Crítica
• Principal • Arriba • Imágenes • Crítica • Artículos y ponencias • Dialogo • Programa • Seminario • Indice •


Martes 23 de octubre de 2007 Comentario de "Antígonas...", el destacado estreno del Teatro Estable Villa María
El poder engendra toda muerte
Las funciones continúan los sábados en el ex Colegio Nacional

La obra conecta la trama de Sófocles con la mitología argentina

Se halla en la constitución metafísica de la muerte la definición de la existencia humana, más allá que en el testimonio de la propia vida terrenal. 
Ese axioma, opaco y acaso siniestro, sobrevuela la crítica filosófica que trasfonda la puesta "Antígonas, linaje de hembras". La obra, estrenada el sábado a la noche por el elenco del Teatro Estable Villa María y dirigida por Javier González, representó la lúcida y argentinizada versión del conocido texto de Sófocles a cargo del dramaturgo bonaerense Jorge Huertas.
Utilizando el patio interior del ex Colegio Nacional (al igual que el año pasado en "Desvestidos"), como gran teatro de operaciones -se usaron escaleras y pasadizos- y la pared de fondo emparchada de amplias telas blancas para proyectar imágenes y vídeo, el elenco abonó el terreno simbólico de una extensa, codificada y movilizante historia que conecta las fauces del poder en la antigua Grecia con el visceral germen del misticismo político y las calamidades del nepotismo en nuestro país. 

Trama e intertextualidad

En rigor, la trama principal se conserva del texto original. Antígona (en la piel de una imperdible Gisela Primo), hija de Edipo y Yocasta, entierra a su hermano Polinices -traicionado por su hermano Eteocles en la toma del poder, desobedeciendo a Creonte (un formidable y alucinado papel de Horacio Frate), el gobernador. Creonte es, a su vez, su tío y su suegro, porque Antígona está comprometida con su hijo Hemón.
Antígona decide otorgarle sepultura a Polinices -según la creencia, para que su alma no vague en la eternidad- porque entiende que "un hermano es un hermano". Creonte, enceguecido por su sacrosanta autoridad, define a Polinices como un rebelde traidor y sentencia: "Un enemigo es un enemigo". 
Es interesante cómo el eje dramático se intertextualiza con: una cruda denuncia del núcleo idiosincrático machista (que tanto se aplica a los griegos como a los argentinos, con frases como "hay que obedecer a los hombres" o "ninguna hembra va a vencerme"), un juego coreográfico y musical con el bien amado lenguaje del tango (Cánova aporta sus lágrimas de bandoneón en vivo) y en especial, el andamiaje mitológico de amor/odio representado por la "Embalsamada Peregrina", que no es otra que Eva Perón. Es despreciada por Creonte como "la guaranga, la bastarda" o es identificada con alma y cuerpo por Antígona. Causan gracia las expresiones del "coro de hembras" (acaso la viñeta del pueblo), que en principio vitorean a la Eva viva y luego abuchean a la Eva mito. No provocan sonrisas sino alertas los latiguillos  "por algo será, por algo será", cuando aprisionan a Antígona.
Si se observa el perfil de Creonte, se verán las ínfulas del mesianismo populista que tanto se han incubado en jefes de Estado con instituciones débiles. Como es el caso de Perón y los matrimonios presidenciales, y eso es lo más paradojal en esta trama que conjuga poder, familia, devoción mítica y pestilencia moral. 
Como joyitas extras se anotan la fantasmagórica presencia de un Borges ahora fascinado con el arrabal y la barbarie y la voz espectral del río (encarnada por el director González en el vídeo), quien envidia al hombre el gozoso pecado de matar. Por último, en el plano actoral, más allá de algunas imperfecciones propias de un elenco vocacional y un libro que sobreexige práctica y atenta escucha, se ha dispuesto un montaje digno de ser apreciado.
Juan Ramón Seia

 


E-mail: jhh2002@hotmail.com                                                                                   Espacio cedido por ARGENTORES