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| POKER Una sala con varias puertas. Una de ellas permite el ingreso desde la calle. Otras conducen al baño, a la cocina y a diferentes habitaciones. Sobre la pared del fondo puede verse claramente el retrato del padre. IVÁN: Cuando tenía diez años le oí decir a mi papá que de grande yo iba a ser un problema. El hablaba con mi mamá, en la sala. Y yo estaba en mi habitación, a oscuras, tratando de mantenerme despierto. Y ahora, cuando tengo la suerte de dormir, muchas veces sueño lo mismo: yo estoy metido en un pozo y, aunque estoy un poco lejos de la superficie, lo puedo ver a papá que está como dos o tres metros más allá. Andrés, Rafael y Walter me miran desde arriba, vestidos con trajes impecables, corbatas de seda y zapatos de cuero finísimo. Yo sé que por ahí hay un animal que espera que ellos se vayan para venir al pozo y comerme. Pero a mí eso en el sueño no me preocupa, lo único que quiero es que no se ensucien los trajes. I.POKER CERRADO Rafael, Walter, Andrés e Iván están sentados a la mesa. Juegan al poker, cerrado. ANDRÉS: Caja. Una. No, una no. Mejor, dos. RAFAEL: Yo también. Dos. Walter les da fichas a ambos. Anota. IVÁN: Ahora abierto. Alguien quiere vino. ANDRÉS: Todavía no. Faltan unas rondas de cerrado. Servime una copa. Iván le sirve vino a Andrés. ANDRÉS: Salud. Salud a todos. WALTER: Salud. ANDRÉS: Salud, Iván. Por qué no brindás. IVÁN: Dije "salud". No me oyeron. ANDRÉS: No, no te oímos. No levantaste la copa. Iván levanta la copa. WALTER: La escalera no le alcanzó. Por eso está enojado. RAFAEL: No. Es porque se enteró que va a venir papá. ANDRÉS: No querés que venga. IVÁN: Me da lo mismo. Iván juega concentradamente con una cajita de fósforos. Rafael lo observa. ANDRÉS: Siempre es mejor de a cinco. RAFAEL: Qué tenés ahí. IVÁN: Nada. No quiero tratar con cagones. ANDRÉS: De qué hablás. IVÁN: Le pegó a mamá. Es un cagón, o no. ANDRÉS: No le pegó. WALTER: La insultó, casi le pega. La sacudió, pero no le pegó. RAFAEL: Cómo sabés. WALTER: A mí también, me llamó, desesperada. No le va a perdonar nunca lo de Iván. ANDRÉS: No tenemos que meternos. Es un problema entre ellos dos. RAFAEL: Sí, entre ellos dos. ANDRÉS: Es raro. Ya tendría que haber llegado. WALTER: Sí, pero la cosa se pone seria, mamá se fue. ANDRÉS: Cómo. Cómo que se fue. Dónde está mamá. WALTER: Se fue a lo de tía Mercedes. Está viviendo ahí. ANDRÉS: Se volvió loca. Y ahora, papá se queda solo. IVÁN: Está sufriendo. Es la única que sufre. ANDRÉS: Siempre sufre. Pero había que internarlo. Mamá no quiere entender que había que internarlo. RAFAEL: Fue a lo de papá con un revólver. IVÁN: Es mentira. Le dije que tenía un revólver en el bolsillo, y se lo creyó. ANDRÉS: Mamá lo vio, el revólver. IVÁN: Le dijo a Camila que yo era un imbécil. ANDRÉS: Lo mejor es que esté internado. Se está poniendo peligroso. IVÁN: No es cierto. Nunca le hice mal a nadie. WALTER: Eso es lo que dice papá. Que se haya peleado con él no quiere decir que sea peligroso. ANDRÉS: Lo amenazó. No entendés, lo odia. WALTER: Eso dice papá. IVÁN: No lo odio. Pero no lo voy a perdonar nunca. Yo tengo un as. Rafa, doy yo. RAFAEL: Había que internarlo. Tuvo tres ataques en una semana. IVÁN: No es cierto. Me sentía un poco triste, nada más. RAFAEL: Ahora le da por bañarse. Llena la bañadera con agua casi hirviendo y se mete. No sale hasta que pasan horas. WALTER: Cómo sabés eso. RAFAEL: Lo sé y punto. ANDRÉS: Rafael, callate de una vez. Pausa. Silencio. IVÁN: Si yo me quiero meter en la bañadera con agua hirviendo o con agua helada es asunto mío, entendieron. Es mi baño, mi espejo, mi casa. Pausa. ANDRÉS: Un ocho. Me quedo en mi lugar. RAFAEL: Un nueve. Walter yo voy ahí. Alguien tendría que ir a verlo. WALTER: Yo lo fui a ver. ANDRÉS: Fuiste. Hablaste con él. WALTER: No me reconoció. Sonreía todo el tiempo. Mamá no paraba de llorar. ANDRÉS: No va a estar mejor. Nunca va a estar sano. WALTER: Sí, necesita que lo ayudemos. Hay que conseguirle a alguien, que lo cure. RAFAEL: Iván no se va a curar. Siempre tuvo una pieza floja. Y ahora se le aflojaron otras. IVÁN: Alguien quiere más vino. Nadie le responde. WALTER: Qué piensan hacer. Iván reparte cartas. Deposita algunas fichas en el centro de la mesa. IVÁN: Van cincuenta. Todos depositan fichas en el centro. ANDRÉS: Doscientos. Rafael, Walter e Iván permanecen pensativos. Walter y Rafael ponen fichas, por turno. ANDRÉS: Te estamos esperando. No tenés que entrar si no estás convencido. No es obligación. IVÁN: Sí, me parece que no voy a entrar. ANDRÉS: Bueno, yo quiero dos cartas. IVÁN: Momento. Todavía no me fui. Estoy pensando. Tengo derecho a pensar. Eran doscientos. RAFAEL: Sacate la ficha de la boca. IVÁN: Estoy pensando. Doscientos entonces. Y mil más. ANDRÉS: Mil más. Demasiado. IVÁN: Demasiado. Entonces pongo quinientos. Para que entres. RAFAEL: No. Dijiste mil. Son mil. WALTER: Yo estoy afuera. RAFAEL: Son mil, y cinco mil más. IVÁN: Cinco mil. Bien. Cinco mil. Y cinco mil, seis mil, siete mil, ocho mil, nueve mil, trescientos cuarenta y cinco. Cinco mil más nueve mil trescientos cuarenta y cinco. Jugado. Rafael permanece pensativo. RAFAEL: Es imposible. ANDRÉS: Cayó Rafael. IVÁN: Las piezas flojas, Rafa. Pero te miro un par de veces y sé qué juego preparás. Como si tuvieras un cartel luminoso aquí, en la frente. RAFA: Callate. WALTER: Cartas. RAFAEL: Servido. IVÁN: Una. Iván se da a sí mismo una carta. RAFAEL: Color al as. Iván se inclina sobre las fichas y se las lleva. RAFAEL: Qué tenés. IVÁN: Poker de nueves. Lo lamento, Rafa. Otra vez será. RAFAEL: Te dije que te calles. Pausa. ANDRÉS: No está mal, Iván. (Pausa.) Tenés que tomar la píldora. IVÁN: Ahora. ANDRÉS: Ya mismo. Walter, dale la píldora. IVÁN: Más tarde. Por favor, ahora estoy bien. ANDRÉS: Ahora. Walter toma una píldora de un frasco y se la sirve en un plato a Iván, junto con un vaso de agua. Iván la traga. IVÁN: Hay alguna ventana abierta. Tengo frío. RAFAEL: Frío. Qué te pasa. Aquí jamás hace frío. IVÁN: Yo tengo las manos heladas. ANDRÉS: Todas las ventanas están cerradas. RAFAEL: Voy a ver. Rafael se dirige hacia una de las puertas y la abre. RAFAEL: Está todo cerrado. IVÁN: Y ella. RAFAEL: Dormida. Por qué no te ponés medias. El frío te entra por los pies. No usa medias. ANDRÉS: No usa medias. Por qué no usa medias. RAFAEL: Hay que preguntarle a él. IVÁN: Me olvidé de ponérmelas. RAFAEL: Te olvidaste. Nunca usa medias. IVÁN: No puedo usar medias. No aguanto el contacto de la tela en los pies. La sensación de ponerme o sacarme una media. Y el olor. No puedo soportar el olor de la media usada. ANDRÉS: Bueno, entonces lo mejor es que empecemos a jugar todos sin medias, no Rafa. Yo doy. Pausa. Iván corta. Andrés reparte. ANDRÉS: Qué es lo que pasa por la cabeza de un tipo como mi hermano Iván. Qué lo hace renegar de todo lo que a nosotros nos parece importante. Algunas veces lo admiro, pero algunas veces nada más. