Aguada
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AGUADA QUEHUE (Fragmento)

(…)

EL VIEJO

Si me habré montado hembras. Antes. Antes de ahora que cualquiera me lleva por delante.

LA CHINITA

Los comadrejas salen de los árboles que bordean la acequia. El padrino trae unas nubes de lluvia atadas del lazo y el caballo se hincha de tanto el esfuerzo. Los perros no ladran. Inclinan el hocico porque llega el perro grande, el que se pisa todas las perras. "¡Mamá, el padrino, el padrino, el padrino!". A toda la casa, de repente, se le viene el corazón a la boca.

EL VIEJO

Maciel se quedó con su parte y la mía. El califa levanto los hombros y yo me vine viejo de repente. Ahí mismito, enfrente de ellos que seguían callados y fuertes, sentí que ahora las hembras eran para otros. La hembras y la plata. Eso y venirse viejo es la misma cosa.

Se despierta, cabecea la muchacha. Una bandurrita le chifla por detrás una historia que le hace venir el sueño.

LA CHINITA

Había una vez un hombre bueno que se bajó del caballo opaco, sucio, amarillento con una sola sonrisa. Y de sus brazos saltaron como anguilas de aire como bendiciones como la lluvia que traía enlazadas, un fajo de papeles: "Vaya, vaya chinita. Llévele a su madre los pagarés".

EL VIEJO

El sol te hace ver cosas. Una sabanita en la inmensidad el desierto, como esas alfombras voladoras que ahora trae el cinematógrafo, entre el puro pajonal y la nada.

LA CHINITA

Venía en una volanta. No me asusté ni nada. Quizás porque era un viejo como el abuelo que sientan en una silla bajo el alero de Michén, o los hombres de pergamino que se traen los curas para Navidad.

EL VIEJO

¿Qué hacés acá, chinita?

LA CHINITA

Nada, Don.

EL VIEJO

¿Cómo nada?

LA CHINITA

Ofreciendo, don.

EL VIEJO

¿Así? ¿Y qué?

LA CHINITA

Tortas fritas, pan casero y miel de unas abejas que se creían solas por detrás de Paraje Cañitas. Les dicen abejas huérfanas.

EL VIEJO

¿Y hasta allá te vas?

LA CHINITA

Soy de ahí.

Cambia el viento. Se queda quieto.

LA CHINITA

(golpea las manos) aparecen las lagartijas, las arañitas pequeñas que viven en los tallos secos. Las gallinas se empujan y cocorean bajo las patas del caballo. La mamá lo mira molesta y seria bajo el marco exacto de la puerta pero su cuerpo está alegre de los pies a los pechos.

"Ahora los pagarés son suyos. Nadie la va molestar más". "¿Dónde los sacó". "Me los encontré en el suelo". Y el padrino suelta una carcajada de trueno. La mamita iba vestida pero su risa la desnuda. Por pudor no quise mirarla. Bajo su vestido latían frutas y otro animalito que no se como se llama. Por eso no miré a mi madre. Ella tomó los papeles y me dijo: "No baje la cabeza chinita déle un beso a su padrino que nos ha vuelto menos pobres."

El señor de los perros, el dueño de las nubes de lluvia, mi padrino, soltó un "con permiso..." y entró en la casa. Tomó a mi madre de la cintura y se metieron más adentro, hasta los murmullos. A su paso se abrían las puertas de los muebles.

Mientras el padrino se quedaba en casa las ovejas se volvían mellizeras y la alfalfa crecía en manchones en el potrero detrás de la casa.

EL VIEJO

Yo al gringo le dije bien claro "paso la semana que viene". Y hoy es la semana que viene.

(…)


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