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Al fondo del escenario, una pirámide irregular de
televisores con sus pantallas dirigidas hacia el espectador. Varios electrodomésticos
indefinibles en distintos lugares. Prolijos pedazos de motores. El sofá está
armado con partes de carritos de supermercado. En general, los objetos escénicos
demuestran una utilidad y un confort dudosos. Y qué decir entonces de los
personajes de esta historia. Se supone que SILVITA ha de tener algo así como
siete años, sin embargo -ya que la historia se ubica en el recuerdo de SILVITA-
el personaje no debe ser aniñado. La pieza transcurre en el clima enrarecido
del recuerdo. SILVITA entra y sale libremente de las situaciones del pasado para
"narrar" al espectador. Todos los personajes visten ropas oscuras, de
invierno. Predomina el monocromo: todo es blanco y negro.
PROLOGO
(En la oscuridad se escucha deforme el Jingle del Topo Menéndez. Los actores
aparecen junto con la luz y asumen sus posiciones. Derrumbe de los actores.
Aparición del silencio. Entra Silvita, y pasa sobre los cuerpos derrumbados.)
SILVITA
Hola, un gusto. Mucho ruido inútil, con cosas inútiles. Mi familia, años para
atrás, y yo, ese verano hórrido... ¿Se entiende "mi"? Cuando dije:
mi familia. Es decir: dije otras cosas, pero también dije "mi"...
como en "mi" mano -que está unida a mí (a otro mí) pero que no es
yo, "mi" tórax, "mi" perro... ¿Se entiende "mi"?
(Desazón. Algunos actores desparramados ya han empezado a abandonar el
lugar. Silvita, a uno de ellos:) Perdoná, ¿tenés fuego? Gracias. (Súbitamente,
al público:) Sí, yo tengo un problema. Bueno, pero véanlo. Ya que
vinieron. (Sólo quedaron en el piso Meyer y Zulda) Cualquier cosa allí
tienen unos programas que hice yo como pude, donde están "mi", y
otras... (Los programas son ilegibles). Bueno, un gusto. (Va a salir.
Vuelve) Ah, esto es importante: nos van a ver vestidos de invierno, pero era
verano, y yo lo dije...
I CHAU CIEN VECES CHAU
(Luz sobre el altar: se trata de una pila de veinte televisores, en cuya cima
reina penosamente el muñeco del Topo Menéndez.)
ZULDA
A veces me digo que en toda despedida hay un aire de muerte.
SILVITA
No estés mal, mamá.
ZULDA
Cuando den las tres van a venir a llevárselo, Silvita.
SILVITA
Mejor. No sé para qué lo hicieron traer.
MEYER
Tratamos de ser buenos padres.
SILVITA
Intervino papá.
MEYER
Todos los chicos del mundo saltan de alegría cuando les llega la semana del
Topo Menéndez.
SILVITA
Soy objetiva, nada más.
MEYER
Sos fría, Silvita, sos muy dura. Por lo menos despedíte bien de él.
ZULDA
Si no, después vas a soñar.
MEYER
¿No te gustó pasar una semana entera con el Topo Menéndez? ¿Qué es lo que
estuvo mal? ¿Por qué no te entretuviste?
ZULDA
Vení, vamos a hablarle juntas, ¿querés? (Zulda lee unas oraciones de un
pequeño folletín.) Querido Topo: ahora es cuando tenemos que decirnos chau
cien veces chau. Gracias por haber parado en casa esta semana, y espero que el año
que viene vuelvas a traerme tu fraterni-dad y tu picardía.
SILVITA
¿Otra vez el año que viene?
MEYER
¿Será que habrás crecido, Silvita? ¿Es eso? Vamos a tener que decírselo a
la psicopedagoga.
ZULDA
Se va a sentir muy abrumada. El año pasado también se nos abrumó para
noviembre. (Suena el timbre.) Ya está. Es la hora. (Entra Menina; más
atrás el Electricista y el Plomero, que permanecerán largo rato sin ser
percibidos.)
MENINA
Zulda, ya son las tres. Vengo a buscarlo.
ZULDA
Pasá, Menina. Silvita se estaba despidiendo.
MENINA
¿Dónde está? ¿Vino con el mismo traje del año pasado? ¿El canesucito? ¿Las
lentejuelitas? Mis chicos están enloquecidos. Estos dos ultimos días hubo que
doparlos. (Gira hacia Zulda y ve al topo.) Es una preciosura, una
divinura... ¿Es él?
