|
|
|
|
DESPEDIDA 1 Ciudad sitiada. Durante el tiempo que dura la escena se oye el ruido de sirenas, disparos y explosiones. Se puede suponer que la ciudad entera está en llamas. Sin embargo, Julia y Claudio hallan un lugar y un tiempo en el cual reunirse. Julia y Claudio se encuentran en una zona semiiluminada de una iglesia abandonada. JULIA: Nos queda poco tiempo. Otra vez. CLAUDIO: Sí, otra vez. Siempre una vez más. ¿Hasta cuándo? JULIA: Nunca se sabe. Por ahí, mañana todo cambia. (Pausa.) Estás triste. CLAUDIO: No.(Pausa.) Sí. Sí. Estoy muy triste. Tengo frío. JULIA: Mi amor. CLAUDIO: ¿Vas a volver? JULIA: Sí, claro. CLAUDIO: Voy a perderte. (Pausa.) Tomaron los barrios del sur. Ayer. JULIA: Sí. Ayer dos soldados tocaron a mi puerta. Eran dos soldados, jóvenes, parecían desesperados. Les di agua. CLAUDIO: ¿Agua? ¿Por qué les diste? JULIA: Tuve miedo. Me pidieron el agua amablemente. Pero después los vi en la plaza. Formaban parte de un pelotón de fusilamiento. ¿Es raro, no? En mi plaza. CLAUDIO: Esa ya no es tu plaza. JULIA: ¿No nos vamos a ver más? CLAUDIO: Ya no. Tenemos que separarnos. JULIA: La amás a ella. CLAUDIO: Es buena conmigo. Se preocupa de mantenerme la cama tibia. Y me defiende de los dolores. JULIA: ¿Lo consigue? CLAUDIO: A veces. JULIA: Siempre la quisiste. CLAUDIO: Me necesita. JULIA: Yo también. Yo también te necesito. CLAUDIO: No es cierto. JULIA: ¿Por qué estaría acá si no fuera cierto? Crucé veinte quilómetros bajo fuego para verte. Quizá muera al volver. Y todo para verte. CLAUDIO: Yo también crucé toda la ciudad para verte. También puedo morir al volver. Y todo para verte. JULIA: ¿Y entonces? Te necesito. CLAUDIO: Te quiero. JULIA: Te amo. (Pausa.) Me acosté con él. CLAUDIO: ¿Con él? ¿Por qué? JULIA: Me lo pidió. CLAUDIO: ¿Por qué? JULIA: Para no tener que verte más. CLAUDIO: Pero ahora estás aquí, conmigo. JULIA: Es la última vez. A partir de ahora mi cara se te va empezar a borrar. CLAUDIO: Deberías morirte. JULIA: Voy a morirme, dentro de tu cuerpo. Pero voy a caminar, libre. CLAUDIO: Nunca vas a estar libre. Sabés que siempre te voy a esperar. JULIA: Yo también a vos. CLAUDIO: ¿Entonces? JULIA: Entonces nada. Nos vamos, ahora mismo. CLAUDIO: Llevate esto. Me parece que lo podés necesitar. JULIA: ¿Qué es esto? CLAUDIO: Pan. JULIA: No me hace falta pan. Para eso lo tengo a él, que sabe conseguir lo que necesito. Claudio ríe. CLAUDIO: Debe llenarte la cama de panes. Julia ríe. CLAUDIO: ¿Y después, qué más? Julia ríe. JULIA: En la cama, panes, pero nada más. Ambos ríen a carcajadas. CLAUDIO: No te vayas. JULIA: No me voy. Todavía. Pero nos queda poco tiempo. CLAUDIO: Y si uno de los dos muere. JULIA: Si uno de los dos muere el otro no se va a enterar. CLAUDIO: Si no muero voy a venir todos los días acá para encontrarte. JULIA: No voy a venir. Vas a pensar que estoy muerta. CLAUDIO: Voy a seguir viniendo hasta que un día vas a estar. JULIA: Y si muero. CLAUDIO: No lo voy a saber. Pero igual voy a venir. JULIA: Tengo miedo de que me pase algo, porque entonces no te vería más. CLAUDIO: Soñé con una noche sin bombas. Yo caminaba y no había luna. Pero alguien me tomaba de la mano y eras vos, que estabas toda iluminada. No soltaba tu mano en todo el tiempo. De pronto llegábamos acá, a esta iglesia donde estamos ahora y vos insistías