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Un
crimen casual que conduce a otro, y luego tal vez a muchos
más. La repetición es -y más si se trata de matar- grave,
pero es la única forma humana de ordenamiento que más o menos
se conoce. Y tranquiliza.
Un plan, también casual, para no tener que pagar por esos
crímenes.
Un plan que, salvo por algunos detalles en menor escala, funcionará
a la perfección.
El peligro se cierne sobre todos. Y el peligro es que las
cosas poco importantes nunca se presentan como son: boludeces.
Muy por el contrario, las cosas poco importantes ocupan todo
el tiempo el lugar de las cosas muy importantes, y hay que
estar muy despierto para poder distinguir unas de otras.
Esta es la historia de una familia a la que le tocó en suerte
una extraña lucidez.
Trabajar
en la casa de otro
Escribir
y dirigir una misma obra entre tres personas supuso muchas
cosas en especial y a la vez ninguna.
No hubo en este proceso una multiplicación de
las estéticas individuales de cada uno de los tres,
ni concesiones de ningún tipo, ni negociaciones de
tolerancia. Lo que hubo fue una rara sintonía el la
que tres personas visitan un territorio desconocido y ajeno:
el fabuloso territorio del "otro".
Una vez puesto en marcha el sistema de reglas y contrarreglas
que hacen el procedimiento de una obra, alguien que no parece
ser en realidad para nada el producto de la suma de los tres
escribe y luego dirige el espectáculo.
Como quien está de viaje en país extraño,
pero bien acompañado por otros, otros que supuestamente
son los que llevan el mapa que, como todo mapa, es falso.
¿Que quieren todos los escritores?
| 1 |
Ser
otro cuando se escribe. |
| 2 |
Decirce
a sí mismo que los caprichos más desquiciados
son necesidades de la estructura. |
| 3 |
Leerse
y no "reconocerse", sino más bien "conocer"
a alguien que sea nuevo, peligrosamente nuevo y desconocido,
alguien que por una vez no nos mate de aburrimiento. |
Todo
eso ocurrio en este año de trabajo sobre La escala
humana.
Javier
Daulte
Rafael Spregelburd
Alejandro Tantanian
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