MEYER
¿Vamos firmando los papeles, Menina?
MENINA
¿Qué?
MEYER
Los papeles.
MENINA
Sí, cuanto antes mejor... Es que lo veo al topo Meléndez y me pongo como
boluda. Los tengo encerrados en el baño y no los quiero hacer esperar mucho
tiempo porque se toman el shampoo. (Por Silvita) ¿Pero qué le pasa a
esta criatura? Silvita, preciosa, no te pongas así... Va a estar en casa, en el
piso de abajo... Podés venir a verlo cuando quieras. Por lo menos durante una
semana. No seas pobrecita.
MEYER
Basta. Llevátelo de una vez. (Le da el topo.)
MENINA
Entiendo que se ponga mal. Mis chicos cada vez que se les va el Topo Meléndez
hacen un cuadro de constipación. La psicopedagoga dice que es todo psicológico.
(A Zulda, en secreto.) Si se pone muy mal denle estas pastillas.
ZULDA
¿Son de las que te van durmiendo de a poquito?
MENINA
¿Eh?
ZULDA
¿De las que te van durmiendo de a poquito?
MENINA
¿Mh?
ZULDA
¿Esas que las tomás y te van durmiendo de...?
MENINA
Se quedan quietitos como maderos. Y hablando de la psicopedagoga, te cuento que
con las otras mamás pensábamos comprarle unas medias de lycra. Vi unas
abrigaditas.
ZULDA
Me parece bien. Todos los años acepta el mismo regalo y no parece rabiar.
SILVITA
Miente sorpresa.
MENINA
Un talle súper-grande. ¿Te parece bien que le mandemos las medias por Silvita?
El día de la Psicopedagoga es mañana.
ZULDA
Suerte que siempre te acordás de todas esas fechas. Yo no doy abasto. Tomá, no
te olvides el librito con los recitativos del Topo.
MENINA
¡Ay, qué cabeza! Acá les dejo a los service. Después de una semana se los
pasan a la familia Francini. Estos señores son encantadores, muchísimo más
que los del año pasado.
ELECTRICISTA
(Besando la mano de Menina.) Encantadora es su sopa, mezcla de arroz y de
abnegación fronteriza.
MENINA
Usted siempre tan ocurrente y talentoso. Este es el electricista.
PLOMERO
(A la familia.) Yo soy el plomero, de profesión. Aunque me hubiera
gustado más trabajar en oficinas impositivas. Mi compañero aquí presente
ejerce como electricista, pero escribe endemoniadamente bien. Ya tendrán
oportunidad de verlo.
MEYER
Encantados. (A Zulda) Encantadores. Saludá Silvita.
SILVITA
¿Cuánto van a estar metidos en mi casa?
ZULDA
No seas maleducada, nena. (Pausa) Perdón, ¿cuánto tiempo... van a
estar... acá?
ELECTRICISTA
Vamos a estar una semana, y después... no vamos a estar más. El tiempo es una
rueda dentada, donde cada diente se desgasta al morder la cinta de los años, y
todo torna a ser nuevamente y en cada vuelta, pero algo se pierde y lo único
que se repiten son mutilaciones y ausencias. (Zulda, Meyer, Silvita y Menina
ríen a carcajadas).
MENINA
¡Cómo dice las cosas simples! Hace que todo parezca digno e importante.
ELECTRICISTA
Un lenguaje puro y respetuoso de las normas es un testigo asalariado de la
diafanidad de nuestra moral.
MEYER
(Todavía riendo, a Silvita.) Aprendéte eso, nena.
ZULDA
A ver si algún día sorprendés a la pobre psicopedagoga y conseguís que te
ponga un poroto de oro. Todos los chicos del edificio tienen por lo menos un
poroto y medio.
MENINA
¡Los míos no! Andresito tenía medio poroto... ¿cambiaste el Flexiplast?...
pero la gorda se lo sacó aquella vez que la mordió en el pubis.
PLOMERO
Sus chicos son juguetones. Me hacen acordar a mi infancia, a una antigua
psicopedagoga que tuve... después se hizo revendedora de lencería... nunca la
volví a ver.
