Impostor
Principal ] Arriba ] El archivista ] Instrucciones ] Insensatos ] Serena danza ] Despedidas ] [ Impostor ] La postergación ] Memorias de Praga ] Poker ] La trama de la mosca y la araña ]

 


La noche del impostor

El escenario configura el dispositivo de un tribunal. El juez, absolutamente miope pero de actitud firme, está ubicado en el centro de la escena. Bogle y Orton están a un costado, de espaldas al público. Orton está de pie y Bogle permanece sentado. La narradora se encuentra en el lateral opuesto, observa.

JUEZ: Se inicia el juicio por usurpación de estado civil contra el señor acá presente... ¿dónde está? Sí, acá está... No. Acá, acá está.,. Sí. El señor cuyo presunto nombre es Roger Charles Tichborne, a quien se acusa precisamente de robar la identidad de sir Roger Charles Tichborne para disfrutar de su posición social y sus bienes.

La narradora ocupa el centro del escenario. Se dirige al público. Orton se sienta.

NARRADORA: El 7 de junio de 1834 un alarido de euforia se propagó a través de las calles de Wapping, uno de los barrios bajos de Londres. Un carnicero inglés irrumpía en una taberna, contaba a quien quisiera escucharlo que su mujer lo había hecho padre de un niño, bebía dos o tres copas sin respirar y continuaba su recorrido: gritaba y cantaba hasta la taberna más próxima. Se cree que las recorrió todas. Cuando volvió a su casa, embebido en alcohol, tomó a su hijo en brazos, bailó con él, rió, lloró... (Pausa). En cambio, su mujer no habló una sola palabra durante semanas. Amamantaba al niño, ordenaba la casa, obedecía a su marido sin emitir sonido. Ella lo había parido luego de tres días de dolor incesante. Seguramente por eso nunca pudo dejar de sentir a su hijo como una especie de secreta desgracia personal.

El juez da dos martillazos sobre la mesa.

JUEZ: El acusado póngase de pie. Haga el favor de acercarse hasta esta tarima. No, mejor quédese dónde está. Usted va a tener que prestar testimonio, es decir, va a tener que contestar preguntas que le va a hacer el fiscal primero y después su abogado... Por favor...

Orton se dirige hacia donde el juez le indica. Antes de llegar, Orton se pierde.

ORTON: (Tiritando, se mueve desesperado, busca con la mirada). ¡Bob! ¡Bob! ¡Johnny! ¡Sid! ¡Sid! ¡Vamos! ¡Vamos! Ya tenemos que volver. Ya es casi de noche, el sol se fue. ¡Vamos, no me hagan más bromas! (Pausa). No me van a dejar solo aquí. Aquí, aquí... ni siquiera sé dónde estoy. ¡Sid! ¿Sid? ¿Están ahí? Estas casas... Estas casas son muy lindas... Debo estar bien lejos de casa. Papá me va a pegar. ¿Por qué se burlan de mí? Caminábamos todos juntos. Ya habrán cenado, es la hora de dormir, pero mamá no duerme, debe estar en la puerta, esperándome.

La madre se planta en una parte visible del escenario.

Ella no me quiere, ella me odia, ojalá se muera. Tengo hambre, estoy muerto de hambre. (Se revisa.) Nada, ni una miga. Estoy perdido en este lugar, no sé cómo volver a casa. (Pausa.) ¿Dónde se habrán metido? Yo me adelanté un poco... Ellos son malos amigos. ¡Los odio! ¡Los odio! Cuando llegue a casa, papá me va a azotar. Mamá lo obliga, le pide que me pegue.

MADRE: Siempre en la calle. ¿Cuánto tiempo vamos a seguir así?

ORTON: No me gusta estar en casa.

MADRE: Un criminal. Va a terminar siendo un criminal! ¿Qué se puede esperar de un tipo como éste, que está todo el tiempo en la calle?

Pausa.

ORTON: Por aquí está muy oscuro. Quiero volver a casa. Pero no quiero que me peguen.

Bobby es un mal amigo, el viernes le regalé el pedazo de torta que le robé a mamá. Bobby y los demás se rieron de mí cuando mamá corrió para pegarme. Todos los días me pegan. Papá me pega porque mamá lo obliga, porque si no... Esta calle es muy fea, no veo casi nada. ¿Cuánto faltará para llegar a casa? Tribunal. Tribunal. ¿Qué querrá decir tribunal?

MADRE: En un tribunal va a terminar, en el banquillo!

ORTON: Ayer mientras mi papá me daba los azotes mi mamá gritaba que yo iba a terminar en un tribunal, en el banquillo, decía, ¿qué banquillo? (Pausa).

MADRE: Él pensaba que nadie lo veía, debajo de la escalera. Pero no se daba cuenta de que yo estaba ahí, a medio metro. Y él se tocaba, se tocaba sin parar. Lo tenés que castigar!

ORTON: Todos los chicos se tocan, todos, estoy seguro. ¡Todos se tocan! Sid me lo contó en secreto. Y también me dijo que Bobby y Johnny se tocaban. Y también Bill. Yo creo que papá es bueno, a él no le gusta pegarme. Si mamá no lo obliga, él no me pega. Bueno... Un tirón de pelo, un golpe en la cabeza...

MADRE: ¡Un degenerado! Es un degenerado que lo único que sabe hacer es mirarse y tocarse todo el tiempo.

ORTON: Esta calle... ¡Esta es la calle! Por esta calle vinimos... Y ahí hay una taberna. Sí, por ahí también pasamos. Hay que caminar por aquí, doblar en esta callejuela y después caminar por la calle principal... ¿Qué será un degenerado? Sí, creo que es así, así llego al barrio. Sid dice que es el más pobre de Londres, nuestro barrio. Sid es bueno. (Pausa). Pero Sid también me dejó solo. Dieciséis azotes, los conté. Este es el camino que lleva a mi casa. Esta esquina la conozco. Estoy lejos todavía, pero ya no estoy perdido.

Orton vuelve a su lugar junto a Bogle. El fiscal, un hombre delgado y de aspecto elástico que no para de rascarse el cuello, se acerca a él, lo observa detenidamente. Orton se intimida.

FISCAL: Tenemos elementos para dudar de la solidez mental de este hombre que hasta ahora todos han tomado por Roger Charles Tichborne. El testimonio que acaba de dar es absolutamente incomprensible. Sin embargo, los que lo conocieron dan fe de que el verdadero Tichborne fue una persona de una inteligencia singular. Luego del cuarto intermedio anunciado por el juez se convocará al estrado a los testigos de la acusación.

Orton y Bogle se incorporan, se dirigen a uno de los costados de la escena.

ORTON: ¿Qué me va a pasar, Bogle?

BOGLE: Nada.

ORTON: Me estás mintiendo. Te conozco, negro. ¿Voy a ir a la cárcel?

BOGLE: No.

ORTON: Tenés que ayudarme, tengo miedo.

BOGLE: Mientras yo viva, nada va a sucederle. Se lo prometo.

ORTON: No te creo. Ya nadie me saluda. (Pausa.) Bueno, Bancroft sí.

BOGLE: Bentley. Lord Bentley.

ORTON: Me saluda y se ríe a carcajadas. No lo entiendo.

