doce horas, pero los actores tendrán a bien
sintetizar los momentos privilegiados del argumento -aquellos momentos en los
que algo cambia-, para no aburrir al espectador." DOSTOIEVSKI:
"Pausa larga". Pausa. Los actores se miran. DOSTOIEVSKI:
"Miradas significativas entre los actores. Súbitamente, el extraño se
desprende de los dos que lo sujetaban y habla, dando comienzo a la obra." KAFKA:
No era así. LA ÚNICA MUJER:
"Se escucha una campana. Puede sonar como la campana de una vieja igle..."
EL EXTRAÑO comprende que es su
turno. sin desprenderse de nadie, puesto que en realidad nadie lo sujetaba,
habla, interrumpiendo a la mujer: EL EXTRAÑO:
Bueno, bueno, basta. No me quedo porque me hayan convencido. De ninguna manera.
Nada logra impresionarme lo suficiente. Pero seré de todas maneras el
memorizador que ustedes quieren. Les aclaro que quemaron el libro antes de
tiempo. No llegué a memorizarlo entero. Lo hago por techo y comida. DOSTOIEVSKI:
No lo hace por techo y comida. Cuando Felipe Saralegui lo crea conveniente, nos
enviará la señal. LA ÚNICA MUJER:
La humanidad necesita de nosotros. DOSTOIEVSKI:
Se reescribirán las grandes obras. EL EXTRAÑO:
No tenían por qué quemar el libro. LA ÚNICA MUJER:
Ellos podrían encontrarlo. ¿Quiere que lo quemen vivo? EL EXTRAÑO:
¿Ellos, quiénes? LA ÚNICA MUJER:
Los bomberos, claro. ¿Tengo cara de estúpida yo? ¿De qué tengo cara? EL EXTRAÑO:
Ya hace tiempo dejaron de provocar incendios. DOSTOIEVSKI:
No importa. Ellos están ahí. Y mientras sigan existiendo, Felipe Saralegui no
nos enviará la señal. EL EXTRAÑO:
Por techo y comida. DOSTOIEVSKI:
En poco tiempo podrá recordar todo el libro. Una vez, cuando yo era niño,
estaba sentado en la playa, a orillas del mar, un día cálido de verano.
Recuerdo que un primo me había dicho: "¡Llena este tamiz de arena y te
daré un premio!". Pero cuanto más rápido echaba la arena, más rápido
pasaba por el tamiz. Quiero aclarar que un tamiz es como un colador. LA ÚNICA MUJER:
Podrías haber dicho un colador, entonces. DOSTOIEVSKI:
Sí, podría. Se me cansaban las manos, la arena ardía, el tamiz estaba vacío.
Sentí que me rodaban las lágrimas por la cara. Mi primo reía. Entonces se me
ocurrió esta idea:... (Pausa. Está
perdido) ¿A qué venía todo esto? EL EXTRAÑO:
No sé. ¿Lo van a dejar ahí al muerto?