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que se va y se va, cada vez está menos presente, aunque lo veamos todo el día, todo el tiempo. Nos da un poco de pena. Pero papá no se conmueve. El piensa que Iván no es ni una persona admirable, ni un loco. Para papá Iván es ni más ni menos que un imbécil, una desgracia que tuvo que asumir, una prueba que Dios le impuso. Si Iván fuera solamente un loco eso no sería un problema. Es un tipo que no necesita demasiado para vivir, se lo pone en la lista de gastos de la empresa, se le pasa una mensualidad y listo. Lo verdaderamente grave es que poco a poco se va transformando en una amenaza para todos nosotros. II. POKER ABIERTO Sobre la mesa hay dos cartas descubiertas y tres ocultas. Walter descubre una tercera. Cada uno a su vez tiene cinco cartas en la mano. IVÁN: Un rey. Van quinientos. ANDRÉS: Van quinientos. Y quinientos son mil. Todos apuestan. Walter da vuelta otra carta. WALTER: Otro rey. ANDRÉS: Van cinco mil. RAFAEL: Estoy afuera. WALTER: Yo no veo. IVÁN: Cinco mil. RAFAEL: Sacate la ficha de la boca. Walter da vuelta la última carta. WALTER: Un siete. ANDRÉS: Un siete. Van quince mil. IVÁN: Van quince y quince mil más. ANDRÉS: Veo. Full de damas con reyes. IVÁN: Poker de reyes. Iván junta todas las fichas y las lleva para su lugar. IVÁN: Descanso, no. RAFAEL: Descanso. ANDRÉS: El vino. Walter comienza a servir vino para todos. Iván juega concentradamente con una cajita de fósforos. RAFAEL: Qué tenés ahí. Iván guarda rápidamente la cajita en un bolsillo. IVÁN: Nada. WALTER: Vamos a brindar. RAFAEL: Cierto, hay que festejar. IVÁN: Festejar. Qué tenemos que festejar. ANDRÉS: Tienen que brindar por mí, Iván. IVÁN: Brindar por vos. Qué pasó. ANDRÉS: Soy el nuevo presidente del directorio. IVÁN: No me enteré. Y papá. ANDRÉS: Se retiró. Definitivamente. WALTER: Bueno. Brindemos. ANDRÉS: Brindo por mí. Ustedes también brinden por mí. Porque sea el mejor presidente hasta ahora. RAFAEL: Eso. WALTER: Por Andrés. Iván no brinda. Descuelga el retrato del padre. RAFAEL: Qué hacés, Iván. IVÁN: Yo brindo por papá. Porque se retire definitivamente. ANDRÉS: Te acabo de decir que ya se retiró. IVÁN: Brindo porque se muera de una buena vez. WALTER: Iván. Dejá eso. Iván cuelga el retrato de padre cabeza abajo. IVÁN: Para que se cumpla mi deseo. RAFAEL: Sos un imbécil. ANDRÉS: Rafael, tranquilo. Alguna otra cosa, Iván. IVÁN: Nada más. Con eso me alcanza. ANDRÉS: Te sentís mejor. IVÁN: No. No me siento bien. ANDRÉS: Ahora, cuando venga, va a encontrar el retrato así. IVÁN: Papá va a venir. Acá. Va a jugar. ANDRÉS: Supongo que sí. IVÁN: Qué bueno, quiero verle la cara cuando lo vea. Pausa. Rafael va hacia el cuadro, se dispone a enderezarlo, advierte que Iván se encamina a la puerta de una de las habitaciones. RAFAEL: Qué pasa. Vas al baño. IVÁN: No. RAFAEL: Estás pálido. Te sentís mal. Mirate los ojos. IVÁN: Voy a entrar. RAFAEL: No. IVÁN: Necesito verla. RAFAEL: Más tarde la vas a ver. Tenemos que seguir. IVÁN: Pero yo ahora quiero entrar. Me falta el aire. Unos minutos, nada más. ANDRÉS: Te quedás acá con nosotros, tranquilo. Es la hora de la píldora. Walter, la píldora. Walter toma una píldora de un frasco y se la sirve en un plato a Iván, junto con un vaso de agua. IVÁN: No quiero, no quiero la píldora, dije. Iván se pone la píldora en la boca y bebe agua del vaso, sin tragarla. RAFAEL: Por qué mejor no entrás al baño. Llenás la bañadera con agua bien caliente. Te metés. WALTER: Terminala con eso, Rafa. Iván se acerca a Rafael y le escupe toda el agua en la cara. ANDRÉS: Iván, qué hacés. IVÁN: Ahí tenés, agua. Está bien caliente, o todavía no. ANDRÉS: Rafael, tranquilo. Tranquilo. (Pausa.) Mejor andá. RAFAEL (A Iván): Esta me la voy a cobrar, acordate. Rafael sale por una de las puertas. Transición. Permanecen en escena Walter, Iván y Andrés. WALTER: Cuándo vas a ir a ver a mamá. Quiere verte. ANDRÉS: Mentira. No quiere verme. Quiere que vaya para hablarme de Iván. Es inaguantable. WALTER: Iván ya está mucho mejor. ANDRÉS: Ves. Vos también. No está mejor. Estuvo mudo, más de tres semanas. WALTER: Hay gente que está años sin decir palabra. Pero un día mejoran. ANDRÉS: Todavía no mejoró. IVÁN: Ya me siento bien, se los juro. WALTER: Ahora habla. Le dijeron a mamá que hasta cantaba. Les cantaba a los compañeros. IVÁN: Todas las noches, antes de ir a dormir, la fila. Cada uno su nombre. WALTER: Tiene que salir. Tenés que firmar. IVÁN: Y después, cada uno a su habitación. ANDRÉS: Qué decís. Iván se saca el zapato. Lo agita. Del zapato cae una piedra muy grande. Walter y Andrés lo observan. IVÁN: Ahora me siento mejor. No sé por qué no lo hice antes. Sale Rafael. Todos ríen, menos Iván. ANDRÉS: Cómo te fue. RAFAEL: No me puedo quejar. ANDRÉS: Cansado. RAFAEL: Al contrario. Renovado. Iván se incorpora, se dirige a la puerta por la que salió Rafael. ANDRÉS: Adónde vas. Tenés que sentarte a la mesa. WALTER: Vamos a empezar. Iván permanece vacilante. ANDRÉS: Sí. Vamos, Iván. Empezamos. RAFAEL: Hay que sortear. Los lugares. WALTER: Yo doy. Iván se sienta a la mesa. IVÁN: Yo creo que era una tarde de verano. Él estaba parado de frente a la puerta, agarraba la silla del escritorio. El amigo, Alejandro, estaba atrás, tomándolo por la cintura. Puedo acordarme que no se separaron enseguida, siguieron por lo menos dos o tres segundos más. Walter tenía en la cara un gesto que nunca le había visto. No se dieron cuenta de que no habían cerrado con llave. Walter estaba terriblemente transpirado y Alejandro se escondió detrás de él. Yo no me quería ir sin hacer lo correcto pero no tenía la más mínima idea de qué era lo correcto en un momento como ése. Por eso creo que me quedé por lo menos dos o tres minutos, los miraba y buscaba algo para decir o para hacer. Era terrible verlos a los dos que temblaban, con los cuerpos desnudos, vencidos. Una semana después, una mañana, me desperté muy temprano porque vi entre sueños la