MENINA
Yo me voy. ¡Los voy a extrañar! Mis chiquitos se enganchan tanto con el
Topo... Después te mando la caja de medias de lycra. (Sale.)
PLOMERO
Y no la volví a ver a mi psicopedagoga... A veces pienso que con un poco de
suerte, algún día me toca una semana en su casa.
ZULDA
¡Y por qué no! Un plomero es un hombre de mundo, con inquietudes y contactos.
PLOMERO
¿Lo dice por quedar bien?
ZULDA
Sí.
(Eterna pausa. Incomodidad. Nadie habla. "Bueno". "En
fin." Apagones inútiles en los que nada se modifica. El ELECTRICISTA crece
en nerviosismo, parece ser el único testigo de que el tiempo pasa
inexorablemente. Finalmente, con absoluta normalidad, habla:)
ELECTRICISTA
Nosotros vamos a ponernos a trabajar ya mismo, así a la tardecita, si no les
molesta, nos echamos una siestecita.
ZULDA
Pero claro que no nos molesta. La siesta de los service es sagrada.
PLOMERO
Gracias. Hay muchas familias que no tienen la misma gratitud, la misma vocación
solidaria. Pero no es nuestra la culpa. Vamos a estar hasta el jueves que viene
a las tres. Y juro que revisaremos todo lo que no funcione, y que no habrá
motivo de queja.
ELECTRICISTA
Porque la queja es el envejecimiento prematuro del alma.
ZULDA
(Ríe) Qué bien habla. Es como si imitara a escritores de renombre.
ELECTRICISTA
Tome. Trajimos unas masitas para el té.
ZULDA
No tenían por que molestarse.
PLOMERO
No es ninguna molestia. Es más una vieja costumbre. Recuerdo el patio de tía
Antonia. Cuando yo era chico. Vivía en Banfield, la tía Antonia.
ZULDA
Ah... para el lado del oeste.
MEYER
Para el sur.
ZULDA
No, me parece que te equivocás.
MEYER
La línea del Roca. Yrigoyen, Avellaneda...
ZULDA
¿Por qué no escuchás al señor? ¿Ves que nunca escuchas cuando hablan los
demás? Si se toma el 55, tenés Juan B. Justo, La Lucila, Puente 12,
Ciudadela...
MEYER
Es al sur. Calláte. Al sur.
(PLOMERO y ELECTRICISTA intentan explicar. ELECTRICISTA se cansa. SILVITA es
un tópico: la hija de padres que discuten.)
PLOMERO
Claro, antes cambiaba ahí de sección... Mamá me llevaba muy de vez en cuando
porque decía que el tranvía salía muy caro. Pero siempre que íbamos le llevábamos
masitas. La tía Antonia saltaba de alegría como una perra.
ELECTRICISTA
Nunca me hablaste de tu tía Antonia. En términos de la retórica clásica podría
decir que la ocultaste con permanentes
circunlocuciones.
PLOMERO
La familia no habla mucho de ella ahora. Pero yo igual me acuerdo de ese patio,
yo iba de puntita en blanco, las patas de la tía Antonia que me quedaban
marcadas en la camisa nueva... ¿Y quién es esta nena tan linda y funfurruñona?
SILVITA
Era yo.
MEYER
Silvita, no te lo repito más, saludá a los tipos éstos.
SILVITA
Hola.
MEYER
¿Hola qué más?
SILVITA
Hola cien veces hola. Siempre me dicen que no tengo que hablar adentro de extraños.
ZULDA
Se dice "con extraños", nena. ¿Qué te enseñó la psicopedagoga,
eh?
ELECTRICISTA
¿Tiene problemas con las preposiciones?
ZULDA
Y con otras cosas también. Pero las preposiciones no me las quiere aprender.
SILVITA
No me sirven.
ELECTRICISTA
Bueno, bueno, bueno... Las preposiciones son mi especialidad. ¡Y es un tema
tanto o más placentero que los enchufes, que siempre me produjeron fascinación
y pavor!
PLOMERO
Parece que ya tenemos por donde empezar a trabajar. (Toman entre los dos a
Silvita y se la llevan para el cuarto.) En una semana su hija va a conseguir
ese poroto dorado.
MEYER
Simpáticos señores. Parecen eficientes. Y limpios.
ZULDA
(Sopesando las masitas.) Podrían haber traído una tarta de manzanas en
vez de masitas.
MEYER
No empieces.
