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LAS VISCERAS DEL LENGUAJE

Algunas reflexiones a partir de Remanente de invierno,
 
Si una de las posibilidades de abordar un texto es preguntarle desde dónde se escribe, en la textualidad de Rafael Spregelburd esa pregunta parece ineludible y fundante. En este sentido, no arrojan sino pistas equívocas los prólogos -en los que Spregelburd abunda sobre cuestiones tan diversas como la producción de sentido de su propia obra, indicaciones para la puesta en escena, o la apropiación de estructuras matemáticas como procedimiento escritural-, si bien una lectura desde los prólogos configuraría una travesía oblicua pero posible a través de su teatro. Aunque puede ubicarse la textualidad de Spregelburd en relación al "significante imperial" de la tradición dramatúrgica de Occidente en términos de diálogo, personajes y acción, parece escribirse desde un deslizamiento de ese sistema hacia un territorio que tiene que ver con la estructura misma del lenguaje y sus mecanismos de construcción y deconstrucción de la noción de sujeto, del montaje y desmontaje de los procesos de enunciación y la disolución del principio de verdad, de modo que opera simultáneamente en dos niveles: por un lado, aparenta mantener el sistema tradicional y, en un primer nivel de lectura, no parece plantear problemas nuevos desde el punto de vista de la recepción; pero por otro lado, ese sistema conocido y aceptado por el receptor, es desmontado ante sus ojos a través de la "mostración" de los mecanismos del lenguaje, que pueden dar por tierra la ilusión de sujeto-personaje que, cómodamente, se había aceptado (como en La tiniebla), o licuar la noción de verdad que ya se había instituido (como en Entretanto las grandes urbes). En esta ecuación se sostiene la profunda renovación estética que propone el teatro de Spregelburd, que no necesita de complejas caracterizaciones psicológicas, ni de elaboradas escenas en las que esos caracteres entren en conflicto, ni mucho menos de grandes frases para dar cuenta, por ejemplo, como en Remanente de invierno, de la absoluta incomunicación que rige los vínculos familiares: le bastará mostrar a SILVITA usando de manera arbitraria las preposiciones, ante la impotencia de sus padres, para poner en acto esa incomunicación justamente a través de aquello que usamos para comunicarnos. Y todo ello por medio de juegos verbales, pródigos en humor y eficacia teatral, que proporcionan el goce del mismo modo que la puesta en crisis de ciertas "verdades" adquiridas. Este "deslizamiento epistemológico" desde donde parece escribirse el teatro de Spregelburd resulta fundante a la hora de preguntarse sobre los procesos de construcción del receptor ideal que esta textualidad promueve. Spregelburd pone en cuestión la preceptiva dramatúrgica; plantea una renovación estética desde un lugar que le es propio, y único; se interna en las profundidades de aquello que nos constituye -el lenguaje- a través de un juego teatral zumbón, y a un tiempo ingenuo y crudo, que rehúsa de las imágenes ampulosas para poner en una dimensión otra toda una imaginería prosaica en la que se amontonan electrodomésticos, arbolitos de Navidad, muñecas Barbie, menudencias de pollo, pan dulce y Naranja Fanta. Pero, sobre todas las cosas, propicia la construcción de un lector-espectador dispuesto a entrever, en los pliegues de su fluida teatralidad, las vísceras de aquello que hablamos, y a través de lo cual somos hablados.

Patricia Zangaro

 (Dramaturga)  


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