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VIEJAS FOTOS   (Obra breve)

de Néstor Sabatini

A Teatro Abierto y a todos sus soñadores,

Esta obra fue estrenada en TEATRO ABIERTO 1982, en el  Teatro Odeón; con dirección de Roberto Castro y la actuación de Danilo Devizia y  Luiz Kerz.

Sala principal de la casa. No existen paredes, ventanas ni moblaje alguno a excepción de una larguísima mesa y dos sillas tipo butacas prolijamente enfundadas. Eva y Cataldo se hallan sentados en las respectivas cabeceras. Ambos lucen radiantes. Ella viste largo y vaporoso salto de cama, y él, fina robe de chambre y pañuelo de seda al cuello.

EVA: (Desperezándose) -¡Ahhhhh...! ¡He dormido magníficamente!

CATALDO: (Idem) -¡Ahhh...! Yo estoy en condiciones de decir lo mismo: ¡Estupendamente...! Sobre una nube.

EVA: -Eso sí; confieso que he despertado con un apetito ¡sobrenatural!

CATALDO: (Discursivo.) -No hay cosa mejor que un desayuno potente, para estimular debidamente la corriente sanguínea.

EVA: -Siempre he pensado que un organismo con las vitaminas apropiadas y en su Justa medida, podría vivir no menos de ciento veinte años in­tachablemente.

CATALDO: (Categórico, subrayando con gesto.) ¡Ciento cincuenta!

EVA: (Tras pausa) -¿Qué prefieres hoy, querido? ¿Antojo especial?

CATALDO: (Modesto.) -Jugo de guayaba, estimo, no me caería nada mal. Todo lo contrario.

EVA: (Iluminada.) -Café... café cargado...

CATALDO: (Idem.)-... con crema...

EVA:...y manteca...

CATALDO: (Delirante.) -...manteca de campo...

EVA: (Idem.) -...tostadas crocantes... (A medida que enuncian, van esti­rándose uno hacia el otro sobre la mesa al tiempo que tiran y retuercen el  mantel)

CATALDO: -que la manteca chorree...¡y huevos ! ...¡Huevos de campo!

EVA: (Erótica -...duros...

CATALDO: -...¡No ! , blandos...que chorreen...me gusta que chorreen..

EVA: -...y jamón...

CATALDO: (Morboso.) -...jamón cortado grueso...

EVA: -No, finito...lonjas delgaditas...

CATALDO: -A mí me gustas gruesas.. Jamón de campo...

EVA: -y ketchup.-.mucho ketchup...

CATALDO: -...sí, mucho...

EVA: -y con carré de cerdo...todo con carré.

CATALDO: -¡Carré...!

EVA: -omelette...

CATALDO: -omelette surprise...

EVA: -langostinos...                                                  |

CATALDO: -¡No! Langosta chilena...

EVA: (En un grito histérico.) -¡Cataldo...!

CATALDO: (En el paroxismo del éxtasis.)-\Q\ié...\ ¿Eva...?              

EVA: -¡Ha llegado el momento de solicitar !

CATALDO: (Con voz de mando.) -¡EJECUTA...!! (Eva agita la campanilla de servicio [real]. Acto seguido sobreviene un silencio mortal. Ambos se recomponen rápidamente luciendo absolutamente esplendorosos.)

CATALDO: (Preparando.) -¡Ahhhh...! No existe nada como saborear una buena pipa antes de iniciar las fatigantes tareas del día. Son las pe­queñas e insignificantes cosas que hacen hermosa la existencia y pue­den a uno hacerle exclamar: "Gracias Dios mío, por hacer que me ha­lle vivo".

EVA: -No me cansaré nunca de decir lo inteligente y sabia que fue tu de­cisión de que el cigarrillo te abandone.

CATALDO: (Con amplio gesto) - ¡Angeles del cielo me ayudaron!

EVA: (Contundente.) -Eso se llama quererse.

CATALDO: (Modesto.) -Sentido común.

EVA: -Jamás! Has podido demostrar y un carácter templado, todo se puede. Absolutamente.

CATALDO: (Enfático.) -¡Querer, es poder! (Pausa larga.) ¿Serías tan amable querida de requerir el periódico...? Necesito estar al tanto de qué, ha estado ocurriendo en este bendito orbe.

(Eva agita la campanilla. Silencio mortal.)

CATALDO: -Eva...recuerdo que un día desperté y el hombre había llegado a la luna. Buen susto me llevé.

EVA: (Descubriendo diarios bajo la mesa) ¡Oh pero qué tonta! (Le alcanza un ejemplar hecho guiñapo de hojas amarillas y rotas.)

EVA: -¡Ay...! ¡Me muero de ansiedad esta semana!

CATALDO: (Desenvolviendo con aprensión el bollo.) Por desgracia yo me  encuentro obligado a sumergir en el mundo de las finanzas. Lo siento: pero los titulares tendrán que esperar su turno.