CUADRO 2
Suenan dos campanadas. EL EXTRAÑO:
"Dos. El extraño se transforma ahora en José Hernández muerto. Es
importante que el mismo actor represente ambos papeles. Hay otras cosas que
también son importantes y que sin embargo no se dirán todavía". LA ÚNICA MUJER:
"Mientras 'entierran' el cuerpo de Hernández en un lugar vacío de la
biblioteca, el cambio de luz revela un montón de otras 'tumbas' en el lugar
donde deberían estar los libros. Kafka musita, levemente iluminado por una
vela". KAFKA:
Lo que hace que el juicio de la posteridad sobre el individuo sea más justo que
el de los contemporáneos reside en el muerto. Una persona no se desarrolla a su
manera sino después de su muerte. Para el individuo, el estado de muerto es
como la noche del sábado para el deshollinador; tanto el uno como el otro lavan
el cuerpo de su hollín. Entonces se hace posible ver si sus contemporáneos le
han causado más daño de lo que él les ha hecho o si ha ocurrido lo contrario;
en el último de estos casos, se trataba de un gran hombre. Apaga la vela de un soplido. A
su alrededor, el resto de los personajes, con coloridos bonetes y serpentinas
festejan su cumpleaños. LOS TRES:
Que los cumplas muy feliz. KAFKA:
Apenas sí tengo algo en común conmigo mismo y debería quedarme muy tranquilo
en un rincón, satisfecho con poder respirar. LA ÚNICA MUJER:
Un poco de vino. JOSÉ HERNÁNDEZ:
Pesado y dulce, como miel. DOSTOIEVSKI:
De su abuela Matienzo. KAFKA:
Gracias, me han sorprendido. LA ÚNICA MUJER:
(Feliz) No podíamos
olvidarnos de tu cumpleaños. (Angustiada)
No podemos olvidarnos de nada. Nos van a necesitar. Ya llegará el día. ¿Vas o
no a decir unas palabras? KAFKA niega
exageradamente con la cabeza. DOSTOIEVSKI:
Para nosotros es muy importante que estés contento. ¿estás contento? JOSÉ HERNÁNDEZ:
¿Eh, contento? KAFKA:
Estoy... contento. Permiso. Nadie se mueve. Sólo JOSÉ
HERNÁNDEZ, que parece sufrir un cuadro de asfixia. En un instante, KAFKA y
DOSTOIEVSKI lo llevan hasta un
tanque de agua y sostienen su cabeza bajo la canilla. JOSÉ HERNÁNDEZ agoniza.
Forcejea, mientras musita -semiahogado- textos proféticos. (Que proveerá el
“MartÍn Fierro”). Aparte, LA ÚNICA MUJER brinda un simple pero emotivo
epitafio. LA ÚNICA MUJER:
Lo más bello del Martín Fierro es su dolor. Ciertas páginas no pueden leerse
sin lágrimas. Cuando describe las desgracias del gaucho llega al maximum de lo
patético, y a la vez, libre del elemento melodramático, es decir, del arte
menor. No comprendo cómo después de haber leído la ida y vuelta del Martín
Fierro haya quien reincida en admirar a Homero, Esquilo, Dante, Shakespeare,
Goethe, y demás de su ralea. Cuán pálido nos resulta el estilo de estos mal
llamados "grandes poetas", si se lo compara con el estilo del
"sublime poeta argentino". Y el hecho es que han quemado todos los
libros. Es decir, los han quemado. Siglos de humanidad transformados en cenizas,
bebidos por el fuego sordo del progreso. Esto es cuanto quedaba del Martín
Fierro, y no hay palabras que puedan explicar lo que hoy aquí hemos perdido:
muere en este sencillo e injusto acto el último memorizador de José Hernández. Quietud. DOSTOIEVSKI:
¿Qué esperan de mí? LA ÚNICA MUJER:
Unas palabras, cuando menos. DOSTOIEVSKI:
Es mentira. Clavan como garras los ojos en mí. Somos cada vez menos y sin
embargo aumenta con cada muerte la voracidad de esos pares de ojos. No puedo
decir nada. Resistió hasta el final. LA ÚNICA MUJER:
Siempre fue un tipo débil. DOSTOIEVSKI:
De todos modos merece un lugar destacado en la biblioteca. LA ÚNICA MUJER:
No sé. ¿Quién es? ¿No es el que vino a vender esas cosas robadas del
convento? DOSTOIEVSKI:
De todos modos merece un lugar destacado en la biblioteca. LA ÚNICA MUJER:
No sé. DOSTOIEVSKI:
Recién no decías lo mismo. LA ÚNICA MUJER:
¡Recién, recién! ¡Recién se "estaba" muriendo! Con él muere
definitivamente la extravagancia perpetua de esos gauchos, de esos seres de
fisonomía agnóstica que eluden minuciosamente toda vinculación entre realidad
y adecuación a lo poético. DOSTOIEVSKI:
Recién no decías lo mismo. LA ÚNICA MUJER:
Estoy tan triste. Fue un buen amante. Todos lo son, todos ustedes lo son. Pero
él fue particularmente tierno, y débil. DOSTOIEVSKI:
Su alma no pudo esperar la señal: se inflamó irreversiblemente, se le incendió
en el pecho.
