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Ethel
Lynch
El
diccionario nos cuenta que maestro deriva del latín "magíster"
que significa " muy principal o perfecto " , "el que
enseña un arte o ciencia" , o sea, el que transmite sus
conocimientos, su sabiduría , los tesoros del saber por estudios,
investigación y experiencia personal, por arduos y silenciosos trabajos
, tesoros albergados en la mente, el corazón , el espíritu y el alma
toda, que supo volar hacia los recónditos misterios del infinito, para
rescatar la Divina Esencia, que finalmente da forma y concreta el saber. |

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Pero
existe una condición suprema, necesaria e irreemplazable que no se aprende en
los libros ni tratado especialista alguno, una condición que nace con el ser
como Don Supremo, una condición sin la cual toda ciencia, todo arte no halla la
ideal vía de comunicación hacia el educando, esa condición se llama:
AMOR
Ese
amor del maestro, del "magíster" hace que el alma se expanda y el
cerebro se ilumine para el aprendizaje . No es sólo la palabra, son la carga
afectiva y la mirada que la acompañan en la enseñanza y la corrección
oportuna, sin soberbia . pero sí con la genuina humildad del sabio, "que
es bueno porque es sabio".
Estoy
hablando, señores, del amor y la sabiduría de la Profesora Nacional de Danzas,
SEÑORA
ETHEL LYNCH
orgullo
de la docencia Argentina en la difícil disciplina del ballet clásico ,
hacedora y propulsora de centros de actividades culturales en la danza dentro
del país y en el exterior, digna embajadora de arte, belleza y talento, como
surge de sus antecedentes artísticos, explayados más adelante.
Bailarina
perfecta, de técnica depurada de escuela rusa, Ethel Lynch baila con expresión
teatral de tal vuelo interpretativo, con tan exquisita naturalidad, que hace
olvidar el paso por la técnica, recibiendo el espectador sólo el mensaje del
alma del personaje, directamente a su alma, en concierto armónico perfecto
entre movimiento y música.
Callada,
silenciosa, Ethel Lynch da su arte y su talento . Porque de eso se trata, de
DAR
ARTE Y TALENTO
para
quienes lo necesiten en su evolución personal, y para quienes tengan ojos para
verlo.
NELLY
LUCIANI MANFRÉ
Noviembre
2001
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