
Un
espacio vacío. Es un espacio escénico. A luz plena los personajes se sientan
en bancos dispuestos en derredor de este espacio. Detrás de estos bancos, el
público. Simultáneamente y por diferentes lugares ingresan González por un
lado y el Conductor con sus Ayudantes por otro. El Conductor se dirige al
encuentro con González. Se saludan con un respetuoso apretón de manos.
Intercambian un par de palabras en tono de afectada cortesía. El Conductor
presenta a sus Ayudantes a González. Estos se saludan con un gesto apenas. El
Conductor le indica a González el lugar que debe ocupar: debería ser una silla
que se distinga del resto de los bancos que ocupan los otros personajes. El
Conductor se dirige hacia una especie de podio/escritorio que tiene encima
varias carpetas y un pequeño velador. Los Ayudantes, que llevan sendas carpetas,
permanecen de pié, muy dispuestos, cerca del Conductor.
El
Ayudante 1, dando un paso al frente, enuncia en voz clara y potente:
Ayudante
1
El
dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y ocho, en horas de la tarde,
una niña de nueve años llamada Martha Ofelia Stutz, salió de su casa en el
Barrio San Martín de Ciudad de Córdoba para comprar tres revistas.
Pausa.
Jamás
regresó.
Ayudante
2
La
desaparición de la menor dio lugar a uno de los más sensacionales procesos que
hubo en la Argentina.
Pausa.
Por
supuesto, el caso nunca fue dilucidado.
Los
dos Ayudantes miran a la Mujer/ Niña, una joven de aniñada e inquietante
belleza, que está algo apartada del resto. No parece haber escuchado lo dicho
hasta aquí. El Conductor hace una seña. Las luces se apagan bruscamente,
quedando únicamente iluminada la Mujer/ Niña, quien no modifica su actitud en
lo más mínimo. El velador del Conductor se enciende.
Conductor
Los
hechos.
La
Mujer /Niña yergue la cabeza. Se pone de pie y extiende una mano. Permanece
así un momento hasta que el Ayudante 1 capta el gesto y se acerca rápidamente.
Pone un billete de utilería en su mano. La Mujer/ Niña mira el billete y deja
su mano extendida. El Ayudante, algo desorientado, duda un instante y luego
hurga en su bolsillo y encuentra un par de monedas que deposita en la mano de la
Mujer/ Niña. Esta vuelve a mirar su mano y con el dedo índice de la otra
cuenta lo que el billete y las monedas suman. Satisfecha, le sonríe al
Ayudante y cierra el puño. Permanece inmóvil.
Ayudante
2
Marthita
salió de su casa luciendo un vestidito blanco con puños rojos y pollera a
tablas y con un moño blanco en el cabello.
El
Ayudante 1 se ha acercado a la Mujer/ Niña y ha ido señalando el vestido, los
puños, la pollera y el moño a medida que el Ayudante 2 los mencionaba. El
modelo de la joven responde a la descripción. El Ayudante 2 continúa:
Medias
tres cuartos blancas. Zapatos negros.
El
Ayudante 1 continúa señalando.
Ropa
interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera...
El
Ayudante 1 hace la vista gorda a este detalle y no hace ademán alguno. El
Ayudante 2 se queda a la espera mirando al Ayudante 1. Luego de una pausa,
insiste:
Ropa
interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera.
El
Ayudante 1 mira al Conductor.
Conductor
Al
Ayudante 2.
Por
favor.
El
Ayudante 2 se adelanta hasta la joven. Levanta la pollera y descubre la ropa
interior descripta. Señala incluso el moño rosado haciéndola girar de modo
que el "público" la vea. La joven, dócil, se deja hacer.
Ayudante
2
Ropa
interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera.
Terminada
la comprobación, el Ayudante 2 le baja la pollera y emprolija a la joven con
delicadeza. El Ayudante 1 lee de su carpeta:
Ayudante
1
La
niña desaparecida había nacido en Ciudad de Córdoba el doce de abril de mil
nueve veintinueve. Hija de Arnoldo Stutz, uruguayo, de treinta y dos años, y de
Eudora Ofelia Ceballos, argentina, de veinticuatro. La menor cursaba el segundo
grado en la escuela normal Alejandro Carbó, donde obtenía las mejores
calificaciones.
