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ALGO CONTIGO (Fragmento) Fernando: No tenés que llorar. Te estás salvando. Adriana: ¿Y los cien mil? De nuevo a trabajar por un sueldo Fernando: El amor es invencible. Adriana: ¿De donde sacaste es? Fernando: Lo escuché en una canción de Sandro. Adriana: El casero ya llegó, ya está prendiendo las luces... Fernando: ¿Queda lejos tu trabajo? Adriana: No, acá a la vuelta. Fernando: ¡Qué! ¿Robaste a la vuelta y veniste a quedarte aquí? Adriana: Si me ayudás por lástima, no quiero. Fernando: Te quiero tanto, Adriana. Adriana: Pero si recién me conoces. Fernando: ¿Y eso que tiene que ver? Hay gente que se conoce de toda la vida y se odia. Ella llama el ascensor y Fernando toma un cuchillo grande de la cocina. El casi la arrastra, y ella arrastra su bolso. Fernando: Si sale mal, decimos que yo te rapté. Vamos por la escalera. Adriana: ¡Ay, Fer! Fernando: (asustado) ¿Qué pasa? Adriana: Tenés la remera al revés. Eso es plata o regalo. Cierran la puerta. Se escuchan sus pasos alejándose por la escalera. Por un momento largo el departamento respira calmo. Luego, se escuchan las puertas del ascensor. Son Jaime y Marta. Abren la puerta, pero se quedan discutiendo en el palier. Marta:¡Qué olor a whisky tenés! Antes ibas a La Biela a tomar el té. Marta: Pasá. Antes vos eras madre y esposa, y ahora tenés un novio. Marta: Soy vieja para tener novio: es un macho. Jaime levanta la mano para pegarle. Marta: ¡Dale! Es lo único que te falta. ¿Por qué no me abriste anoche? Jaime: No estaba acá. Marta: Las luces estaban prendidas y escuché murmullos. Jaime: Pasá, Marta. Los vecinos... Marta: Te hacés el depresivo y traés minas al departamento. Jaime: ¿Viniste a vigilarme? Marta: Vine a que me des lo mío. Jaime: Entrá, por favor. Marta: Quiero el bargueño de roble. Jaime: Era de papá. Marta: No, fue regalo de casamiento. Me encajaste las mesitas de luz. Jaime: Vos te llevaste los cuadros... Marta: No valen nada. El único de firma..., desapareció. Jaime: Decime ladrón, nomás. Entrá... Marta entra. Los restos de la pasión como el dulce naufragio de las cosas: sábanas, almohadones, alguna ropa. Marta: ¡Hijo de puta! Jaime: (shockeado) Pero... ¿cómo es posible? Marta: ¡Asqueroso! ¿Querés guerra, no? Tu prestigio de Juez lo voy a ser mierda. Jaime: Mi prestigio no vale nada. Marta: Es lo único que te importa. Te voy a destruir. Jaime: Llegaste tarde. No aprobaron mi nombramiento. Marta: Jodete. Jaime: En la negociación política, me bajaron. Pusieron al pariente de un senador. Marta: ¡No se puede ser Juez si no tenés un contacto político, te lo dije mil veces! Jaime: Yo hice carrera desde meritorio. Marta: Pero vivían el coronel Lafuente y Monseñor Goñi... que tenían contactos ¡Pero esa gente ya fue, Jaime, ya fue! Ahora el mundo es otro. Jaime: Y vos te pusiste al día consiguiendo macho. Marta va a pegarle una cachetada, pero se detiene. Jaime: La primera vez que salís a trabajar, y te acostás con tu patrón. Marta: Victor me quiere. Jaime: Como te quiere ese, te quiere cualquiera. Querer es mantener una familia durante treinta años. Marta: ¿A tus hijos quién los crió, la sirvienta? Jaime: Yo llevé los chicos al colegio todos los días. Marta: ¿Eso es ocuparse? Jaime: Pagué temporadas enteras en La Cumbre, por el asma de Tere. Y con Marcelito iba al rugby. Marta: Te juntabas con los amigotes del Champagnat. Y al chico, ni bolilla. Jaime: No les di tiempo, pero les di valores. Marta: ¿Estos? ¡Yo no te llevé a mirar la cama donde me acuesto con otro! ¡Hipócrita de misa dominical! Marta remueve las cosas como si fueran basura, encuentra la tanguita de Adriana. Marta: ¡Degenerado! Jaime: ¡Con el jarrón de mamá, no! Marta: Es una pendeja. Jaime: ¡El chico de la inmobiliaria...! Es él, es el. ¡Se trajo a alguna! Yo soy hombre de una sola mujer. Marta: Seguro, de la que tenés a mano. (saca un revolver de la cartera) ¡Pero llegó tu hora, Tartufo! Jaime: ¡Bajá eso! Marta: Ayer me quise matar...ahogándome en el Riachuelo, como Alfonsina. ¡Qué asco! Muerta..., con el pelo y las uñas llenos de brea. Me iban a velar a cajón cerrado. Entonces... fui al shopping... me compré esta cartera, los zapatos... y este revólver. (lo martilla) Jaime: No vas a matar al padre de tus hijos... Marta: Lo voy a hacer pelota. Jaime: Pero... el revolver era para matarte vos. Marta: Cambié de idea. Y no te maté en "La Biela" para no hacer papelón. Jaime: ¡Bajá esa arma! Marta: la vida es sagrada. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Marta: Haceme reír. Dios no es tan ridículo. Jaime: (retrocede) ¡No dispares...! |
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