Martha Stutz
Principal ] Arriba ] Casino esto es ... ] Faros de color ] Criminal ] Geometría ] [ Martha Stutz ] Paulatina aproximación ]

Ficha técnica
Fotos

horizontal rule

Un espacio vacío. Es un espacio escénico. A luz plena los personajes se sientan en bancos dispuestos en derredor de este espacio. Detrás de estos bancos, el público. Simultáneamente y por diferentes lugares ingresan González por un lado y el Conductor con sus Ayudantes por otro. El Conductor se dirige al encuentro con González. Se saludan con un respetuoso apretón de manos. Intercambian un par de palabras en tono de afectada cortesía. El Conductor presenta a sus Ayudantes a González. Estos se saludan con un gesto apenas. El Conductor le indica a González el lugar que debe ocupar: debería ser una silla que se distinga del resto de los bancos que ocupan los otros personajes. El Conductor se dirige hacia una especie de podio/escritorio que tiene encima varias carpetas y un pequeño velador. Los Ayudantes, que llevan sendas carpetas, permanecen de pié, muy dispuestos, cerca del Conductor.

El Ayudante 1, dando un paso al frente, enuncia en voz clara y potente:

Ayudante 1

El dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y ocho, en horas de la tarde, una niña de nueve años llamada Martha Ofelia Stutz, salió de su casa en el Barrio San Martín de Ciudad de Córdoba para comprar tres revistas.

Pausa.

Jamás regresó.

Ayudante 2

La desaparición de la menor dio lugar a uno de los más sensacionales procesos que hubo en la Argentina.

Pausa.

Por supuesto, el caso nunca fue dilucidado.

Los dos Ayudantes miran a la Mujer/ Niña, una joven de aniñada e inquietante belleza, que está algo apartada del resto. No parece haber escuchado lo dicho hasta aquí. El Conductor hace una seña. Las luces se apagan bruscamente, quedando únicamente iluminada la Mujer/ Niña, quien no modifica su actitud en lo más mínimo. El velador del Conductor se enciende.

Conductor

Los hechos.

La Mujer /Niña yergue la cabeza. Se pone de pie y extiende una mano. Permanece así un momento hasta que el Ayudante 1 capta el gesto y se acerca rápidamente. Pone un billete de utilería en su mano. La Mujer/ Niña mira el billete y deja su mano extendida. El Ayudante, algo desorientado, duda un instante y luego hurga en su bolsillo y encuentra un par de monedas que deposita en la mano de la Mujer/ Niña. Esta vuelve a mirar su mano y con el dedo índice de la otra cuenta lo que el billete y las monedas suman. Satisfecha, le sonríe al Ayudante y cierra el puño. Permanece inmóvil.

Ayudante 2

Marthita salió de su casa luciendo un vestidito blanco con puños rojos y pollera a tablas y con un moño blanco en el cabello.

El Ayudante 1 se ha acercado a la Mujer/ Niña y ha ido señalando el vestido, los puños, la pollera y el moño a medida que el Ayudante 2 los mencionaba. El modelo de la joven responde a la descripción. El Ayudante 2 continúa:

Medias tres cuartos blancas. Zapatos negros.

El Ayudante 1 continúa señalando.

Ropa interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera...

El Ayudante 1 hace la vista gorda a este detalle y no hace ademán alguno. El Ayudante 2 se queda a la espera mirando al Ayudante 1. Luego de una pausa, insiste:

Ropa interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera.

El Ayudante 1 mira al Conductor.

Conductor

Al Ayudante 2.

Por favor.

El Ayudante 2 se adelanta hasta la joven. Levanta la pollera y descubre la ropa interior descripta. Señala incluso el moño rosado haciéndola girar de modo que el "público" la vea. La joven, dócil, se deja hacer.

Ayudante 2

Ropa interior blanca con un pequeño moño rosado en la parte delantera.

