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A puertas de la muerte hay un perro sentado que ladra a todo aquel que no haya completado de miseria, su vida y no lo deja entrar Espanta con su hocico y su diente afilado al pobre, y al borracho y al anciano cansado que escapan de su vista y retornan a andar Pero la muerte es dulce: transpuestas ya las puertas, está el aroma suave, cálido de las huertas y la paz es enorme como la paz de un mar. Tú, cancerbero eterno de fauces entreabiertas no puedes espantarnos: todas las cosas muertas, tienen para nosotros un aire familiar
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