sombra de unos pantalones. Cuando alcé la vista me di cuenta que era Walter, que me estaba mirando. Sin esperar siquiera a que me incorpore, me disparó la pregunta ofensiva: "me vas a delatar". Yo me levanté de un solo impulso, lo tomé a Walter por los hombros y lo insulté y le di dos buenos bofetones. Walter sollozaba y yo le preguntaba cómo se le podía ocurrir que yo era un delator. Después lo abracé y le dije que a partir de ese momento tenía que confiar en mí. III. POKER ABIERTO Sobre la mesa hay dos cartas. Una oculta y una descubierta. La carta descubierta es una dama de diamante. Andrés reparte. Cada uno recibe dos cartas. WALTER: Doscientos. ANDRÉS: Uno tiene que aprender a detectar rápido los peligros, sin confundirse. Papá sabía mucho de eso y por eso llegó adonde llegó. Uno tiene que tener claridad, así puede localizar lo bueno, y lo malo. IVÁN: Doscientos. Y cien más. ANDRÉS: Uno cree que alguien es débil y lo cuida, le tiene lástima, lo protege, no tiene claridad. WALTER: Querés decir que yo no tengo claridad. ANDRÉS: Sí, justamente. RAFAEL: Veo. Trescientos. ANDRÉS: Estás confundido. Te creés que Iván es un pobre indefenso. Trescientos. Pero no, es duro, sólido. No necesita que nadie lo cuide. IVÁN: Walter siempre fue bueno conmigo. Pero también yo fui bueno con él. Andrés reparte una carta más a cada uno. Walter sirve whisky. ANDRÉS: A mí un poco, con dos cubitos. Por eso, hay que ser tarado para llevarle cosas a la clínica. Él no le da ningún valor. IVÁN: Todas las noches espero que me llegue algún paquete, alguna carta. Cuando llega algo, duermo mejor. WALTER: Necesitaba ropa. Le llevé camisas. RAFAEL: Camisas. Para qué quiere camisas en la clínica. WALTER: Necesita de todo en la clínica. ANDRÉS: Pero las camisas las regaló. Eran camisas nuevas, sin estrenar. Cartas. Doy. IVÁN: A ellos les gustan las cosas que me regalan. Andrés reparte una carta para cada uno. ANDRÉS: Las repartió entre los internos. Sí o no. Walter. WALTER: Cómo sabés. ANDRÉS: Sí o no. WALTER: Sí. Quién te lo contó. Trescientos. IVÁN: Me piden cosas, no se las puedo negar. Ellos esperan que los ayude. ANDRÉS: Ves. No sirve de nada llevarle cosas. IVÁN: Trescientos. RAFAEL: Tiene razón. Trescientos. IVÁN: A la noche el silencio. El sonido de mi respiración que se va agitando, el aire que no me alcanza. Cuando se hace de noche llega la asfixia. ANDRÉS: Al principio me ocupaba de hacerle llegar plata. Después me contaron que se la prestaba a los compañeros del loquero. Trescientos. Pausa. Todos se ponen de pie. Se dispersan, cada uno concentrado en sí mismo. Luego se miran fijamente. Profundo silencio. ANDRÉS: Qué fue. WALTER: Al principio pensaron que era nada más que una indigestión. Pero es peor. IVÁN: Qué tiene. RAFAEL: Está enfermo. El corazón. WALTER: Tuvo un infarto. IVÁN: Va a vivir. RAFAEL: No se sabe. Parece que sí. IVÁN: Está internado. WALTER: Sí. IVÁN: Vamos a ir a verlo. RAFAEL: Sí, más tarde. IVÁN: No podemos ir ahora. ANDRÉS: No, ahora no. Nos faltan unas rondas. Pausa. ANDRÉS: Bueno. Papá se va a poner bien. Vamos, tenemos que seguir. Iván. Todos vuelven a sus lugares inmediatamente, excepto Iván, que se demora. Andrés reparte una carta para cada uno. WALTER: Alguien va a abrir. RAFAEL: Nadie tiene un par de ases. Empieza de nuevo. Todos tiran las cartas sobre la mesa. Andrés las recoge, mezcla y comienza a repartir nuevamente. Mientras tanto Iván, totalmente ajeno juega concentradamente con una cajita de fósforos. IVÁN: Tendríamos que ir a verlo. RAFAEL: Más tarde, Iván, las cartas. Qué tenés ahí. Iván guarda rápidamente la cajita en un bolsillo. IVÁN: Nada. No tengo nada. RAFAEL: Cómo nada. Recién te vi una cajita. IVÁN: Te dije que no tengo nada. RAFAEL: Mentís. La pusiste en ese bolsillo. Qué tiene la cajita. WALTER: Terminala, dejalo en paz. RAFAEL: Otra vez el escarabajo. WALTER: No te molesta. RAFAEL: No, no me molesta. Me pone furioso. Un bicho metido en una cajita. Y se entretiene con eso. IVÁN: Voy ganando. Te gané todas las manos. RAFAEL: No me importa si ganás o perdés. No quiero que tengas más ese bicho mientras jugamos, me escuchás. IVÁN: Te dije que no tenía nada. RAFAEL: No. Mostrame. Dame la caja. IVÁN: No. No tengo que mostrarte nada. WALTER: Rafael, tomá tus cartas y seguí jugando. Andrés ya dio. RAFAEL: No voy a empezar hasta que no deje de jugar con ese bicho. WALTER: Van trescientos. RAFAEL: No apuestes porque no voy a seguir. Sacá las fichas. Dame eso. IVÁN: No tengo nada. RAFAEL: Tenés la cajita en ese bolsillo. IVÁN: Vení a revisarme si te interesa tanto. RAFAEL: Con un bicho adentro. Es asqueroso. Toca el bicho y después toca las fichas. O peor, se las pone en la boca. No juego más hasta que no suelte ese escarabajo inmundo. Pausa. Silencio espeso. ANDRÉS: Iván, dame eso. IVÁN: No. WALTER (A Andrés): Vos también ahora. ANDRÉS: Te callás la boca. Me dejás ordenar esto de una vez, a mi manera. La cajita. IVÁN: No tengo ninguna cajita. ANDRÉS: No me provoques. La tenés en ese bolsillo. La puedo ver ahora mismo. IVÁN: Tenés suerte. Yo no veo nada. ANDRÉS: Te estoy esperando. IVÁN: No tengo nada para darte. ANDRÉS: Muy bien, vamos a hacer de cuenta que no pasó nada. Y vamos a seguir jugando como hasta ahora. IVÁN: Perfecto. Iván saca la cajita de su bolsillo y la agita a la vista de todos. ANDRÉS: Iván. Iván. RAFAEL: No se dan cuenta de que es un imbécil. Dame eso. Dame eso. IVÁN: Estoy esperando que vengan a buscarlo. Vamos, vengan, qué esperan. Se abre una de las puertas. Aparece Bárbara. Exuberante, vestida en ropa de cama. BÁRBARA: Qué pasa. RAFAEL: Vos metete adentro. ANDRÉS: Bárbara, todavía no terminamos. BÁRBARA: Salí porque escuché gritos. Qué pasa. RAFAEL: Iván. Juega con el bicho asqueroso. ANDRÉS: Estoy esperando. Bárbara, volvé a la habitación. IVÁN: Soy yo el que está esperando. Vengan a revisarme, vamos. ANDRÉS: Dame ese bicho, dame la cajita, sentate y agarrá las cartas. IVÁN: Tomalo. No, se escapó. Lo dejaste ir, Andrés. Dónde está. Iván se arroja al suelo, y se ubica debajo de la mesa. IVÁN: Está ahí. Lo ven. No, está acá, acá está. Lo encontré. Iván finge tomar el bicho de la caja, lo muestra, finge comérselo, saborea. Silencio. Todos vuelven a sus lugares. RAFAEL: Estás absolutamente loco. ANDRÉS: Bueno, ya jugaste con el bichito, ahora lo mejor es que te sientes. Bárbara, volvé. Rafael se acerca rápidamente a Iván, le quita la cajita del bolsillo y la aplasta con el pie. Iván la recoge del