BOGLE: ¿Se ríe? Él lo va a querer aniquilar. Y no sólo a usted, también a mí.

ORTON: Lady Woolf me dio una bofetada ayer, cuando me acerqué para invitarla a tomar el té a casa.

BOGLE: Ya va a venir. Un día va a tener que disculparse. Usted deberá tener un poco de paciencia.

ORTON: Vámonos negro. Vámonos ahora. Escapémonos. Vámonos a Australia. O a Chile. Yo conozco bien Chile. Nadie nos va a buscar en Chile. Conozco gente que nos va a recibir bien. Vámonos, vámonos ya.

BOGLE: Imposible. Los parientes de Lady Tichborne han apostado un policía en cada una de las salidas de la mansión. No llegaríamos a subirnos al carruaje que nos arrestarían. Además, ¿para qué escapar? Sólo tiene que pasar este juicio. Después cada centímetro de esta casa será suyo. De esta casa y de otras muchas.

ORTON: Estás loco, negro. Mirá en lo que pensás. No quiero nada, no necesito nada.

BOGLE: Quiera o no quiera no puede hacer otra cosa. Tiene que arriesgarse.

ORTON: Vamos a ir a la cárcel.

BOGLE: Los parientes de la difunta no creen que usted sea Roger Charles Tichborne. Es fácil demostrar ante un jurado que lo que verdaderamente buscan es apropiarse de todos los bienes de Lady Tichborne. Además, tenemos el testimonio de todos nuestros acreedores. Si no ganamos el juicio, nunca van a cobrar. Por lo tanto van a jurar hasta el cansancio que usted es Tichborne. Hasta aquí estamos parejos. Ahora necesitamos una fuerza que desempate.

La narradora ocupa el centro de la escena e inicia su relato.

NARRADORA: Es una tarde luminosa y Arthur, que ya tiene dieciséis años, se encuentra deambulando por el puerto. Un imponente barco pesquero con muchas banderas de colores lo saca de su distracción. De inmediato Arthur se siente y se ve como un marino. Sube al barco por la escalerilla de madera y con gran emoción se inscribe en la lista de los tripulantes.

Orton se sienta a la mesa. A duras penas logra reprimir las carcajadas. La madre de Orton se acerca a la mesa casi al mismo tiempo.

MADRE: ¿Qué es lo que te pasa hoy, que estás tan contento?

Orton se pone súbitamente serio. Pero unos segundos después estalla en una risa incontenible.

NARRADORA: Una semana después, ya avanzada la noche, se levanta de la cama, se viste con sigilo en la oscuridad, revisa el rincón secreto del armario donde sabe que su madre esconde el dinero, se lleva las pocas libras que hay allí y se dispone a salir.

Orton tropieza y hace caer una silla mientras se escapa.

MADRE: ¡¡¡¡Arthur!!!! ¡¡¡Qué pasa!!!

Orton vuelve a tropezar y cae. Orton se incorpora de un salto y echa a correr.

NARRADORA: Corre desesperadamente, atraviesa calles ocultas y otras iluminadas hasta que llega al puerto. Ya en el barco sigue escuchando a su madre que lo llama, lo llama aún cuando el barco atraca en el puerto de Valparaíso, en Chile. Recorre las calles de la ciudad y cuando toma conciencia de que está en un país extraño, donde la gente habla una lengua desconocida y usa ropas extravagantes, advierte que todo eso le gusta y decide que ya no quiere volver al barco que continúa esperándolo. Sale de la ciudad, se pierde, camina durante horas hasta que llega a la pequeña localidad de Melipilla. Durante años trabaja como pescador en los barcos para llevar su parte de pan a la familia de apellido Castro. Nadie sabe cómo fue que después apareció en la ciudad australiana de Sydney, ni cómo se despidió de esta familia hospitalaria de Sudamérica. Lo cierto es que en Australia ya no usa el nombre de Arthur Orton sino que ahora ha recibido el bautismo católico con el nombre de Tom Castro, en agradecimiento, suponemos, a la familia chilena que lo protegió. Y es precisamente en Sydney donde Arthur conoce al negro Ebenezer Bogle.

Ebenezer Bogle, negro, vestido con un frac algo raído pero que sin embargo, como él, sigue conservando su dignidad, se dispone sin demasiada convicción a cruzar una calle situada en el escenario. Bogle está inmóvil y cada uno de sus movimientos denotan un temor reverencial. El espectador observa la silueta de perfil de Bogle. Se oye un relinchar de caballos y el sonido que produce un carruaje del siglo XIX a gran velocidad. Bogle intenta avanzar, sin éxito.

BOGLE: Alabado seas, creador del universo, luz de mis días. Puebla mi cielo de estrellas, ayúdame a vencer este temor, libra mi camino de amenazas, no permitas que nada malo me suceda, protege mi cuerpo y mi alma. Permíteme vivir para que siga sirviéndote; posterga una vez más el destino. Amén.

Por el lateral izquierdo se aproxima Orton. Éste y Bogle quedan enfrentados con una presunta calle de por medio. Se miran fijamente, sin pestañear. Orton muestra una sonrisa amplia y bonachona. Bogle sigue con su mirada fija enfrente. Orton cruza la calle y se encara con Bogle. Éste lo mira expectante.

ORTON: Te conozco, negro. Te he visto en sueños. (Bogle no atina a responder). Sí, sí que te vi, con ese traje, con ese sombrero y esa cara de desgraciado. Sí, siempre te vi en lugares donde había mucha gente, en las ferias, en barcos... Sí, me veo junto a vos en un barco. Sí, ese sueño se repitió muchas veces: nosotros dos en un barco. El capitán y los marineros ya no están. Estamos solamente vos y yo. Vos me ordenás y yo obedezco. Te sirvo...

BOGLE: Un hombre blanco que sirve a un pobre negro. Sí, tiene que haberme conocido en sueños.

ORTON: Callate, negro, que estoy recordando... Yo te servía, yo tenía miedo de ese viaje sin marineros. Tenía miedo pero el mar estaba calmo... Entonces por qué tenía miedo. Yo en el sueño estaba arrodillado y vos estabas de pie, no tenías miedo. Manejabas el timón y me tranquilizabas. Al despertarme nunca podía recordar tu cara. Pero ahora te reconozco, negro, sos vos.

BOGLE (Con una carcajada seca): El dios me ha oído. Usted es su respuesta.

ORTON: ¿Qué decís, negro?

BOGLE: Mi nombre es Bogle. Ebenezer Bogle. (Pausa.) Soy yo quien tiene miedo, no usted. No puedo cruzar la calle solo.

ORTON: No tenés que tener miedo, negro. Cruzá conmigo.(Le tiende el brazo.)

Bogle toma el brazo de Orton y comienza a cruzar con dificultad. El fiscal ocupa ahora el primer plano de la escena. Comienza a hacerse audible una voz: es la de un testigo convocado por el propio fiscal.

LA VOZ: Yo debí haber viajado en el "Bella", pero esa misma mañana tuve que ser internado por una lesión en el tobillo. Roger y yo éramos amigos y habíamos sido también compañeros en la escuela. Roger tenía una sonrisa, una elegancia... No puedo creer que estemos discutiendo si ése energúmeno es Roger o no. No hay cómo compararlo con esa bolsa de papas. No hay manera de confundirlo. A Roger Tichborne podría reconocerlo aunque pasaran mil años.