CUADRO 3
Suenan tres campanadas. KAFKA:
"Tres. Suenan tres campanadas. Lo cual es una suerte, porque el paso del
tiempo, siempre en una única dirección, organiza la confusión de los
personajes, y da a sus memorias anquilosadas, una pauta de ordenamiento. José
Hernández yace ahora prolijamente en su ataúd, y no espera más que ser
enterrado en la biblioteca, en el lugar en el que en algún momento se
encontraran sus argentinos volúmenes". LA ÚNICA MUJER:
Nadie tiene la vida comprada. Brindemos por Hernández, por su segunda y
definitiva muerte. KAFKA:
Muchas narraciones de Kafka ocurren en domingo. Ese día de la semana evoca la
ruptura de la actividad y el trajinar de la vida cotidiana, una posibilidad de
recogimiento, una pausa. DOSTOIEVSKI:
Sí. Hoy es martes. KAFKA:
¿Es martes? DOSTOIEVSKI:
Sí. KAFKA:
Nadie tiene la vida comprada. LA ÚNICA MUJER:
Es lo que decía yo. Nadie. KAFKA:
¿Cómo que es martes? ¿No fue ayer que vimos por televisión el sorteo de...? DOSTOIEVSKI:
Sí, y quien crea que tiene la vida para sí, que venga y vea este ejemplo. ¡Que
lo vea! KAFKA:
Digo, el sorteo, cuando gané la lotería. LA ÚNICA MUJER:
Fue un amante ejemplar. Débil. Como una mara. DOSTOIEVSKI:
No fue ayer. KAFKA:
¿Qué es una mara? LA ÚNICA MUJER:
Nadie puede, además, comprarse la vida. DOSTOIEVSKI:
Como un conejo. Más grande. LA ÚNICA MUJER:
Nadie. O sí: fue ayer que vimos televisión, pero no vimos el sorteo. DOSTOIEVSKI:
Más chico que un conejo, pero con las patas más largas. KAFKA:
Hubiera jurado que ayer fue sábado. DOSTOIEVSKI:
¿Ves lo que te digo? Ahí suenan las campanas de las Hermanas. Es domingo al
mediodía. KAFKA:
Eso pensé. LA ÚNICA MUJER:
No son las hermanas. Es acá. DOSTOIEVSKI:
Todo cuadra: ayer fue sábado, se hizo el sorteo, pero no; lo que pasó es que
no lo vimos por televisión. Y hoy no es martes, sino domingo. LA ÚNICA MUJER:
Es la campana de acá. KAFKA:
¿Quién podrá ser? En un día tan desgraciado. DOSTOIEVSKI:
¿La señal? ¿Es... será la señal? ¿De... Felipe... De Felipe Saralegui? (Aparte) "Suenan cuatro campanadas". La señal llegará,
hay que estar atentos. Entonces podremos salir, y los escribas anotarán todo lo
que les digamos. Y se reescribirán "Crimen y Castigo", y "El
Castillo", y las obras de la crítica literaria, y el "Martín Fierro"
(mira discretamente al muerto), todas
las obras que quedan sólo en nuestras memorias, porque a los libros ya los han
quemado, y los otros memorizadores han muerto. El procedimiento fue simple: se
revisaron las casas de todos, se arrestó a quienes se resistían...Y en miles
de ciudades, los bomberos se reunieron alrededor de las fogatas de papel. El fin
de la literatura, se dijo, traería consigo el final de la angustia. Pero no
pensaron en nosotros, en todos nosotros, en Felipe Saralegui. La memoria humana
es mucho más resistente que cualquier papel. Tuvimos un Dante encantador, un
Shakespeare tartamudo, un Cervantes incompleto. Felipe Saralegui sabrá cuándo
es el momento y nos enviará la señal, imperceptible y clara. De la señal sólo
sabemos que es imperceptible y clara. De Felipe Saralegui nada sabemos. Termina su texto junto con la
cuarta campanada.