suelo, la observa, la pone de nuevo en su bolsillo. Pausa. Iván se dirige hacia la mesa. Cuando está por sentarse queda con la mirada fija en Bárbara. Comienza a caminar hacia ella. WALTER: Iván, vení acá. IVÁN: Quiero ir con ella. WALTER: Todavía no descansamos. Vení. RAFAEL: Iván, te doy cinco segundos para que te sientes. IVÁN: Van a seguir sin mí. ANDRÉS: Siéntense, Iván, Rafael. IVÁN: No me esperen por ahora. RAFAEL: No es hora de descanso. Hay que seguir. IVÁN: Voy a entrar con Bárbara. Necesito estar con ella ahora. Alguien me lo va a prohibir. Bueno, vamos, traten. Rafael se paró. Vamos a ver qué va a hacer. WALTER: Rafael, vení acá, no empecés. IVÁN: Vamos, quiero ver qué vas a hacer para que no entremos. ANDRÉS: Rafael. Vas a dejarlo entrar, me oís. Rafael, te estoy hablando, me mirás. Me mirás. Bien. Iván va a entrar y vos te vas a sentar con nosotros. Rafael se sienta. Iván se dirige hacia la habitación. ANDRÉS: La píldora. Dale la píldora. Walter toma una píldora de un frasco y se la sirve en un plato a Iván, junto con un vaso de agua. Iván la traga. Entra en la habitación con Bárbara. ANDRÉS: "Ases y ". Cartas. Doy. Un mazo nuevo, por favor. WALTER: Iván es un tipo que razona perfectamente. Es generoso, siempre está dispuesto a ayudar. Lo que pasa es que está cansado, agotado. Yo creo que hubiera podido ser un pianista excepcional. Pero ahora, yo lo vi, se sienta al piano y se distrae, los dedos se le paralizan sobre el teclado y parece que la mente le queda en blanco. Yo creo que piensa en Bárbara, en cómo volver a tenerla, como antes. A Rafael siempre le pareció que Bárbara era demasiada mujer para Iván, una injusticia, un disparate, algo que había que corregir de alguna manera. Rafael suponía que era imposible que Bárbara no se diera cuenta de que su marido es un idiota. No podía concebir que lo hubiese elegido a Iván cuando lo podía haber elegido a él. IV. POKER CERRADO Iván reparte cartas, bosteza. ANDRÉS: Qué pasa, Iván. IVÁN: Estoy cansado. Cuánto falta para el abierto. ANDRÉS: Dos rondas. Paciencia. WALTER: Alguien quiere vino. RAFAEL: Servime una copa. Gracias. Rafael deposita fichas en el centro de la mesa. RAFAEL: Van cien. WALTER: Van cien. Y cien más. ANDRÉS: Doscientos. Ahí los tienen. Alguien llegó. RAFAEL: Yo no escuché nada. IVÁN: Doscientos. ANDRÉS: Voy a ver. RAFAEL: Te digo que no vino nadie. Iván, te toca a vos. IVÁN: No apuesto si no están todos en su lugar. Quién tiene que venir. RAFAEL: Papá. Va a venir a jugar con nosotros. WALTER: No creo. ANDRÉS: Sí va a venir. WALTER: No. Tenía un dolor en el pecho, muy fuerte. ANDRÉS: De dónde sacaste eso. WALTER: Hablé con mamá. IVÁN: Si viene, no juego. Me voy ahora mismo, me oyeron. RAFAEL: Dijo que iba a venir. No le íbamos a decir que no querés. IVÁN: No lo necesito. No tengo ganas de tenerlo en la mesa. WALTER: Sentate. Cuando venga, lo vamos a recibir. Y vas a jugar. Sentate. Hablás vos. ANDRÉS: No había nadie. RAFAEL: Te dije. IVÁN: Seguimos. O no. Tengo que poner doscientos. Van. Doscientos y dos mil más. WALTER: Dos mil más. Es demasiado. ANDRÉS: Yo no veo. Voy a la puerta. RAFAEL: Cuando llegue va a entrar solo. No hace falta que lo esperes. Andrés sale por unos instantes. RAFAEL: Momento. Dos mil. Te voy a ver. WALTER: Yo también. Te veo. IVÁN: Cartas. RAFAEL: Dos para mí. WALTER: Una para mí. IVÁN: Yo me doy dos. RAFAEL: Diez mil. WALTER: Yo no veo. IVÁN: Diez mil. Y quince mil más. RAFAEL: Quince mil. Y quince mil más. IVÁN: Te veo. Qué tenés. RAFAEL: Full de ases. Pausa. Todos se ponen de pie. Se miran fijamente. Luego se abrazan como si no se hubiesen visto por largo tiempo. Profundo silencio. Los hermanos se dispersan en el espacio, cada uno retraído sobre sí mismo, intentando comprender. No se miran. No tienen el menor contacto. Luego de unos instantes en esta situación, Iván se derrumba, rompe a llorar. Sólo entonces cada uno toma cierta conciencia de la presencia del otro. Andrés, Walter y Rafael observan a Iván, que solloza sonoramente. Sale Bárbara. BÁRBARA: Iván. Iván. Qué pasó. Qué pasó, qué le hicieron. IVÁN: Papá. Papá. BÁRBARA: Qué decís, qué pasa con tu papá. Mi amor. IVÁN: No lo voy a ver más. BÁRBARA: No, mi amor, ya no lo vas a ver. IVÁN: Yo lo quería. Yo lo quería. Él no me quería. BÁRBARA: Sí que te quería. IVÁN: No. BÁRBARA: Pero todavía me tenés a mí, mi amor. Me vas a querer a mí. IVÁN: Sí. BÁRBARA: Vamos a estar juntos, siempre. IVÁN: Sí. ANDRÉS: Ya está. Es suficiente. Volvé a la habitación. BÁRBARA: Se siente muy mal. Necesita estar conmigo. ANDRÉS: Era nuestro padre. IVÁN: Por favor, déjenla quedarse. ANDRÉS: Tenés que estar con nosotros. Y nosotros tenemos que estar con vos, solos. Sin extraños. IVÁN: Te lo pido por favor, Andrés. Dejala que se quede aquí, al lado mío. ANDRÉS: La partida no terminó. Bárbara, volvé a la habitación. No te lo repito. IVÁN: No, no te vayas, por favor, no te vayas, vení conmigo. ANDRÉS: Iván, silencio. Bárbara entra en la habitación. Pausa. WALTER: Nos tenemos que ir. ANDRÉS: Sí, en un rato nos vamos. WALTER: Mamá está sola, con el cuerpo. Nos está esperando. ANDRÉS: Te querés callar, por favor. Necesito pensar. Pausa. Rafael se dispone a llevarse las fichas que están en el centro de la mesa. WALTER: Qué hacés. Esa plata no es tuya. RAFAEL: Tengo full. Full de ases. WALTER: El juego no terminó todavía. Iván no mostró las cartas. RAFAEL: Iván, da vuelta tus cartas. Qué tenés. No me contesta. WALTER: Dejemos el juego para después. RAFAEL: Andrés, antes de irnos tenemos que terminar la ronda. No me mires así. ANDRÉS: Podemos seguir cuando volvamos. RAFAEL: Quién sabe cuánto vamos a tardar. Iván tiene que mostrar su juego nada más. Ya pusimos la fichas. Yo ya bajé. ANDRÉS: Iván, mostrá el juego. Iván. Iván no responde. Andrés descubre las cartas de Iván. ANDRÉS: Poker de damas RAFAEL: No puede ser. WALTER: Poker de damas. Aquí lo tenés. Entre Walter y Andrés recogen las fichas y las colocan en el lugar de Iván. WALTER: Bueno, ahora sí, vámonos. ANDRÉS: Voy a tomar una copa de vino. Alguien quiere. WALTER: Mamá está sola. Quiere que vayamos ahora mismo para allá. RAFAEL: Todavía no. Falta que termine la ronda. Andrés. ANDRÉS: Bueno. Vamos a terminar la ronda. Y vamos a hacer dos rondas más. Cerrado. RAFAEL: Sentate, Walter. Son dos rondas, nada más. ANDRÉS: Iván, vamos, a la mesa. BÁRBARA: El lo sabe, yo se lo dije. Lo adivinó cuando estaba en la clínica y cuando salió (y salió porque yo le di