FISCAL: Le agradezco mucho Sir Herbert Gray. Es todo lo que quería saber.

Se oye un profundo lamento. Es el lamento de Lady Tichborne.

NARRADORA: En el año 1854, mientras Orton disfrutaba de una nueva familia en Chile, una explosión en la sala de máquinas del vapor "Bella" provocó su hundimiento. El barco había zarpado de Río de Janeiro con destino a Jamaica. Nadie sobrevivió al naufragio. La muerte de uno de sus tripulantes, el joven militar inglés Roger Charles Tichborne iba a tener gran trascendencia en el destino de Orton.

Lady Tichborne está sentada en una banqueta que cubre absolutamente con su enorme vestido. Enfrenta al público mientras acaricia un disfraz de marino.

LADY TICHBORNE: Todos los relojes de Londres se han detenido. Paredes. Donde asomo la cabeza hay paredes y ellas conspiran contra mí: forman un laberinto y en el centro quedo yo. Pero no me resigno. Aunque la cara de él se me va desvaneciendo, la cara de él como era antes de partir. Sólo veo el mar, como él lo veía, como él me lo contaba. Y su sonrisa, también retengo su sonrisa. (Pausa.) Pero ya no sé... Nada más veo dentro de mí a una madre muerta. (Pausa.) Y cada día trato de resucitarla... pero al final la noche me encuentra sola, invocando la llegada de él. Y entonces otra vez las paredes se agigantan, se me abalanzan, me encierran y hasta su sonrisa se me desvanece. Trato de dormir para recuperar su imagen en sueños; pero me despierto vacía y todo vuelve a empezar. A veces puedo recordarlo de niño (cuando ya soñaba con ser marino) con sus manitos calientes entre las mías. (Pausa). Esas manos no se las tragó el mar. Yo sé que van a volver para acariciarme. Él me va a abrazar y con sus manitos me va a secar las lágrimas.

Lady Tichborne gira en su lugar, dando la espalda al público. Escribe con letra enorme el siguiente aviso:

"LADY HENRIETTE TICHBORNE OFRECE IMPORTANTE RECOMPENSA A QUIEN PUEDA DAR DATOS SOBRE EL TENIENTE ROGER CHARLES TICHBORNE, QUIEN DESAPARECIÓ LUEGO DEL NAUFRAGIO DEL BUQUE ‘BELLA’ A BORDO DEL CUAL NAVEGABA."

Bogle se planta enfrente del aviso y lee atentamente. Da la espalda al aviso, queda unos momentos pensativo. Luego exhala una carcajada y cae de rodillas al suelo.

BOGLE: Alabado seas, creador del universo, luz de mis días. Permíteme agradecer que te hayas dignado a iluminarme una vez más con una de tus ideas deslumbrantes. Dame el coraje para llevarla a cabo. No dejes que mis fuerzas flaqueen. Sostén a este servidor todo el tiempo necesario para lograr su plan. Amén.

NARRADORA: A Bogle se le acababa de ocurrir un modo de salir de la miseria en la que estaba sumergido junto con su compañero Arthur Orton.

Orton está acurrucado en el suelo. No deja de tiritar un segundo. Tiene un aspecto muy desgreñado que evoca su desesperación. Fuma un mínimo trozo de cigarro. Mueve las mandíbulas de un modo extraño. Bogle trae una bolsa de carbón. Cuando va a ingresar en la zona en la que se halla Orton se detiene y reflexiona unos instantes. Esconde la bolsa cuidadosamente. Luego entra, mira a Orton y finge no advertir el estado en el que se encuentra. Apenas lo ve, Orton da un grito.

ORTON: ¡Negro! ¡Negro! Por fin viniste. ¿Cuánto tiempo más ibas a tardar?

BOGLE: Recorrí toda la ciudad.

ORTON: ¿Y dónde está la bolsa?

BOGLE: No hay ninguna bolsa.

ORTON: ¿Cómo no hay ninguna bolsa? ¿Estuviste tanto tiempo afuera para volver sin nada?

BOGLE: No tenemos dinero suficiente para una bolsa. Ni para media bolsa. Ni para unos trozos sueltos.

ORTON: Tengo frío, negro. ¿No te das cuenta?

BOGLE: Es imposible no darse cuenta. Pero no tenemos con qué comprar carbón.

ORTON: Comprar, comprar. ¿A quién le importa comprar? ¿Desde cuando estás tan preocupado por comprar algo? Saliste para conseguir carbón y volviste con las manos vacías. ¿No pensaste en mí?

BOGLE: Pienso en usted todo el tiempo.

ORTON: Entonces... ¿Por qué no robaste?

BOGLE: Hoy fue imposible. No somos los únicos que tienen frío en Sidney. El mercado estaba lleno de guardias esperando atrapar a ladrones de carbón. Vi como apresaban a uno, un chico de unos catorce años. Lo molieron a palos durante quince minutos. No, no era el mejor día para arriesgarse. Mejor es esperar a que pase un poco el frío.

ORTON: ¿Y cómo vamos a esperar? Vamos a morir congelados. (Pausa.)¿Qué hay para comer?

BOGLE: Muy poco. Esto es lo que pude conseguir.

Bogle le da un trozo de pan muy pequeño. Orton intenta hincarle el diente pero le es imposible. Sin embargo, no deja de intentarlo.

BOGLE: Trate de comerlo despacio.

ORTON: No me digas cómo tengo que comer un pedazo de pan miserable. ¿Por qué te quedás mirándome? ¿Y vos? ¿Vos no tenés hambre? ¿Por qué no tenés hambre?

BOGLE: No recuerdo haber dicho que no tenía hambre. Estoy famélico.

ORTON: No se nota, negro. Comiste. ¿No? ¿Qué comiste? ¿Qué fue lo que conseguiste y no quisiste compartir conmigo? ¿Un pedazo de carne? ¿Un plato de sopa bien caliente? No te creas que me podés engañar. Yo me doy cuenta de todo.

BOGLE: Parece que el hambre excita su imaginación.

ORTON: No entiendo. ¿Qué me querés decir? No imagino nada. Sé que te cansaste de comer. (Pausa.) Y además si tengo hambre es por tu culpa. Sos vos el que se tiene ocupar de conseguir la comida y el carbón.

BOGLE: Y el dinero. Tampoco pude conseguir dinero. Y lo necesitamos, más que la comida y el carbón. Acuérdese, el posadero prometió que nos iba a dar una paliza si no le pagamos dentro de dos días.

ORTON: Bah, ¿Quién le tiene miedo a ese cretino?

BOGLE: No parece un cretino. Más bien parece un hombre que cumple sus promesas.

ORTON: No mata una mosca.

BOGLE: No lo podría asegurar. Yo mismo vi como en la calle levantaba sobre su cabeza a un borracho que le había dicho alguna grosería a su mujer. Cuando lo tuvo en el suelo le pisó la cabeza. Al borracho lo llevaron al hospital con el cráneo partido.