EVA: -¿Y por qué preocuparte...? De todos modos lo que pasó, pasó. Ya nada podemos hacer nosotros para modificar los acontecimientos. ¿Verdad, querido...? (Corta trozos de diario y hace una pulsera que se coloca)

CATALDO: (Serio; solemne.) -Por favor, Eva. Ahora te pido encarecidamente silencio. No debe volar una mosca. Un error de apreciación en los valores de mercado y estoy sonado.

EVA: (Sonriente.) -.Vamos! ¿No vas a decirme, que ni siquiera puedes distraer tan sólo un segundo de tu precioso tiempo para leer los chistes...? (Ríe desaforada a carcajadas.)

CATALDO: -¡En absoluto...! ¡Ni pensarlo!

EVA: -Sin embargo...comenzar la  ¡fascinante aventura de todo los días con una sonrisa en los labios es más que profiláctico.

CATALDO: (Seco, cortante, imperativo) -¡Silencio...! (Ambos se enfrascan en la. lectura, Eva ríe,)

CATALDO: -¡Shhh...! ¡Hummm...! ¡Excelente...! ¡Excelente...!          

EVA: (Interrumpiéndose.) -¿Qué sucede, cielo...? ¿Acaso alguna novedad digna de comentarse...?

CATALDO: (En lo suyo.)-...Una maravilla. Extraordinario...

EVA: -¿Qué cosa...? ¡Ay, no me intrigues...! Entre consortes no deben exis­tir secretos.

CATALDO: -Esto. Todo.

EVA: (Categórica.) -Este órgano de prensa...es serio. Me gusta. (Retorna a la lectura y le sobreviene otro ataque de risa)

CATALDO: -¡Shhhh...! (Ella intenta contenerse pero en vano. Finalmente él, curioso.) ¿A ver...? (Eva se estira sobre la mesa o como sea. (Tal vez, en una mesita rodante)...,y le alcanza. Cataldo lee y ríe mientras ella permanece pendiente. Luego él, leyendo:) "...Una nación entera tomó la firme determinación de suicidarse. (Ambos tiene una acceso de ri­sa y luego se se interrumpen bruscamente. Cataldo esconde el diario)

EVA: -Cataldo...Yo también acabo de tomar una determinación importan­tísima para mi   dulce vida.

CATALDO: (Interesado)-¿Cuál?

EVA: (Categórica) -No voy al Colón. (Adelantándose a una reacción preocupante de Cataldo.) Como lo oíste. Y no hay apelación. (Catal­do queda duro. Ella, categórica) Lo lamento por los Martínez Peloncho.

CATALDO: (Balbuceante.) -Pe...Pero...es, ¡inaudito...! No entiendo... ¿Y por qué motivo, se puede saber...?

EVA: (Colocándose una media blanca como guante.) -Porque el famoso Ba­llet "Holiday On Ice" será televisado en directo esta noche desde el Colón. Y esta vez prefiero asistir a la función de gala sentada cómodamente en mi casa. Es algo, que me lo tenía desde mucho tiempo prometido.

CATALDO: -Pensándolo bien Eva,...¿Sabes que no es una idea tan com­pletamente descabellada después de todo ? Hasta es posible que te acompañe. Es decir, siempre y cuándo mis múltiples ocupaciones me lo permitan.

EVA: (Muy contenta.) -¡Oh, haz un esfuerzo! ¿Sí; Cataldo...? ¿Cuánto hace verdaderamente que no vamos juntos a alguna parte?: siglos. (Se ins­talan juntos y miran hacia adelante. Ella, con prismático)

CATALDO: -Es cierto, Eva. Ahhh... Envidio a los mortales que poseen la fortuna de tener un sólo empleo y cumplir un horario. (Pausa. En otro tono.) Me imagino que a los Martínez Peloncho, esto, no les va a causar mucha gracia que digamos.

EVA: (En un gesto descalificante.) -¡Bah...!

CATALDO: -Entre paréntesis; el tiempo que no los vemos, ¿eh...?

EVA: -Cierto. Añares.

CATALDO: -Decime si me equivoco desde su último infarto.

EVA: -No te equivocas. Pobrecito...parece que quedó muy sensibilizado desde su parálisis en medio cuerpo.

CATALDO: (Chasqueando los dedos con expresión iluminada.) -¡Che...! ¿Qué te parece si los invitamos esta noche a compartir la velada con nosotros...? Rato ha, que le adeudamos un lunch.

EVA:(Incorporándose de un salto) -¡Sensacional Cataldo! (Agita con toda ansiedad la campanilla. Silencio. Luego llorosa, dramática) ¡Ay...! ¡Lástima el franco de Matilde...! (Se desploma al suelo y se levanta en­seguida como resorte para lucir super-espléndida.)

CATALDO: (Mientras tanto.)-No permitas que te afecte. En fin...oportu­nidades no van a faltar. (Trans.) ¡Bien! Debo marchar a la oficina. Ya es hora de abrir. Hasta luego querida. (Se mete debajo del mantel, de­sapareciendo)

EVA: -Hasta luego, querido. No regreses tarde. (Dando un beso al aire.) ¿Has  pensado ya lo que quieres almorzar...?

CATALDO:(Asomando) -Francamente, no se me ha presentado ocasión de meditar­lo.