las fuerzas) tuve que contarle los menores detalles. Siempre me pregunta por qué lo hice. Y siempre le respondo lo mismo: que no me quedó más remedio, que Rafael me acorraló. Todo lo que yo quiero en mi vida tiene que ver con Iván. Me preguntó si se la había chupado y yo tuve que contestar la verdad: él sabía que a Rafael lo único que le interesa es que una mujer se la chupe, que Rafael no concibe una relación con una mujer si ella no se la chupa. Iván nunca pronunció una palabra sobre Rafael, nunca un juicio o un insulto, absolutamente nada. Eso es lo que me da miedo. V. POKER ABIERTO Sobre la mesa hay dos cartas. Una oculta y una descubierta. La carta descubierta es un as de pique. Iván reparte. Cada uno recibe dos cartas. ANDRÉS: Doscientos. RAFAEL: Doscientos más cien más. WALTER: Trescientos entonces. IVÁN: Trescientos. RAFAEL: Cartas. Iván, das vos. Qué pasa. Iván da cartas. Le tiemblan las manos. WALTER: Estás dando mal, Iván. La ronda empieza por Andrés. Esta carta va aquí, y esta va aquí. Esta para Rafael. Y vos, te tenés que dar una para vos. IVÁN: Perdónenme. Me siento un poco cansado. ANDRÉS: Va toda la mano de nuevo. Iván, da bien. Walter, serví unas copas de vino. Walter le sirve una copa a Andrés. WALTER: Alguien más. RAFAEL: Servime a mí también. WALTER: Iván. ANDRÉS: No, Iván no va a tomar. Walter sirve una copa para Rafael y otra para sí mismo. WALTER: Salud. RAFAEL: Salud. ANDRÉS: Salud. Porque Iván se sienta bien muy pronto. Vamos, Iván, repartí. Iván reparte nuevamente en el mismo orden que antes: Andrés, Walter, Rafael y él mismo. Cuando da la segunda carta para Rafael sin querer la descubre. RAFAEL: Un as. Me quemó un as. Sos un imbécil, me escuchás. Idiota. IVÁN: Perdón, no sé cómo pasó. RAFAEL: No, perdón, no. No te perdono. Un as. Quemaste un as. Y yo ya tenía otro as. Dos cartas, dos ases. Y el as de la mesa. Y vos me venís a quemar el juego. Imbécil. Por qué no hacés una cosa: llenás la bañadera y te quedás a vivir ahí. ANDRÉS(A Rafael): No empecés con eso. IVÁN: Te pido perdón, de verdad. WALTER: Rafael, no lo hizo a propósito. RAFAEL: Nunca hace nada a propósito. Siempre es imbécil sin querer, como todos los imbéciles. ANDRÉS: Calmate. RAFAEL: Me quemó el juego. ANDRÉS: No quiero que grites. RAFAEL: Pierna de ases. Y me la viene a destapar. ANDRÉS: Silencio. Ya está, ya pasó. Ahora voy a dar yo. Vamos a usar un mazo nuevo. Walter, el mazo azul, por favor. IVÁN: No quiero jugar ahora, estoy cansado, me duele mucho el cuello. ANDRÉS: Descanso. RAFAEL: Tengo tiempo. ANDRÉS: No, no tenés tiempo. Ya empezamos. RAFAEL: Son dos minutos, a lo sumo cinco. ANDRÉS: Mejor te quedás acá. Walter se aleja de los demás. ANDRÉS: Qué pasa, Walter. WALTER: Iván tuvo un ataque. Está grave. Le detectaron una neumonía. ANDRÉS: Walter, la píldora para Iván. WALTER: Ahora. IVÁN: No quiero tomar la píldora. Hoy no. ANDRÉS: Vamos a descansar dos minutos, vas a tomar la píldora y después vamos a jugar todos, como corresponde. Iván se mete la píldora en la boca, la traga junto con un poco de agua del vaso. RAFAEL: Ya vuelvo. ANDRÉS: Adónde vas. RAFAEL: Voy a avisarle a Bárbara. En el momento en que Rafael va a entrar en la habitación, sale Bárbara. RAFAEL: Qué haces acá, quién te dijo que salgas. BÁRBARA: Escuché lo que dijo Walter. Quiero saber qué pasa. Está grave. WALTER: Sí, muy grave. Tiene mucha fiebre. Delira. Pide que lo dejen darse un baño caliente porque no puede parar de temblar. Después de cenar fueron a las habitaciones, Iván salió, nadie se dio cuenta. Estuvo toda la noche en la oscuridad con el frío, hasta las siete de la mañana sentado en el banco del parque. BÁRBARA: Voy para allá. RAFAEL: Todavía no. ANDRÉS: Esperá un poco, Bárbara. Ahora vamos todos juntos. BÁRBARA: Me voy ahora mismo. RAFAEL: Como quieras. Si querés, te puedo acompañar. BÁRBARA: No espero un minuto más. No necesito que nadie me acompañe. ANDRÉS: Vamos. Rafael. Dejá las cartas. Llevala a Bárbara a la clínica. La partida puede esperar. RAFAEL: Vamos en mi auto. WALTER: Yo también voy. ANDRÉS: No, vos te quedás acá conmigo. WALTER: Voy a ir a la clínica. Si le pasa algo, va a ser mi culpa. ANDRÉS: No digas idioteces. WALTER: No son idioteces. Tuvo un ataque y puede morirse en cualquier momento. No lo cuidé, no lo protegí. ANDRÉS: Vos no tenés por qué cuidarlo. IVÁN: No te preocupes, Walter. Voy a estar bien. WALTER: Vos esperabas que te ayude. Te pido perdón. IVÁN: Ahora me estás ayudando. Pero voy a estar bien. BÁRBARA: Claro mi amor que vas a estar bien. IVÁN: Podés decirle a mamá que se tranquilice. No me voy a morir, por lo menos ahora. BÁRBARA: Iván. IVÁN: No quiero oírte. No quiero hablar con vos. BÁRBARA: Mi chiquito, no me hables así. IVÁN: No quiero hablar con vos. BÁRBARA: Dame la mano, Iván. Vamos, te estoy esperando. Iván extiende su mano hacia Bárbara. Esta la toma. IVÁN: Por qué lo hiciste. BÁRBARA: Yo te quiero, te quiero a vos. IVÁN: Por qué lo hiciste. BÁRBARA: Te quiero. Sabés que te quiero. IVÁN: Te dejaste envenenar. BÁRBARA: Era mejor que verte sufrir. IVÁN: Que te abran las piernas. BÁRBARA: Me persiguió mucho tiempo. RAFAEL: Alguien quiere vino. Rafael se sirve una copa de vino. IVÁN: Y ahora me ves sufrir. BÁRBARA: Sí, mi amor, te veo sufrir. Trataba de que no te hicieran mal. Creí que si no lo hacía iba a ser peor para vos. IVÁN: Peor. No lograste mucho. Ahora estoy peor. BÁRBARA: No digas eso. Quiero creer que sirvió de algo. Perdoname, mi amor. No me dejaron salida. Nadie quiso ayudarme. Hasta Walter miró para otro lado. IVÁN: Walter no puede hacer mucho. WALTER: Bárbara tiene razón. Lo dejé seguir a Rafael, podía haberlo parado. IVÁN: Vos a Rafael, imposible. BÁRBARA: Andrés se divertía, mirando cómo pasaban las cosas. IVÁN: Cuántas veces lo hicieron. RAFAEL: Bárbara, te tengo que llevar, tengo que volver. Vamos. BÁRBARA: Todo lo que quiero en mi vida tiene que ver con vos. IVÁN: Cuántas veces. BÁRBARA: Varias. IVÁN: Varias. Muchas. BÁRBARA: Muchas. Demasiadas para mí. IVÁN: Demasiadas. BÁRBARA: Sí. IVÁN: Gozaste. RAFAEL: Bueno, suficiente. Si no nos vamos, seguimos con el juego. Yo no te llevo. IVÁN: Gozaste. BÁRBARA: Sí. Siempre que gocé, fue pensando en vos. Nunca en él. RAFAEL: Mentira. Nadie se puede creer eso. BÁRBARA: Nunca vas a poder imaginar cuánto te quiero, cuánto te amo, todo lo que soy capaz de hacer con tal de verte bien. Me creés. IVÁN: Te creo. Yo también te quiero. Te extraño, Bárbara. BÁRBARA: Yo también