ORTON: No te entiendo, negro. ¿Por qué me contás eso? ¿Me querés asustar? Bueno, ya estoy asustado. Tengo hambre, tengo frío y tengo miedo. ¿Estás conforme?

BOGLE: Claro que no. Estoy tratando de decirle que nos tenemos que ir. Hoy mismo.

ORTON: ¿Irnos? ¿Adónde?

BOGLE: Nos tenemos que escapar apenas empiece a anochecer.

ORTON: No me puedo mover, Bogle. No tengo fuerzas. (Pausa.) Y además, ¿por qué hoy a la noche?

BOGLE: Necesitamos tiempo para alejarnos y borrar las pistas. Mañana va a estar vigilando cualquier movimiento que hagamos.

ORTON: ¿Y adónde vamos a ir?

BOGLE: A cualquier ciudad que no sea Sidney. Dentro de poco, a Inglaterra.

ORTON: ¿A Inglaterra? ¿Te volviste loco, negro?

BOGLE: No sé por qué se asombra. Usted es inglés, ¿o no? ¿Por qué no me contesta?

ORTON: Sí. ¿Vamos a ir a casa?

BOGLE: Va a estar de nuevo en Londres, su ciudad.

ORTON: No quiero volver a Inglaterra. Es un país apestoso.

BOGLE: Pero tiene que volver, quiera o no. Hay alguien que lo está esperando.

ORTON: ¿En Inglaterra? Nadie se acuerda de mí.

BOGLE: Una mujer.

ORTON: ¿Una mujer? ¿Quién te lo dijo?

BOGLE: No, no es una mujer cualquiera. Es una madre, que busca desesperadamente a su hijo.

ORTON: No entiendo, negro. Mi madre está muerta, creo. Espero que esté bien muerta. (Pausa.) Pero me gustaría verla, a veces.

BOGLE: No hablo de su madre. Esta es otra mujer, una mujer noble.

ORTON: ¿Noble? ¿Qué querés decir con "noble"?

BOGLE: Que otros trabajan para que ellos vivan.

ORTON: ¿Y qué tiene que ver esa mujer conmigo?

BOGLE: Absolutamente nada. Usted va a tener que colocarse en otra situación.

ORTON: Te volviste idiota, negro. No te entiendo.

BOGLE: Ya me va a entender. Si usted es capaz de seguir mis instrucciones, nuestra vida va a cambiar. Nunca más hambre, nunca más frío.

ORTON: ¿Hay que robar?

BOGLE: No. No. Bah, yo no lo pondría en esos términos.

ORTON: ¿Y cuándo va a ser eso? ¿Hoy?

BOGLE: No... Hoy no. Todavía no estamos en Inglaterra. Pero espero que pronto podamos viajar.

ORTON: ¿Y dónde vamos a dormir a la noche?

BOGLE: Ya veremos.

La narradora se dirige al público.

NARRADORA: Bogle ya había concebido su plan. Y el primer paso consistía en mandarle una carta a Lady Tichborne. (Señala las diapositivas proyectadas detrás de ella.) Aunque como pueden ver el verdadero Roger Charles Tichborne no tenía nada que ver con Arthur Orton, Bogle renunció a cualquier pretensión de semejanza: porque hubiese sido obviamente imposible lograrla, porque confiaba en que catorce años pueden transformar absolutamente a una persona y porque los desesperados avisos de Lady Tichborne delataban su disposición a reconocerlo.

Mientras Lady Tichborne está ocupada con su actividad, Arthur Orton se dispone a leer una carta dirigida evidentemente a ella. Orton lo intenta y se detiene una y otra vez. Bogle se impacienta, avanza sobre Orton. Éste, al sentir la presión del negro, balbucea algunas palabras, luego se detiene. Bogle se le acerca todavía más y Orton se encoge de hombros, impotente. Orton finalmente se decide a leer. Lo hace de manera torpe y lenta.

ORTON: Durante todos estos años he tenido la certeza de que iba a morir sin haberte reencontrado. Pero la muerte se me aparecía como un dulce remedio comparada con la idea de que no me reconocieras si yo me presentaba en lo que alguna vez fue mi hogar. No podía tolerar la idea de un rechazo.

Sin embargo, ahora te escribo. Nunca hubiese juntado las fuerzas para hacerlo si mi fiel amigo Bogle no me hubiera alentado. Fue él la persona con quien nunca dejé de recordar mi infancia junto a una madre tierna y bondadosa. Fue él la persona a quien me atreví a contarle la manera en que de joven noble y pleno de futuro me transformé en un miserable indigno de ser admitido en tabernas de la peor calaña.

Ya di el primer paso: junté fuerzas para escribirte. Ojalá hayas terminado de leer esta carta. Estoy seguro que entonces nos habremos acercado muchísimo. A Bogle es a quien le debo todo: él fue capaz de convencerme de que te hiciera conocer mi existencia y mi destino.

El abogado de Orton ocupa ahora el centro de la escena.

ABOGADO: El testigo aportado por la defensa tiene derecho a expresarse con absoluta libertad. Rogamos a la fiscalía que no lo interrumpa hasta que no haya terminado su testimonio.

LA VOZ: Sinceramente no comprendo cómo puede haber personas que se atrevan a afirmar que éste hombre que está sentado ahí no es Tichborne. He trabajado con Lady Henriette durante muchos años. Durante todo este tiempo tanto ella como muchos de sus parientes me han comprado muchísimos muebles y conozco a Roger desde que era un niño. Y podría decir que desde ese momento hasta ahora no ha cambiado prácticamente nada. No entiendo que alguien pueda decir que no es Roger.

NARRADORA: Lady Tichborne envió el dinero para el viaje. Orton y Bogle viajaron a París, donde iba a producirse el encuentro.

La habitación del hotel en el que se hospedan Orton y Bogle. Éste ha dispuesto el lugar con detallismo obsesivo. Orton se termina de vestir. Bogle lo ayuda. Comprime el abdomen de Orton con una faja de gran tamaño. Orton da algunos gritos ahogados, Bogle gime por el esfuerzo.

BOGLE: Más adentro. No podemos perder más tiempo, ya debe estar por llegar.

ORTON: No puedo.

BOGLE: Un esfuerzo más. Más. Ahí está. Listo. Ahora, el saco y los zapatos.

ORTON: ¿Qué hora es?

BOGLE: Son las tres menos un minuto. La capa.

Bogle se dirige a la ventana.

BOGLE: Tiene que ponerse la capa.

Orton se pone la capa. Mientras tanto Bogle abre las ventanas de par en par. La luz los invade y prácticamente no les permite ver.

ORTON: ¿Por qué hiciste eso? No puedo ver.

BOGLE: ¿No puede ver? Mucho mejor. Si usted no puede ver ella tampoco va a poder. Tiene que pararse acá. No, mejor acá.

Bogle ubica a Orton en la ventana.

BOGLE: ¿Por qué no tiene todavía los zapatos puestos?

ORTON: Eh... Estoy esperando que me pongas los cordones.

BOGLE: Se los puse. ¿se acuerda?

ORTON: No. Me los saqué, me apretaban.

BOGLE: ¿Y ahora? Ella va a venir. ¿Dónde los dejó?

ORTON: Arriba de... No, en ese rincón... No sé. No me acuerdo. ¿Cuánto faltará para llegar a casa?

