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Por:   María Infante  /  Adriana Libonati

LA MODESTIA

Esta obra forma parte de la heptología inspirada en La rueda de los pecados capitales del pintor holandés Hieronymus Bosch, de la que hasta ahora hay tres obras escritas: La inapetencia, La extravagancia y La modestia. Es importante ver que esta obra aparece  cuando la forma posmoderna en las representaciones se está posicionando dentro de nuestro sistema teatral,   prueba de ello es su estreno en Teatro San Martín, utilizando una referencia de base del capital cultural mundial. La imposición de un modelo globalizado en lo económico, repercute en lo cultural y es por esto que tienden a  modificarse  las pautas y las tradiciones, para adaptarse al orden establecido, pero asimismo también para ofrecer la resistencia que es basal para la identidad de las naciones. El individuo actual se desplaza continuamente de una posición a otra, pero ese mismo individuo es una consecuencia de las fuerzas socio-político-culturales que lo están constituyendo en todo momento. Por esto vuelve a encontrar ambivalencia respecto a la libertad de la que ahora supuestamente sufre o goza. 

Hija de este tiempo La Modestia se regodea en la ambivalencia, y su lugar estético-ideológico pasaría por la contradicción. O sea, el texto y su puesta no se configuraría, por ejemplo en un personaje embrague, ni tampoco en un modelo más o menos reconocido. La alternancia entre pasado y presente se convierte así en un dispositivo para señalar la rotura del espacio que afecta a la sociedad de este tiempo que goza de un exceso de simbolizaciones y padece una  insuficiencia para interpretarlas. 

Veamos de qué manera la puesta estructura la propuesta: A continuación de una música - báltica o eslava -  se escucha en off un texto en esperanto en la voz del autor y director, anticipando la mixtura y el entrecruzamiento de la obra.Luz y sonido”, “tendencia a la universalidad”,  “palabra autorizada responsable”: Resulta conveniente  tener  índices tan claros antes que una obra empiece,  porque nos van conduciendo  a  la reflexión sobre los máximos contextualizadores: el espacio y el tiempo, antes que los textos y las actuaciones nos atrapen, y sobre todo porque nos hace preever que esas, las  máximas abstracciones,  serán lógicamente transgredidas.

En la puesta se advierten dos tiempos y espacios  diferenciados  claramente a partir de las voces, las actuaciones y los parlamentos, toda vez que la escenografía permanece invariable.

  • a) El pasado, delimitado vagamente entre el  fin de siglo XIX y los años treinta. Esta indeterminación del tiempo histórico guarda relación con la ambigüedad. En cuanto a lo espacial podríamos ubicarlo por referencias co-laterales (uso de patronímicos, beber vodka) en Rusia, aunque no se nombra expresamente ningún lugar.

  • b) La época actual, en donde la única ciudad nombrada es Rosario, lugar en donde  uno de los protagonistas viaja o debe viajar,  pero todo induce a  pensar que se desarrolla en Buenos Aires, específicamente en el barrio Norte,  por referencias a las calles Anchorena y Perón.

La estructura de la obra está dada por alternancias y simultaneidades entre pasados y presente; con fluctuaciones entre lo “casi  cómico” y lo “casi dramático”. De esta manera,  la ambigüedad  imperante  pasa a  convertirse en el principio constructivo de este tipo de teatro. Esta utilización del pasado como referente amplia indiscriminadamente el significante intertextual. Hay intertextos con otras obras de las nuevas puestas,  por ejemplo El Líquido Táctil de Veronese, y en la cual se habla de gran consumo de tabaco transgrediéndolo paródicamente con el tema de los métodos para dejar de fumar, (Teatro XXI No. 6. Pag. 46/49) en La Modestia los cigarros y cigarrillos juegan una variación sobre aquella interpretación, ahora es sobre variados consumos, sirven así para relacionarse, para mostrar desafíos o para instaurar el espacio de delirio. 

En los textos alternados hay claras referencias a la corrupción, pero en “el pasado” son mas encubiertas y, paradójicamente, contractuales: el médico quiere salvar la vida del escritor para que siga escribiendo.  En “el presente” se trata menos de esconderlas, pero por eso mismo resultan más  confusas: es importante apropiarse de la cassette, pero no se sabe si esto es por intereses económicos, políticos, comprometedores, vergonzantes, conyugales, etc. Esto guarda relación con una denuncia tangencial sobre la caída actual de los valores institucionales hegemónicos degradados por la corrupción. Al ponerla más evidente en el pasado y más  difusa en  el presente, se resalta la extensión actual por medio  de la inversión paródica.