te extraño, mi amor. IVÁN: Ayudame. Ayudame a salir de aquí. No quiero seguir jugando. BÁRBARA: Es lo que más deseo en el mundo. Verte caminar tranquilo, conmigo, con las nenas. No depende de mí. No puedo hacer nada. ANDRÉS: Vamos, a la mesa. Walter. WALTER: Voy a salir con Bárbara. RAFAEL: Bárbara no va a salir. Porque yo no la voy a llevar. ANDRÉS: Nadie tiene por qué salir. Todavía no terminamos la ronda. BÁRBARA: Yo voy a ir a la clínica. RAFAEL: Vos vas a quedarte en tu lugar, vas a volver a tu habitación. BÁRBARA: Dejame, dejame salir, dejame salir hijo de puta. Rafael la domina. Iván trata débilmente de defenderla. Andrés lo retiene. Rafael se mete en la habitación con Bárbara. ANDRÉS: Walter, Iván, empezamos donde habíamos dejado. Rafael, te estamos esperando. Rafael sale. Se sienta a la mesa. ANDRÉS: Quién reparte. ANDRÉS: Yo lo llevé a Iván a debutar. El tenía dieciséis años, creo. Yo trece. Me acuerdo que entré yo primero. La puta rubia de pelo corto que nos atendía escuchaba los pasos de Iván afuera. Iván no paraba de caminar en el patio, aunque había varios sillones de hierro para sentarse. Eran las dos o las tres de la mañana. La puta me dijo: "parece que tu amigo está nervioso". Ella no sabía que éramos hermanos. Y yo no le dije "es mi hermano". Yo le había pedido a Iván que me acompañe, él no quería ir. Yo le insistí, le dije - le mentí- que no me dejara ir solo porque me daba no sé qué. Le dije - le mentí- que para mí era también la primera vez. Pero la puta esa ya me conocía. VI. POKER ABIERTO Sobre la mesa hay tres cartas descubiertas y dos ocultas. Rafael descubre una cuarta. Cada uno tiene cinco cartas en la mano. El orden es Andrés- Walter- Iván- Rafael. WALTER: Una dama. Van mil. RAFAEL: Mil de Walter y quinientos más. Todos apuestan. Rafael da vuelta la última carta. ANDRÉS: Un as. WALTER: Van cinco mil. ANDRÉS: No veo. RAFAEL: Te veo. WALTER: Falta que hable Iván. IVÁN: Van veinte mil. RAFAEL: Cómo dijiste. IVÁN: Dije que van veinte mil. RAFAEL: No puede ser. Qué puede tener. Tenés color. No te sirve. IVÁN: No confundas las cosas. Yo soy el que puedo leer tu juego en tu cara. Vos a mí no. RAFAEL: Aquí full mata color. IVÁN: No tenés que preguntarme, tenés que ver, o irte. Y no hace falta que me recuerdes las reglas. RAFAEL: No, porque quizás no se acuerda que full mata color. IVÁN: Veinte mil. WALTER: Yo no veo. RAFAEL: Yo le tengo que ver. Walter y Rafael depositan sus fichas en el centro de la mesa. RAFAEL: Mostrá, te toca a vos, Iván. IVÁN: Escalera real. RAFAEL: Claro. Sabía que tenía escalera. Pero no me podía ir. Yo tenía poker de diez. Podía ser un bluff. IVÁN: No era un bluff. Iván recoge todas las fichas. ANDRÉS: Qué pozo, Iván. Estás contento. IVÁN: Estoy muy contento. La verdad, muy contento. Quería decirles algo. ANDRÉS: A ver, Iván nos quiere hablar. IVÁN: Quería agradecerles... la oportunidad que me dan. Estoy contento de poder estar acá jugando. De verdad se los agradezco. ANDRÉS: No tenés nada que agradecernos. Somos tus hermanos. Estamos para protegerte, para cuidarte. IVÁN: Sí, pero yo, cometí un error. ANDRÉS: Ya nadie se acuerda, Iván, lo mejor es que sigas jugando tranquilo. IVÁN: No, no puedo seguir jugando tranquilo. Quiero pedirte disculpas. ANDRÉS: Debiste tener más cuidado. IVÁN: Tuve, tuve todo el cuidado. Pero no sé qué pasó. Me acuerdo perfecto que cuando iba a cruzar la calle en una esquina lo tenía conmigo, el maletín. Cuando llegué a la otra esquina ya no lo tenía. ANDRÉS: Eran documentos de mucho valor. IVÁN: Ya lo sé. Por eso quiero pedirte disculpas. ANDRÉS: No importa, Iván. La empresa puede seguir adelante igual. Y por eso ahora vamos a brindar. Porque les tengo una noticia. Desde ahora Walter es el vicepresidente primero. RAFAEL: Walter. ANDRÉS: Sí, Walter. Walter ha trabajado muchísimo, todo este tiempo. La empresa creció un cinco por ciento desde que soy presidente. RAFAEL: Yo también trabajé muchísimo. ANDRÉS: Por supuesto. Nadie lo pone en duda. Todos trabajamos. Por eso, Rafa, vos sos el vicepresidente segundo. RAFAEL: Yo ya era vicepresidente segundo. ANDRÉS: Entonces, tenés que estar contento. Conservaste el puesto. Bueno, a alguien le falta vino. Iván, un poco de vino. IVÁN: No, no puedo. WALTER: Vamos, ya pasó todo, la clínica quedó atrás. Tomá un poco de vino. IVÁN: Bueno, gracias. Pausa. IVÁN: Me acuerdo de cuando hacíamos los barriletes. Rafael hacía uno para él, y otro para Andrés, que era chiquito. Andrés siempre quería los mismos colores, naranja y rojo. Yo lo ayudaba a Rafa. Andrés se quedaba a un lado, no se acercaba ni una vez hasta que el barrilete estaba terminado. Siempre supo esperar, Andrés. ANDRÉS: Salud. Por nosotros, por la empresa. Porque la empresa siga creciendo. RAFAEL: Salud. WALTER: Por nosotros. Por Iván, que ya está bien. IVÁN: Por Bárbara. Puede venir Bárbara. RAFAEL: No. No puede. WALTER: Llamala, Iván. IVÁN: Bárbara. Bárbara. Bárbara sale. ANDRÉS: Tomá la copa, Bárbara, vamos a brindar. IVÁN: Cómo estás. BÁRBARA: Bien, mi amor. Vos cómo estás. IVÁN: Estoy bien, un poco cansado. ANDRÉS: Salud, salud a todos. Todos brindan, menos Rafael, que se aparta. Pausa. Rafael se muestra alterado. ANDRÉS: Qué te pasa, Rafael. RAFAEL: Iván. ANDRÉS: Qué pasa con Iván. RAFAEL: Iván se escapó. WALTER: Se escapó. Cómo se escapó. RAFAEL: Fueron a buscarlo, para darle una pastilla. Creyeron que estaba durmiendo. Pero en la cama había dos almohadas envueltas. Y el suelo estaba todo inundado. Había dejado las canillas abiertas. IVÁN: No me escapé. ANDRÉS: Ya lo van a encontrar. Lo van a llevar de nuevo. RAFAEL: Y si no lo encuentran. ANDRÉS: Lo van a encontrar. RAFAEL: Me odia. Tengo miedo por mí, por Marta, por mis hijos. BÁRBARA: Iván nunca le haría nada a Marta, ni a tus hijos. RAFAEL: Vos no sabés nada. No lo conocés. Y a mí. A mí tampoco me haría nada. Contestá. BÁRBARA: No lo sé. RAFAEL: Ven. A lo mejor me está buscando ahora mismo. A lo mejor me quiere matar. ANDRÉS: Por qué va a querer matarte. RAFAEL: Por qué va a ser, Andrés. ANDRÉS: Bueno, vamos a jugar. Siéntense. Bárbara, volvé por favor. Iván, Walter, siéntense por favor. RAFAEL: Yo no. No juego hasta que no sepa que Iván volvió al manicomio. ANDRÉS: Rafael, Iván no está en un manicomio. Sabés que no me gusta que uses esa palabra. Está en una clínica, de las mejores. RAFAEL: Sí, de las mejores, por eso lo dejaron escapar. IVÁN: No me escapé. Me afeité, me puse un traje, salí. Nadie me