BOGLE: Ya estamos en casa.

Se oyen golpes en la puerta.

ORTON: Ahí está. Llaman.

BOGLE: No es cierto.

ORTON: Negro, te digo que llaman. Abrí.

Nuevamente se oyen golpes en la puerta.

BOGLE: No puedo abrir todavía. Está descalzo. Por favor, tiene que acordarse. ¿Dónde los puso?

ORTON: ¿Qué cosa?

BOGLE: ¡Los zapatos!

ORTON: No te enojes, Bogle.

BOGLE: ¿Qué pasa?

ORTON: No tengo los zapatos.

BOGLE: ¿Cómo que no los tiene?

ORTON: No. Yo... Los tiré.

BOGLE: ¿Los tiró? ¿Cuándo?

ORTON: Ayer, mientras vos dormías.

BOGLE: ¿Dónde los tiró?

Orton se acerca a la ventana.

ORTON: ¿Ves ese tacho que está ahí, en esa esquina? Bueno, ayer los tiré ahí.

BOGLE: ¿Pero por qué? Era su único par.

ORTON: No los podía soportar más. La suela estaba podrida, tenían un olor asqueroso. Además, me hacían doler.

BOGLE: ¿Por qué no me avisó que los había tirado?

ORTON: No pensé que iba a importarte tanto un par de zapatos.

BOGLE: No me importan. Pero ahora usted los necesita.

ORTON: Ella va a comprarme otros.

BOGLE: No lo creo.

ORTON: Vos me dijiste que íbamos a tener dinero. Vos me lo dijiste Bogle.

BOGLE: Ya no sé si vamos a tener algo alguna vez.

Nuevamente se oyen golpes en la puerta.

BOGLE: Bueno. Hay que abrirle.

ORTON: ¿Voy a estar así?

BOGLE: No hay más remedio.

Bogle abre la puerta. Aparece Lady Tichborne.

LADY TICHBORNE: ¿Roger?

BOGLE: Adelante, Madame.

LADY TICHBORNE: ¿Roger?

BOGLE: Allí madame.

Lady Tichborne se planta frente a Orton, impávida. Orton mira a Bogle buscando que el diga qué hacer. Bogle sonríe. Orton sonríe.

LADY TICHBORNE: ¿Roger?

Bogle hace a Orton una seña.

ORTON: ¿Mamá?

Bogle hace a Orton una señal de aprobación.

LADY TICHBORNE: ¡Roger! ¡Roger! Mi hijo.

Orton y Lady Tichborne se abrazan.

LADY TICHBORNE: Roger, Roger, tantos años. ¿Por qué no viniste a mí antes? ¿Cómo pudiste dudar de que te iba a reconocer? Je te reconnais très bien, mon cher.

ORTON: ¿Cómo?

LADY TICHBORNE: Je te reconnais très bien. ¿Tu me crois?

Orton dirige su mirada hacia Bogle. Éste le hace señas de que no responda.

LADY TICHBORNE: ¿Tu me souvient, maintenant? ¿No me oís, Roger?

Orton no responde.

LADY TICHBORNE: ¡Dios mío!

BOGLE: (Ocultando su desesperación):¿Sucede algo, madame?

LADY TICHBORNE: A él siempre le gustó que yo le hablara en francés.

BOGLE: Me temo que nuestro querido Roger ha olvidado muchas cosas, incluso sus gustos. Ha sufrido, madame.

LADY TICHBORNE: Sí. Me puedo imaginar cuánto que ha sufrido.

Lady Tichborne va nuevamente hacia Orton y vuelve a abrazarlo.

LADY TICHBORNE: Yo también viví estos catorce años como si me hubieran vaciado. Siempre tuve la esperanza de poder vivir alguna vez este momento. Pero aunque me lo podía imaginar jamás creí que iba a ser tan maravilloso. Dejame mirarte. (Ubica el rostro de Orton entre sus manos.) No cambiaste nada. El pelo quizás se te rizó un poco. Pero quién puede jactarse de no cambiar en tantos años. ¿Y vos? ¿Cómo me ves?

Bogle hace una seña a Orton. Éste la advierte.

ORTON: Hermosa. Hermosa, como siempre te recordé.

Bogle envía a Orton una señal de aprobación eufórica. Y lo incita a más.

ORTON: Con esa mirada tierna y bondadosa con la que tanto soñé.

LADY TICHBORNE: Mi amor. Estamos juntos otra vez. Ya nada nos va a separar ahora. Tenemos toda la vida por delante, juntos. (Pausa.) Ya dispuse todo en casa para recibirlos. ¿Usted es el señor Bogle, fiel amigo de mi hijo?

BOGLE: Sí, madame.

LADY TICHBORNE: Voy a pensar en una buena recompensa para usted. Por lo que me escribió Roger, usted es el artífice de este momento maravilloso. (Pausa.) Hágame un favor señor Bogle. Baje y avísele al cochero que se prepare para llevar el equipaje de ustedes a mi casa.

BOGLE: Inmediatamente, madame. Ya vuelvo.

Bogle sale.

LADY TICHBORNE: Hoy empieza una nueva vida para mí. Y espero que también para vos, ¿no?

ORTON: Sí, sí, claro.

LADY TICHBORNE: Mirá lo que traigo. (Le muestra un paquete a Orton.)¿Sabés lo que hay aquí dentro? ¿Lo podés adivinar?

ORTON: No.

Lady Tichborne va sacando las cartas de a una del paquete.

LADY TICHBORNE: Brasil.

ORTON: ¿Brasil?

LADY TICHBORNE: Sí, Brasil.

ORTON: ¿Brasil?

LADY TICHBORNE: Sí, Brasil. Son todas las cartas que me mandaste desde Brasil. Y éste es tu diario. ¿Te acordás que hasta el último día antes de partir siempre escribías en tu diario? Ahora es tuyo de nuevo. (Le tiende el diario. Orton lo toma, lo hojea.)

NARRADORA: Con las cartas y el diario en su poder Bogle contaba desde ese momento con una fuente inagotable de información acerca de Tichborne. Y la nueva vida iba a ser mucho más fácil y más tranquila si se sentían seguros de no que no iban a cometer errores.

El juez da dos martillazos sobre la mesa.

JUEZ: Continúa el juicio por usurpación de estado civil contra el señor acá presente... ¿dónde está? Sí, acá está... No. Acá, acá está., sí. El señor cuyo presunto nombre es Roger Charles Tichborne, a quien se acusa precisamente de robar la identidad de sir Roger Charles Tichborne para disfrutar de su posición social y sus bienes. El acusado póngase de pie.

Las vestimentas de Orton y Bogle han variado sustancialmente. Bogle está vestido de manera impecable, pareciera que toda su persona brilla. En cambio Orton, aunque también está vestido más que correctamente, no puede disimular cierto desaliño, cierto desagrado por tener que estar embolsado en ese tipo de ropas. Sin embargo, en esta escena, Orton parece contento.

ORTON: Vamos Bogle, que estoy apurado. Tengo miedo de que se vayan sin mí.

BOGLE: Usted no debe ir. Se lo suplico.

ORTON: Ya me lo suplicaste antes, negro. Y no te quiero escuchar.

BOGLE: Es peligroso.