CUADRO 4
Los actores arman la escena
para una secuencia que nunca veremos, porque se han olvidado que es lo que
sigue. Una vez que la operación del desplazamiento de escenografía concluye,
LA MUJER habla: LA ÚNICA MUJER:
"Cuatro. Los actores arman la escena para una secuencia que nunca veremos,
porque se han olvidado qué es lo que sigue. Pequeñas improvisaciones de los
actores." Nadie se mueve, la mirada
clavada en ella. LA ÚNICA MUJER:
"Un actor hace gala de pequeñas -pero impactantes- habilidades." Todos
se miran entre si. EL EXTRAÑO:
¿Quién? LA ÚNICA MUJER:
"Al fin de las habilidades, baja la luz. Spot sobre Kafka, que narra una
oración que tiene muy bien memorizada. La oración es autoevidente, y no
requiere de mayor indicaciones de puesta para ser comprendida por los
espectadores." KAFKA:
"Máteme, si no, usted es un asesino." Así habré de morir, diciendo
esto. El martes 3 de junio Kafka entra en agonía. Hace salir bruscamente a la
enfermera que lo cuida y exige morfina de un modo imperioso. Como Klopstock se
la niega, le dice: "Máteme, si no, usted es un asesino." Así habré
de morir yo también. Habría un único inconveniente. Gozo de excelente salud.
Y conozco de memoria la obra de Kafka. LA ÚNICA MUJER:
"Cuando se normaliza la luz, vemos en la escena a un nuevo personaje. Un
extraño. Viene del exterior, con un gran arcón que ha abierto en medio de la
sala, y del cual saca algunos artículos que ofrece para venderles." EL EXTRAÑO:
Están estos candelabros que eran de mi abuela Hilda Matienzo. LA ÚNICA MUJER:
Un momento. "El parecido físico entre el extraño y el recientemente
fallecido José Hernández no hará más que complicar las cosas para
todos." EL EXTRAÑO:
Están estos candelabros que eran de mi abuela Hilda Matienzo. En perfecto
estado. (Los pone cerca del muerto). Lo realzan tanto. ¿Quién era? LA ÚNICA MUJER:
"El parecido físico entre el extraño y el recientemente falleci..." DOSTOIEVSKI:
Ya está, ya... No podemos comprarle nada. No tenemos dinero. EL EXTRAÑO:
No importa. Puedo prestarles éste hasta que terminen. ¿Qué tal un vino
casero? LA ÚNICA MUJER:
¿Vino casero? EL EXTRAÑO:
Sienta qué olor. KAFKA:
(Que se ha acercado al candelabro, lee una inscripción en la base de éste.)
