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Escritura compartidaP:
Casi en el comienzo de tu carrera escribiste tres guiones conjuntamente con
Oscar Viale (No toquen a la nena, Juan que reía y Plata Dulce), ¿qué
podés contar de esa experiencia tan particular? ¿Cómo se hace para escribir a
cuatro manos?
J.G:
No hay una metodología. Donde uno intentara ceñirse a un método,
fracasaría. Sí hace falta, por lo menos, una condición básica que permite o
no trabajar con alguien: dejar
buena parte del narcisismo colgado del lado de afuera de la puerta. Porque la
posibilidad de un trabajo de esta naturaleza, compartido, está dada en una
apuesta a la confianza en la percepción del otro. En consecuencia, si uno deja
el narcisismo colgado del lado de afuera y si no se carga de pudores y suelta
sus ideas a medida que le vienen, creo que esas son las condiciones para poder
trabajar a dúo. Dejar el narcisismo afuera y animarse a soltar lo que todavía
no tiene una forma definitiva y no esperar que madure en el interior por no
pasar el mal momento de que tu idea sea rechazada. Yo
no creo que siempre se pueda hacer,
aún con estas condiciones. Depende de la naturaleza del proyecto, hay proyectos
que son de un grado de especificidad que tiene que ver con las opciones poéticas
más profundas de cada uno, que son muy difíciles, y hasta no deseables, de
compartir. Pero,
sobre todo en el cine,
las mediaciones hasta llegar a un film son muchas. Un proyecto cinematográfico
no siempre parte de un autor. Por ejemplo, “Plata Dulce” partió de una idea
de producción de Héctor Olivera. Claro que no había nada sino una frase
escrita en un papelito que decía: “Una película sobre la época del dólar
barato”. Pero eso nos puso en movimiento a Viale y a mí. Con
Oscar teníamos
una relación muy fluída, muy divertida. Improvisábamos, actuábamos los
personajes, ya las familias respectivas estaban habituadas a escucharnos. P: En esa escritura conjunta, ¿se
repartían ocupaciones, uno se encargaba de una escena o de un personaje y el
otro, de otro aspecto?
J.G:
Mis experiencias han sido muy diversas de acuerdo con quien trabajara. Nunca
trabajé tan íntimamente en colaboración como con Oscar. Otras veces trabajo
con directores y es muy diferente. Los directores, en general, salvo honrosísimas
excepciones, no escriben. Y este es un tema complicado porque el momento
material de la escritura lo hace el autor y en soledad. Una cosa es discutir una
idea: “-No, porque yo veo que el tipo, tal cosa y tal otra...”. Ahora hay
que ponerlo, y a la hora de ponerlo surgen otros problemas. Primero, la
materialidad de las palabras y con ésto hay que lidiar. Y luego, en el momento
de ponerlo en el papel, que es la primera configuración para una película,
aparecen otras complicaciones, otras derivaciones no vistas en el momento de la
intuición de la situación. Pero con Oscar era un verdadero trabajo compartido,
como tocar el piano a cuatro manos. P: ¿Y tenían una rutina de trabajo, con un horario determinado?J.G:
Por lo menos durante un primer período era una rutina estricta de trabajo,
diaria y de unas cuantas horas hasta que quedaba configurada una primera
totalidad. Después nos dividíamos las escenas o las situaciones. Otras veces
las escribíamos juntos. Era la época de la máquina de escribir, traía muchos
problemas mecánicos, con las tachaduras, pero igual lo podíamos hacer.
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