EVA:(Imperativa, pero dulce.) -Pues, medítalo.

CATALDO: (Luego de hacerlo por un segundo.) -¡Ya está...!

EVA: (Ansiosa.) -¿Y...? (Ha tomado un trozo de diario y está dispuesto a ano­tar el pedido cual maítre.) Dime; estoy presta.

CATALDO: (Finalmente.) -Agua a su temperatura ambiente. (Se esconde)

EVA:(Agitando la campanilla.)AGUA PARA DOS...! Y que sea a tem­peratura ambiente...! (Lo busca como si tomara conciencia recién del pedido. Por debajo del mantel. Sorprendida.) ¿Agua...?

CATALDO: (Por toda respuesta) -"Mens sana in córpore sano".

CATALDO:(Debajo del mantel.) -Esta mañana tengo muchísimo trabajo atrasado. Debo sacarlo...¡cueste lo que cueste...!

EVA:(Volviéndose a introducir bajo el mantel) -¿Hay algo en lo que pueda colaborar contigo, amor...?

CATALDO:-Gracias. Puedo arreglármelas perfectamente. Urgente, debo comunicarme  con mi cartera de clientes. (A ella.) Además hay que co­nocer el manejo del fichero. No es moco de pavo.

EVA: (Ofendida.) -Diploma de honor en la Pitman.

CATALDO:-¿Por qué no te entretienes haciendo calceta...?

EVA:  (Insiste) -¿Cuántas veces has estado aleccionándome, conque lo que  yo necesito es una actividad fuera de casa para no anquilosarme ?

CATALDO: -Jamás salló algo semejante de mi boca.

EVA: (Continuando) -Bien: Lo he reflexionado; y he llegado a la conclu­sión que no carecías de razón.

CATALDO:-Acabo de cambiar de opinión hace dos segundos.

EVA:(Rabiosa) -Seguramente voy a ser más eficiente que la tenida contra­hecha esa que tenías de secretaria. ¡Tenlo por seguro !

CATALDO:-¿Te conté que ganó el concurso Miss Belleza Don Torcuato..?

EVA:-Seguro que de pechos caídos.

CATALDO:(Sentencioso.)-El hombre que permite que su mujer trabaje, no es digno de llamarse hombre.

EVA: -(En tono casual) ¿Y cómo se llama ?

CATALDO:  -Alfeñique.

EVA: (Idem.) -El Hombre que no permite que su mujer trabaje, más que un hombre...

CATALDO:-¿Qué es...?

EVA: -Cagón.

CATALDO: (Refranero.) -El hombre en la pala y la mujer en la casa.

EVA: -Para que sepas -y no me avergüenza decirlo-, he trabajado en una oportunidad. Que sí, te digo.

CATALDO: -¿No digas?...¿Haciendo...?

EVA: -Recolectando fondos para niños desamparados. (Orgulloso) ¡En mi juventud! (Se oye tema musical de los cincuenta, sesenta. Se toman y  bailan.)

CATALDO: (Meloso y tontolón.)¿Cómo te llamas...?

EVA:-Eva...¿Y vos...?

CATALDO:-Cataldo... (Finalmente, el baile se interrumpe bruscamente y ambos se dirigen rápido a tomar asiento.)

CATALDO: -Está bien. Me has convencido. (Se oculta debajo del mantel. Eva lo imita.)

CATALDO: (En rol de jefe.) -Ordenémosno. Por favor...Busque la casa "Parisi Hnos." Está por abecedario. No se puede equivocar.

EVA:(Retórica.) -La computación no es útil para el hombre. ¡Ya está! "Parisi Hnos." Fábrica de inodoros musicales. La tarjeta está cruzada con una raya roja. ¿Qué significa...?

CATALDO:(Molesto) -No importa. A  ver...pruebe con... "Zaciso  S.R.L." Zaciso con zeta.

EVA: -¡Tarjeta roja!

CATALDO: (Rápido.) -No es problema. "011:0111 S.A." en Comandita.

 EVA: (Eficiente,) -¡Ya está...! Y ahora, ¿qué hago...?

CATALDO:-Suminístreme el teléfono del gerente de ventas.

EVA: -¡Tachado !

CATALDO: -No se preocupe. Jefe de ventas.

EVA: (Idem.) -¡Tachado !

CATALDO: -No es importante. Encargado de ventas.

EVA: "¡Tachado !

CATALDO:(Exasperado,) -¡Aunque sea el cadete, caramba...!

EVA: -Sr. Carlitos : sesenta, cuarenta y cuatro veinte.

CATALDO:"...sesenta...cuarenta y cuatro... (Se coloca el auricular en el oído y se oyen ruidos extraños e inquietantes) Maldito sea. No tiene to­no.

EVA:  (Tranquila,) -Déjalo colgado. Ya va a venir. (El obedece)

CATALDO:-¿Me alcanza esas carpetas, quiere...? Mientras tanto iré adelantando trabajo para la convención.