ZULDA
Va a haber que tenderles las camas en el sofá y bordarles sus iniciales en dos
toallones nuevos. Voy a buscar sábanas limpias.
II REMANENTE DE INVIERNO
LA LOCUTORA
(Encantadora, le habla a Miranda del Cepo, que está dentro de un carrito de
supermercado.) ¿Por qué te pusiste ese saco de verano? No vamos a terminar
nunca de vender esta ropa, y queda todo el remanente de invierno.
EL LOCUTOR
Sin embargo, este saco es de media estación...
LA LOCUTORA
No, no digas nada. Voy a traerte un sobretodo. Me angustio: esto es una empresa,
una empresa.
EL LOCUTOR
Pero... cuando te levantás a la mañana... ¿no notás que...que hace...un poco
de calor?. Hace calor, Virginia. Calor de verano.
LA LOCUTORA
(Lo ataca, desquiciada, golpeándolo con el sobretodo y empuja el carrito
fuera de la escena. Intenta recomponerse, ve a Zulda. Al público:) La
lavanderita hacendosa, qué rica es.
III CALOR DE HOGAR
ZULDA
¡Va a empezar el programa de Miranda del Cepo! Va a dar las noticias de
electrodomésticos perdidos.
MEYER
No te hagas esperanzas. Ya hace mucho que se fue la heladera. Después te ponés
peor.
ZULDA
¿Ves cómo sos? El único momento del día en el que me ilusiono un poco y vos
me lo tenés que arruinar.
MEYER
No discutamos otra vez por lo mismo. Silvita nos va a escuchar pelear.
SILVITA
No. Yo estoy jugando entre la Barbie. Imagino que se escapa delante de un
taxista, y viajan a Cacheuta, donde nunca más llegará el invierno después del
invierno. Hagan de cuenta que no los oigo.
ZULDA
¡Mirá en las cosas que piensa! ¡Es culpa tuya, que la llevás tan poco al
zoológico a ver al ñandú nuevo! Silvita, mejor jugá a ponerle vestiditos de
invierno a Barbie.
SILVITA
No. Barbie tiene calor. Sabe todo, y tiene calor.
MEYER
Hacéle caso a tu madre. Y no andés tan desabrigada.
PLOMERO
¿Qué pasa?
MEYER
No sé qué vamos a hacer con esta chica.
ELECTRICISTA
Vení nena. Vamos a repasar preposiciones.
SILVITA
¡No quiero! ¡No me interesa esa forma de hablar que tienen ustedes! ¡Vayan a
arreglar los caños!
MEYER
Silvita, no seas animal de pastoreo.
PLOMERO
Dejelá, señor. Cuanto más tratan de ofendernos así, mayor es la devoción
que ponemos en nuestro trabajo. Terminan dándonos las gracias. (Se la llevan
para la pieza).
SILVITA
¡Yo no agradezco! ¡No agradezco!
ZULDA
¿Por qué no la llevás el domingo a ver el ñandú nuevo? Todos los chicos del
edificio ya lo vieron... A lo mejor es eso...
EL LOCUTOR
(Radiante, abrigadísimo.) Nos sentimos unidos a ustedes. Unidos por la
necesidad y la amistad. Unidos por el cordón umbilical de la tecnología más
simpática. Nos queremos. Nosotros estamos porque ustedes están.
ZULDA
Qué gran verdad es ésa. Qué reflexión.
EL LOCUTOR
Hoy tenemos la rara, la extravagante suerte de contar con una invitada especial.
ZULDA
Porque si nosotros no estuviéramos, ellos no podrían hacer los programas.
EL LOCUTOR
Ustedes la han visto, la conocen, y la quieren entrañablemente.
Sufren cuando ella sufre, gimen cuando ella gime, respetan cuando ella decide
respetar. Con infinito agrado y superlativa excitación presentamos a Virginia,
la mantecosa conductora del programa anterior... Ahora, pasá.
(ZULDA y MEYER aplauden. EL LOCUTOR y LA LOCUTORA atraviesan la pantalla y
pasan al living de la familia.)
MEYER
Mirá vos... la invitaron a Virginia.
LA LOCUTORA
Bueno, te agradezco lo de "la mantecosa"... (Al locutor, le dice
con todo desparpajo lo que debe decirle) "No me agradezcas a mí...Ya
es patrimonio..."
