Antígonas
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ANTÍGONAS, LINAJE DE HEMBRAS (Fragmento)

INSULTOS AL BANDONEON

CORO de hembras

!Decí, hablá, Gritá! Rompe el silencio.

¿No ves que la Patria está muriendo?

Soltá el asma y el rezongo, mirón de espejos y roperos,

punga ruin de la miseria humana. Habla, gritá, gusano flojo

que la noche está en silencio y está en calma.

Salí a la luz de esta luna negra,

llorón de una sola lágrima de nácar.

Hay desayunos de trabajo

sobre el altar sagrado de otros tiempos

los cuchillos trabajan a destajo

y se le van encima a las gargantas.

Despertá del miedo.

Escupen al bandoneón, con rabia, con desprecio.

Buscá el violín de Gobbi, de Troilo

todos los fraseos menos uno.

A Discepolín pedile las alas y el aliento

a un dios Polaco, azul y pichicatero.

¿No te importa la lluvia de rubíes

ni la leche agria de los niños guachos?

No llorés más amarguras extraviadas

que en la cuidad corre sangre

derramada entre hermanos.

Y mientras tanto a vos te acongojan

las percantas amuradas, los inútiles taitas.

No me hables del artista y de su ilusión de humo.

Hoy tenés que tocar un tango enorme

que despierte la paz del cementerio.

Mirá como calla la ciudad entera

serví para algo, maricón.

¡Hablá, gritá, rompe el silencio!

¿No ves que la Patria está muriendo?

Se despereza el bandoneón.

EL RIO

CORO

Yo, que fui adorado por los hombres y las plantas.

Yo, que soy la tierra, y mismo tiempo, el padre de la tierra.

Yo, que conocí el mundo sin que existiera gente.

Yo, que herví de lava y cataclismos.

Yo, el río

estoy hecho de tiempo.

Yo, que dejé beber de mi a todas las criaturas.

Yo, que conocí el día antes de que tuviera nombre.

Yo, que vi a Dios hacer flotar la escandalosa luna.

Yo, que jamás morí y no recuerdo haber nacido.

Yo, el río

estoy hecho de tiempo.

Yo, que escuché la primera palabra como un rayo misterioso.

Yo, que sentí en mi cuerpo como limpiaban las armas.

Yo, que hice el bien sin preguntar a quién.

Yo, que me comí a todos los ahogados.

Yo, el río

estoy hecho de tiempo.

LEY DIVINA

Madrugada de Buenos Aires, el carillón de la Merced. En el Agora de Mayo sombras sigilosas: Antígona e Ismena. Van descalzas. El viento llega desde el río, se escuchan lejanas sirenas.

ANTIGONA

Hermana mía, estamos fatalmente solas. Llegó la hora del llanto y el crujir de dientes. ¿Escuchaste la proclama de Creonte para toda Buenos Aires?

ISMENA

¿Qué más podemos sufrir? Perdimos en la batalla a los hermanos, a los dos niños de nuestros juegos infantiles. No contra el enemigo común, sino matándose entre si. Uno al otro se ofrecieron la muerte como antes, en las horas benditas, se entregaban juguetes y regalos.

ANTIGONA

¡No escuchaste la proclama! Creonte, ofrendó velorio, llanto y sepultura a Eteocles y hoy descansa en paz en el vientre de la tierra, su madre y la madre de nuestra madre, Yocasta.

En cambio a Polinices lo entrego insepulto al agua, para que su cuerpo se deshaga en la voracidad de los peces y del barro; o desnudo, sucio de petróleo y destapado de estrellas lo abandonó al borde del Riachuelo, entre los hierros de carcomidos barcos. Perros y ratas se hacen festín con el cuerpo amado.

"¡Polinices sin tumba, sin ninguna tumba!" Así mandó Creonte. Y al que lo entierre: la muerte.

ISMENA llora.

ANTIGONA

¡No, no, no! Aquí, en el Agora de Mayo, en el corazón mismo de la Patria te diré que haremos

ISMENA

No me asustes.

ANTIGONA

¿Vas a comprometerte?

ISMENA

Las cosas están como están. Esa es la realidad.

ANTIGONA

¿Vas a ayudar?

ISMENA

¿A quién?

ANTIGONA

A mi. Con estas manos levantaremos el cuerpo de Polinices, el amor nuestro, le limpiaremos la brea y el barro y con los eternos ritos lo haremos dormir para siempre.

ISMENA

¿Pensás enterrarlo, estando prohibido?

ANTIGONA

Que a Buenos Aires se la trague la tierra si yo no sepulto a mi hermano, que también es el tuyo. Es nuestra sangre, hermanita, y la sangre no se disuelve en agua.

ISMENA

¡Loca, loca! ¿Vas a enfrentarte a Creonte y sus generales?