EVA:  (Rápida,tomando una montaña  de diarios) -¡Aquí está! (Lo tapa con ellos)

CATALDO: (Luego destapándose tembloroso con un sobre en la mano. Observándolo con aprensión) ¿Y esto? ¿Qué es...? ¿Qué hace esto aquí?

EVA: (Observando el sobre a prudente distancia.) -¿Qué cosa...?

CATALDO: -Esto... (Lo tiene tomado de una punta.) esto...

EVA: (Estirándose y no.) -No veo bien...a ver...Por la forma, yo diría diría      que...bueno... (Rápida, atajándose.) Pero de ningún modo me me atrevería a afirmarlo. Sería aventurar un juicio a priori del que no es­toy dispuesta a responsabilizarme. (En otro tono) Por la forma...pare­ce una carta.

CATALDO:    (Con un hilo de voz.) -Dices una...carta. ¿Una carta, Eva...?

EVA: -Fue sólo una opinión...Segura, segura...lo que se dice, no estoy.

CATALDO:    -Pero si no es una carta...¿Qué es...?

EVA: -Pides demasiado, Cataldo. (Pausa.) ¿No lo dice...?

CATALDO: (Observando con el rabillo del ojo.) -No...no... (Se dispone a abrirlo con mucho cuidado.)

EVA: (En un grito.) -¡NO LO ABRAS...! (Cataldo arroja asustado el sobre y retrocede unos pasos.)

EVA: -Mas vale prevenir que curar.

CATALDO:-Sí, aquí no ha pasado nada. (Mira hada todos lados. Luego, a ella.) ¿Pero, quién me habrá enviado una carta, Eva...? Si yo no po­seo enemigos.

EVA: -Por supuesto. Claro. Sin duda. En efecto. (En otro tono) Si la abres tal vez nos enteremos. (Deja escapar una risita nerviosa)

CATALDO:    (Firme) -Sí;...eso. (Trans. Medroso) ¿Te parece...?

EVA: -Aja... (Finalmente él se dirige con toda decisión a tomarlo)

EVA: -¡NO...! (Cataldo se detiene en seco. Ella, imperativa ahora) ¿Qué es­     peras para abrirlo? (El obedece.) Fuiste vos el que quisiste, acordate.

CATALDO:   (Estallando.) ¡Qué diablos está haciendo una carta anónima encima de mi escritorio entre mis papeles personales...! ¿Se puede sa­ber...? ¡Malditos empleados...! (Va hacia la mesa.) ¡Son todos inúti­les...! ¡Para lo único que sirven es para pedir aumento! (Habla por intercomunicador imaginario) ¡QUE VENGA IÑIGUEZ...! ¡Iñiguez, inmediatamente a Gerencia !

EVA:(En un grito operístico.) -¡Iñiigueezzz...! (Yendo hacia él.)No te enfades querido,...no se está viniendo el mundo abajo.

CATALDO:(Escandaloso.) -¡JA! ¡NO SE ESTA VINIENDO  EL MUN­DO  ABAJO!  (Sin querer rompe el sobre. Queda de una pieza. Final­mente luego de muchos rodeos extrae su contenido. Eva permanece pen­diente de la operación.)

EVA: (Entre risitas.) -¿Qué, qué dice...?

CATALDO: -Eva...alguien nos ha querido...hacer una broma de mal gus­to. De-muy-mal-gusto.

EVA:(Escandalizada.) -¿Es algún dibujo obsceno...? (Se tapa para no ver,Rápida.) ¡No me lo muestres...! (Espía.)

CATALDO: (Avanzando hacia ella papel en mano.) -Observa tú misma.

EVA:  (Retrocediendo.) -No me mezcles. (El la obliga a tomarlo. Ella lee. fi­nalmente) Qué  raro...

CATALDO: -¿Raro...? ¿Qué te resulta raro...? Si en este país lo insólito es pan  diario. (A ella, furioso) ¿Por qué no ha sido abonada...? ¿Eh...!¿Por qué no  ha sido abonada...esta factura de teléfono...? ¡Exijo una explicación...! ¡YA !

EVA:  (Alejándose culposa.) -¿Y cómo quieres que sepa, Cataldo...? Sabes que no me  muevo de casa.

CATALDO:(Persiguiéndola.) -¿Te atreves a sugerir acaso que son cosas de mi Ju­risdicción...?

EVA:  (Retrocediendo asustada) -No dije semejante cosa. (Ahora enfrentándolo.) ¿ME OISTE...? (El se asusta. Ella vuelve a su actitud temerosa. El, tomando de nuevo el rol anterior) Tal vez, Matilde...

CATALDO:-¡Te he dicho mil veces, que en la servidumbre no se puede confiar...! ¡Hasta el hartazgo!

EVA: -Pero mi vida...en ocho años la pobre...

CATALDO: (Muy próximo a ella.) -¡No la defiendas...!

EVA: (Enfrentándolo) -¡QUE DIJISTE...! (El se asusta ante la imprevista actitud varonil de ella. Luego ambos se pegan alternativamente una ca­chetada derribándose al suelo y recomponiéndose en seguida)

CATALDO:   (Retomando. En tono de advertencia) -Eso ya vamos a arreglar. Pero a su debido tiempo. Ahora tiene prioridad solucionar esto, y sin perder un segundo. A ver...¡Pronto Eva! ¿Qué fecha es...? ¡Vivimos...! ¡Rápido...! ¡Movete...!