reconoció. Me tomé un taxi en la puerta. RAFAEL: Ustedes no saben. La última vez que lo vi, antes de entrar al manicomio, Iván me prometió que iba salir, se iba a escapar. Y me dijo que ese día yo tenía que tener cuidado. Bueno, ya se escapó. Y ahora, qué sigue. ANDRÉS: Iván no se va a atrever a hacerte nada, no, Iván. Iván no responde. RAFAEL: Lo primero ya está cumplido. Se escapó. IVÁN: Les digo que no me escapé. El médico me vio salir, no me dijo nada. RAFAEL: la primera vez que me acosté con ella a Iván todavía no lo habían internado. Entramos en uno de los departamentos que yo tenía entonces. Serví café, los tomamos, apenas me abalancé sobre ella me mantuvo a distancia con una mano. Después se levantó y empezó a desabrocharse los botones de un vestido de terciopelo, un vestido largo, me acuerdo porque tenía por lo menos veinte botones y creí que no iba a terminar nunca de desabrocharse. Yo trataba de mostrarme indiferente, pero sabía que ella no me creía nada. No llevaba corpiño y entonces yo podía ver sus tetas perfectas cuando se inclinó para desabrochar los botones que estaban últimos. BÁRBARA: yo le dije: era esto lo que querías. Bueno, acá lo tenés. Dónde está la habitación. Me desnudé por completo y me metí en la cama. Rafael se quitó los zapatos sin desatarse los cordones y se acercó a mí con una sonrisa helada. Tomó una punta de la sábana y empezó a tirar de a poquito. Quería descubrirme, decía. Yo no lo detuve. Me miraba el pubis, pero sobre todo me miraba las tetas. RAFAEL: No lloró, no gimió, no pataleó. BÁRBARA: No trató de besarme. Tomó una de mis manos y se la llevó a su sexo, una especie de animal hirviente. Suspiró, sonrió y por primera vez pude ver en su cara una expresión sincera. RAFAEL: Yo no quería que quedara entre nosotros la impresión de que todo aquello era para complacerme a mí. Yo la tenía que involucrar y estaba dispuesto a quedarme toda la noche o todo el día, hasta que quedara satisfecha.
VII. POKER CERRADO Los cuatro sentados a la mesa. Iván reparte cartas. IVÁN: Van cien. Rafael y Walter depositan fichas. ANDRÉS: Doscientos. Iván queda pensativo unos instantes. IVÁN: Quinientos. Rafael, Walter y Andrés depositan sus fichas por turno. IVÁN: Cartas. RAFAEL: Una para mí. WALTER: Dos para mí. ANDRÉS: Dos. IVÁN: Yo me doy una. Habla Rafael. RAFAEL: Mil. WALTER: No veo. ANDRÉS: Yo tampoco. IVÁN: Mil y diez mil más. RAFAEL: Diez mil y veinte mil más. IVÁN: Veinte mil y veinticinco mil trescientos más. Jugado. RAFAEL: Veinticinco mil trescientos. IVÁN: Vos hablás. No llegaste a full. RAFAEL: Par doble. IVÁN: No te dije. No llegaste a full. Yo tengo escalera al as. Iván junta las fichas. RAFAEL: De qué te reís, Iván. IVÁN: Por qué no me voy a reír. Acabo de ganarte un pozo, no. RAFAEL: No quiero que te rías. Ganaste. Te llevás las fichas y se terminó. Si tenés ganas de reírte te las tragás. IVÁN: Como vos digas. Iván saca una hoja de papel y la estudia atentamente. Hace una anotación y mira a sus hermanos con atención. Todos están observándolo. Iván estalla en carcajadas. RAFAEL: Iván. Callate la boca, Iván. IVÁN: Yo no hablé. Iván sigue riendo. Rafael se levanta y se acerca amenazadoramente a Iván, que lo observa y no deja de reír. WALTER: Sentate, Rafa. ANDRÉS: Rafael. Rafael trata de quitarle el papel a Iván. Este lo esquiva. Las carcajadas de Iván se multiplican. IVÁN: Querías saber qué escribía en el papel. Ahí tenés. Leé. Son las manos que llevás sin ganar. Veintidós. RAFAEL: Te dije que te calles la boca, imbécil. IVÁN: Es mucho, Rafael, no le podés ganar a un imbécil. Veintidós. Iván ríe a carcajadas. Rafael lo toma por el cuello de la camisa, pero no deja de reír. Rafael se dirige a la habitación de Bárbara. IVÁN: Lo lamento, Rafael. No podés entrar ahora. RAFAEL: No puedo. Entonces soy yo el que lo lamenta. ANDRÉS: Sentate en tu lugar, por favor. RAFAEL: Voy a tomarme un descanso, alguien tiene algún problema. WALTER: Rafa, quedate. Tranquilícense. Tenemos que seguir. RAFAEL: Descanso, dije descanso. No les queda claro, Iván, no te queda claro lo que quiere decir descanso. Rafael entra en la habitación de Bárbara. Iván se incorpora. WALTER: Iván. ANDRÉS: Te sentás ahora mismo. Me oís. IVÁN: No. No me voy a sentar. No me voy a sentar nunca más. Me están oyendo. Iván toma las cartas y las rompe. ANDRÉS: Tranquilo yo ahora mismo lo voy a buscar. IVÁN: No. Lo voy a sacar yo. Iván saca un revólver, llega a la puerta de la habitación de Bárbara. IVÁN: Salí. Salí te digo. Rafael sale inmediatamente. Bárbara detrás. BÁRBARA: Mi amor. IVÁN: Callate la boca, me escuchás. Y vos, sentate. Todos, se sientan todos. Todos, vos también, Andrés. Servile un vaso de whisky. Vamos. Andrés llena un vaso con whisky y se lo acerca a Rafael. IVÁN: Vamos. Te lo tomás. Más rápido. Bien. Todo. Así. Servile otro igual. Andrés llena otro vaso con whisky y se lo acerca a Rafael. IVÁN: Este también. Vamos, más rápido. Más rápido, dije. Hasta el fondo. Servile otro. Te callás la boca y hacés lo que te digo. Andrés llena otro vaso con whisky y se lo acerca a Rafael. IVÁN: Vamos. Tomá o no vas a tomar nada más. Más rápido. Todo. Otro. BÁRBARA: Soltá el revólver. Mirame aquí, mi amor, soltá el revólver. IVÁN: Vos te callás. Otro. Andrés llena otro vaso con whisky y se lo acerca a Rafael. IVÁN: Te lo tomás. Este también. Así. Ahora vas a pedir perdón. Y se te tiene que escuchar. Una sola oportunidad. Vamos. RAFAEL: Perdón. IVÁN: Perdón Bárbara. RAFAEL: Perdón Bárbara. Pausa. Iván apunta al techo, dispara con gran estruendo. Luego deja el arma sobre la mesa. Andrés se apresura a tomarla. IVÁN: Es de Tomás. Ni se dio cuenta que se lo saqué. Parece de verdad, no. Iván ríe a carcajadas. Andrés, Rafael y Walter quedan abatidos. Bárbara va hacia Iván y lo acaricia. Pausa larga. De pronto todos se incorporan, se dispersan. Bárbara y Walter se abrazan. ANDRÉS: Qué pasó. BÁRBARA: Me pidió que le prepare el baño. Yo llené la bañadera con agua caliente. Ahí fue que lo encontré. En la ambulancia no paró de hablar. Me llamaba, me llamaba todo el tiempo. A mí, y a Walter también. Les pedía perdón a Camila, y a Tomás. ANDRÉS: Perdón, por qué. Sabés por qué. BÁRBARA: Me lo imagino. Un compañero de colegio le dijo a Tomás que nos había visto juntos a mí y a Rafael. Entonces, una mañana Tomás nos siguió. Nos vio entrar a Rafael y a mí, en el departamento. Se lo contó a Iván. Pero Tomás se dio cuenta de que Iván ya lo sabía. Después de esa charla con