El
Ayudante 2 se pasea frente a los otros personajes con un boletín de
calificaciones en la mano.
Ayudante
2
Este
es el boletín del año de su desaparición. Como podrán ver, el cuarto
bimestre está sin completar.
Ayudante
1
Cuando
la menor salió de su casa se dirigía al quiosco del canillita Juan Cardozo en
la Avenida Castro Barros. En su testimonio, el diariero manifestó que cuando la
madre llegó preguntando por la niña, esta hacía ya rato que se había alejado
de allí.
La
Mujer/ Niña ha llegado casi hasta un extremo del espacio. En ese instante
aparece sorpresivamente delante de ella uno de los personajes con una gran
máscara de conejo puesta. La joven pega un alarido de terror frente a lo
inesperado del estímulo. El "conejo" desaparece tan pronto como
apareció. Se produce un gran desorden. Gritos y risas. Los únicos que no
participan del alboroto son González y el Conductor. Este, luego de un momento,
intenta poner orden.
Conductor
¡Silencio!
Más
risas. El Ayudante 1 se ha acercado a la joven que está de rodillas, aun
asustada, y le da un protector abrazo.
¡Silencio!
¡Basta!
Se
restablece el silencio. Se dirige al conjunto de los personajes. Severo:
Les
pido por favor que tratemos de mantener un mínimo de orden.
Se
hace un profundo silencio.
¡Y
basta de hacerse los graciosos!
El
Conductor hace una seña al Ayudante 2. Este hace una rápida pesquisa por el
lugar, hasta dar con la máscara del conejo. Los personajes esquivan las miradas
del Conductor y del Ayudante 2. Este le alcanza la máscara al Conductor quien
la toma y la observa. Luego se la pone. Algunas risas irreprimibles. El
Conductor se quita la máscara rápidamente. Silencio. Abre una de las carpetas
que tiene en su pupitre.
Los
datos.
Los
Ayudantes se aprestan a retomar el curso del relato. El Ayudante 2 se adelanta y
lee:
Ayudante
2
Nadie
pudo darle a la madre de la niña ningún otro informe sobre su hija. Alarmada,
recurrió junto a su esposo a la comisaría seccional y a la policía de
investigaciones.
En
ese momento, González deja escapar una risita. El Ayudante 2 lo mira, molesto.
Luego mira al Conductor. El Ayudante 1 se adelanta:
Ayudante
1
Conjeturas
que barajó la policía cordobesa en la investigación:
Nueva
risa de González. Hay miradas de reojo entre los Ayudantes. Aun así intentan
continuar. Lee:
Uno:
secuestro extorsivo y mafia...
González
vuelve a reír. Esta vez, abiertamente. Ahora, el obstáculo es indisimulable.
El Ayudante 2, visiblemente molesto, se dirige al Conductor.
Ayudante
2
Perdón,
¿se dijo algo gracioso?
González
Poniéndose
de pie, al Conductor.
Perdónenme
ustedes a mí... pero sí.
El
Ayudante 2 se desconcierta. Se dirige a González.
Ayudante
2
¿Cómo
dijo?
González
Al
Conductor.
No
es que quiera interferir, pero creo que esa investigación...
Ayudante
2
¿Qué
pasa con la investigación?
González
Se
vuelve hacia el Ayudante 2.
Creo
no estar hablando con usted...
Se
produce una tensa pausa. El Conductor se pone de pie y anuncia en voz alta para
todos los personajes, con una gran sonrisa y señalando con ceremonioso gesto a
González:
Conductor
Quiero
presentarles a ustedes al señor Gustavo Gilberto González: ¡decano de los
cronistas policiales!
Pausa.
El
hombre que tuvo el extraño privilegio de seguir paso a paso y con su inspirada
pluma las vicisitudes del caso.
González
hace un leve saludo con la cabeza. Quizá hay un tímido y escasísimo aplauso
de parte de algunos de los personajes.
Ayudante
2
¿Seguimos?
