La tierra del cielo
• Principal • Arriba • Agapito • Aguada • Algo contigo • Andar sin pensamiento • Antígonas • El inocente • El panteón de la patria • El tajo • La cruz del sur • La tierra del cielo • Password • Subterraneo • Una amistad de años • Crack • La blusa italiana • Monólogos •

Imágenes


LA TIERRA DEL CIELO (Fragmento)

España, principio del Siglo XV, convento, celda de clausura.

Una religiosa amarrada por sus muñecas a la pared, en cruz. Se le aflojan las rodillas y ella intenta erguirse. Una zarza ajusta su frente y la toca. Rostro abajo se le escurren finísimos hilos de sangre como lágrimas. Un monje se pasea inquieto frente a ella. Tiene voz profunda, hermosa: es fray León.

Fray León: ¿Y ahora qué pasa, Inés?

Inés: Un no sé que.1

Fray León: ¿Qué estás diciendo?

Pausa.

Inés: Me quema Dios en el cuerpo.

Fray León: Neurastenia, exaltación...

Inés: Me quema Dios en el cuerpo.

Fray León: Agitación menstrual.

Inés: No. Tomé brebajes, el polvo de piedras que usan los árabes...

Fray León: En el convento no te toleran más.

Fray León despliega una rústica túnica amarilla con una cruz en rojo.

Fray León: Un sambenito, ¿entiendes? Las religiosas más antiguas están en tu contra.

Inés: Es una broma de sus caridades.

Fray León: ¡Es una advertencia! (agita la túnica amarilla) Castigo para infieles. No las calmarás con penitencias ni con silicios.

Pausa.

Fray León: Porque tu padre donó tierras te han tolerado más que a nadie. Debiste irte de aquí.

Inés: Soy una buena religiosa. Guardo silencio, hago las tareas más humildes...

Fray León: ¡Y bailas a la luz de la luna!

Inés: Es Dios.

Fray León: No, son las hembras del macho cabrío que no pueden aguantarse la lujuria, que se ofrecen al viento de la sierra para que le calme sus vergüenzas.

Inés: Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, todos los miembros y todas las partes del ser humano son imágenes de las formas sagradas.2 No me humilles, León.

Fray León: Humillación y devoción es lo que necesitas, y no danzas de aquelarre.

Pausa.

Inés: Bailar es mi oración.

Fray León: Dios no te escucha.

Inés: ¿Dios no escucha el croar del sapo, la calandria que silba en maitines, el rumor del agua? ¿No escucha el estruendo de los pasos sobre el camino? ¿Acaso Dios es sordo?

Fray León: ¡No blasfemes! Dios conoce todas las conversaciones, todos los pensamientos, todos los apetitos.

Pausa.

Fray León: No somos animales, Inés. La misericordia de Dios nos dio los santos evangelios que ningún animal puede leer y ser salvado.

Inés: El libro es más enorme que la palabra revelada.

León: No blasfemes más.

Pausa.

Fray León: (suspira profundo) Debiste haberte casado.

Inés: Sí, con un escribano de ración de piel cerosa.

Fray León: Con el niño que cuidaba las cabras entonces.

Inés: Apenas si pude salvarlo de que mi padre lo castrara.

Fray León: Te quitó la doncellez.

Inés: Se la regalé. Se la tiré a los ojos para cegarlo. Lo amaba con locura.

Fray León: Con la misma locura con que bailas. Sólo se ama en el santo matrimonio. Lo demás es pecado. ¿Qué pueden saber dos niños lo que es amar?

Inés: ¿Que sabe un monje lo que es amar?

Fray León: Yo tuve otra vida, Inés.

Pausa.

Inés: Mi vida anterior, como la tuya, ya murió.

Fray León: La clausura no es para vos. Tienes que volver al mundo.

Inés: ¡No quiero!

Fray León: Se puede servir a Dios de muchos modos.

Inés: No me tires a la ilusión del mundo. Aquí, en el silencio puro de Dios...

Fray León: ¡Basta de nombrar a Dios, para hacer excentricidades de niña rica. ¿Por qué las demás hermanas no hacen lo que tu?

Inés: No sé. Apenas puedo conmigo.

Fray León: ¡Sienten a Dios, pero son humildes! ¿O mienten acaso? ¿Simulan votos y ayunos! ¡Sólo la hija de Don Alonso ama a Dios en este convento!

Fray León va hacia la ventana y la abre.

Fray León: (hacia fuera) Esposas de Cristo: sigan ustedes el camino sentimental de las imágenes, que el Dios verdadero sólo vive en la boca de Inés que lo pronuncia.

Inés: Qué hermoso hablas, y qué cruel.

El hombre libra a la joven sus ataduras y la monja se derrumba entre sus brazos como si fuera de agua. Con la túnica amarilla limpia su rostro.

Pausa.

Inés: Es terrible sentir a Dios en el cuerpo.

Fray León: Terrible es el pecado.

Inés: El pecado es vacío, es nada.

Fray León: Teme al infierno, hija mía.

Inés: Tu deleitable paraíso o tu suplicio infernal es para mi cosa igual, pues mi amor no cambia ni aumenta.3

Fray León: ¿Qué religión estás profesando?

Pausa.

Inés: Padre y amigo: no soporto más este destierro. Dios amanece y anochece. Habla en los olivos, en el cobre de las cacerolas, en las manos de los ancianos. ¡Dios, Dios, Dios, Dios en cada cosa, de la mañana a la noche!. Es insoportable, León. Y nosotros en la prisión del cuerpo, mientras todo nos reclama a los gritos.

El monje camina agitado.

Fray León: Así es. ¿Y qué?

(…)


E-mail: jhh2002@hotmail.com                                                                                   Espacio cedido por ARGENTORES