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Un menudo jornal de graderías para despapelados aprendices Y cucarachas a vintèn el ciento Uno es amargo entonces y anda solo, Desheredado a plomo Inhabitable. ¿Vale la pena perforarse zonas subalquilarse al oro del detalle correr con cigarrillos y pastillas allá donde ninguno espera a nadie? Esto de alambres en mí territorio si degradante me hace tardar la vida desvivida y tarda mucho menos en matarme Pero el hambre el hambre de la gente o simplemente, el hambre; los ultramodernos tiburones, el olor a sangre, los autos, las melenas, las paredes graves, los batifondos en las almacenes, los horizontes llenos de silencio, la misa de la calle
Montevideo- Uruguay- 1973
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