ANTIGONA

La fortuna que hoy te besa en la boca, mañana te muerde el cuello. Se puede vencer o morir, matar o ser derrotado. Pero nadie sobre la tierra, puede separarme de mi familia.

ISMENA

¡Ay de mi, de vos, de todos! Buenos Aires está maldita.

¿No estamos hartos de la sangre de compatriotas?

Gauchos lanzeados y sin armas,

negros agonizando en las trincheras paraguayas,

niños y mujeres bajo una lluvia de bombas,

sargentos, capitanes masacrados,

muchachos vencidos bajo un manto de neblina,

obreros deshechos a picana y submarino,

La Embalsamadas Peregrina:

Hermanos todos de la misma Patria

matándose hasta el infinito.

¡Basta, basta de dolor! Quiero volver a los días felices...

ANTIGONA

A los dulces tiempos cuando cantábamos juntas:

"llenita su alforja blanca

con cien matracas

con un tambor

y un trompo de cuerda larga

y un tren de carga

y un carretón...

¡No, ya no es posible volver atrás!

ISMENA

Si desobedecemos al Tirano, moriremos ¡Hay que olvidar y empezar de nuevo! Hermana: ¿qué somos nosotras?

ANTIGONA

Una familia.

ISMENA

¡No! ¡Somos mujeres! Nada más que mujeres. No podemos luchar contra hombres armados hasta los dientes. Cuando la crueldad del macho se desata, se pone ciego de una luz oscura. Tenemos que obedecer a los hombres en esto, e incluso en cosas más dolorosas.

ANTIGONA

Pedile perdón a tu hermano, al devorado por peces, al sucio de alquitrán, por someterte al poder absoluto.

Voces del viento llegan desde El Río: irreconocibles, extrañas.

ISMENA

No me obligues.

ANTIGONA

No te obligo. Y aunque quisieras ayudarme no lo aceptaría.

ISMENA

¡Soberbia, compadrona!

ANTIGONA

Yo enterraré a Polinices.

ISMENA

Vas a morir.

ANTIGONA

Será hermoso morir cometiendo un pecado santo.

ISMENA

Yo soy obediente, Antígona. Nací así.

ANTIGONA

Yo también soy obediente, pero a leyes eternas que no dictan los hombres.

ISMENA

¡Ay de mi, desdichada! Sos lo único que tengo. No lo hagas, por favor.

Antígona, poseída, corre por los caminos de ladrillo del Agora de Mayo. Alguna sirena suena más cercana.

ANTIGONA

¡Porteños: Antígona enterrará a su hermano!

ISMENA

¡Shhh, silencio! Escuchá el viento del río, como un presagio.

ANTIGONA

No es el viento, es la voz del agua.

ISMENA

Entremos en Palacio, tu corazón está en llamas.

ANTIGONA

Cumplo ordenes divinas.

ISMENA

No lo comentes, no lo hables con nadie.

ANTIGONA

Me da ganas de cruzarte una cachetada.

ISMENA

Te van a matar.

ANTIGONA

Llevo en la sangre un tango, un sentimiento de justicia que se baila. Dios mío, no soy nadie pero qué importa. Cuando yo abra la boca, vos hablarás por mí.

ISMENA

Loca, suicida! Estás repleta de imposible.

PREGUNTAS AL BANDONEON

LA EMBALSAMADA PEREGRINA se hace coro, melodía y canon en todas las radios.

LA EMBALSAMADA PEREGRINA

"Mujeres de mi Patria:

Recibo en este instante, de manos del Gobierno de la Nación la ley que consagra nuestro derechos cívicos. Y la recibo, ante vosotras, con la certeza de que lo hago, en nombre de todas las mujeres argentinas. Sintiendo, jubilosamente, que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria.

Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ellas crispaciones de indignación, sombras de ocasos amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales!..."

CORO

Bandoneón arrabalero:

Que llegue pronto la mañana.

La fatal rueda yira y yira

en tu reloj de agujas y guadañas

Mi corazón te pide una mentira.

¿No fue suficiente la batalla,

su destrozar de cuerpos,

la lista interminable de tormentos?

¿A que más sangre de hermanos

sobre la tierra hambrienta?

Calla el bandoneón.

Fueye: ¡Largá un piropo!

La hembrita va a la muerte en coche.

Dale una historia de amor, alguna nube.

Balbucea el bandoneón y Antígona se prende en una baile.

Luminosa muñequita de cristal:

¡Risas, beso, fantasía

Milonga, seda y champán!

Yo se que estás tranquilo, bandoneón.

Bajo su cuerpo arde el antojo

Del hoy sí, mañana quien sabe.

Es una hembra. Finalmente

Será la reina de la sopa tibia

Y las ventanas cerradas.

Sale Creonte del Palacio. Antígona huye.

(…)


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