EVA: -La verdad...tengo que reconocer que acabas de ponerme en un ver­dadero aprieto, Cataldo. Creo que...hoy es...¿Qué día es hoy?

CATALDO:(Arrojándole un zapato o pantufla.) -¡Eso, es lo que precisa­mente me  gustaría saber !

EVA: -¡Viernes...!

CATALDO: (Tomándose de los pelos.) -¡Te pedí la fecha...! ¡No, el día...! ¡Despertá...!

EVA: -Ya va, ya va... Debemos andar...entre el quince, o dieciséis o diecisie­te; a más tardar dieciocho...sí, dieciocho. Más de ahí, no puede pasar. Estoy segurísima.

CATALDO:   -No podemos  darnos el lujo de tener el más mínimo margen de dudas en estas acuciantes circunstancias. (Imperativo) ¡Llama en seguida a Matilde! Ella tiene que tener algún dato. (Eva agita rápidamente la campanilla; luego se interrumpe y mira abajo de la mesa.) ¿Es socia de Internet, no ?

EVA:-¡Pero qué tontolones somos...! ¿Para qué contamos con el diario...? (Toma una hoja y se fija)

CATALDO:(Desesperado.)-¡Apúrate! El tiempo se escurre como agua en­tre los dedos...!

EVA: (Finalmente, en grito triunfal) -¡Veinticinco...! (Ríe de entusiasmo.) ¡Yo sabía! ¡Veinticinco de mayo de...!

CATALDO: -¿Llueve...?

EVA: -Es posible. (Cataldo la mira fijo y luego se dirige a tomar el papel, el que estudia detenidamente.)                                   \

CATALDO:-...Es tan complicado descifrar esto...Lo único que...espero...(Se echa de espaldas sobre la mesa.) Jeroglíficos...! (Quejándose) Con mi  rol en la sociedad...y tener que ocuparme de minucias domésti­cas...¡Y a mi edad...! (En otro tono) Lo único que falta es preocupar­  me  también si hay o no, papel higiénico en el baño.

EVA: (Sonriente) –Afirmativo, corazón.

CATALDO:(Prosiguie^ido) -...¡Para qué existe la mujer en la naturaleza...!       (Alcanzándole la factura.) ¡Toma...! Fíjate tú. (Eva lee mientras re­toma  a su asiento y se deja caer abatida. Cataldo desde su lugar y po­ sición, la observa)

EVA: (Finalmente.) -Demasiado tarde.

CATALDO:   (En un exabrupto .) ¡!CARAAJJOOOO...!

EVA: (Escandalizada.) -¡Cataldo !

CATALDO:-Estamos...definitivamente perdidos. (Se deja caer cuan largo largo es. Pausa.)

EVA: (En un  discurso que comienza bajo y crece gradualmente hasta llegar a su máxima intensidad.) -No seas pesimista, mi buen Cataldo. Te desconozco. No eres aquél joven apuesto que todo se lo llevaba por  delante. No todo está perdido todavía. Algo tenemos que hacer. No nos podemos quedar  con los brazos cruzados como si nada pasara.  (Sentenciosa.) Esto, lo arreglamos nosotros o no lo arregla nadie. (To­ma una  banderita y sube al asiento) ¡Debemos presentar batalla...! (Levanta la banderita en alto.) ¡Por qué no te MOVES...! (Cataldo comienza a correr alrededor de la mesa, en principio con ánimo. Ella,      azuzándolo.)¿Desde cuándo te amedrenta el enemigo...? ¡Plantea tu      estrategia...! ¡Tu táctica...! (En cada vuelta Cataldo le entrega una  banderita. Este se va desarmando poco a poco.) ¡Tu mejor técnica...! ¡Yo seré tu apoyo logístico...! ¡No te haré faltar ningún pertrecho...!      ¡Confía en mí...! (En un grito.) ¡CATALDO...! ¡OBEDIENCIA   Y   CORAJE!   ¡QUE  JODER!  ¡Tienes muchas relaciones! ¡Bueno, es ocasión propicia para hacer valer el peso tremendo de tu influencia! ¡Por qué no te movés! ¡Explícales que fue por un error involuntario! ¡Que nosotros -corno siempre- no tuvimos nada que ver! ¡Te lo van a entender! ¡Ve, Cataldo...! ¡Corre! ¡Vuela! ¡No te detengas! ¡Truena! ¡Ruge! ¡HAZ  OIR TU  VOZ!  (Cataldo cae exhausto junto a ella sos­teniendo banderitas en las manos y en la boca. PAUSA LARGA.)

CATALDO:(Finalmente) -A fin y al cabo los llamados no eran tan apre­miantes.

EVA:-Al menos por un tiempo podremos gozar un poco de tranquilidad. Lo estábamos necesitando. Odio, nos estén molestando a cada rato por estupideces. (PAUSA.)

