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a Fernando Lorenzo I A las tres y veinte de la madrugada llega el amigo antiguo. Me alegro. Buenos Aires me puso entre sus días, estridencia y estrépito cuando en el sueño restalló un rebenque cuando los cuervos me arrancaron toda la risa de los ojos cuando la carcajada era un graznido sobre un niño de miedo.
A las cuatro menos cinco pienso en el que ha venido y me alegro aunque me traiga un viento muy caliente de malos tiempos.
Fernando, amigo antiguo, te saludo no se si debo hablar con alguien de aquel juego amargo pero quisiera hacerlo:
II Una piedra con otra la montaña de arena el sol entre las piernas la pollera rotundamente azul. Cagliostro y Nostradamus no soñaron Courreges para ella. El pañuelo era rojo como los ribetes de su jumper blanco la línea de los senos y las piernas tostadas descalzas y delgadas rojas y blancas, eran las esferas de su enorme pulsera musical.
¿Dónde quedó la dueña del principio sino en una heredad desconcertada y palabras que no repetiremos?
Tuvimos un verano o dos, una andanada de parques exquisitos una mansalva de plumas cucharita y tinta china una palabra
Y no tuvimos un avión parlante que nos dijera: no la dejes nunca ella es tu profesión hay una casa antes del primer beso hay que robársela.
Geniol - péguese un tiro-compre ahora- Nada mas que Geniol para salvarla.
Y ella, Fernando ... no tenía derecho a esperar a callar, a ignorar...quien le pagaba el silencio de trapo la manija sumisa, los carmines, la esperanza oscura de que un hombre azul le corriera la muerte como un telón de orín del dormitorio.
Un ejercito de espectros ha querido llamarse con su nombre. Nosotros seguimos siendo un poco ella olvidados o no vamos viviendo
pero y aquella del primer olvido aquella de los hijos en tinieblas...?
No se Fernando si pensar en todos sí pelear para todos es la única forma era la única forma de quererla.- Mendoza, Julio del 68
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