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La diáspora de TEMSI,
que desapareció en 1963, pareció otorgarme permiso para pensar en otras
variantes artísticas (ya había dejado de lado, en forma definitiva, las
perspectivas de una carrera universitaria, objetivo tan habitual para los jóvenes
de esos tiempos). Aposté al cine y, más aún, a
formarme como guionista, ya que mi interés por la escritura era muy
firme. Acaso demasiado tarde agradezco al ya fallecido Federico Nieves, mi
profesor de libro cinematográfico, por el estímulo y, sobre todo, por el
aporte de conocimientos que me valieron tanto para la dramaturgia cinematográfica
como para la teatral. Filmé
cortometrajes, escribí libros para el género y también fui coautor del libro
del segundo largometraje que Juan José Jusid filmó en 1971, “La
fidelidad”. Pero
ya antes había sido bautizado como dramaturgo. En 1969 envié mi primera obra, “El
metejón”, a un concurso que organizaba el gobierno de Santa Fe.
Obtuve el primer premio y, como consecuencia, el beneficio de ser estrenado con
producción oficial. Ahí conocí a Jorge Petraglia, mi primer director, y a su
asistente, Rubén Fraga, quien en 1971 dirigiría “Los pies en remojo”, la
primera pieza que estrené en Buenos Aires, en el Teatro Payró. A
partir de entonces, mi dedicación por la dramaturgia fue, por años, absoluta.
Tiré mucho más papeles de los que mostré, y estrené mucho menos de lo que me
leyeron. “Dúo de flauta y batería” y “El gallo azul” fueron títulos
de 1977 y 1978. En 1979 se produce el decisivo estreno de “Miembro del
jurado”, pieza que obtiene un gran éxito de crítica y me ubica
definitivamente como autor. Al menos, es lo que puedo deducir ahora, midiendo
los sucesos con la saludable distancia de los años. Tres años después, en 1981, soy invitado como autor
a las reuniones de formación de Teatro Abierto que se realizaban en ARGENTORES
y en ese ámbito creo vínculos de amistad y conocimiento con una cantidad de
autores, actores y directores que sólo conocía por mentas o menciones de los
diarios. “Coronación”
formó parte del ya mítico repertorio del primer Teatro Abierto, y “Nada
más triste que un payaso muerto” del último que se concretó de
acuerdo con los planes que dieron
nacimiento al movimiento. |
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