ORTON: ¿Qué puede ser tan peligroso? Un caballo es un caballo.

BOGLE: Usted jamás montó a caballo.

ORTON: No tenés por qué usar lo que yo te cuento para darme consejos y volverte en contra mía. Las botas.

BOGLE: Están ahí.

ORTON: Traelas.

BOGLE: Usted jamás usó botas. No va a poder caminar, va a resbalarse todo el tiempo. Puede caerse.

ORTON: ¿Y cuál es el problema? ¿Un noble no se puede caer?

BOGLE: No es muy común. Ellos caen pocas veces y cuando caen, no se nota. A lo sumo se sacuden un poco de tierra de la chaqueta y siguen. En cambio, si usted cae...

ORTON: Si caigo yo, ¿qué, negro? ¿Qué me querés decir?

BOGLE: Si usted cae, puede poner todo en peligro.

ORTON: No hay ningún peligro. Ese hombre con bigotes, Bancroft, me protege.

BOGLE: Bentley, no Bancroft. Lord Bentley. Ese hombre no cree nada. Está esperando que cometamos un error para llevarnos a la cárcel.

ORTON: ¿Cárcel? Nadie va a ir a la cárcel. Ella nunca nos dejaría. Además, Bancroft es un buen tipo.

BOGLE: Que Bentley lo haya invitado a cazar no quiere decir que sea un buen tipo.

ORTON: ¿Ves? Ya cree que soy uno de ellos.

BOGLE: No cree nada. Justamente, sabe la verdad. Y está esperando que usted cometa un error.

ORTON: ¿Y qué error puedo cometer?

BOGLE: Montar a caballo. Prácticamente todos creen que usted no es Tichborne. Así usted se los va a confirmar.

ORTON: Voy a montar bien, vas a ver.

BOGLE: Podría caerse. O peor, podrían buscar que usted se caiga.

ORTON: No entiendo, negro. ¿Qué me querés decir?

BOGLE: A mucha gente le conviene que usted esté en la cárcel, o muerto.

ORTON: ¿Y por qué me voy a morir?

BOGLE: Podrían asesinarlo.

ORTON: Negro, ¿quién me quiere asesinar? No me des miedo.

BOGLE: Muchas personas que están ahí afuera no tendrían ningún problema en asesinar a un impostor. Nadie los juzgaría. Y usted para ellos es un impostor, vulgar.

ORTON: Decís idioteces, negro. ¿Quién me va a querer matar a mí?

BOGLE: No son idioteces. Es la verdad.

Pausa. Orton permanece pensativo.

ORTON: ¿Y vos decís que Bancroft también...?

BOGLE: Bentley. Lord Bentley es el primero. Alcanza con mirarlo a los ojos para darse cuenta.

Tocan la puerta. Entra Lord Bentley. Orton se incorpora horrorizado.

BENTLEY: Vamos Roger, todos te están esperando.

Orton da un pequeño grito. Le da la espalda.

BENTLEY: ¿Qué sucede?

BOGLE: El señor Roger se siente un poco indispuesto.

BENTLEY: ¿Indispuesto? Hace diez minutos estuve acá y Roger se sentía perfectamente.

Orton da otro pequeño grito. Se retuerce.

BOGLE: Desde que lo conozco tiene esos accesos. No le dan tregua. Y sobrevienen súbitamente. Me permito aconsejarle que vayan sin él. No está en condiciones de salir.

BENTLEY: No tengo por qué escuchar los consejos de un... sirviente. Roger, ¿qué te pasa? Hace una hora que te esperamos. No me vas a decir ahora que no nos vas a acompañar... Te conseguí un caballo magnífico. Se llama Judas.

ORTON: El estómago...

BENTLEY: Lady Woolf te está esperando. Le prometiste que ibas a montar con ella.

BOGLE: Mister Roger, ¿quiere usted hacer un esfuerzo? Usted aprecia la compañía de Lady Woolf.

ORTON: No... me... pue...do... mo... ver...

BOGLE: Mejor sería avisarle a Lady Tichborne. ¿Quiere que llame a su madre?

Orton asiente.

BOGLE: Con su permiso.

BENTLEY: Espere.

BOGLE: Sí, milord.

BENTLEY: ¿Adónde va?

BOGLE: Voy a buscar a Lady Tichborne.

BENTLEY: ¿Para qué buscar a Lady Tichborne por un simple dolor de estómago?

BOGLE: Mister Roger prefiere que Lady Tichborne lo acompañe. Con su permiso.

Sale.

BENTLEY: Es muy extraño. Antes parecías muy entusiasmado.

ORTON: Quiero ir, pero me duele el pecho.

BENTLEY: ¿El pecho? Antes me dijiste que era el estómago.

ORTON: ¿Dije el estómago? No, es el pecho.

BENTLEY: No hay que tener miedo. Es nada más que un caballo.

ORTON: No tengo miedo.

BENTLEY: Roger Charles Tichborne amaba a los caballos.

ORTON: Yo adoro a los caballos.

BENTLEY: Roger Charles Tichborne era un jinete excelente.

ORTON: Ese soy yo.

BENTLEY: Roger Charles Tichborne no se descomponía diez minutos antes de la partida.

ORTON: ¿Cuánto faltará para llegar a casa?

BENTLEY: ¿Cómo decís?

ORTON: ¿Cuánto faltará para llegar a casa?

Entra Lady Tichborne. Detrás de ella, Bogle.

LADY TICHBORNE: ¿Qué sucedió, mon cher?

ORTON: Un dolor, en el estómago.

BENTLEY: En el pecho.

ORTON: No, en el estómago. Pero ya estoy mejor.

BOGLE: Lo mejor sería llamar al médico.

LADY TICHBORNE: ¿Llamo al médico?

ORTON: No. Estoy bien.

BENTLEY: Roger, ya estás bien, vamos.

LADY TICHBORNE: ¡No! No está en condiciones de ir. ¿No es cierto?

BENTLEY: Roger, acordate, Lady Woolf te está esperando.

ORTON: No puedo ir. Me siento mal.

BENTLEY: Dijiste que ya te sentías mejor.

BOGLE: Lo mejor es llamar al médico.

LADY TICHBORNE: ¿Llamo al médico?

ORTON: No. Estoy bien.

BENTLEY: Muy bien. Voy a decirle a Lady Woolf que tuviste una indisposición. O quizás miedo.

LADY TICHBORNE: ¡Oscar!

BENTLEY: Es una broma, nada más que una broma.

Lord Bentley sale.

LADY TICHBORNE: Roger... ¿Estás seguro que te sentís bien?

ORTON: Sí, ya pasó. Ahora me siento bien.

BOGLE: Con su permiso.

Bogle sale.

LADY TICHBORNE: Roger, me asustaste. Cuando tu criado me vino a avisar... sentía que no iba a llegar nunca. Ahora que te tengo de nuevo no puedo soportar la idea de que te pueda pasar algo. No lo resistiría otra vez. Te quiero, te quiero. ¡Roger! ¿Me extrañaste? ¿Me extrañaste todo este tiempo? Contestame.

ORTON: Sí.