Terminada la comprobación, el Ayudante 2 le baja la pollera y emprolija a la joven con delicadeza. El Ayudante 1 lee de su carpeta:

Ayudante 1

La niña desaparecida había nacido en Ciudad de Córdoba el doce de abril de mil nueve veintinueve. Hija de Arnoldo Stutz, uruguayo, de treinta y dos años, y de Eudora Ofelia Ceballos, argentina, de veinticuatro. La menor cursaba el segundo grado en la escuela normal Alejandro Carbó, donde obtenía las mejores calificaciones.

El Ayudante 2 se pasea frente a los otros personajes con un boletín de calificaciones en la mano.

Ayudante 2

Este es el boletín del año de su desaparición. Como podrán ver, el cuarto bimestre está sin completar.

Ayudante 1

Cuando la menor salió de su casa se dirigía al quiosco del canillita Juan Cardozo en la Avenida Castro Barros. En su testimonio, el diariero manifestó que cuando la madre llegó preguntando por la niña, esta hacía ya rato que se había alejado de allí.

La Mujer/ Niña ha llegado casi hasta un extremo del espacio. En ese instante aparece sorpresivamente delante de ella uno de los personajes con una gran máscara de conejo puesta. La joven pega un alarido de terror frente a lo inesperado del estímulo. El "conejo" desaparece tan pronto como apareció. Se produce un gran desorden. Gritos y risas. Los únicos que no participan del alboroto son González y el Conductor. Este, luego de un momento, intenta poner orden.

Conductor

¡Silencio!

Más risas. El Ayudante 1 se ha acercado a la joven que está de rodillas, aun asustada, y le da un protector abrazo.

¡Silencio! ¡Basta!

Se restablece el silencio. Se dirige al conjunto de los personajes. Severo:

Les pido por favor que tratemos de mantener un mínimo de orden.

Se hace un profundo silencio.

¡Y basta de hacerse los graciosos!

El Conductor hace una seña al Ayudante 2. Este hace una rápida pesquisa por el lugar, hasta dar con la máscara del conejo. Los personajes esquivan las miradas del Conductor y del Ayudante 2. Este le alcanza la máscara al Conductor quien la toma y la observa. Luego se la pone. Algunas risas irreprimibles. El Conductor se quita la máscara rápidamente. Silencio. Abre una de las carpetas que tiene en su pupitre.

Los datos.

Los Ayudantes se aprestan a retomar el curso del relato. El Ayudante 2 se adelanta y lee:

Ayudante 2

Nadie pudo darle a la madre de la niña ningún otro informe sobre su hija. Alarmada, recurrió junto a su esposo a la comisaría seccional y a la policía de investigaciones.

En ese momento, González deja escapar una risita. El Ayudante 2 lo mira, molesto. Luego mira al Conductor. El Ayudante 1 se adelanta:

Ayudante 1

Conjeturas que barajó la policía cordobesa en la investigación:

Nueva risa de González. Hay miradas de reojo entre los Ayudantes. Aun así intentan continuar. Lee:

Uno: secuestro extorsivo y mafia...

González vuelve a reír. Esta vez, abiertamente. Ahora, el obstáculo es indisimulable. El Ayudante 2, visiblemente molesto, se dirige al Conductor.

Ayudante 2

Perdón, ¿se dijo algo gracioso?

González

Poniéndose de pie, al Conductor.

Perdónenme ustedes a mí... pero sí.

El Ayudante 2 se desconcierta. Se dirige a González.

Ayudante 2

¿Cómo dijo?

González

Al Conductor.

No es que quiera interferir, pero creo que esa investigación...

Ayudante 2

¿Qué pasa con la investigación?

González

Se vuelve hacia el Ayudante 2.

Creo no estar hablando con usted...

Se produce una tensa pausa. El Conductor se pone de pie y anuncia en voz alta para todos los personajes, con una gran sonrisa y señalando con ceremonioso gesto a González:

Conductor

Quiero presentarles a ustedes al señor Gustavo Gilberto González: ¡decano de los cronistas policiales!

Pausa.

El hombre que tuvo el extraño privilegio de seguir paso a paso y con su inspirada pluma las vicisitudes del caso.

González hace un leve saludo con la cabeza. Quizá hay un tímido y escasísimo aplauso de parte de algunos de los personajes.

Ayudante 2

¿Seguimos?