CATALDO: (Incorporándose.) -Bueno...voy a cerrar. Debe ser mediodía.  Estoy agotado. Ahh...Hoy ha sido un jornada matadora. (Ambos se sientan.)

CATALDO:  -Lo mejor será que dé un paseo por la casa. Si me animo, has­ta pueda que haga un poco de aerobismo en el palier.

EVA: -Desde que abandonaste el auto a causa de tu circulación, te sientes mucho mejor ¿no es cierto vida...?

CATALDO:-¡Vamos! Soy un hombre completamente nuevo. Otra perso­na. (Reacción.) Habrás percibido que estoy mucho menos nervioso y tenso que antes? (Queda duro como palo.)

EVA: (Sonriente.) -De eso, se da cuenta hasta el que no te conoce: yo. (Lue­go, en tono sensual,) ¿Qué tal un vermucito para despabilar el apeti­to, eh, querido...? (Le hace un guiño cómplice.)

CATALDO:   -Hummm...    Quesito... papilas... salamín... aceitunitas... cholgas... ¿Te referís a todas esas paparruchas, por casualidad...?

EVA: (Morbosa) -Exacto. Manicitos...pulpito...caracolitos...jamoncito serrano, glacé, fondeau de chocolate, trucha a la manteca negra..

CATALDO:  -¡No! Todo eso me está prohibido.

EVA: -Para que veas que te quiero y soy solidaria: ¡Para mi también...! ¡PROHIBIDO   COMER...!

CATALDO:(Discursivo) -Dices bien, Eva. Es un edicto que debería colgar en todos los hogares de esta venturosa y promisoria Nación. He dicho.

EVA:  -Ahhh...La temperatura reinante es verdaderamente aplastante. Lo puede demoler a cualquiera. (Se desploma y de inmediato se recupera.)

CATALDO:-¿Qué te sucede...?

EVA: -Experimento una sensación envolvente. (Vuelve a desplomarse y a recuperarse.)

CATALDO: -¿Pero, qué sentís...? Dí.

EVA:  -El oxígeno...está como enrarecido... ¿no lo notas? (Se desploma y recupera.)

CATALDO:    -Está bien; pero ¿qué es lo que sentís en definitiva...?

EVA: -¿Agobio...? (Se desploma y se incorpora) ¿Descorazonamiento ?

CATALDO:  -¡Calor...! ¿Eso, es lo que querés insinuar...?

EVA: (Chasqueando los dedos.) ¡Eccoli...!

CATALDO:    (Recriminando.) -¿Por qué no lo dices sin cortapisas, mujer?

EVA: -Sabes que no me gusta expresarme ramplonamente como el vulgo. Una dama no debe perder jamás la delicadeza en la expresión lingüís­tica. Aún, le estén echando aceite hirviendo. Me lo enseñó mi mamá.

CATALDO:-Sin embargo...reflexiona esto, Eva : ¿nunca has pensado...que una  palabra justa, clara, precisa, simple, sencilla, directa, transparen­te, diáfana, llana...dicha a tiempo...podría llegar a salvarte la vida...?

EVA: -¿Por ejemplo...?

CATALDO:(En un alarido) -¡SOCORROOO...! (Inmediatamente se repone)

EVA: -¿Una vida sin dignidad...? ¿Eso, es lo que me ofreces ?

CATALDO:(Sentencioso.) -La dignidad del ser humano reside en su ima­gen social. Todo denodado esfuerzo por cultivarla, es poco. En fin...Si calor es lo que sufres, requiero que bajen la calefacción y ya está.

    (Agita la campanilla. Silencio. PAUSA)

EVA: -¿Cómo imaginas que estará el día afuera...?

CATALDO: -Ignorólo. ¿Querés que pregunte...?

EVA: -No urge. (PAUSA)

EVA: -¿Ejecuto en el piano de cola, querido...? Hoy siento que estoy Inspi­ rada. Te haré oír una composición que he preparado en secreto para tu completo deleite. (El asiente y adopta una posición adecuada a la circunstan­cia. Ella acomoda su asiento como lo hacen los concertistas y comienza a tocar en teclado imaginario mientras tararea "Para Elisa', Cataldo escucha con atención ostensiblemente fingida, aburriéndose de lo lindo)

CATALDO:(Al final, aplaudiendo.) -¡Bravo...'. ¡Bravo...! ¡Bravísimo...! (Ella se levanta y saluda varias veces visiblemente emocionada, y recoge flores que le son arrojadas. PAUSA)

EVA: -¿Qué quieres para la cena...?

CATALDO:   -Por mí no te preocupes. En serio. No tenga nada de hambre. Así livianito estoy bárbaro. Me siento tan etéreo que podría salir con facilidad pasmosa flotando por la ventana.

EVA: (Imperativa y maternal.)-Tienes que alimentarte. ¡Ohhh...!

CATALDO:   -Está bien, está bien...Ganaste. En todo caso un tecito solo; liviano. Casi sin té. Y sin azúcar. Ni edulcorante. Digamos que para no irme al lecho con el estómago vacío. (Para sí) Tengo que decidirme de una vez por todas a comenzar el régimen.