Conductor
Parece
que el señor González tiene algo para decir acerca de la investigación...
Ayudante
2
Estamos
en los datos y en los hechos, no en las opiniones.
González
Bueno,
creo que mi proximidad a esos datos y hechos que se mencionan...
Ayudante
2
No
mencionamos ninguno.
González
Bueno,
a los que mencionen.
Ayudante
2
Si
no sabe cuáles son todavía.
González
Con
una sonrisa de superioridad.
¿Qué?
¿La mafia cordobesa? ¿Proxenetismo? ¿Robo de niños? ¡Por favor!
Pausa.
La
policía actuaba como desesperada bajo la presión del periodismo y la ansiedad
del público que exigía castigar a los culpables; y así no hizo más que dar
palazos de ciego... Si a eso se le puede llamar investigación...
Ayudante
2
Al
Conductor.
¿Va
a dejar que lo diga todo él?
El
Conductor asume el papel de moderador.
Conductor
A
ver, a ver, a ver... A ver si interpreto correctamente..: Aquí, el señor
González, en tanto cronista del caso Martha Stutz, se consideraría a sí mismo...
¿una vicisitud del caso? ¿Sería ese el razonamiento?
González
asiente con orgullo. El Conductor, a los otros, por González:
Bueno,
debemos confesar que como idea no es nada descabellada; considerando además que
hasta le fue concedida una entrevista sin testigos y en su celda con el
principal sospechoso aún antes de que se dictase la sentencia del juicio.
González
Del
fraude, querrá decir.
El
Conductor lo mira extrañado.
Esos
datos y hechos que se manejaron y en los que se basaron la investigación y el
juicio, no fueron más que un fraude.
Pausa.
Conductor
¿Un
fraude?
González
De
principio a fin. Algo muy en boga en aquellos días.
El
Conductor pasea una interrogativa mirada por todos los personajes. Después de
una pausa.
Conductor
Por
lo visto, nadie de los aquí presentes tiene intención de desdecirlo.
González
¿Quién
lo haría?
La
Mujer/ Niña, que reingresara unos instantes atrás acompañada por el Ayudante
1, se adelanta por propia iniciativa como urgida a decir algo.
Mujer/
Niña
Yo...
Todos
la miran. Silencio.
Yo...
soy Marthita Stutz, y... Yo...
Silencio.
Pareciera no poder enunciar lo que se propone y que únicamente le salen estas
palabras:
Yo
soy Marthita Stutz, y...
Desconcertada
y decepcionada por no haber podido decir más, retrocede hasta encontrar un
asiento. A González se lo ve como perdido. Breve bache.
Ayudante
1
A
González, por lo bajo.
Continúe.
González
¡Un
fraude escandaloso! La policía, haciendo un vergonzoso papel, hasta consultó
videntes y fabricó sospechosos y culpables a fuerza de torturas. Y la
inoperancia de un juez incompetente, el doctor Achával, hizo sufrir hasta lo
indecible a un hombre decente y respetable, prolífico empresario e intachable
padre y marido, queriéndole cargar con la responsabilidad de un crimen alevoso
y bestial...
El
fervor de su alegato le hace sudar. Se detiene y se seca la frente con un
pañuelo.
Hace
calor acá adentro...
Guarda
el pañuelo y hace una pausa.
Dese
cuenta... Dos inútiles años de cárcel para los sospechosos... Un intento de
suicidio... Torturas... Todo para nada.
Conductor
¿Nada?
González
¿No
lo sabe acaso? Ni siquiera hubo cuerpo del delito.
Conductor
¿Y
qué debería entenderse por eso?
González
Quiero
decir que difícilmente algo de esto pueda prosperar.
Silencio.
Se produce cierto clima de consternación general. Todos los personajes miran al
Conductor.
Ayudante
2
¿Entonces?
Conductor
No
sé. Punto cero.
Anuncia:
La
Nada.
Ayudante
2
Ante
la total falta de pistas, el caso de la desaparición de la menor Martha Ofelia
Stutz, queda, hasta nuevo aviso, cerrado.
Gesto
del Conductor y brusco apagón.
Fin
del fragmento de Martha Stutz.