Conductor

Parece que el señor González tiene algo para decir acerca de la investigación...

Ayudante 2

Estamos en los datos y en los hechos, no en las opiniones.

González

Bueno, creo que mi proximidad a esos datos y hechos que se mencionan...

Ayudante 2

No mencionamos ninguno.

González

Bueno, a los que mencionen.

Ayudante 2

Si no sabe cuáles son todavía.

González

Con una sonrisa de superioridad.

¿Qué? ¿La mafia cordobesa? ¿Proxenetismo? ¿Robo de niños? ¡Por favor!

Pausa.

La policía actuaba como desesperada bajo la presión del periodismo y la ansiedad del público que exigía castigar a los culpables; y así no hizo más que dar palazos de ciego... Si a eso se le puede llamar investigación...

Ayudante 2

Al Conductor.

¿Va a dejar que lo diga todo él?

El Conductor asume el papel de moderador.

Conductor

A ver, a ver, a ver... A ver si interpreto correctamente..: Aquí, el señor González, en tanto cronista del caso Martha Stutz, se consideraría a sí mismo... ¿una vicisitud del caso? ¿Sería ese el razonamiento?

González asiente con orgullo. El Conductor, a los otros, por González:

Bueno, debemos confesar que como idea no es nada descabellada; considerando además que hasta le fue concedida una entrevista sin testigos y en su celda con el principal sospechoso aún antes de que se dictase la sentencia del juicio.

González

Del fraude, querrá decir.

El Conductor lo mira extrañado.

Esos datos y hechos que se manejaron y en los que se basaron la investigación y el juicio, no fueron más que un fraude.

Pausa.

Conductor

¿Un fraude?

González

De principio a fin. Algo muy en boga en aquellos días.

El Conductor pasea una interrogativa mirada por todos los personajes. Después de una pausa.

Conductor

Por lo visto, nadie de los aquí presentes tiene intención de desdecirlo.

González

¿Quién lo haría?

La Mujer/ Niña, que reingresara unos instantes atrás acompañada por el Ayudante 1, se adelanta por propia iniciativa como urgida a decir algo.

Mujer/ Niña

Yo...

Todos la miran. Silencio.

Yo... soy Marthita Stutz, y... Yo...

Silencio. Pareciera no poder enunciar lo que se propone y que únicamente le salen estas palabras:

Yo soy Marthita Stutz, y...

Desconcertada y decepcionada por no haber podido decir más, retrocede hasta encontrar un asiento. A González se lo ve como perdido. Breve bache.

Ayudante 1

A González, por lo bajo.

Continúe.

González

¡Un fraude escandaloso! La policía, haciendo un vergonzoso papel, hasta consultó videntes y fabricó sospechosos y culpables a fuerza de torturas. Y la inoperancia de un juez incompetente, el doctor Achával, hizo sufrir hasta lo indecible a un hombre decente y respetable, prolífico empresario e intachable padre y marido, queriéndole cargar con la responsabilidad de un crimen alevoso y bestial...

El fervor de su alegato le hace sudar. Se detiene y se seca la frente con un pañuelo.

Hace calor acá adentro...

Guarda el pañuelo y hace una pausa.

Dese cuenta... Dos inútiles años de cárcel para los sospechosos... Un intento de suicidio... Torturas... Todo para nada.

Conductor

¿Nada?

González

¿No lo sabe acaso? Ni siquiera hubo cuerpo del delito.

Conductor

¿Y qué debería entenderse por eso?

González

Quiero decir que difícilmente algo de esto pueda prosperar.

Silencio. Se produce cierto clima de consternación general. Todos los personajes miran al Conductor.

Ayudante 2

¿Entonces?

Conductor

No sé. Punto cero.

Anuncia:

La Nada.

Ayudante 2

Ante la total falta de pistas, el caso de la desaparición de la menor Martha Ofelia Stutz, queda, hasta nuevo aviso, cerrado.

Gesto del Conductor y brusco apagón.

Fin del fragmento de Martha Stutz.

horizontal rule

E-mail: Jdaulte@argentores.org.ar                                                                                  Espacio cedido por ARGENTORES