EVA: -Estoy convencida que el noventa por ciento de las enfermedades que padece la humanidad -por no decir el noventa y tanto-, se deben al exceso de comida.

CATALDO: (Categórico, subrayando con gesto.) -¡Noventa y cinco! (Peque­ña pausa.) La gula es el flagelo de este siglo. Y de continuar así, lo será del que viene. Todo lo que hagamos por combatirla será insuficien­te.

EVA: -El gobierno, debería ocuparse más en educar a la población promulgando planes de nutrición adecuados.

CATALDO:-Lo hace. Lo hace, Eva. ¿Pero vos crees por ventura, que al­guien le lleva el apunte...? Es gastar pólvora en chimango. No te hace falta más que pasar por cualquier obra en construcción, para pre­senciar las orgias que hacen. (Comienza a salirle el resentimiento.) te revuelve el estómago. ¡NO! ¡La cuestión es comer...! ¡Negros de mierda...! ¡Llenarse la panza hasta reventar...! ¡Comer ...! ¡Cualquier cosa...! ¡Cascaras de bananas...! ¡Pero comer...! ¡Negros de mierda...que nos trajeron el cólera...! ¡La gula...! ¡Se quejan, pero bien que para vino tienen...! ¡Hablan de erradicar villas miserias! ¡Pero los metés en departamentos y te hacen asado con el parquet! ¡Negros de mierda...que nos trajeron el Sida! ¡El antavirus! ¿Sabes por qué estamos como estamos en éste país...? No, por los gobiernos de mierda! : ¡PORQUE A  NADIE   LE  GUSTA   TRABAJAR...!   ¡NEGROS DE MIERDA!   (Se  recompone.) En fin...

EVA: -Lo que cuesta conseguir personal de servicio. Te podes morir.

CATALDO:    (Para si,) -...Negros de mierda...Ahhh... (PAUSA)

EVA: -Ahhh...¡Qué hermoso  silencio...! Se puede tocar con las manos. (es tira las manos hacia el cielo y lo toca)                     |

CATALDO   :No  hay como  un poco de paz. Increíblemente se está bien aquí.

EVA: -Desde que los parientes y amistades ya no vienen, te confieso que vivo en medio de una quietud...que no la cambio por todo el oro mundo.  (Ambos acarician el mantel.)

CATALDO: (Remata) -No hay nada que hacerle: la casa para el hombre es su fortaleza. (PAUSA)

EVA: -¿Qué te gustaría hacer...?

CATALDO: -Nada. Permanecer.

EVA: (Como gran ocurrencia.) -¿Y si nos renovamos, Cataldo...?

CATALDO:   (Asustado como un niño.) -¿Qué decís...?

EVA: -Sí...¿te inquieta...? ¿No dicen acaso que renovarse es vivir ?

CATALDO:    (Categórico,) -Estamos bien.

EVA: -Sí, cierto. (Orgulloso.) Carecemos de enfermedades contagiosas.

CATALDO:   -Hombres y mujeres. Jóvenes y niños deberían tomar nues­tro moral ejemplo.

EVA: (Contenta.)Años, que no tenemos relaciones.

CATALDO:   -Pavos no somos.

 EVA: -Pero volviendo. No hay que tenerle miedos a los cambios. No es un cuco.

CATALDO:   (Animándose,) -Hace tiempo...que vengo acariciando la idea de tener una casita en las afueras...Como la quinta que tuvimos y do­namos a las Carmelitas. ¿Te acordás...?

EVA: -Bueno, tanto como do...

CATALDO:    (Interrumpe; discursivo.) -Es hora que la criatura humana em­piece a tomar conciencia que debe retornar a la naturaleza. De don­de nunca debió salir. (En un exabrupto, golpeándose febril las sienes con ambas manos.) ¡Pero que manía esa de querer vivir en las ciuda­des...! ¡Construir junglas de cemento...! ¿Para qué...? (Al mundo.) ¿Para qué...? ¡Que alguien me conteste...! ¡Ehhhh!... (Agita las manos) ¡Aquí! (Silencio)

EVA:  (Chocha.) -Ya está...Una casillita modesta por Villa Caraza, eh vie­jo...? Para los dos solitos.

CATALDO:   -Podría ser...Podría ser...Pero no hay que precipitarse... De to­dos modos, prometo que lo consideraré.

EVA: -Considéralo amor. (PAUSA)

 CATALDO:-¿Porqué no nos decimos cosas...?

EVA: -Ay, qué lindo, ¡sí! (En otro tono) ¿Qué...?

CATALDO:  -Lo primero en mente.

EVA: -¿Por ejemplo?

CATALDO:-¿Mente tienes, verdad?

EVA: -No se me ocurre.

CATALDO:   -Intenta.

EVA: -No es fácil.

CATALDO:-Lo sé. Pero prueba. Haz un esfuerzo.

EVA: (Mimosona) -Una ayudita...no seas malo.