EL LOCUTOR
No me agradezcas a mí. Ya es patrimonio de todos tus oyentes.
LA LOCUTORA
Igual. Creo que se ha exagerado un poco en torno a mi frágil persona. (Le
sopla) "¿No te gusta sentirte expues...?"
EL LOCUTOR
¿No te gusta sentirte expuesta, Virginia?
ZULDA
¿Se dará al revés, también?
MEYER
¿Qué cosa?
ZULDA
La relación. Ellos - nosotros.
LA LOCUTORA
Mirá, entre nosotros, ahora que no nos escucha nadie, yo soy terriblemente tímida.
Contaban mis padres que de niña gustaba ir a los supermercados para enterrarme
bajo las latas de conservas.
EL LOCUTOR
Fijáte vos. Revelaciones exclusivas para el programa de Miranda del Cepo, que
continuarán en unos instantes, luego de leer la lista de electrodomésticos que
se han presentado a nuestra producción.
ZULDA
¡Dios, Dios, Virgencita de Yeso, escucha mis ruegos!
OFF: EL LOCUTOR
(Mientras se lee la lista, LA LOCUTORA y él comentan cosas por lo bajo.
ZULDA eleva sus ojos al techo, expectante.) Una licuadora chiquita. Responde
al nombre de Lidia Bermejo, y dice haberse fugado de su casa el pasado lunes. Número
dos: un microondas sensible y marrón, fugado durante una discusión violenta.
Responde al nombre de Tito. Y número tres: (Pausa tensa) un secador de
pelo, tipo peluquería, abandonado en la vía pública luego de un intento de
violación. Parece llamarse Marcos Antonio Luna, y no puede dar muchos más
datos. Eso es todo.
ZULDA
¡Puta, puta! ¿Y mi heladera con freezer, Dios? ¿Por dónde andará la
pobrecita?
OFF: EL LOCUTOR
Virginia, nos encantaría volver a tus sencillas y jugosas declaraciones sobre
tus experiencias de vida, pero desafortunadamente... vos sabés que el tiempo en
TV es...
OFF: EL LOCUTOR Y LA LOCUTORA
..."tirano".
OFF: EL LOCUTOR
...¡Y poco dúctil! ¡Claro que lo sabés! Bueno, nosotros ahora...
LA LOCUTORA
(Seca, mirándolo en secreto reproche, superpuestan al OFF.) ¿No me
preguntás nada de la ropa? (El
off termina).
EL LOCUTOR
(Bajo.) Me olvidé. (Normal.) Qué linda te has vestido, haciendo
uso de tu libre albedrío, qué invernal.
LA LOCUTORA
(Encantadora.) Sí. Es la línea que conviene a este inesperado invierno
que vivimos. Vean estas pieles, estas telas gruesas y apretadas, estos colores
apagados y fuertes... Y para los que no se han animado a comprar un TV color, en
mi historieta gráfica novelada no autorizada van a encontrar dibujos con
algunos modelos que el tiempo de la TV no permite mostrar tranquilos. Fíjense,
en todo caso, en la aventura llamada "Virginia y el Ñandú nuevo" en
ese conjuntito macramé que luzco en la escena en la que tratan de rescatarme de
las fauces lubricadas del ñandú.
MEYER
Tendríamos que comprar esa historieta, ¿no?
ZULDA
Sí. Te digo que no doy abasto con todo esto.
EL LOCUTOR
Bueno, Virginia. No te quiero agotar demasiado... así que quedás comprometida
para volver al programa y seguir desentrañando la realidad de tu mundo, tan
lleno de encanto.
LA LOCUTORA
Uy, no sé si la productora me dejara venir.
EL LOCUTOR
Bueno, eso es algo sobre lo que yo no puedo expedirme.
LA LOCUTORA
Es que como sos el conductor del programa.
EL LOCUTOR
Sí, eso sí, pero.
ZULDA
Ojalá la dejen.
LA LOCUTORA
(A la presunta producción) ¿Puedo? No, como habíamos quedado que yo mañana...
¿Puedo?
MEYER
Siempre la dejan.
LA LOCUTORA
(Le hacen señas de que sí.) Acá dicen que sí, pero yo no sé...
ZULDA
Hacen una pareja tan linda. ¿Por qué no se casarán, digo yo?
Para obtener el resto de la obra, contactar por E-mail
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