LADY TICHBORNE: Cada mañana, desde que estás aquí, me levanto y no puedo creer que estás vivo y en tu cama. Y entonces me tengo que contener para no venir corriendo a verte, porque quizás estás durmiendo y yo te molesto. ¿Roger? Te amo. Cualquiera que nos viera así pensaría que somos dos enamorados, ¿no? A mí no me importa, Roger, lo que puedan pensar. Lo único que me interesa es estar con vos la mayor parte del día. Sí, sí, abrazame, abrazame.

Bogle se asoma pero no se atreve a interrumpir la escena de amor entre madre e hijo.

FISCAL: La fiscalía llama a declarar a Lord Bentley.

Mientras la narradora hace su relato, Lady Tichborne ensayará diversos modos de morir.

NARRADORA: En 1870, tres años después de haber recuperado a su hijo, Lady Tichborne apareció muerta. Las circunstancias nunca terminaron de aclararse y las hipótesis sobre la muerte se sucedieron. Hubo quienes hablaron de síncope fulminante, otros mencionaron la posibilidad de un accidente, y no faltó quienes afirmaran la verosimilitud de un envenenamiento. Lo cierto es que con la muerte de

Lady Tichborne, Orton y Bogle habían perdido a su aliada más segura.

Bogle se desplaza pensativo por el escenario. De pronto cae de rodillas al suelo.

BOGLE: Alabado seas, creador del universo, luz de mis días. Dígnate acompañarme una vez más con alguna idea generosa que nos saque de esta situación tan incierta y difícil.

NARRADORA: Los parientes de Roger Charles Tichborne acusaron a Arthur Orton ante la justicia por usurpación de estado civil.

Bogle exhala una carcajada.

BOGLE: Permíteme agradecerte que te hayas dignado a iluminarme una vez más con una de tus ideas deslumbrantes. Dame el coraje para llevarla a cabo. No dejes que mis fuerzas flaqueen. Sostén a este servidor todo el tiempo necesario para lograr su plan. Amén.

NARRADORA: Bogle se ocupó personalmente de convencer a cada uno de los criados de la hacienda sobre la identidad del impostor. Para reforzar sus argumentos repartió entre ellos una gran cantidad de bonos que podrían ser cobrados apenas el juez se pronunciara en favor de Orton. A partir de entonces todos los empleados de la hacienda citados como testigos en el juicio descubrieron que el procesado era víctima de un misterioso complot y juraron que la persona sentada en el banquillo era el propio Tichborne.

Orton ríe a carcajadas pero Bogle se mantiene serio. Durante todo el diálogo se oirá el relinchar de caballos y el paso de un carruaje.

ORTON: Me salvaste, negro. Y te salvaste.

BOGLE: Todavía no. Aunque estamos mejor que antes.

ORTON: ¿Falta mucho todavía?

BOGLE: No lo sé.

ORTON: ¿Cuándo lo vamos a saber?

BOGLE: Supongo que pronto. El juicio ya duró tres meses y declararon cien testigos. No creo que quede mucha gente. Esto tiene que terminar.

ORTON: ¿Vamos a ganar?

BOGLE: No lo sé. La mayoría de la gente está de nuestro lado. Todos opinan que una madre no se equivoca. Y Lady Tichborne lo reconoció a usted como su hijo. Esa es la carta más fuerte que tenemos a nuestro favor.

El fiscal ocupa el centro de la escena. Rose Shelley se encuentra ahora en escena, preparada a dar testimonio.

FISCAL: Mrs Rose Shelley se ha presentado a declarar espontáneamente. ¿Usted conoce a Roger Charles Tichborne?

ROSE: No. Jamás conocí a Roger Charles Tichborne.

FISCAL: ¿No?

ROSE: No sé quién es.

FISCAL: ¿Entonces para qué se ha presentado a dar testimonio?

ROSE: Vine porque conozco a ese hombre.

FISCAL: ¿Disculpe, de qué hombre me habla?

ROSE: De ése, ése que está sentado ahí.

FISCAL: ¿Usted se refiere al acusado?

ROSE: Sí.

FISCAL: ¿Usted me podría decir el nombre de esta persona?

ROSE: Claro. Se llama Arthur Orton.

FISCAL: ¿Puede decirnos cuánto hace que lo conoce?

ROSE: Sí. Soy muy buena para las fechas. Muy buena. Mi madre siempre se asombró de cómo yo recordaba las fechas de cumpleaños de todos nuestros parientes.

FISCAL: Bueno, conteste la pregunta entonces. La estamos esperando.

ROSE: Fue justo hace veinte años. Él era mucho más joven. Claro, como yo, como usted, como todos. Todos éramos más jóvenes hace veinte años, ¿no? Pero ahora él está exactamente igual.

FISCAL: ¿Por qué está tan segura de que es él?

ROSE: Porque es él. Por un montón de cosas. Por la mirada. Mire sus ojos. No son fáciles de olvidar, ¿no?

FISCAL: ¿Qué otra cosa puede identificar, además de la mirada? ¿Hay algo más?

ROSE: Sí. Ya le dije, hay muchas cosas.

FISCAL: Necesito que sea más concreta.

ROSE: No puedo... Es decir no me atrevo.

FISCAL: ¿No puede? ¿Qué es lo que no puede?

ROSE: No me animo a decirlo así, delante de tanta gente.

FISCAL: Justamente. Toda esta gente está esperando que usted diga algo que ayude a resolver el problema.

ROSE: Bueno. (Pausa.) Yo no soy virgen. (Pausa.) Pero cuando yo lo conocí a él todavía era virgen. No sé si me entiende.

FISCAL: Usted quiere decir que...

ROSE: Una noche de verano... No había luna, nos paramos cerca de una taberna, en Wapping.

FISCAL: ¿Usted vivía en Wapping?

ROSE: Sí. Los dos. Los dos vivíamos en Wapping.

FISCAL: Continúe.

ROSE: Él me tomó de la mano y después me besó. Después, todo fue muy rápido. Yo no pude darme cuenta cómo era que estábamos acostados en la calle. Esa fue la primera vez. Después vinieron muchas más. Por suerte no quedé embarazada, aunque creo que yo quería... Yo nunca lo pude olvidar. Nunca sentí que se había aprovechado de mí. Ni siquiera cuando dejé de verlo. Era muy amable, siempre estaba contento. Después me enteré que había viajado en barco. Jamás esperé verlo de nuevo. Y menos en este lugar. Pero pensé que lo que yo decía podía servir de algo.

FISCAL: ¿Cuál dice usted que es su nombre verdadero?

ROSE: Arthur Orton.

FISCAL: La fiscalía no tiene más preguntas. Cede su lugar a la defensa.

NARRADORA: A Bogle no pareció afectarle esta nueva artimaña concebida por los acusadores. Una vez más salió a las calles de Londres para conectarse con la presencia divina.

BOGLE: Alabado seas, creador del universo, luz de mis días. Dígnate acompañarme una vez más con alguna idea generosa que nos saque de esta situación tan delicada.

Se oye un relinchar de caballos y el sonido que produce un carruaje del siglo XIX a gran velocidad.

NARRADORA: Nunca sabremos si encontró una vez más la conexión divina. Cuando cruzaba una de las callejuelas cercanas al tribunal lo atropelló el carruaje terrible que lo perseguía desde el fondo de los tiempos.