Dice al respecto F. Jameson:

“la parodia se verifica cuando está presente tanto en el emisor como en el receptor el modelo que se esta parodiando, que surge de las superaciones a los modelos ‘inimitables’ de los modernos.” (1991, 48)

Así en La Modestia los signos juegan a las escondidas, y esta es la razón por la que varios de los  indicadores de los códigos de lectura son juguetes y juegos. Hay varios y determinados entre los útiles escenográficos: naipes, equilibrista mecánico, cubo mágico, escultura cinética. Hay un momento de máxima tensión cuando uno de los juguetes, se rompe y arrastra  por medio de un “efecto dominó” a una parte de la escenografía, esto a su vez produce un corte de luz. Esta clara metáfora refuerza la intención creadora respecto al momento actual e ilumina todo el juego paradojal. Esos juegos de mesa o de destreza son una variante en la acción, de lo que en el aspecto   verbal significan los diferentes lectos, sean estos profesionales o sociales: recetas de comida coreana, lenguaje técnico naviero, reglas del juego de naipes. Otra variante son las referencias literarias no explícitas: Chejov y El Jardín de los Cerezos, Dostoievsky y su jugador. El placer del espectador emana  de  intervenir en su desciframiento, pero el no detectarlos no empaña el ritmo ni el sentido de la obra. Hay otro tipo de relaciones mucho más evidente y es la de las correspondencias entre “el pasado” y “el presente”:  búsqueda de manuscritos y cassettes, chorizos y arroz con leche coreano, vodka y gin tonic, el tema naviero y el de la  guerra,  de los refugiados e inmigrantes, el tabaco y la  marihuana.

El sistema de personajes connota también la contradicción. Estos se configuran también dentro de lo posmoderno, donde los sujetos  no se verían alienados ni angustiados ni patológicamente aislados, sino fragmentados. Esta fragmentación aparece a nivel actoral y de dirección.  Hay dos pares de matrimonios: en el  “pasado” es el de Anja Terezovna y Terzov, y el de Leandra y Smederovo. En el “presente” la pareja la forman Angeles y Arturo y éste es el amante de María Fernanda. San Javier no tiene pareja, es el que viaja, el alter. Se indica así la labilización de las relaciones humanas, y es interesante observar que el carácter de los personajes  se modifica poco entre uno y otro episodio.    Las mujeres del episodio “del pasado”, están dispuestas a morir, y de hecho una de ellas se suicida (Anja). Las del episodio “del presente” están dispuestas a matar son ellas las únicas que empuñan las armas; (María Fernanda y Angeles en el episodio “de presente”) ya sea en defensa de su propiedad o su punto de vista. Esto guarda relación con el  corrimiento actual del lugar de la mujer en la sociedad.  Resulta muy interesante el rol Terzov/San Javier, en el que todos tememos ver a “ése”, “que acciona para cambiar los acontecimientos” o al menos, “un testigo imparcial”, o un muchacho como “esperanza de futuro” (por ser el personaje que utiliza el recurso excelente de sacar las balas del revólver). Es decir, el sitio del antiguo lugar del autor, el personaje embrague, el sesgo ideológico. Pero esa expectativa es  felizmente frustrada. Este lugar no parece consolidarlo Terzov/San Javier, por el contrario en “el pasado” el personaje del escritor es un déspota, egoísta, que recibe amor sin corresponderlo, que acepta que trabajen por él, caprichoso y enfermo, en “el presente”, es el que viene de afuera (Rosario), el que entra equivocado en otro  departamento, el que en algunos pasajes es un personaje victimado. Y en otros momentos de la obra,  es un erudito,  destacado y demoledor por su elocuencia, en el tema  que se trate (reglas de juego de naipes, conversación telefónica con concejal, etc.)

Para marcar la incomunicación actual - uno de los más importantes tópicos del teatro posmoderno - se utiliza la conversación incoherente producto de haber fumado marihuana, en medio de risas sobre chistes que critican al sistema dominante. Lo paradójico es que este es el único momento en que están juntos los cuatro personajes. La Modestia es una obra  de gran movilidad,  parece tener un fondo de la comedia de enredos, o como la define el propio autor, “una comedia de puertas” (entradas y salidas de personajes constantemente). Esto se relaciona con la inestabilidad de los sintagmas y las recepciones polisémicas propias del posmodernismo. La profundidad psicológica de la inestabilidad y el fraccionamiento sólo puede ser expresada en una estética no realista, sobre todo teniendo en cuenta el desplazamiento que han tenido los términos en los cuales nos hemos criado y en los que ya no volveremos a vivir.

Bibliografía:

Jameson, Fredric, 1991: El Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Barcelona, Paidós.

Jameson,  Fredric, 1995: Utopia de la Posmodernidad, en Confines No. 1 Abril.

Pellettieri, Osvaldo, 1994: Teatro Argentino Contemporáneo (1980-1990). Buenos Aires. Galerna.  


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