Casino esto es ...
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Ficha técnica
Fotos

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Casino, esto es una guerra

Imagináoslo. Hay una colina. Ha dejado de nevar, pero el cielo está gris, cubierto de nubes bajas. A lo lejos, como si a la nieve le hubieran brotado alas y se lanzara en picado sobre nosotros, galopa un único caballo blanco llevando a un hombre que es un dios.

El caballo blanco relincha, menea la cabeza, echando vapor al respirar y galopa hacia nosotros por la nieve. Nosotros saludamos con nuestras espadas. Al mirar esa augusta cara, vemos en ella una fiera determinación y sabemos que nuestros corazones han sido comprendidos. El habla:

"Hemos comprendido vuestra resolución. Vuestra fidelidad nos complace. De hoy en adelante gobernaremos esta tierra en persona, como es vuestro deseo. Por tanto, morid en paz... debéis morir inmediatamente."

Abrimos sin vacilar nuestra chaquetas, gritamos como para desgarrar las nubes del cielo: "¡Viva mucho tiempo su Majestad Imperial!", y luego nos hundimos en el costado nuestras sangrientas espadas.

(...) Cuando la conciencia ya se nos escapa, reunimos nuestras fuerzas y, alzando la cabeza, contemplamos la faz augusta. Brilla en un único rayo de luz que ha traspasado las nubes bajas. Y al borde de la muerte presenciamos un milagro.

Imagináoslo.

Por esas mejillas majestuosas corren lágrimas derramadas por nuestra muerte.

En la luz que traspasa las nubes, un reguero de lágrimas. Un dios conmovido hasta derramar lágrimas por nuestra sinceridad.

Yukio Mishima

"La voz de los espíritus del héroe"

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Personajes:

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El Niño

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Capitán

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Patterson

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Julián

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Soldado

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Jim

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Escolta 1

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Escolta 2

UNO

Un bar.

Detrás de la barra un joven, casi un adolescente, al que llamaré el NIÑO: va de pantalón de combate y torso desnudo; es muy delgado, pecho hundido, más bien feo, casi pelado.

El CAPITÁN, de cuerpo enorme, está en una de las mesas. Lleva casco y fusil. Bigotes negros y poblados. Un aire melancólico.

Se oye un ruido atronador. El CAPITÁN no se inmuta. El NIÑO acusa recibo sin sobresaltarse, casi aburrido. Se restablece el silencio.

El Niño

Quinto.

Al CAPITÁN.

Cansado.

Pausa.

De guardia, ¿verdad?

Pausa.

Necesita dormir.

Pausa.

Aunque no es cierto que el sueño repare. Es sólo una distracción. Vulgariza la vida. Como el alcohol.

Pausa.

¿Le sirvo algo?: ¿licor? ¿Coñac? Tengo Bailey’s. Se lo recomiendo.

Mientras sirve una copa.

Es milagroso. Por lo menos para mi madre lo era. Y eso que la angustia y el desasosiego eran para ella como el aire que respiraba. Sin embargo, una copita de Bailey’s y lo olvidaba todo: salía y se traía al cuartel al primero que encontraba. Algo repugnante. A la mañana siguiente era espantoso verla.

Le alcanza la copa al CAPITÁN. Este la bebe de un trago.

Capitán

Una madre adicta.

El Niño

Patético. Aunque no me enorgullezco. ¿Otra copita?

Capitán

No, gracias. Debe ser hora del relevo.

El Niño

¿Ya se va? Qué pena. Hay ese algo tan melancólico en el aire a esta hora. Y a usted se lo ve espléndido ahí, bajo esta luz. Además, me debe trescientos cuarenta y seis dólares; no sé cuándo pensará pagármelos.

Pausa.

En fin. El último cliente. Habrá que cerrar.

Capitán

¿Qué habrá sido aquello?

El Niño

¿Qué cosa?

Capitán

Aquel ruido.

El Niño

¿Ruido?

Capitán

Como una detonación. Varias detonaciones.

Pausa.

Todo me sobresalta. Tengo el alma hecha pedazos.