Propiedad de las Santas Hermanas de Chivilcoy. EL EXTRAÑO:
Un vino dulce, pesado como miel. KAFKA:
¿No dijo que habían sido de su abuela Hilda Matienzo? EL EXTRAÑO:
Ah, los candelabros. Bueno, entonces me los llevo. KAFKA no se lo da. LA ÚNICA
MUJER y DOSTOIEVSKI revuelven el arcón. DOSTOIEVSKI:
¿Qué más les robó a las Hermanas? LA ÚNICA MUJER:
Sábanas, más vino... DOSTOIEVSKI:
Aspirinas... EL EXTRAÑO:
¡Con cuidado, por favor! ¡Mi mercancía! LA ÚNICA MUJER:
Herramientas, caldos... DOSTOIEVSKI:
No entiendo qué pueden hacer las mojas con aspirinas. EL EXTRAÑO:
Bueno, ya está bien, dejen eso donde estaba. "En toda clase de fraude,
sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida
cuando alguno dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los
jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo." Todos se quedan muy quietos DOSTOIEVSKI:
¿De dónde sacó eso? EL EXTRAÑO:
De ningún lado. (Vuelve a guardar sus
cosas.) DOSTOIEVSKI:
De algún lado lo tiene que haber sacado. EL EXTRAÑO:
Si no tienen dinero, no hay trato. El vino es mío. DOSTOIEVSKI:
De algún... libro. EL EXTRAÑO:
¿Libro? ¿Está loco? No hay libros. DOSTOIEVSKI:
Pero pudiera ser que las monjas... que alguna de las hermanas... quizás... es sólo
una hipótesis... se hubiera quedado con... con... EL EXTRAÑO:
¿Con qué? KAFKA:
Entonces admite que robó a las monjas. EL EXTRAÑO:
No sé de qué monjas me están hablando. Buenas tardes. Iba a prestarles ese
candelabro, pero no recibirán presente, porque el presente ciega a los que ven,
y pervierte las palabras de los justos. LA ÚNICA MUJER:
Otra vez, ese estilo. EL EXTRAÑO: (Piensa un instante,
muy reconcentrado.) Quizás tenga algo que sí les interese. Pero va a
costarles algún dinero. DOSTOIEVSKI:
¿Qué es? EL EXTRAÑO:
Un... unas... con... DOSTOIEVSKI:
¿Es un... lo tenían las monjas? EL EXTRAÑO:
(Luego de una pausa. Deja el arcón en el suelo y lo abre).
No sé para qué les pueda servir, pero quizás puedan pagarme algo por él.
Estaba entre todas las cosas que... que me dejó mi abuela Hilda Matienzo.
(Saca un ejemplar de la Biblia. Caen arrodillados). DOSTOIEVSKI:
Oh, Dios, es un libro. EL EXTRAÑO:
Es... es la... LA ÚNICA MUJER:
¿Cómo se llama? ¿De quién es? EL EXTRAÑO:
No dice. LA ÚNICA MUJER:
¿Cómo se llama? EL EXTRAÑO:
Bueno, la tapa está un poco raída. Por eso lo dejo más barato. Se llama
"Antiguo y Nuevo Test". Pero las hojas están casi intactas. KAFKA:
¡Es un libro, es un libro! EL EXTRAÑO:
Sí, un libro... Bueno, ¿lo quieren? DOSTOIEVSKI:
¿Cuánto? EL EXTRAÑO:
Bueno, depende del valor que ustedes le den. Escucho ofertas. DOSTOIEVSKI:
Traé el premio. Todo lo que ganaste en esa maldita lotería. KAFKA:
¿El premio? DOSTOIEVSKI:
Sí, todo. EL EXTRAÑO:
Es un precio razonable. Les dejo también el candelabro, para que vean que no
hay rencor. DOSTOIEVSKI:
¿Y usted ha leído ese libro? EL EXTRAÑO:
¿Si lo he leído? ¿"Antiguo y Nuevo Test"? "Cuando alguno
hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco
bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas". DOSTOIEVSKI:
Procedamos, entonces. (En rápida maniobra le
arrebatan el libro, que llega a manos de LA ÚNICA MUJER. Lo enciende con el
candelabro). LA ÚNICA MUJER:
Frente a esta causa tan justa como necesaria, no pude más que hacerla propia y
sumarme a la tarea sin siquiera pensarlo demasiado, como aquél a quien le ha
sido revelada la verdad absoluta y no puede más que abandonarlo todo para ser
fiel a su fe ciega. (El libro arde, entre las
quejas del EXTRAÑO, que es retenido por los otros dos. Mientras tanto, empiezan
a sonar cinco campanadas). Para conseguir el texto completo de la obra, por favor contactar al autor por E-mail.
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