Una amistad de años
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UNA AMISTAD DE AÑOS (Fragmento)

SEGUNDA ESCENA.

Medianoche, después de "La cena de los campeones". Entran primero Leopoldo y Eleonora, ella bailando.

Leopoldo: Te cayó bien el champán.

Eleonora: Me cayo bien la victoria. (lo besa)

Entran Enrique y Gabriela abrazados. Una Eleonora insistente los invita con champán, pero ellos se van a acostar. Quedan solos.

Eleonora: ¡The champion, the number one, the best!

Lo besa con la boca abierta. Leopoldo está tieso.

Eleonora: Ahora, nos jugamos un single.

Leopoldo: (tomándose la cintura) ¡Ah!

Eleonora: ¿Te acordás cuando fuimos al Caribe? ¡Qué orgías, Leo!

Leopoldo: Cuidado... la lámpara.

Eleonora: Me rechazas.

Leopoldo: No.

Eleonora: ¿Qué pasa?

Leopoldo: Nada. Es...el cansancio.

Eleonora: ¿Seguro?

La mujer no está suficientemente convencida y quedan mirándose por un instante.

Eleonora: Cuando te daban la copa...me recalenté.

Leopoldo: Sí, estabas contenta.

Eleonora: No dije contenta, dije recaliente. (pausa) Te estoy presionando.

Leopoldo: No es el cansancio, Eleonora. Estuve hablando con Enrique una cuestión...

Eleonora: ¿De negocios?

Leopoldo: Salió la conversación.

Eleonora: ¿Por qué no la dejaron para el lunes?

Leopoldo. Hace dos meses que lo venimos hablando.

Eleonora: Entonces podía esperar un día más.

Leopoldo: No se puede. (Pausa) Eleonora: tenemos que vender el country.

Eleonora: Y nos vamos a una playa nudista.

Leopoldo: Te hablo en serio.

Eleonora: Yo también. En diez años, no me puedo desnudarme.

Leopoldo: No estoy jodiendo.

Eleonora: ¿Qué pasa?

Leopoldo: Tenemos que vender el country...a Enrique.

Ella se da media vuelta y se va, pero él la alcanza.

Leopoldo: Te lo expliqué varias veces.

Eleonora: ¿Es por esa pelotudez de la sociedad?

Leopoldo lleva a su mujer hacia el sillón. El bebe y la invita. Ella lo rechaza, tiesa.

Leopoldo: Las mujeres no entienden de negocios...

Eleonora: No me tratés de tarada.

Leopoldo: Te digo que tenemos que vender el country, y a vos se te viene el mundo abajo.

Eleonora: Es mi casa hace quince años.

Leopoldo: Una casa es un valor, nada más. Como cualquier otro: acciones, oro, bonos.

Eleonora: Aquí crecieron los chicos...

Leopoldo: Un valor se transforma en plata. Y con plata se hacen los negocios.

Eleonora: ¿Están quebrados?

Leopoldo: No.

Eleonora: ¿Y entonces?

Leopoldo: Una sociedad es una serie enganchada de compromisos. Uno trae otro, y otro. No todos los compromisos te gustan, pero vienen.

Eleonora: Me estás mareando.

Leopoldo: El mundo no es como antes. Tu viejo y tus tíos: granos hoy, granos ayer, granos dentro de mil años. Eran negocios firmes y seguros. Ahora hay que moverse, cambiar.

Eleonora: ¿Cambian de rubro?

Leopoldo: No. Vamos a agrandar la empresa, y a exportar a Brasil. Pero para eso tengo que aumentar mi parte del capital, sino se meten otros socios. ¡Y quedo en minoría! Como no tengo efectivo, tenemos que vender la casa

Eleonora: Pedile plata a tu papá.

Leopoldo: A mi viejo se lo están comiendo los sueldos. Imposible.

Eleonora: Le prestó plata a tu hermano Andrés.

Leopoldo: Un poco.

Eleonora: No mientas. Fue mucha plata. Lo sé por Titina.

Leopoldo: Además, a mi viejo le debemos todavía por el departamento de Montañeses. ¿Y a tu viejo qué?