CATALDO: (Luego de pensar.) -No hay caso, che. Todo lo que se me vie­ne a la cabeza es inteligente y profundo. Y yo quiero algo sencillo, tri­vial...frívolo al mango.

EVA: -Lo tienes merecido por andar diciendo siempre cosas importantes.

CATALDO:(Haciendo esfuerzos,) -...¡Es increíble...! ¡Pero te das cuenta...! No  hay caso. No puedo.

EVA: -¿Qué?

CATALDO:  -¡Es de no creer...! No puedo dejar de pensar en el dilema de la existencia humana y sus implicaciones con el más allá, y con el más acá. ¿No es una broma...?

EVA: (Curiosa.) -¿Y a qué conclusiones llegaste...?

CATALDO: -Ganas de ir al baño y rascarme. Hambre y sueño. (Bosteza) Hipo. (Hipa y luego eructa sonoramente)

EVA: -Yo tengo gasesitos.

CATALDO: -Por mí no hagas cumplido. (En otro tono) Si tan sólo siquie­ra me saliera una huevada...

EVA: -Maravilloso, querido. Deberías publicar un libro. Siempre lo dije.

CATALDO: (Modesto.) -Apenas soy un aficionado. (PAUSA)

EVA: -¿Por qué no nos divertimos un poquito...eh? {Se ponen a jugar a di­iversos juegos infantiles. De pronto Eva, interrumpiendo) ¡Ay...!

CATALDO: (Preocupado.) -¿Qué te pasa...? (Celebrando.)¿Te vino un pensamiento?

EVA: (Casi exaltada.) -Decime Cataldito...¿No te gustaría mirar fotos? (A Cataldo le brillan los ojos.) ¿Hace tanto tiempo que no lo hacemos...?  ¿Eh...?

CATALDO:-Cierto. Sin más, anoche.

EVA: -Dale el gusto a tu mujercita. (Supermimosona)  A tu chiquitita. ¿Sí...?

CATALDO: (Batie^ido palmas) ¡Excelente..! ¡Es una idea, excelente...! ¡Ex­celente Eva! ¡Eso se llama transmisión de pensamiento! (Ambos giran  dando  la espalda a la platea.)

EVA: (Riendo.) -¡Mira, Cataldo...! ¡Esta, es de nuestro viaje a los Estados Unidos de Norteamérica...! ¡En la lancha!, ¿te acordás..?

CATALDO:   (Eufórico) -¡Y mira en el fondo, qué clarito se ve la estatua de la Libertad! (Ríe) ¡Parece que la antorcha se nos viniera encima y nos fuera a quemar! ¡Y qué jóvenes que éramos! (Acusan el efecto de lo di­cho pero enseguida se reponen)

EVA: -¡Mira ésta otra, Cataldo...! ¡Del ágape, cuando inaguraste la empre­sa...! ¡Qué hermoso vestido largo que llevaba esa noche regloriosa...!  (Para sí, con rabia) Me dieron chauchas. (Retomando.) ¡Con las jo­yas, parecía propiamente la Reina de Inglaterra! (Idem) ¡Chauchas! ¡Y vos estabas churrísimo, con ese traje de casimir Inglés confeccio­nado a medida! (Idem) ¡Chauchas! (Ríe.)

CATALDO:  -¡Y ésta otra en el campeonato de Polo...! (Ríe.)

EVA: "¡Olalá...! ¡Aquí, luciendo tu primer Peugeot!, ¿te acordás..? ¡Oh...! ¡Punta del Este...! ¡Qué silueta tenía!...¿eh...? ¡Los hombres me devo­raban con los ojos...!

CATALDO: (Resentido.) -Y algunos con los dientes...

EVA: (Tapando enseguida.) -¿A que no te acordás dónde nos sacamos és­ta...? ¿A que no adivinas...? ¡Apuesto lo que quieras...!

CATALDO:   -No sabes con quién te metes... (Se produce un apagón total. Cataldo, por la foto.) Che, qué poca luz tiene...

EVA: (Azuzando.) -¡A que no...! ¡A que no...!

CATALDO: (Por fin, triunfal.) -¡Somos nosotros...en Río de Janeiro! (Ríe) ¡Paseando en el Chevrolet...! ¡TE GANE CARAJO! (Se ilumina el escenario con velas. Ambos están deshechos.)

EVA: -Lo siento, pero te equivocaste mi amor... (Ríe y llora.) ¡No somos nosotros...ni fue en Río de Janeiro...! (Cataldo ríe y llora.) ¡Son los Martínez Peloncho en Acapulco y en su Mercedes Benz...!

Se dirigen tambaleantes a sus respectivas cabeceras. De pronto el mantel desaparece en lo alto. Ellos, en un desesperado intento de asirlo, suben a la mesa quedando finalmente congelados como estatuas con expresión y actitud quebradas. Desde lo alto comienzan a caer fotos mientras irrumpe un tema musical esplendoroso. El matrimonio hace vanos intentos por recom­ponerse y lucir radiantes, brillantes, magníficos... pero vuelven a quedar definitivamente inmóviles en su grotesco derrumbe. La música crece alegre­mente hasta su máxima intensidad, inundando la escena.

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