El Niño

Y... estar en pie de guerra; esperar al enemigo: son cosas que destrozan los nervios de cualquiera.

Pausa.

Capitán

Oiga: a veces, a esta hora, viene por aquí un sargento. Va de shorts. Es muy tímido y callado.

El Niño

¿De azul?

Capitán

Como el mar.

El Niño

Y se desliza silencioso como un gato.

Capitán

¿Lo viste últimamente?

El Niño

Ayer. Era esta hora cuando entró. No había nadie más que yo. Apenas se asomó por allí, y al instante salió. No me dio tiempo a ofrecerle nada; no me debe dinero: un fantasma. Quién sabe si volverá.

Capitán

No sé qué sentido tendría que lo hiciese. Tampoco esta vez me atrevería a hablarle. Él llega, se sienta en la barra, y a través del espejo me mira detenidamente aquí, entre las piernas. Esto no dura más que unos pocos minutos. Y yo quedo paralizado. Apenas si respiro. Y él lo sabe. Después corre a su tienda a masturbarse febrilmente recordando los contornos de mi bulto. Lo sé porque una vez lo seguí y lo espié por una abertura. Sé que no me vio.

Pausa.

No puedo borrar de mi mente esa imagen de debilidad y audacia. Pero yo no me masturbo. Estoy en contra de esas prácticas. Aunque creo que está empezando a hacerme daño. Sufro.

El Niño

Y puede hacerle peor aún. Sé de algunos que han tenido alucinaciones. En general ven a San Sebastián. El gran mártir.

Capitán

¿San Sebastián? Es una figura consoladora, pero no he llegado a eso aún.

Pausa.

El Niño

No sé qué decir.

Capitán

No digas nada. No creo que tenga remedio.

El Niño

Podría masturbarlo yo.

Capitán

No. No serviría.

El Niño

Bueno, quizá suene a vanidad, pero aunque no lo parezca tengo un culo soberbio. Eso ayudaría.

Capitán

Gracias. Pero no.

El Niño

¿Otro trago?

Ingresa PATTERSON, acompañado por el SOLDADO.

Capotes, fusiles. Están sucios y mojados. Los borceguíes embarrados. Traen unos desechos sanguinolentos envueltos en trapos y trozos de plástico.

Patterson

Al SOLDADO.

Ayudáme con esto.

Capitán

¡Patterson!

El SOLDADO ayuda a PATTERSON a quitarse el capote y el casco. Por los desechos.

Puesto tres. ¿Sabés quién es?

Capitán

¿Miguel Ángel?

Patterson

Por eso salí. Oí los disparos.

Capitán

Al NIÑO.

¿Ves? Eran disparos.

Patterson

Lo encontré así. Se vació el cargador de la metralla justo debajo de la mandíbula. Algo típico. Vomité ahí mismo. Tuve que reemplazarte. ¿Qué estás haciendo acá? Estas muertes sin explicación nos demoran y retienen en este inmundo páramo. Y esto sólo traerá más ansiedad y más muertes inexplicables. Capitán, necesitamos movimiento si no queremos... Claro que si se tratara de un ataque es de una estrategia diabólica e indescifrable. ¿Y bajo qué pretexto movilizarnos sin que sea leído como un acto de cobardía? Estamos en una encrucijada.

Capitán

Es que yo... No puedo. No en este momento.

Patterson

Cristian: no podés estar todo el tiempo pendiente de una criatura. Esto es una guerra.

Capitán

No me censures.

Patterson

No te censuro. Pero no te está haciendo bien. Se está convirtiendo en obsesión.

Capitán

Estoy enamorado.

Patterson

No podés saberlo. Estamos solos. El tiempo es pésimo. Y este es el único bar en la zona. No se puede hablar de amor en estas condiciones.

Capitán

¿Por qué no? ¿Qué sabés vos?

Patterson

Que amar es sólo alimentar vagas e inciertas esperanzas, que no sirven sino para ponernos en ridículo. Más cuando ni siquiera conocés sus caprichos sexuales. Debiste ser precavido. Como yo. Me traje esto. Algo negro y bien formado. Canta además.

Fin del fragmento de Casino, esto no es una guerra.

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