en desnudarte, aunque yo tenía miedo. En el suelo vos te deslizabas sobre mí y me hacías el amor. Tenías una sonrisa... Esa, esa misma sonrisa que tenés en este momento. JULIA: Hagamos el amor, ahora. CLAUDIO: ¿Ahora? JULIA: Quizás sea la última vez. DESPEDIDA 2 Ciudad sitiada. Las mismas sirenas, disparos y explosiones que en la escena anterior. Julia y Claudio se encuentran en una zona semiiluminada de una iglesia abandonada. JULIA: Otra vez. Nos queda poco tiempo. CLAUDIO: Sí, otra vez. Siempre una vez más. JULIA: ¿Hasta cuándo? CLAUDIO: Nunca se sabe. Por ahí, mañana todo cambia. JULIA: ¿Oís? Alguien llora. CLAUDIO: En este lugar no se oye nada. JULIA: Pero yo oigo a alguien que llora. Es un chico. Tengo miedo que sea un mal presagio. Voy a volver. CLAUDIO: Esperá, tengo algo. Lo hice para Iván. Tomá. JULIA: ¿Por qué? CLAUDIO: Supongo que a él le gustan los juguetes. JULIA: No le interesan los juguetes. Nadie te pidió que le hicieras nada. CLAUDIO: No se lo lleves entonces. JULIA: Sí se lo voy a llevar. Lo hiciste para él. (Pausa.) CLAUDIO: ¿Es rubio, como él? JULIA: No, tiene el pelo negro, ojos grandes marrones.(Pausa.) Siempre con los cachetes y las manitos calentitas. CLAUDIO: Me gustaría verlo. JULIA: ¿Para qué? No es tu hijo. CLAUDIO: Lo sé. JULIA: ¿Por qué lo sabés? CLAUDIO: Lo sé. Se ve en tus ojos que no es mi hijo. JULIA: Está bien. (Pausa.) ¿Qué otra cosa se ve en mis ojos? CLAUDIO: A ver. Un poco de serenidad y un poco de tristeza. Y algo así como un deseo apagado. JULIA: Ves bien. Siempre pudiste verme a través de mis ojos. CLAUDIO: Sí. Puedo verte a través de tus ojos pero eso no me sirve para tenerte. JULIA: Es cierto. Pero tampoco yo puedo tenerte. (Pausa.) CLAUDIO: Vamos a despedirnos. Ahora. Ya. JULIA: ¿Por qué? CLAUDIO: Para no tener que vernos más. JULIA: No. No quiero dejar de verte. CLAUDIO: ¿Por qué? JULIA: Porque quiero un hijo. Un hijo que no sea de él. CLAUDIO: No vas a tener entre tus brazos a un hijo mío. No lo vas a ver sonreír. Nunca. JULIA: Sí le diste un hijo a ella. CLAUDIO: Entonces estamos a mano. Pero ella ya no está. Y él te espera en tu casa, con su hijo, con tu hijo. JULIA: Él sabe que estoy acá, con vos. CLAUDIO: ¿Cómo lo sabe? JULIA: Sabe que cruzo esta ciudad condenada para verte. Sabe que no puede hacer nada para evitar que yo salga. Es el único momento en que me ve feliz: cuando voy a salir para encontrarte. CLAUDIO: ¿Verme te pone feliz? JULIA: Sí. ¿Y a vos? CLAUDIO: Tenés que irte. JULIA: ¿No te pone feliz encontrarte conmigo? CLAUDIO: Tu hijo te está esperando. JULIA: Mi hijo va a estar bien. Contestame. CLAUDIO: Detesto verte. Odio tus miradas, tus sonrisas, el contacto de tu vientre, el sonido de tu voz cuando hacemos el amor. JULIA: ¿Por qué? CLAUDIO: Porque después me acompañan durante días, durante semanas. Se quedan en mí, pero vos no estás. (Pausa.) Tenés que irte. JULIA: No voy a irme sin llevarme algo tuyo dentro de mí. Quiero que hagamos el amor. CLAUDIO: No. Quiero que te vayas. JULIA: Por favor, hagamos el amor ahora. Quizás sea la última vez. DESPEDIDA 3 Ciudad liberada. Ya no se oyen sirenas ni disparos ni explosiones. Julia y Claudio ya no se encuentran en una iglesia abandonada sino en una plaza. JULIA: Por fin. Se cumple un sueño. El sol. Hay un viento brillante, parece que festeja con