El tajo
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Imágenes
Pintura de Fontana


EL TAJO (Fragmento)

Texto dramático sobre la pintura homónima de Lucio Fontana.

La mujer, serena, lee el diario. Hay jóvenes detrás. Están alineados, descalzos. Tienen sus zapatos a un costado. Hay un lugar vacío. Y en ese lugar los zapatos, un junto a otro, del ausente. Ella después de leer la noticia corta el pedazo del diario (o toda la página). Un joven cae pesadamente al suelo. La mujer sigue leyendo, sonríe. ¿Ha leído un chiste? Así todos los jóvenes va cayendo. En un momento interrumpe el desgarro del diario y un joven interrumpe su caída. Finalmente desgarra el diario y el último joven cae al suelo.

Luego, se levanta y arrastra los cuerpos hasta apilarlos desordenadamente.

Un hombre dice el siguiente poema, una mujer junto a él lo dice en murmullo en alemán, como salmodia.

(GRODEK, de Georg Trakl)

Al anochecer retumban en los bosques otoñales

las armas mortíferas, en las llanuras doradas

y en los lagos azules, por los que un sol

sombrío rueda. La noche envuelve

a los guerreros moribundos, el salvaje lamento

de sus bocas despedazadas.

Pero sigilosamente confluyen hacia el pastizal

rojas nubes en las que mora un dios colérico,

la sangre derramada y el frío lunar;

todos los caminos llevan a la negra podredumbre.

Bajo el ramaje de oro de la noche y las estrellas

se tambalea la sombra de la hermana por la

floresta silenciosa,

para saludar a los espíritus de los héroes, a las

cabezas sangrantes;

mientras suenan quedas en los juncos las oscuras

flautas del otoño,

¡oh, dolor arrogante! ¡Altares de bronce!

La ardorosa llama del espíritu se alimenta hoy de

un dolor más tremendo:

los nietos no nacidos.

(Nota para la dirección. Grodek: ciudad de Galitzia (Polonia) donde en el frente de guerra oriental, Trakl actuaba como farmacéutico en la sanidad del ejército austríaco. Allí tuvo lugar una de las batallas de la primera guerra mundial)

Una maza que golpea sobre un riel de tren, o en un perfil de hierro.

Develamiento

Serenidad

Relampaguear del mundo

Silencio

La boca, el ruido y la casa

Hendidura

Vislumbre

Se abre una tapa sobre el techo y la luz que baja desde lo alto. Tiene la pesadez y la densidad de una piedra. Cae la tapa con pesadez y estruendo. Todo está de nuevo a oscuras.

Así sucede varias veces desde distintos lugares del techo. La cruza de golpe vertical o sesgada, de izquierda a derecha. Es tan densa que los cuerpos parecen hechos de una materia más liviana.

Una actriz dice un texto de Moliere. Luego mira hacia donde está Lucio y rie diciendo: "¡Pobrecito, cuanto trabajo!"

Una vieja valija de cuero, envuelta en un trapo grande y blanco. Está además atada con una soga. Alguien comienza a desatarla, la desenvuelve y saca de ella papeles.

Una persona pasa a otra la valija, y esta a otra, y esta a otra. Esta última se aparte y la abre. El que era el siguiente en recibirla queda con el brazo extendido hacia atrás esperando.

Un tajo de luz cae sobre la escena desde el frente. Cruza la oscuridad. Los rostros incompletos de los oficiantes bajo ese delgado tajo de luz dicen algo:

- Salir del tubo de todos los días lo mismo.

- ¡Ja, ja, pobrecito, cuanto trabajo!

- Allí, esperando. Mostrar, pasar, tragar.

- Salir del espejo, mi espejo.

- el amante afuera, el niño adentro.

- Que venga, que aparezca, no aguanto más la espera

Se harta, se cansa, se agota, se abisma, se vacía

y van cayendo flores

Los oficiantes van armando esculturas humanas, que repiten y torsionan las esculturas de Lucio Fontana. Se hacen y desahacen en cuerpo y espacio.

¿Hacia donde miran?

Las veo, las veo, pero ¿hacia donde miran?

¡Pobrecito, cuanto trabajo!

Volantes blancos que caen, planean sobre una luz vertical. Todo lo demás está oscuro. Alguien canta. Cuando el último papel llega al suelo, silencio.

Rasgar el aire mientras camino, corro hacia vos, que es lo único que me importa en el mundo. Tu tajo, tu tajo.

Nuevamente la actriz dice un texto. Esta vez es de Esperando a Godot. Luego, su texto inicial se parte de significaciones. La mujer extiende los brazos para que venga el hombre, la escultura agotada de si mismo.

Desde la caída del agua te veo, madre, inquieta.

Las palabras rasgan la siesta, el sopor del día

Malo Dios tajeador. Hembra mayor.

Otra voz: Espío en tu mirada el tajo de tus ojos en la penumbra queriendo tajo adentro. ¿O estamos adentro? ¿O espiamos la caída del mundo a sus pies hasta que se vaya en agua y suelte lo que tiene que soltar.

A una mujer

y a otra

y a otra

y a otra

se le cae un libro sobre la cabeza.

(…)


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