Tomás, Iván prácticamente no volvió a hablar. Pausa. WALTER: Va a vivir. BÁRBARA: No se sabe. WALTER: Va a vivir, vas a ver. BÁRBARA: Perdió demasiada sangre. ANDRÉS: Los médicos qué dicen. BÁRBARA: Que está grave. RAFAEL: Siempre se acuerda de la casa abandonada y quiere que yo también me acuerde. Pero no puedo. Dice que esa tarde yo estuve fabuloso pero nunca tuve muy en claro por qué. Él me dice lo que pasó pero apenas me lo dice se me borra. WALTER: La anécdota me la contó mil veces. Iván y Rafael entraron en una casa abandonada y se encontraron con un chico que ahorcaba gatos y los dejaba bamboleándose. El chico descubrió que Iván lo espiaba escondido detrás de un tanque. Lo amenazó a Iván con matarlo si contaba algo y empezó a pegarle. Pero Rafael llegó por atrás y le descargó por lo menos veinte golpes con un fierro. Le rompió las costillas en varios pedazos. Iván iba a recordar esto para siempre: Rafael casi cometió un asesinato para defenderlo. Después Rafael lo obligó a levantarse y lo ayudó a Iván a cruzar el patio. Iván no paraba de escupir sangre. Rafael se convirtió para siempre en el héroe de Iván. VIII. POKER ABIERTO Sobre la mesa hay dos cartas descubiertas y tres ocultas. Iván descubre una tercera. Cada uno a su vez tiene cinco cartas en la mano. ANDRÉS: Dos cajas. RAFAEL: Yo también. Dos cajas. Walter les da fichas a ambos. Anota. IVÁN: Alguien quiere vino. RAFAEL: No. No quiero. ANDRÉS: Servime una copa. (Pausa.) Lindo día le tocó, no. Sol, fresco. Y al lado de Iván un árbol lleno de flores rojas. RAFAEL: Sí, Tomás sacó una flor del árbol, lo vieron. Cuando bajaron el cajón la dejó caer en la tumba. IVÁN: Eso hizo Tomás. WALTER: Sí. No lloraron ninguno de los dos, ni Tomás ni Camila. IVÁN: Y Bárbara. WALTER: Bárbara tampoco. RAFAEL: Pero estaba muy seria. ANDRÉS: Tenía puesto un trajecito gris. Estaba muy linda. WALTER: Con Marta no se saludaron, no Rafa. RAFAEL: Marta la buscó para saludarla. Bárbara la esquivó. ANDRÉS: Bueno, antes de empezar con el juego, vamos a brindar. IVÁN: Vamos a brindar. Por qué. Andrés toma la botella de vino y llena las copas. ANDRÉS: Por vos. Por Iván. Todos chocan las copas. ANDRÉS: Y ahora todos a la mesa que hay que empezar el juego. Quien reparte. IVÁN: Yo, yo reparto. ANDRÉS: Está bien, reparte Iván. Walter, ahí tenés el mazo nuevo, el rojo. IVÁN: Bárbara me llenó la bañadera. Cuando entré ya casi no se veía por el vapor. Cerré la puerta de madera pero ya estaba hinchada, como siempre en nuestro baño. Tuve que hacer un esfuerzo para cerrarla. Tiré un poco de agua en el espejo y me miré. Después busqué entre las cosas del botiquín y me metí en el agua. Sentí la losa contra mi espalda. Y me dejé llevar. Apenas un tirón en cada muñeca. Me fui quedando dormido. La veía a Bárbara como cuando la conocí. A la salida del colegio, con jumper gris y corbata azul. Y los dos caminábamos de la mano por una calle de árboles altísimos y un olor, un olor maravilloso a verano. La luz se va extinguiendo lentamente. Los cuatro jugadores permanecen algunos instantes más en la oscuridad.
Héctor Rubén Levy-Daniel nació en Buenos Aires el 17 de setiembre de 1961. Licenciado en Filosofía con una tesis sobre Nietzsche, se formó como dramaturgo con Ricardo Halac y como director junto a Laura Yusem, con quien estudió siete años. También estudió cine con Rodolfo Hermida y guión cinematográfico con Ricardo Piglia, bajo cuya supervisión escribió el guión para largometraje "Adónde van a morir los autos". En 1994 estrenó como autor y director su obra "Rommer, los últimos crímenes" en el teatro Arte Belgrano de la Capital Federal. En 1996 escribió la obra "Memorias de Praga", ganadora del premio FAIGA (galardón otorgado en la XXIII Feria Internacional del Libro de Buenos Aires; la obra fue publicada por la Federación Argentina de la Industria Gráfica y la Fundación El Libro). En 1997, estrenó esta obra en el Centro Cultural General San Martín bajo su dirección, con el auspicio de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y un subsidio del Fondo Nacional de las Artes. En 1998 estrenó "Instrucciones para el manejo de las marionetas" bajo la dirección de Clara Pando en el Teatro IFT de Buenos Aires. Esta obra fue seleccionada para participar de los festivales de Teodelina, Santa Fe, en agosto de 1998 y la Fiesta del Teatro Independiente de Tucumán, en noviembre de 1998. Por su parte, "Memorias de Praga" fue invitada a formar parte del Primer Congreso de Comunicación organizado por la UTPBA en septiembre de 1998. En 1999 participó –por concurso- del Ciclo de Teatro Leído con su obra "La postergación" dirigida por Roberto Medina. En el mismo año estrenó como director su obra "La noche del impostor" en el teatro IFT. En 2000 escribió "Serena danza del olvido", ganadora de una mención de honor en el Concurso Internacional TRAMOYA 2000 de la Universidad Veracruzana, México. (Esta obra fue editada en el número 65 de la Revista Tramoya, junto con las demás obras). En el mismo año estrenó en el Teatro IFT, en el marco del ciclo 9 (Nueve) –ideado e impulsado por él- su obra "Despedidas", bajo la dirección de Ana Fouroulis. En abril de 2001 estrenó, bajo la dirección de Marcelo Mangone, su obra "El archivista" en el marco del ciclo Teatro por la identidad (promovido por las Abuelas de Plaza de Mayo). En el mismo año recibió la Beca Nacional de perfeccionamiento del Instituto Nacional de Teatro y la Beca Nacional del Fondo Nacional de las Artes para la Producción Creativa. Con tales apoyos concluyó respectivamente las piezas "Poker" y "Los insensatos" ganadora de una mención de honor en el Concurso Internacional Casa de Teatro, de República Dominicana. En setiembre del 2001 volvió a coordinar el ciclo 9 (Nueve) en el teatro IFT, en cuyo marco realizó la puesta en escena de "La durmiente" de Ariel Barchilón. En 2002 reestrenó su puesta de "Memorias de Praga" con el auspicio de la Fundación Memoria del Holocausto, y estrenó bajo su dirección su obra "Trama de la mosca y la araña" en el marco del ciclo 9 (Nueve) en el teatro IFT. Asimismo estrenó como director en el teatro El Doble su obra "Los insensatos". Actualmente prepara la puesta en escena de su espectáculo "Suspense" y enseña dramaturgia y actuación en el Centro Cultural General San Martín e instituciones privadas. Asimismo se desempeña como titular de la materia Comunicación en la Universidad Maimónides. |
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