ORTON: ¿Bogle? ¿Bogle? Negro, vamos, ¿cuánto tiempo más vas a tardar?

El fiscal se planta frente a Orton. Éste se mantiene callado e incómodo.

FISCAL: Bueno, lo estamos esperando.

ORTON: No tengo más para decir.

FISCAL: Me parece que sí. Me parece que tiene una enormidad de cosas para contarnos.

ORTON: No.

FISCAL: ¿Conoce usted a esa mujer, que dice haber sido su amante?

ORTON: No. No la conozco. Ella miente.

FISCAL: ¿Por qué razón cree que esa mujer, Rose Shelley, miente?

ORTON: No sé. Quizá ella me está confundiendo con otro.

FISCAL: Los que están presentes aquí no tienen esa sensación. Todo hace pensar que usted la conoce, y no poco.

ORTON: Ya se lo dije, no sé quién es, no la conozco.

FISCAL: De acuerdo. ¿Qué le sugiere el nombre de Wapping?

ORTON: Nada.

FISCAL: ¿Cuál es su alimento favorito?

ORTON: ¿Cómo?

FISCAL: Claro. Le pregunto qué tipo de alimentos prefiere usted comer. Pescados, dulces, vegetales...

ORTON: No entiendo que tiene que ver esto...

FISCAL: Conteste por favor.

ORTON: Me gusta comer de todo. Pero odio las lentejas.

FISCAL: Odia las lentejas. Pero le gusta comer carne, también.

ORTON: Sí, carne también.

FISCAL: Entonces ha comprado carne en algún momento. Es decir, ha entrado a una carnicería alguna vez.

ORTON: Claro. Si...

FISCAL: Sí, dígame. Iba a decir algo pero se detuvo.

ORTON: No. No iba a decir nada. Bueno sí. Creo que entré a una carnicería alguna vez.

FISCAL: Señor Orton, entonces usted estuvo por lo menos una vez en una carnicería.

ORTON: Sí.

FISCAL: Perdone, ¿su nombre no es Tichborne?

ORTON: Sí.

FISCAL: ¿Por qué responde entonces al nombre de Orton?

ORTON: No. Yo no... Usted me pregunto si yo estuve en una carnicería y yo contesté que sí.

FISCAL: Todos son testigos aquí usted respondió a ese nombre.

ORTON: Usted sí me...

FISCAL: Esa mujer, Rose Shelley, asegura que su verdadero nombre es Arthur Orton. Y usted responde a ese nombre...

ORTON: No. Yo no respondo...

FISCAL: ¿Cómo se llamaba su madre?

ORTON: Usted sabe cómo se llamaba... Todos acá saben cómo se llamaba.

FISCAL: Es probable. Pero quien tiene que contestar es usted. Responda, por favor.

ORTON: ¿Puede repetir la pregunta?

FISCAL: Sí. ¿Cómo se llamaba su madre?

Largo silencio.

ORTON: Henriette.

FISCAL: ¿Henriette? Usted está hablando de Lady Tichborne. Y yo le estoy preguntando por su madre verdadera.

ORTON: Lady Tichborne es mi única madre. No conocí otra.

FISCAL: ¿Qué le recuerdan los locales donde se vende carne?

ORTON: No sé.

FISCAL: ¿La carne le recuerda su infancia?

ORTON: No. ¿Por qué me iba a recordar mi...?

FISCAL: ¿Su padre era carnicero?

ORTON: ¿Carnicero? No.

FISCAL: ¿Usted nació en Wapping?

Largo silencio.

ORTON: No.

FISCAL: ¿Qué le sugiere el nombre Peggy?

ORTON: ¿Peggy? Nada. No. No sé quién es.

FISCAL: ¿No? ¿En qué trabajaba su padre?

ORTON: No. Mi padre era noble, no trabajaba.

FISCAL: ¿No le dice nada el nombre Peggy Orton?

Largo silencio.

ORTON: No.

FISCAL: ¿Era el nombre de su madre verdadera?

ORTON: No.

FISCAL: Mrs Rose Shelley, la testigo que afirma haber tenido una relación amorosa con usted, asegura que conoció a su madre verdadera y que su nombre era Peggy Martin.

ORTON: No.

FISCAL: También cuenta que murió el año pasado.

ORTON: No. ¿Murió?

FISCAL: Sí. ¿La conoce?

Pausa. Silencio.

ORTON: No.

FISCAL: ¿Cómo se llamaba su padre?

ORTON: No puede ser cierto. Ella no murió.

FISCAL: ¿La conoce?

ORTON: ¿Cómo sabe que murió?

FISCAL: Murió. La testigo Shelley dice que de neumonía, en un hospital de Wapping. Conteste la pregunta, por favor: ¿cómo se llamaba su padre?

ORTON: ¡Mentira! No murió. ¡Ella está inventando! ¡Rose, estás inventando! ¡Ella no murió! ¡Todavía la tengo que encontrar, ella me tiene que ver! ¡Yo sé que ella me quería ver de nuevo! Ella era mala. Mala. Lo obligaba a papá a que me pegue. ¡Pero yo la extrañaba! ¡Déjenme salir, quiero ir a verla, yo sé que está viva, yo sé que no es cierto que se murió! Bogle, Bogle, dónde estás. Él me metió en todo esto, yo no quería! ¡Bogle, Bogle, ayudame Bogle! ¡No quiero ir a la cárcel, yo no soy malo, me dejé llevar! ¡No quiero ir a la cárcel!

FISCAL: La fiscalía no tiene más preguntas.

NARRADORA: Así fue como Arthur Orton terminó de perderse, por una madre a la que odiaba y amaba con todas sus fuerzas.

JUEZ: Se cierra el juicio por usurpación de estado civil contra el señor acá presente... ¿dónde está? Sí, acá está... No. Acá, acá está., sí. El señor Arthur Orton a quien se declara culpable de robar la identidad de sir Roger Charles Tichborne para disfrutar de su posición social y sus bienes.

NARRADORA: Los herederos de Lady Tichborne respiraron aliviados. Arthur fue condenado por perjurio a catorce años de trabajos forzados. Gracias a su comportamiento ejemplar obtuvo una reducción de cuatro años. Murió poco antes de cumplir sesenta y cuatro. En su ataúd donado por el empresario fúnebre Richard Paddington, que había creído la historia de Orton, se inscribió la leyenda "Roger Charles Tichborne. Nacido el 5-1-1829. Fallecido el 1-4-1898".

NOTA

Aunque todas las circunstancias que rodean los hechos de que está compuesta esta obra son ficticias, los hechos mismos son rigurosamente históricos. Fueron recogidos por la Enciclopedia Británica, por la Historia Universal de la Infamia de Jorge Luis Borges, por los tres tomos del People´s Almanac de Wallace y Wallechinsky y por la Segunda Enciclopedia de Datos Inútiles de Homero Alsina Thevenet. Es mi deseo profundo agradecer a este último, reconocido y prestigioso crítico e investigador, por haberme proporcionado con absoluto desinterés toda la información que sirvió de base a la escritura de la pieza.

Héctor Levy-Daniel


E-mail: Hlevydaniel@argentores.org.ar                                                                                     Espacio cedido por ARGENTORES