Eleonora: Ni hablar. Le debemos parte del viaje a Hawai.

Leopoldo: Pero a él le pedimos una sóla vez. Si no, mirala a tu hermana...

Eleonora: El viejo está mal de salud.

Leopoldo: Pero ella lo manga hasta en terapia intensiva. O vendemos el country, o "Montañeses".

Eleonora: "Montañeses", jamás. Es la vivienda. (comienza a llorar). ¿Y tengo que abandonar todo esto?

Leopoldo: Vamos a comprar un terreno más grande...

Eleonora: ¡No quiero un terreno más grande, yo quiero el mío! Es como si me desprendiera de mis hijos...

Leopoldo: No te dés manija.

Eleonora: ¿El te lo propuso?

Leopoldo: Sí.

Eleonora: ¡Y todavía jugás al tenis con él!

Leopoldo: Brasil es un negocio promisorio. En dos años...

Eleonora: Dos años es un siglo. Puedo estar muerta.

Leopoldo: (explotando, pero en susurro) ¿Vos crees que a mi no me jode? Se acabó todo, nena: la plata dulce, la bicicleta financiera, Miami, el Estado. Y la plata grande, la agarran las corporaciones. El sueño se terminó.

Eleonora: Y ese se dice tu amigo.

Eleonora: No me toqués. No soy una muñeca inflable.

Se va furiosa. Lejano portazo. Leopoldo toma el último sorbo de champán, apaga las luces principales y cabizbajo va hacia su habitación. Pausa larga. De pronto, asoma Enrique en calzoncillos y sigiloso se dirige hacia el bar a sirvese un par de whiskies.

Enrique: ¿Qué haces, mami? ¡Entrá!

Gabriela va liviana como una gacela. Va en camisa, las piernas desnudas. Hablan en susurros.

Enrique: Se pueden levantar.

Gabriela: Shhh... (apaga la luz y beben) ¿Enrique, cómo se llegó a esta situación?

Enrique: Porque viven un ritmo de vida que no pueden llevar. Y no me amargues la noche, ¿querés?

Gabriela: Entonces, les estamos haciendo un favor.

Enrique: Por supuesto, nena. Y ahora vos haceme un favor a mi.

Gabriela: Salí, loco.

Enrique la abraza, ella resiste entre risas ahogadas. Juegan , vuela una prenda. En el forcejeo picante, cae una lámpara de pié. Cuando están volviendo a su cuarto, aparece Leopoldo y prende una luz. Gabriela se oculta. Enrique, whisky en mano, tapa su desnudez con un almohadón.

Leopoldo: Me despertaste.

Enrique: Disculpá.

Leopoldo: ¿Qué hacés desnudo?

Enrique: La calor...

Leopoldo: Mirá si se levanta mi mujer. (Enrique se apantalla) Prendé el aire acondicionado del cuarto.

Enrique: No. La capa de ozono.

Leopoldo: ¿Qué?

Enrique: La capa de ozono. Tenemos que tomar conciencia. La tierra se está muriendo.

Leopoldo: ¿Te sentís bien?

Enrique: Fenómeno.

Enrique se retira de espalda, tapándose con el almohadón. Leopoldo se va también y patea algo blando. Lo levanta: una bombacha.

Enrique: Es mía.

Leopoldo: ¿Tuya?

Enrique: No daba más de calor. (se la quita)

Leopoldo: ¿En serio te sentís bien?

Enrique: Ahora mejor. Estaba hecho una brasa. Andá a dormir.

Leopoldo: No puedo. El tema de la empresa...

Enrique: No te dés manija. Buscamos un tasador y lo arreglamos en dos patadas.

Leopoldo: Enrique...

Enrique: ¿Qué?

Leopoldo: ¿Te vestís de mujer?

Enrique: No.

Leopoldo: Como usas bombacha... ¿Te siguen gustando las mujeres? Mirá que si cambiaste en eso, no podemos ser socios.

Enrique: Hasta mañana.

Leopoldo: ¿Para la tasación, llamamos a Salas Echagüe?

Enrique: Sí, puede ser.


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