nosotros. Siento como que todo mi cuerpo canta, ríe. CLAUDIO: Comienza un tiempo nuevo. JULIA: Ahora todo va a ser diferente. Todo ya es diferente. Ahora sí. Tenemos todo el tiempo. Un tiempo sin penumbra. CLAUDIO: Te amo. JULIA: Ya lo sé. Mi amor. CLAUDIO: Te amé. JULIA: Me amaste, me amás. Siempre vas a amarme. CLAUDIO: Sí, siempre te voy a amar. Pero tal vez ahora sea demasiado tarde. JULIA: No. Ya nunca va a ser tarde. Ya no vas a perderme. Crucé una vez más la ciudad para verte. Crucé tranquila, sin miedo, sabiendo que te iba a encontrar, sabiendo que me esperabas. CLAUDIO: Yo tampoco tuve miedo esta vez. (Pausa.) Pero vine a despedirme. JULIA: Ya no nos vamos a despedir más. Ya no vamos a necesitar separarnos. CLAUDIO: No es cierto. Voy a empezar todo de nuevo, sin vos. Libre. Tenés que volver. JULIA: No voy a volver. CLAUDIO: Voy a vivir sin tu imagen. Tenés que volver, con él. JULIA: No tengo que volver. Él ya no me espera. CLAUDIO: Él siempre te espera. JULIA: Anoche me pidió que hiciéramos el amor. Me dijo que sabía que era la última vez. CLAUDIO: No quiero que me cuentes. JULIA: Hicimos el amor. Hoy a la madrugada, mientras me iba, él trataba de ocultarse para que no vea sus lágrimas. Me fui sin despedirme. CLAUDIO: ¿Iván? JULIA: Va a estar bien. (Pausa.) Ahora todo lo que viene es para nosotros. CLAUDIO: No. Yo también voy a perderte. Una vez más, la última. JULIA: No es verdad. CLAUDIO: Sí comienza un tiempo nuevo. Sin la sombra de tu olor, sin el fantasma de tu mirada. JULIA: Comienza un tiempo nuevo: los dos viviendo entre las mismas paredes, sin preguntarnos cuándo nos vamos a ver de nuevo. Compartir una cama caliente pero con vos. CLAUDIO: Demasiado tarde. JULIA: ¿Por qué? CLAUDIO: Ya no tengo casa donde podamos vivir. Los soldados la demolieron, antes de irse. Saquearon mis ropas, destruyeron mis muebles. (Pausa.) JULIA: ¿Y entonces? CLAUDIO: ¿Y entonces? JULIA: No voy a dejar que te vayas. CLAUDIO: Voy a irme de cualquier manera. JULIA: Podemos juntar ladrillo por ladrillo, para rehacer la casa. Una casa que sea nuestra. CLAUDIO: Ya no quiero rehacer nada que me retenga en este sitio. Voy a buscar otro destino en otra ciudad. JULIA: Vas a dejar que te acompañe. CLAUDIO: No. Un día vas a despertarte y vas a querer buscar a tu hijo. Y yo no te voy a retener. Tampoco voy a decirte que vuelvas con él, porque no es mi hijo. Prefiero perderte ahora, que puedo tolerar tu ausencia. (Pausa.) Tenés que volver. JULIA: No. No vas a poder olvidar tu ciudad, tu casa destruida, mi cara de felicidad cuando te veo. Vas a volver. (Pausa.) Tenía miedo. Tenía miedo de un sueño que tuve hace poco: en mi plaza la gente estaba contenta, como ahora. Corría y gritaba eufórica de un lado a otro. Y yo también estaba en la plaza. Y sabía que también vos estabas y entonces te buscaba. Después de un tiempo veía tu silueta, vos alejado de todo el tumulto. Y tu imagen se iba desvaneciendo. Como ahora. Todavía no te fuiste y ya empezás a desvanecerte. CLAUDIO: Me voy, ya mismo. No me sigas. JULIA: Hagamos el amor. Ahora. CLAUDIO: No. JULIA: Conozco un lugar. Nadie nos va a molestar. CLAUDIO: Te lo suplico, no me retengas. JULIA: Ahora vamos a hacer el amor. Quizás sea la última vez. Junio 1999 |
|
E-mail: Hlevydaniel@argentores.org.ar Espacio cedido por ARGENTORES |